La duquesa caritativa y la Cruz Roja
Cuentan los corresponsales extranjeros que en la guerra de Georgia, donde las tropas rusas bombardean indiscriminadamente ciudades de Osetia del Sur, tan sólo las organizaciones humanitarias, como la Cruz Roja, son testigos del abuso de fuerza del “re-nazimiento” de la URSS. Cuatro periodistas han sido eliminados ya por las fuerzas rusas desplegadas en un territorio que consideran suyo, por la peor de las razones, la que más guerras ha provocado a lo largo de la historia, después de las religiosas, por supuesto: la identidad étnica, el concepto de raza pura, el abono con el que florece el nazismo en todas sus formas y disfraces. Si a ello mezclamos los intereses geoestratégicos, como la posesión de las vías de suministro del gas y el petróleo, creo que ni la ONU ni la visita de Sarkozy podrán parar la gestación de la nueva ampliación de la URSS.
Ayer, mientras pensaba en el papel impagable (por más que pensemos que lo pagamos) de las agencias humanitarias en los conflictos, veía en televisión, antes del telediario, en un programa que dicen del corazón, a la Duquesa de Alba, una de las mayores fortunas de España, sentándose trabajosamente en una mesa petitoria para recabar fondos para la Cruz Roja. Quizá sea necesario, para mover a la generosidad de los donantes, la utilización de los personajes públicos de fama para estos menesteres. Pero os puedo decir que lo de ayer no era un espectáculo para mentes sensibles, tanto por el estado balbuciente de la duquesa como por el mensaje hiriente que se desprendía de ver a una Grande de España (la más grande) jugando a las obras de caridad.
El reportero (creo que dejan en verano demasiadas cosas en manos de los becarios) acompañaba el disparate con comentarios todavía más disparatados, lo que me ratifica en la convicción de que los jefes de redacción están de vacaciones mientras dejan a sus becarios asilvestrados a su aire. “Después de hacer una generosa donación…” decía más o menos el reportero, la duquesa animaba a sus conciudadanos a colaborar con Cruz Roja, una representante de la nobleza que “ni siquiera en vacaciones descuida sus actividades benéficas”.
Tremendo. Sus actividades benéficas. Sé que esta forma de ganarse en cómodos plazos un puesto en el paraíso es consecuencia directa de su educación. La caridad por encima de la justicia, para la mayor propietaria de tierras de labor en España, denunciada repetidas veces por las lamentables condiciones laborables en las que mantiene a sus trabajadores.
Difícil equilibrio el de Cruz Roja, recabar fondos a cualquier precio, como si el dinero no oliese (pecunia non olet), para poder aliviar conflictos al otro lado del mundo bajo el amparo del más puro logotipo de la justicia y la solidaridad. De color rojo, como el alma de las buenas gentes.
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Meditación para hoy: acabo de ver el partido agónico de baloncesto España-China. Estos chicos me van a matar. No tienen piedad de mi pobre tensión.
