10 Mar 2008

El agujero negro del bipartidismo electoral

00:32, por manolosaco  
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Alea jacta est, que dirían los socialistas. Ite missa est (¡por supuesto!), que dirían los populares y su sección episcopal. Requiescat in pace el elector, porque al fin podrá descansar unos cuantos días. Pocos, porque ya sabéis que últimamente se han abolido los famosos cien días de confianza que la cortesía política solía conceder a los gobiernos entrantes.

Una de las primeras enseñanzas de los resultados de las elecciones ha sido la bipolarización del panorama político español. PSOE y PP han ganado en escaños, y se han convertido así en un gran agujero negro, dicho sea con todo el respeto, que ha fagocitado votos de todo pequeño partido que se ha cruzado en su órbita.

Mientras el PP celebra una dulce derrota que sin duda servirá de bálsamo para las heridas de los perdedores del PP y el equipo de extrema derecha que le viene dirigiendo desde hace ocho años, no hay, en cambio, ungüento para las heridas de muerte de ERC e IU, partidos ambos a los que los electores han castigado por su política errática y de indefinición en momentos cruciales.

Por ejemplo, EB, socio de la izquierda en Modragón, aún caliente el cadáver de Isaías Carrasco, asesinado por ETA, todavía no había roto ayer con sus socios de gobierno en la alcaldía, y dejaba para hoy lunes su ruptura con ANV. Extraños comportamientos como estos crean una desconfianza insuperable en el electorado.

Cierto es que Izquierda Unida salió antes de medianoche a dar la cara, y por voz de Llamazares reconoció su derrota. Lo mismo hizo ERC, que cosechó una caída más estrepitosa todavía. Ambos partidos no dudaron en identificar la causa de sus males: la bipolarización de la vida pública española. Porque lo cierto es que ésta era ya una partida sólo entre dos. El PSOE pedía sumar el voto de toda la izquierda para impedir que volviese al poder la España ceniza y nacionalcatólica, y el PP anunciaba el Apocalipsis si Zapatero continuaba en el gobierno. Y el electorado votó con un nudo en la garganta, votó en contra y no a favor. La víctima ha sido, pues, una pluralidad que nos era muy necesaria, una voz a la izquierda que sirviese de conciencia crítica a la socialdemocracia. Otra vez será.

Como primera impresión, me preocupa cómo van a ser estos primeros cuatro años de vida de la niña de Rajoy. Por desgracia, la derrota victoriosa del Partido Popular puede ser interpretada como un espaldarazo de una parte de la población a una manera de hacer política grosera y crispante, pésimo ejemplo para la educación de la niña Victoria Esperanza que viene a este mundo.

Ya durante el día ayer, algunos medios de la derecha, con su púlpito de odio al frente, iniciaban una suerte de continuación de teoría de la conspiración del 11-M, como si el muerto socialista de Mondragón hubiese sido “pactado” entre el PSOE y ETA para ganar las elecciones. Recordemos ahora que el Partido Popular ha hecho durante cuatro años una labor de desgaste, no sólo del poder socialista, sino utilizando el golpe bajo, la crispación, la grosería, el desprecio del adversario, tensando la cuerda de las instituciones hasta extremos peligrosos…

Y tan gruesa munición para tan poca cosecha, porque en realidad lo que el PP pretendía cosechar era, ni más ni menos, que la Moncloa, el poder, la gobernación de este país. Y eso no lo ha conseguido. Ese es su fracaso, por mucho que los militantes hagan ondear con alegría las banderas azules delante de la fachada de Génova 13. ¿Cuál será el rumbo de esta oposición para estos próximos cuatro años, con la amenaza de una crisis económica a nivel planetario?

No quiero ni pensar los cuatro años que nos esperan si el PP continúa acogiendo en su seno directivo a la banda de los cuatro. Estoy tan aturdido que no sé si estoy contento. Hoy es, como os decía el otro día, el verdadero día de reflexión.