La épica del cómic o el trabajo de la diplomacia
Cuando esto escribo, continúan retenidos tres españoles que pueden afrontar graves condenas por una supuesta colaboración en un delito de tráfico de niños en Chad. Después de ver al presidente de aquel país acusar en voz alta, en los pasillos del aeropuerto, a la tripulación del avión, como un aficionado bronco del tendido del siete que se salta la barrera, me asaltan bastantes dudas sobre la calidad de los usos y costumbres jurídicos y procesales del país africano.
Visto lo cual, creo que son momentos de delicadas negociaciones diplomáticas que al menos deben procurar no agravar el estado de los aún detenidos, en condiciones carcelarias, como ya hemos sabido, bastante lamentables.
Nicolas Sarkozy, en una brillante operación relámpago, ha conseguido la liberación de al menos los periodistas franceses y cuatro azafatas españolas. Y lo que se supone que debería ser una alegría para todos en el PP ha sentado muy mal. ¿Cómo es posible?
Es el famoso patriotismo de hojalata de la derechona. Como consideran a Sarkozy “uno de los nuestros”, no han tenido más remedio que convertirlo en un héroe, si bien lamentan que haya tenido que ser un presidente extranjero (¡un extranjero!) quien haya salvado a nuestros compatriotas. Es lo que ocurre con los sembradores de desastres, que si nos va mal, se alegran de ver cumplida su profecía, pero si el gobierno acierta, nuestra paz, prosperidad y sosiego es su tortura.
Y como su sentido del patriotismo está atravesado por ese pensamiento dual, Acebes I El Rencoroso expresó su “sincero agradecimiento” a su ídolo francés por su “éxito” (“menos mal que estaba Sarkozy”), mientras Moratinos andaba, según el, de juerga flamenca.
Y no podía faltar él, Aznar, el patriota insufrible, cuyo patriotismo le lleva a poner a caldo al gobierno español por todos los foros del mundo que pisa. El presidente de Falange Española (FAES) también está agradecido a su “buen amigo”, pero se siente “humillado” al mismo tiempo: hubiese preferido ver a Zapatero rescatando a los franceses y llevándolos a París en persona. Quiere mucho a su Sarko (en la intimidad) pero su querido amigo debe reconocer que tira más una patria que dos carretas.
No importa que Sarkozy hubiese explicado en rueda de prensa que se trató de una acción coordinada con Zapatero. El héroe de Perejil es un hombre de acción, además de un romántico soñador, y prefiere la épica de los cómic al trabajo callado de la diplomacia. Aunque con sus palabras de descrédito hacia el gobierno español pueda poner en peligro la suerte de los tres españoles que todavía permanecen en Chad. ¡Paña!
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Meditación para hoy, y un poco de relajo:
Tengo amigos, muy buenos amigos, inteligentes, cultos, que se han pasado al bando de los “negacionistas” del cambio climático. Dicen que todo esto de Al Gore (“un farsante”) y los científicos de medio mundo es un montaje, que en realidad nadie sabe por qué tenemos este tiempo de locos, ni el mismísimo primo de Rajoy. Me recuerdan, en sus esfuerzos de apostolado, un poco al drama vivido por los científicos cuando ponen en peligro sus carreras al tener que explicar delante de sus colegas por qué creen en dios, o por qué el Papa es infalible, o que tiene mucho sentido que una de las tres personas de un sólo dios, que en realidad son tres, haya dejado preñada a una terrícola virgen para que naciera uno de los tres, que no es el que llaman padre sino el otro…
Bueno, lo del cambio climático es igual de complicado, y me recuerda a las religiones como una gota de agua a otra. Cuando escucho a los negacionistas tengo la sensación de estar haciendo el primo. Por ejemplo, el cubo de la basura de mi casa es ya una casita en sí misma, una especie de armario clasificador en el que se acumulan los compartimentos: de basura orgánica, de los envases, de los cristales, del papel, de las pilas, de los botes con los aceites usados, de las medicinas caducadas… Tanto trabajo, ¿para qué?
Me habían contado que nuestro pacto con el medio ambiente exige que demos correcta sepultura a los cadáveres de los objetos de consumo para que no se vuelvan contra nosotros en forma de contaminación. Pero hete aquí que la reflexión debe comenzar mucho antes, porque nuestra responsabilidad se la juega en el momento mismo de la compra. Así que voy al súper con un ojo puesto en la dieta y otro en el medio ambiente.
Ya sabemos que los biocombustibles, por ejemplo, lejos de solucionar un problema de contaminación, pueden agravar la pobreza de los campesinos y de la biodiversidad, al extender los monocultivos. Y ya en el colmo del acoso, ahora se aconseja modificar la dieta de la ganadería intensiva de los rumiantes, como las vacas, porque al parecer con sus pedos producen el 25% del metano atmosférico. Al mismo tiempo que nos llegaba la noticia, mi mujer, mediante no sé qué misteriosa asociación de ideas, me prohibía terminantemente volver a comer fabada. Dice que es por el cambio climático.
Así que si se pone muy pesada acabo echándome en brazos de mis amigos negacionistas, que son igual de coñazos, les monto una cena de despedida con todas las burbujas del cava del Penedès que encuentre, y me suicido allí mismo con una sobredosis de fabada asturiana, con su morcillita, su choricito, su tocinito entreverado, aguantándome la madre de todos los pedos, hinchándome, hinchándome, hasta inmolarme al final reventando por las costuras. Y me los llevo a todos por delante, por coñazos. Porque, la verdad, esto no hay quien lo aguante.
