Cuando un piropo puede cavar tu tumba
El asunto de la ministra de la Vivienda, Carme Chacón, reclutada en las filas del PSC, en su repudio a lo que José Bono representa dentro del partido, más que una improvisación parece un ajuste de cuentas de una catalana dolida con la derecha del PSOE, esa derecha abiertamente antinacionalista que perdió el congreso frente a un bisoño Rodríguez Zapatero. ¿Rodríguez qué?
Pues eso. La ministra de la vivienda de aquel Rodríguez qué ha querido dejar claro que el perdedor no tiene un bono de compra de la presidencia del Congreso, sino que, en caso de ganar las elecciones, deberá pasar por un purgatorio antes de alcanzar el paraíso del Congreso. Los populares ya advirtieron a Zapatero de que estaba vendiendo la piel del oso antes de cazarlo, y ahora el PSC anuncia que él también se suma a la cacería.
En estos tiempos de tribulación en los que mejor sería no hacer mudanza (como advertía Ignacio de Loyola, aquel lacayo del Papa) una palabra equívoca puede tener resultados imprevistos, como convertir a Bono en líder de esa derecha moderada que empieza a abominar de Rajoy. Lo quieres dejar a la intemperie y resulta que acabas poniéndole un piso.
Porque el éxito o el fracaso dependen siempre de lo que digan de ti tus amigos o enemigos. Por ejemplo, yo casi alcancé la gloria cuando un obispo de Ourense (conocido también como la Acémila burgalesa) me dedicó una homilía de Torquemada amenazándome con poco menos que la excomunión por una entrevista que había hecho yo en televisión al hermano de Ernesto Cardenal, uno de los más significados propagandistas de la teología de la liberación que tanto incomodaba al Vaticano.
Pero en este follón electoral en el que nos hallamos, el que más despiste concita es quizá Pedro Solbes. Piensas que la cosa va bien cuando oyes a Juan Costa, el coordinador de campaña del PP, diciendo que el ministro no sabe nada de economía. Pero de pronto sale Gerardo Díaz Ferrán, el presidente de la CEOE, la patronal de los empresarios, echándole piropos del tamaño de “más vale lo bueno conocido que lo bueno por conocer”. Y entonces empiezas a mosquearte. Es como si Rouco Varela me enviara un abrazo muy afectuoso. Me cago ahí mismo.
