12 May 2008

La rosa púrpura de Toledo quiere hablar de laicismo

00:18, por manolosaco  
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La internacional obispera no ha dejado descansar el debate. Llevamos tantos días hablando del necesario laicismo en la sociedad civil que el cardenal Primado de España, monseñor Cañizares, ha decidido entrar en el debate, temiendo, como Federico Trillo, que el gobierno esté maquinando no dejar las cosas como están, como están de bien para monseñor, sus palacios, sus trajes de seda púrpura y, por extensión, para toda su Iglesia.

(Inciso: el color púrpura procede de un molusco, un caracol marino que posee una tinta de ese color y que le sirve para defenderse de los depredadores. Era un tinte tan caro que en la antigüedad muy pocos podían permitirse utilizar prendas teñidas con él, por lo que pasó a ser el símbolo del poder y la riqueza de los reyes. Y por extensión, de la riqueza de los príncipes de la Iglesia, pobrecicos míos).

Sobre todo que no le toquen la parte más sensible de su mensaje evangélico: el dinero. Según avanza la Declaración de la Renta, monseñor Cañizares, valedor de los pobres por delegación de aquel Mesías que entraba en Jerusalén a bordo de un burrillo, se va poniendo más nervioso y pierde el rumbo de su predicación. Ha descubierto que hay medios de comunicación que se prestan a la campaña orquestada, según él, para que sólo marquemos la equis de “fines sociales” y no la de la Iglesia, medios “manipuladores de la opinión pública”.

Ahí le duele. No sabemos si en la Conferencia Episcopal están también de debate interno como en el Partido Popular, pero el caso es que a todos nos ha dejado descolocados este ataque del primado de España contra su propia empresa, la cadena COPE, su púlpito de odio fraternal, el medio manipulador de la opinión pública por excelencia, mejor dicho, por eminencia, que tanto colabora con su baba mística para que la próxima generación de españoles sea completamente atea, como dios manda. Ándese con cuidado, monseñor, usted que es tan aficionado a los disfraces, porque en cualquier momento le llaman maricón-plejines desde su propia trinchera.

Siempre me llamó la atención que los defensores de la equis para la Iglesia justificaran sus privilegios con el argumento de que el río de dinero que reciben se lo gastan en obras de caridad. Este razonamiento ha cobrado especial fuerza a lo largo del fin de semana, argumentario expandido, sin duda, por el gabinete de imagen del obispero español.

Llegados a este punto, la pregunta se impone: ¿en qué querían gastárselo, si no? ¿Tiene algo de heroico que Cruz Roja, por poner un ejemplo, invierta en Birmania el dinero que ha recaudado estos días para atender las necesidades… de Birmania? ¿Qué tiene de heroico que todas las mañanas los albañiles se suban a los andamios, los jueces emitan sentencias, los médicos alivien las enfermedades de sus pacientes, y los barrenderos barran las calles de la ciudad, si se les paga para eso?

Llevan tantos siglos acumulando riquezas estos vendedores de humo celestial, gastándose los diezmos y primicias en levantar catedrales y palacios, en comprar vestidos purpúreos de travestis sacerdotales para sus ritos, y cálices de oro y pedrería, que les parece una heroicidad destinar a obras de caridad sólo parte del dinero que han recaudado… para obras de caridad.

Es como si tuviésemos que estar agradecidos al gobernador del Banco de España por lo bien que guarda los lingotes de oro, en vez de correrse una juerga a nuestra cuenta en un banco suizo. Ver para creer, en dios, mismamente.

03 Oct 2007

La revolución de los mecheros no traerá la Republica

00:08, por manolosaco  
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Parecía que el debate de la quema pública de las fotos del rey, que poco a poco va derivando hacia la conveniencia o no de la existencia misma de la monarquía, tomaba la forma de una tormenta en un vaso de agua. Pero el propio monarca ha querido apurar el vaso saliendo en defensa de su puesto de trabajo, y nos ha venido a recordar que si él no hubiese jugado al despiste, jurando ante Franco unos Principios Fundamentales del Movimiento que pensaba pasarse por el arco del triunfo nada más encaramarse al trono, ahora estaríamos cantando el Cara al Sol, y alguno que yo me sé en la cárcel. Aunque no lo dijo así exactamente.
La quema de sus fotos, a mí que soy republicano hasta el tuétano, me ha provocado un escalofrío. Me recordó la quema de las imágenes de Bush en los países dominados por el Islam, una estética tercermundista, histérica, de revolucionarios cutres, teledirigida por la carcundia ultra nacionalista.
Me pregunto si alguien tenía interés en reventar desde dentro una disputa ideológica que históricamente sólo se dirime con sangre y fuego, con las cabezas soberanas rodando por los cadalsos, y que las sociedades futuras deberán solucionar en referéndum.
Según iban creciendo las masas de pirómanos ante las cámaras de televisión, excitadas en la sombra por algún comisario político republicano, me preguntaba si yo podría identificarme con los que exigen la vuelta de la República a golpe de mechero, ahora que había dejado de fumar. Si el debate va a circular por esos derroteros, por favor, que no cuenten conmigo.
Y mira que me lo pedía el cuerpo después de leer que el cardenal primado, Antonio Cañizares, solicitaba nuestras oraciones “por su majestad el Rey que tan mal está siendo tratado”… por la Cope, supongo.
Harto sospechoso que lo pida un príncipe de la Iglesia que gusta de disfrazarse de rey, con capa (¿concapa?) de cinco metros de satén púrpura recogida como la cola de un traje de novia, y que se sienta en un remedo de trono, a la espera de que le besen el anillo. El episcopal, por supuesto.

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