Entre todos no le dejan llegar al congreso de junio
En las dictaduras sólo se necesita para gobernar el Boletín Oficial del Estado. Allí está condensada la verdad revelada por el dictador, sin que nadie pueda poner sus manos pecadoras para añadir ni una sola coma, y menos para llegar a la osadía de interpretar sus intenciones. En democracia, ese mismo instrumento se utiliza para trasladar al papel lo que previamente se cocinó en el Parlamento con la mayoría democrática. Las botas y los votos, dos maneras bien distintas de escribir la Biblia legislativa.
Pero, cuando los dueños de las botas lo permiten, surgen también dioses menores que buscan llevar su mensaje a la sociedad e intervenir en nuestras vidas. Así, es vocación temprana de los medios de comunicación el influir en las decisiones de quienes nos gobiernan, como ideas sueltas con las que enriquecer el Boletín Oficial del Estado.
No hay gobierno democrático en el mundo que no gobierne con un ojo puesto en ese autoproclamado cuarto poder, sobre todo en el grupo que le aupó al sillón de mando que disfruta. El PSOE gozó del suyo durante décadas, y el PP sufrió los suyos. Y ahí está el problema de Mariano Rajoy, que mientras Felipe González o Rodríguez Zapatero tenían su desayuno espiritual concentrado en un único editorial de su periódico de cabecera, el PP contaba con tantos valedores, con tantos boletines oficiales como formas diabólicas existen de entender la extrema derecha, la derecha, el centro, el liberalismo, la Iglesia y sus subcontratas de kikos, legionarios y opusinos, o sea, el PP. Un guirigay. Vamos, que cuando terminabas de leer las instrucciones del día ya se te había pasado la mañana.
Ayer, los escritores de los boletines oficiales del PP, con sus radios episcopales incluidas, le dieron el día al pobre Mariano, nerviosos todos por los descartes de Zaplana y Acebes (y los que vendrán) quienes guardaban en sus sagrarios la verdad revelada por el hombrecillo insufrible que los nombró, y que tantos réditos reportó a sus empresas, con regalías de concesiones a dedo.
Así que yo no quiero ser menos y me apunto a la oleada de consejos. Escucha, Mariano, tú a lo tuyo, no te rindas: dimite.
