12 Dic 2007

Un cura virtuoso en el salón de té de una casa de putas

00:11, por manolosaco  
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Poco dura la alegría en la casa del pobre. Yo, que soy animoso por naturaleza, estaba convencido de que el Partido Popular había agotado todas las existencias de disfraces de centristas para acudir a la gran fiesta electoral que se avecina. Y si no, haced la prueba, intentad alquilar uno: encontraréis cientos de Mickey Mouse, de Superman, de Batman, de Blancanieves… pero el de centrista está agotado. Está agotado, supongo, de tanto viajar hacia el centro (¿pero de dónde venían?, como decía Alfonso Guerra).

Los grandes partidos andan a la gresca en su disputa por el voto de centro, una vez que consideran cautivo su voto de plantilla. El PSOE haciéndole arrumacos al Vaticano, abominando definitivamente de cualquier ampliación de la ley del aborto o de la legalización de la eutanasia (pendiente en el anterior programa electoral, y desaparecido en combate en el actual); y el PP apostando por la negociación y el acuerdo, como dijo solemnemente Rajoy hace unos días, como ejes programáticos para la próxima legislatura.

Y me lo creí. Porque, como dios no existe, tengo siempre esa necesidad vital de creer en alguien, con el calorcito que proporciona que un líder piense por ti, aunque sea alguien tan increíble como Mariano Rajoy.

Pero está visto que la marcha hacia el centro es una carrera de obstáculos. Una vez más, Mariano se empeña en despreciar mi voto. Cuando empezaba a pensar que la palabra de un registrador de la propiedad iba a misa nos traiciona volviendo a las andadas con la lucha antiterrorista y la ilegalización de ANV y el PCTV, dando la coña en el Congreso una vez más, y como despedida de la legislatura, con el asunto de la negociación con ETA, una legislatura que pasará a la historia como la más inútil, estéril y zafia de cuantas ha ejercido el principal partido de la oposición al gobierno.

Este encarnizamiento parlamentario, además de servir para demostrar la soledad del PP, como un cura virtuoso predicando la salvación en medio del salón de té de una casa de putas (porque tal parece el concepto que la derecha tiene de la función del Parlamento), evidencia que las palabras mágicas “negociación” y “acuerdo”, con las que quiere ingresar en la normalidad democrática, no significan nada en sus bocas.

Ya lo avisaba el informe PISA: nuestros niños saben leer las palabras pero desconocen su significado. O quizá, lo que es peor, saben lo que expresan, pero prefieren suspender el examen de marzo por puro afán de notoriedad. ¡Es tan difícil esta etapa suya de pubertad política que no sé qué hacer con estos niños!

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Meditación para hoy: Ayer estuve acompañando a José Antonio Martínez Soler y su familia en las exequias por la muerte de su hermana, su marido y la hija de ambos, muertos en un inexplicable accidente de circulación. En la capilla del tanatorio, varios sacerdotes concelebraron una misa por sus almas. De sus bocas salieron las mismas palabras vacías de consuelo, palabras de plantilla, aprendidas en el prontuario que estudian en el seminario para cada caso concreto. Palabras tan gastadas que suenan terriblemente banales en momentos de tanta tensión y tristeza. Comprendí, una vez más, que cuando la pena es tan cruel el mejor consuelo es el silencio cómplice de quienes acompañamos. Todos sabíamos allí que habíamos perdido para siempre el calor vital de un matrimonio feliz, cuya hija adoptada, salvada hace dos años del infierno de un orfanato ruso, comenzaba en España una nueva vida. Lo sabíamos todos, al parecer, menos ese dios al que los sacerdotes hablaban con tanta familiaridad y respeto. Para nosotros, palabras de consuelo manufacturadas, pero ni un sólo reproche a ese dios brutal, injusto, indigno de la más pequeña oración del más miserable de los hombres.