Aplicar la razón puede ser un infierno
La fe es un instrumento para el análisis muy superior al de la razón, porque partiendo de falsedades absolutas te puede llevar a la conclusión que más te plazca. La realidad siempre se acomodará así a lo que querías demostrar. Por ejemplo, aunque partas de la falacia de que dios existe, puedes construir en torno a él todo un edificio filosófico, al que llaman teología, a condición de que el que te lea o escuche cuente con la suficiente dosis de fe. Si no la tiene, sólo corres el peligro de que te tome por un imbécil o se parta de risa con la historieta del pecado original y la fruta prohibida. Pero tú, si tienes suficientes influencias, puedes enviarlo a la hoguera, como gustaban en tiempos no muy lejanos.
Si disciplinas como las matemáticas o la física o la química utilizaran similares mecanismo mentales, la humanidad no habría progresado ni un centímetro (ni siquiera el centímetro, como medida, existiría) pero todos seríamos unas eminencias en tales disciplinas. Bastaría con que el profesor tuviese suficiente fe para que un alumno avispado le hiciese creer que el ángulo recto es aquel que hierve a noventa grados.
Cuando el esfuerzo intelectual no pasa de ahí, todo está disculpado, hasta la incongruencia. La institución más rica y poderosa de la Tierra, como decíamos el otro día, considera pecado la riqueza excesiva… la de los demás. Esa inmensa asociación de solteros, que a diario desperdicia sus genes en poluciones nocturnas, ya sean incontroladas o mediante trabajos manuales de desatasco, considera a su vez un pecado la manipulación genética. Defiende a la familia, pero su icono de madre es una virgen y el padre perfecto es un tipo que no le tocó un pelo a su mujer, conocido como PP, siglas de Padre Putativo, y no lo que estáis pensando, so guarros.
Hablando de guarros, uno de esos mártires de la incongruencia, un ultracatólico, ex teniente de alcalde de Palma, resulta que se gastaba en privado una pequeña fortuna, a cargo del erario público, en antros de alterne de ambiente gay. Era un feligrés del PP, del partido putativo, de misa casi diaria, y tenía por norma no celebrar bodas entre homosexuales porque decía que iban contra natura. Le han pillado, pero ha tenido suerte. La fe le ha salvado. Si hubiese aplicado la razón, lo suyo, más que vida, hubiese sido un infierno.
