18 Jun 2008

La izquierda debería estar más atenta

01:45, por manolosaco  
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En Galicia, el sistema caciquil del PP de Fraga Iribarne se cimentó durante muchos años sobre el viejo axioma de que era mejor votar a los caciques que a los partidos de izquierda porque los ricos ya no tienen la imperiosa necesidad de robar. Ya vienen robados de casa. No resultaba extraño, pues, que campesinos hundidos en la miseria siguiesen votando de manera reverencial a quienes se suponía que eran unos profesionales del poder, saciados de dinero.

Cuando parecía que los escándalos urbanísticos, que salpicaban a todos por igual, ricos por la casa y pobres de solemnidad, echaban por tierra el viejo axioma, la izquierda sufría uno de los peores golpes con el caso Roldán, aquel director de la Guardia Civil con el PSOE que se levantó de la caja más de 2.000 millones de pesetas.

La teoría de que el rico se sacia antes que el pobre se nos está viniendo abajo. Ayer, el alcalde socialista de Estepona (Málaga) recibió la visita de la policía para llevárselo detenido, acusado de los supuestos delitos de cohecho, tráfico de influencias, prevaricación y blanqueo de capitales. Vamos, las actividades normales de los alcaldes chorizos cuando se aburren en horas fuera del horario de oficina.

Cuando saltan este tipo de noticias, mi mujer (mi 50% de sentido común) siempre se pregunta cuál es el punto de saturación de un ladrón, cuándo un rico alcanza ese nivel óptimo de riqueza que le impediría absorber más dinero, al igual que el aire se satura de humedad. Ella piensa que la avaricia se circunscribe a un problema físico, porque en algún sitio leyó que la riqueza es como el agua salada, que cuanto más se bebe más sed provoca. Su madre, cuando veía estas noticias en el telediario, recitaba como una letanía la venganza de los pobres: “rico y de repente, no puede ser santamente”.

El PSOE debería grabar con fuego la sentencia de mi santa suegra. Ha tenido los suficientes reflejos para suspender de militancia cautelarmente al alcalde y los concejales socialistas de Estepona, pero la izquierda debería estar más atenta a las alarmas. No es tan difícil. Ya Averroes nos avisaba hace casi mil años que la estupidez y la riqueza no pueden esconderse durante mucho tiempo.

La estupidez es congénita, y se la ve venir desde lejos. Así que basta con centrar la atención en detectar los casos de abundancia repentina e inexplicable, la riqueza súbita de sus cargos públicos.

20 May 2008

El miedo a los Jiménez, servidores de la sociedad

00:52, por manolosaco  
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El caso de corrupción de la policía municipal de Coslada, o más bien, el caso de esa “banda armada” legal, constituida en mafia policial, tiene unas consecuencias sociales aterradoras. Creo que, a estas alturas, lo de menos son los delitos continuados que se les imputa y cuya acumulación en un sumario puede reportarles decenas de años de cárcel. Lo peor, sin duda, son las consecuencias traumáticas para toda la sociedad a la que decían defender, como en los casos de violación en que a la víctima le quedan ya, indelebles, más secuelas psicológicas que físicas.

La violación de la población de Coslada contiene en sí misma además la eterna duda: ¿quién vigila al vigilante, al policía corrupto, al juez prevaricador, al cura inmoral?

El nivel de corrupción de un país está íntimamente ligado a su desarrollo económico y social. Hay países como México donde la “mordida” forma ya parte del paisaje de los impuestos casi legales. En 2007 se calculaba en 2.500 millones de dólares el gasto de los mexicanos para hacer frente a la corrupción de sus policías, jueces y funcionarios públicos en general, lo que equivaldría al 18% de los ingresos familiares de su clase media-baja.

A este lado del Atlántico, el problema de la acumulación de la basura en Nápoles, sin que parezca importar las consecuencias gravísimas para la salud de la población, es la prueba irrefutable de que la mafia, la camorra, es un estado dentro del estado, que se gobierna con su particular lógica y sus propias leyes no escritas, pero que toda la población obedece estrictamente como un fenómeno natural.

Cuentan que el Caso Coslada, un arma de corrupción masiva, ha extendido a las poblaciones limítrofes los mismos miedos, idéntica desconfianza en los servidores de la ley. Los propios policías de los municipios adyacentes dicen haber detectado esa animosidad contra ellos, observados de cerca por unos ciudadanos que no saben si vienen a por ellos para atacarles o a defenderles. Cierto es que ni todos los policías son Ginés Jiménez, ni todos los periodistas, Jiménez Losantos. Pero el amor de los Jiménez por aterrorizar nuestras vidas puede degenerar en un miedo insuperable.
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Meditación para hoy:

Con la muerte del magistrado ultraconservador García Calvo, firme apoyo del PP en el Tribunal Constitucional (y mira que necesita apoyos últimamente ese partido) dicen que España se queda sin uno de los más eminentes juristas, que sus aportaciones al entramado legal de cada sentencia eran vitales entre tanto magistrado advenedizo.

Gustaba de un verbo ampuloso para expresar su discrepancia con las leyes progresistas, aunque su propia presencia en el alto tribunal, el que debe velar por la legalidad constitucional, era una pura contradicción. Ex gobernador de Almería con Arias Navarro, el heredero celador de una dictadura caracterizada por haber liquidado las libertades constitucionales mediante el uso de las armas, más bien se parecía al zorro franquista guardando las gallinas democráticas.

Lo de que un tipo de esa catadura moral fuese considerado “un gran jurista” me recuerda cuando dicen de alguien que es “un gran teólogo”. Meditadlo un momento, pasead la frase por vuestras neuronas, y repetidla: un gran teólogo, un gran teólogo. ¿Pero cómo se puede ser “grande” en el estudio de una materia inexistente?