17 Jun 2008

La injuria tenía un precio

00:50, por manolosaco  
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Cuando la Guardia Civil impide por la fuerza que un grupo de camioneros, armados hasta los dientes con sus camiones de grandes tonelajes, colapse todo un país, los presuntos huelguistas del presunto paro acusan al gobierno de conculcar su sagrado derecho a la huelga.

Cuando detuvieron al alcalde de Totana (Murcia) por los presuntos delitos de corrupción urbanística, cohecho y blanqueo de dinero, gritaba ante la prensa, al más puro estilo etarra en el momento de su arresto, que su detención obedecía a un plan siniestro del gobierno para desprestigiar a su grupo político, al Partido Popular.

Cuando Jiménez Losantos supo ayer que se le condenaba por los delitos de injurias graves contra el alcalde de Madrid, Alberto Ruiz-Gallardón, no perdió ni un minuto en insinuar que la medida era un ataque a la libertad de expresión. Bueno, al menos a la libertad de su expresión. En cierto modo venía a decir que no hay derecho a que la gente de bien no pueda decir públicamente que el vecino es un hideputa y ladrón, insinuar que el ejército debería dar un golpe de estado o que la Iglesia tendría que excomulgar a todo el gobierno socialista. Amén (¡Jesús!) de otras bagatelas que adornan su famosa libertad de expresión.

Por supuesto que cada barricada se maneja con su particular versión del diccionario o del código penal para retorcerlos a su gusto hasta que confiesen. Pero que alguien como Jiménez Losantos se haya constituido como la mayor fuente de ingresos de la patronal episcopal, gracias a lo recaudado por su púlpito de rencor, no justifica que la estabilidad financiera de la Iglesia española deba sustentarse sobre la injuria continuada. Supongo que hasta su dios se hartaría algún día de que Rouco se confesase todas las semanas del mismo pecado (y no me refiero al mismo pecado recurrente que les obsesiona, sino al de la calumnia, la insidia, la mentira y la incitación al enfrentamiento que predican a diario estos profesionales de la inmoralidad).

En lo que sí estoy de acuerdo con Losantos (no os alarméis) es que 36.000 euros de multa son una barbaridad. Y más aún sabiendo que Gallardón pensaba donarlos generosamente a la AVT, que tanto cariño ha recibido del injuriador de la COPE. Lo lógico es que hubiese sido condenado a pagar los 73.000 euros que pedía el fiscal, o más. Quizá por ello ya ha anunciado que recurrirá la sentencia ante la Audiencia Provincial de Madrid.

El pobre (hoy un poco más pobre) no sabe cómo ayudar a las víctimas del odio y del desvarío de la extraña Asociación de Víctimas del Terrorismo. Si es que en el fondo es un santo varón entre todos los santos del paraíso.
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Meditación para hoy:

En el arte del toreo, como en cualquier otra actividad humana que aparentemente sea una salvajada, hay que tener la suficiente altura de miras para distinguir al artista del chapuzas, al aficionado del profesional. El personaje de Pepe Isbert en la película “El verdugo”, de Berlanga, cuando le traspasa a su yerno el empleo de matarife oficial tenía un especial interés en recordarle que dentro del oficio de ajusticiar criminales mediante el garrote vil existe una dignidad, una cierta ética, una forma de comportarse y de actuar profesional que le distingue del vulgar asesino. De esta manera, el oficio de verdugo se convertía poco menos que en un arte. Una tragedia que la poderosa gracia de Berlanga transmutaba en comedia.

Ayer vi en los telediarios la cogida del torero José Tomás en Las Ventas. Por más que la repitieran hasta la náusea, yo seguía viendo a un animal torturando a un toro bravo, mientras inexplicablemente el presidente de la corrida, creo que un comisario de policía, aplaudía el maltrato del toro en lugar de bajar al coso y mandar detener al torero. Las crónicas me aburrieron en todos los telediarios con en el arte del diestro siniestro y su valor e ingenio para engañar a un animal asustado. El toro, como es un bruto ignorante, ajeno a que tenía ante sus ojos a un Mozart redivivo, a un Picasso de la lidia, casi lo mata de una cornada certera. Mira que son brutos los brutos. Lo que daría yo porque Berlanga rodara una nueva película sobre este otro verdugo, a ver si al fin le encuentro la maldita gracia de una puta vez.

06 May 2008

Sin Ángel Acebes mi vida ya no tiene sentido

00:40, por manolosaco  
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Ahora es Ángel Acebes el que avisa a Mariano Rajoy que no cuente con él a partir del congreso de junio. Para chulo él: “Le he dicho que no cuente conmigo”. Su anuncio, tras la marcha de Zaplana y el eclipse del hombrecillo insufrible, perdido en las procelosas manos de algún peluquero fashion, supone la desaparición de tres de los miembros del cuarteto que escribió las mayores páginas de gloria en la política española de estos últimos años, y cuya obra cumbre ha sido la más paranoica e imbécil de las teorías conspirativas que haya padecido nuestra joven democracia.

Acebes, siguiendo al maestro Zaplana, se va de la secretaría general de su partido antes de que su jefe le eche a patadas. Ahora que hemos enterrado a Calvo Sotelo, uno de los enterradores de un viejo partido de derechas, la UCD, Mariano Rajoy contempla cómo el partido que lidera se va pareciendo desagradablemente a aquella desunión de centro democrático que quemó sus naves en su inacabable viaje al centro con las cerillas de las familias políticas que abundaban en su seno. Sin duda alguna, pronto se apuntará al grupo de pirómanos desertores el mirlo blanco de Pizarro, pero éste no con cerillas, sino con mechero de oro y brillantes. ¿Creéis que llegará hasta el congreso del PP?

Por ahora se va el familiar Acebes, el político encargado de hacer el trabajo sucio de la derecha. El que desde el 11-M por la mañana colaboró estrechamente con Aznar para extender la intoxicación, tanto a nivel nacional como internacional, hasta las mismísimas puertas de Naciones Unidas, de la supuesta autoría de ETA cuando ya sabía que el atentado llevaba la firma de los terroristas islamistas.

Como cualificado Legionario de Cristo, un remedo del Opus Dei inventado por el pederasta Marcial Maciel, era el hilo directo de los talibanes del obispero español para organizar y llenar de sotanas, visones y collares de perlas las manifestaciones contra el matrimonio gay. Y el caudillo de la AVT tuvo en él a su mejor aliado en las convocatorias “contra” las otras víctimas del terrorismo, las que no encajaban en el martirologio de la extrema derecha del peluquero.

En fin, todo un lastre que Rajoy tenía que soltar para representar una vez más la vieja pantomima, para presentar de nuevo ante sus votantes el señuelo de la refundación de un partido de centro (por fin) y renovado. A la espera de ese plan renove de Mariano Rajoy, dejemos que Acebes descanse en paz allí arriba, en el escaño de la extrema derecha de la cuarta fila, según se mira desde aquí.
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Meditación para hoy:

Las exequias por el ex presidente del gobierno Calvo Sotelo me trajeron una imagen del pasado que diría que se trataba del NODO del régimen franquista si no fuera por el color arrebatado de la televisión. Y vaya color. Estaba José Bono, la máxima autoridad del Congreso, ejerciendo de anfitrión a pie de escalera en la recepción de autoridades, entre leones de bronce, cuando aparece el Cardenal de Madrid, Rouco Varela, vestido discretamente de púrpura cardenalicia, el mismo día en que la revista Intervíu desvestía en portada, también discretamente, a su sobrina.

No sé si era por vergüenza, o por cuestiones morales, o porque pensaba que a las tetas de su sobrina les faltaba cierta lozanía, o porque se le venía encima un funeral por el que no podía cobrar; el caso es que el cardenal traía cara de pocos amigos.

Pero allí estaba José Bono, la tercera magistratura del Estado, para recibirle, inclinando servilmente la cerviz para besar la mano del cardenal talibán. ¿Será un aperitivo de lo que nos espera? ¿Por qué tenemos que soportar esta afrenta de ver al presidente del Congreso, nuestro máximo representante en una democracia parlamentaria, escenificando públicamente en actitud babosa el ritual servil de sus creencias religiosas?