05 Nov 2007

Las injerencias judiciales en la verdad revelada

01:25, por manolosaco  
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El inconveniente de ser un partido democrático es que las normas del estado de derecho a menudo son un estorbo. Eso lo sabe en sus propias carnes George W. Bush, quien en su guerra contra el terrorismo preferiría dejar en suspenso los capítulos de la Constitución, con sus garantías de mierda para los detenidos, que entorpecen la extensión a todo el territorio nacional de los métodos de tortura aprendidos y perfeccionados en el infierno de Guantánamo.
El golpista general paquistaní Musharraf, alumno aplicado de Bush en esa versión tan particular de defensa de los derechos humanos, acaba de justificar su autogolpe de estado en la lucha contra el terrorismo internacional. No nos puede extrañar ahora que los golpistas de toda laya se miren en el espejo de las democracias occidentales, después de que tres grandes demócratas, Bush, Blair y Aznar, utilizaran la pamema de la lucha antiterrorista para provocar la muerte acelerada de casi un millón de ciudadanos de Irak que con Sadam Hussein se iban muriendo en dosis más discretas.
Lo de Musharraf tiene peores bemoles, porque ahora le compete cumplir a él el papel de sheriff de oriente que Bush padre había asignado en su día a Sadam en su lucha contra el islamismo radical. Y uno ya no sabe qué es peor, si la inteligencia de Bush al servicio de la salvación del mundo o un general dictador con silos repletos de bombas atómicas.
Y como alumno aventajado, el dictador detiene a todo el Tribunal Constitucional que estaba a punto de declarar ilegal su reelección para otros cinco años, porque “las injerencias judiciales” le impedían proseguir en su lucha contra el terrorismo internacional.
Cuando leo estas cosas, me alegro mucho de que en España nuestro Partido Popular, cuyos dirigentes despreciaban en su juventud estas tonterías e incómodos requisitos de los estados de derecho, sean ahora unos demócratas de toda la vida.
Porque no quiero ni pensar, en vista de lo que opinan en público y en privado de la sentencia del 11-M, lo provechosa que hubiera sido para su causa conspiranoica tener las manos libres para el uso de la doctrina de las “injerencias judiciales”, cuando jueces traidores a su causa se atreven a contradecir la verdad revelada de los “autores intelectuales”, los verdaderos terroristas, los instigadores de un golpe de estado cuyo paradero sólo Aznar, la banda de los cuatro y sus lacayos mediáticos y episcopales conocen.