Pizarro le ha birlado la silla a Ruiz Gallardón
Yo había escrito ayer por la tarde una columna para el diario Público (y así se publica hoy) en la que hacía cábalas sobre el futuro político de Ruiz Gallardón tras el desaire al que le había sometido el aparato electoral con el nombramiento de Manuel Pizarro como segundo en la lista de Rajoy para Madrid. Por la noche Mariano Rajoy se veía obligado a puntualizar públicamente que el alcalde de Madrid no podría ser candidato, siguiendo la doctrina interna de que los alcaldes del partido no deben ser diputados ni senadores… En fin, el periódico todavía no había salido y la noticia ya era vieja.
Yo me preguntaba en el papel: ¿Y dónde queda ahora Ruiz Gallardón? Como hay que hacer hueco al menos a dos mujeres, ¿será suficiente para él un quinto puesto en la lista de Rajoy? Cuando le preguntaron a Esperanza Aguirre por la cuña de Pizarro como segundo por Madrid, metida como una aguja de vudú en el corazón de su enemigo político, la lideresa sacó una sonrisa de oreja a oreja y exclamó visiblemente complacida: “Es una gran noticia”. No especificó si para los españoles todos o sólo para ella en particular.
Luego supimos que la buena noticia era, sobre todo, para ella (yo creo que también para sus adversarios políticos), que el sigilo en torno al destino de Gallardón lo había reventado ella misma, después de que la cadena SER hubiese descubierto el pastel de Pizarro, con la amenaza de dimitir y presentarse como candidata, que para eso le corresponde a ella elaborar las listas por Madrid. ¿O no?
Pues sí y no. Hace unos días Mariano anunciaba que mandaba mucho en su partido y que el día 17 anunciaría los nombres más significativos de su candidatura, pues él, como presidente nacional, tenía la última palabra. Pero como es un político de una sola palabra, una sola por la mañana, otra por la tarde, otra por la noche, ayer se quitó el problema de encima, empleando una de sus únicas palabras, diciendo que él no hace las listas, que la decisión era cosa del comité de Madrid que curiosamente preside Esperanza Aguirre. Y si él no hace las listas, ¿cómo sabe a día de hoy que Pizarro va de segundo con él? Es todo tan estúpido, la escenificación de la unidad en ese partido adquiere tintes tan bobos que da un poco de vergüenza ajena.
Pero el alma de la política es así. Si en periodismo sabemos desde MacLuhan que el medio es el mensaje, en política el mensaje, más que los programas, suelen ser los propios políticos. Tardamos mucho tiempo en convencer a Julio Anguita de que su fracaso no se trataba de los programas, programas, programas invendibles, sino de su imagen, su imagen, su imagen pedante y triste de enterrador de partidos. Es muy útil eso de la imagen, porque así, de un vistazo, sabes de antemano que, por ejemplo, la educación, lo que se dice la educación para la ciudadanía, jamás deberíamos dejarla en manos de personajes tan groseros como el popular Vicente Martínez Pujalte.
Mariano conoce el valor de la imagen, y por eso entre sus ofertas de la campaña de rebajas ha incluido a un personaje que por sí solo es todo un mensaje acabado de lo que nos espera a todos con la llegada de un gobierno del PP, que el Señor no lo permita.
Se libró de Ruiz Gallardón y subió al carro a Manuel Pizarro, ex presidente de Endesa y consejero de Telefónica, íntimo amigo de Aznar a cuya sombra medró, el retrato perfecto del triunfador del capitalismo salvaje, empresario político que, según López Garrido, se habría levantado de Endesa cerca de 2.000 millones de pesetas de indemnización. En la moral de Mariano, no sé si eso es una señal, pero para la moral calvinista de los neocons, el éxito económico es el reflejo de estar tocado por la gracia divina. En este caso, lo de Pizarro no sé si es divino, ni siquiera si tiene gracia, pero el éxito no se le puede negar.
Con la OPA fracasada de Gas Natural sobre Endesa nos hemos quedado sin saber, en una inevitable auditoría, con qué largueza el amigo de Aznar habría colaborado a la financiación del PP, como sospechan los rojos miserables. Creo que ya nunca lo sabremos. Lo que sí sabemos es que la apuesta de Rajoy, el patriota que prefería para Endesa un comprador alemán o de Honolulu antes que catalán (¡por dios, la Caixa!) tiñe más, si cabe, de anti catalanismo al partido nacionalista de las Españas. Ellos sabrán lo que hacen. O no.
Queden, pues, relegados al sexto o séptimo puesto los mataos valencianos que vinieron a la política a forrarse. Dejemos el paso franco (¡huy lo que ha dicho!) a Pizarro, que es carne fresca, y ya viene cagado y masturbado a trabajar, como dicen que exigía Napoleón a sus generales: él ya viene rico de casa a enseñar a sus pobres correligionarios el camino hacia la prosperidad.
