Preparan un cónclave con el Papa todavía vivo
La inflación alcanza límites históricos y el Tribunal Constitucional acepta la recusación de los dos magistrados en los que el PP tenía puestas todas sus esperanzas para ganar judicialmente lo que perdió en el Parlamento, como declarar inconstitucional el estatuto de Catalunya.
En otros momentos ambos asuntos hubieran sido materia fungible para clamar por la llegada de un mesías. Pero Rajoy está convaleciente, como desganado, y necesita buscar consuelo en su nuevo granero de votos de Valencia. Mientras iba de viaje, le llegaban los ecos de (Victoria) Esperanza, la presidenta de Madrid, el otro granero, recordándole que ella había aportado a las arcas muchos más granos que Camps, sin duda una estrella emergente dentro del partido.
En realidad el jefe de la oposición últimamente habla, mira y camina de una manera tan penosa que dan ganas de quererle. Uno es así de sentimental. En Valencia, para animarle, lo han recibido como si hubiera desembarcado la mismísima alegría de la huerta, mientras en Madrid, Zaplana, muerto de rabia, acusaba esa deferencia con su enemigo Camps como una desautorización. Por ello se apresuró a anunciar que renunciaba a ser portavoz de su grupo parlamentario en la próxima legislatura, antes de que se confirmase públicamente que no pensaban contar con él ni jartos de vino.
Y en esto, Ruiz Gallardón, viendo que los efectos de su rabieta tras el ninguneo preelectoral no mellaron ni un ápice la capacidad de convocatoria de su enemiga Aguirre, tras comprobar amargamente en las urnas que su candidatura no era imprescindible para ningún supuesto viaje al centro que, por cierto, nadie en su partido está dispuesto a emprender, se apuntaba también, rendido al fin, al equipo de Mariano Rajoy, según el ejemplo de la lideresa madrileña, dando así por terminado su periodo de duelo, dispuesto a ver si pilla algo de tajada en el próximo congreso.
Los que, como yo, creemos firmemente que lo de Rajoy es tan sólo teatro, un puro estado de interinidad disimulada, permaneceremos atentos a la carrera, analizando cada gesto, cada palabra, de los Camps, Gallardón, Aguirre, Pizarro, Arenas… por colocarse en la pole position para cuando den la salida en la carrera hacia la presidencia del partido.
Aunque más parecen días previos a un cónclave, pero más cruel, porque el Papa todavía está vivo, por más que lo quieran matar a disgustos.
