No se habla de otra cosa
Durante el día de ayer estuvimos dándole vueltas a la interpretación de los resultados electorales, que es una disciplina científica mucho más enrevesada que la prospectiva electoral. En realidad, en mi círculo (vicioso) de amistades y en casi todos los que habéis intervenido en el debate, se mezclaban emociones y análisis a partes iguales.
Entre las filas de la izquierda ganadora, la socialista, flotaba una suerte de sentimiento agridulce, como de un combate de boxeo fallido que se pensaba ganar por k.o. pero que resultó ser una victoria por puntos sobre un adversario correoso. Nada de celebrarlo con champán, bastaba con un simple cava para, de paso, poner de los nervios a la derecha anticatalana promotora del boicot.
Esa derecha celebraba su derrota como el que recibe “buenas malas” noticias del médico especialista: la mala noticia es que tiene usted un tumor maligno, amigo mío; la buena es que de ésta no se muere. Y uno se va a casa a celebrar tan contento que le han diagnosticado un cáncer.
Más a la izquierda, cundía primero el estupor y después el desánimo y la indignación. IU, con casi un millón de votos, empezaba a contemplar con rabia indisimulada lo que a todas luces es una injusticia: que siendo la tercera fuerza política más votada apenas tenga poder de decisión en la vida parlamentaria para los próximos cuatro años.
Desde ahora, su enemigo a batir es el sistema actual de circunscripciones electorales y el señor D’ Hont, quien con su famosa ley de ayuda a la formación de mayorías estables permite resultados descabellados. La imagen de Llamazares abandonando en soledad la sede de su partido era el dibujo más acabado de una derrota absurda.
Alguno de vosotros me recriminó mis reproches de ayer sobre lo que yo juzgaba como cierto comportamiento errático de IU que hubiera tenido parte de la culpa de su descalabro, aparte de los efectos perversos, por supuesto, de la bipolarización del electorado inducida por el miedo, y sus consecuencias en el tan traído y llevado voto útil. De ese comportamiento errático que sólo apuntaba, señalaba el para mí inexplicable apoyo de EB, todavía después del asesinato de Isaías Carrasco, a sus socios de ANV en la alcaldía de Mondragón.
Quisiera apuntar uno más, y no menor: la falta de indefinición, de posicionamiento a la izquierda del PSOE, el no haber hecho valer con más eficacia sus votos necesarios para respaldar las políticas sociales del PSOE exigiendo contrapartidas en mayor firmeza en la reforma de la educación (esa sí que es una asignatura pendiente para la próxima legislatura, y no sólo la de Ciudadanía), en las relaciones casi serviles del PSOE con la Iglesia, en la muy mal llevada crisis de las clínicas abortistas, etc. Esa es la izquierda que siento que ahora se haya difuminado, una izquierda imprescindible.
Es posible que, de no meterle mano al sistema electoral vigente hoy, a IU no le quede otro camino en el futuro que seguir pagando a un precio desorbitadamente injusto sus diputados. Permanecerá el criterio de mantener esa falacia de las circunscripciones provinciales, como si de verdad los diputados de Teruel o de Soria hiciesen oír su voz singular en el hemiciclo, como si pudiesen “defender” mejor a sus respectivas provincias, cuando ni siquiera los catalanes, los vascos, los valencianos o los gallegos pueden hacer oír su voz… en su propio idioma.
Los diputados de Teruel o de Soria, pertenecen al partido por el que se presentaron, no le demos más vueltas, partido que, gracias a la sinergia de grupo, debería trabajar más eficazmente por el progreso de los territorios menos desarrollados que lo conseguido con las iniciativas solitarias de cada diputado. Es muy romántico el sistema, pero no están los tiempos para la lírica.
Me temo que la modificación de este estatus será una reivindicación estéril a lo largo de la legislatura, pues los dos partidos mayoritarios, que salen primados con el actual sistema electoral, han jurado fidelidad eterna al señor D’Hont del que no piensan divorciarse.
A los herederos de Llamazares les queda, pues, trabajar por una oferta claramente diferenciada de la socialdemocracia que les ha fagocitado, deshacer el equívoco, y exigir que le devuelva los votos prestados, más que insistir en la obviedad de que el enemigo común es la derecha.
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Meditación para hoy:
Estamos convalecientes de la resaca de dos elecciones seguidas: una para el Congreso y el Senado, y otra para la elección de la canción de Eurovisión. Para el análisis de las elecciones políticas estamos a punto de acabar con las existencias de saliva, tinta y papel, y si la cosa va como me temo, será cuento suficientemente largo como para enlazar con la campaña electoral de la próxima legislatura, si prosperan las nuevas teorías conspiranoicas en preparación por parte de la caverna mediática.
Más que el desconcierto provocado por la pérdida del peso político de IU, mucho más ha sido el resultado de la conspiración friki para boicotear el festival de Eurovisión, con la ayuda inteligente de Andreu Buenafuente. A todos, sobre todo a sus organizadores, ha pillado con el pie cambiado. Es como si de pronto Martínez Pujalte, el friki más disparatado de la política española, hubiese sido elegido para presidente de las Cortes. Teniendo en cuenta que el ridículo está garantizado, ni borracho se me hubiese ocurrido fórmula más genial para acabar con esa pesadilla, con ese fósil de festival.
Porque en este punto debo haceros una confidencia: la Asociación de Víctimas de la Asociación de Víctimas del Terrorismo del caudillo Alcaraz (AVAVT), cuya presidencia ostento y de la que soy el único militante, aparte de los objetivos obvios de desenmascarar a los que han hecho del dolor de las víctimas un arma para medrar políticamente, albergaba dos objetivos no menores para la próxima legislatura: 1) acabar con los enanitos de jardín y sus amiguitos los burrillos, gacelas, blancanieves y demás fauna de escayola, y 2) trabajar por la desaparición del festival de Eurovisión, por el bien del oído musical y el buen gusto de las generaciones venideras.
La tarea con la fauna multicolor de escayola que ha invadido las parcelas de adosados como plaga de topillos es la que más cruda tengo.
