16 Abr 2008

El domingo ya no descansa ni dios

00:23, por Manolo Saco  

El vicediós está de viaje por los Estados Unidos para pasar revista a su rebaño, a ver cómo van las ovejas negras y descarriadas de sus sacerdotes. Va en visita pastoral al país más rico del mundo con la Iglesia más en bancarrota del mundo, y no especialmente por la tacañería de sus feligreses (que supongo que también) sino porque ha tenido que gastarse la recaudación del cepillo en el pago de indemnizaciones millonarias por los casos de pedofilia de cientos de clérigos aquejados de un amor desmedido por los niños.

Ha prometido ante los periodistas que excluirá “de todo punto a los pedófilos del ministerio sagrado”, como si ello fuese tan fácil. Así como la lideresa de Madrid y Esperanza de España solucionó el atasco de las listas de espera hospitalarias dejando de admitir a enfermos en las listas de espera (ella sí que sabe), Benedicto XVI cree que la pedofilia entre sus sacerdotes se termina echándolos a la calle una vez descubiertos, en lugar de poner los medios para que ningún pedófilo vea en el sacerdocio católico el campo de aterrizaje apropiado a su apetito desordenado.

El Papa actúa como el gobernante que decide construir un hospital al otro lado de la curva peligrosa en lugar de suprimir la curva causante de los accidentes. Dos maneras de encarar los problemas. Quizá el de la Iglesia se aliviase permitiendo que los sacerdotes pudieran hacer uso del santo matrimonio para encauzar, más que su amor, su frenesí. Pero por más que se lo digo, ni caso.

Y mientras, en esta otra tierra de infieles, de iglesias y seminarios amenazados de desertización por el cambio climático espiritual, los obispos ya nos animan estos días a marcar la casilla de la Iglesia en la cercana declaración de la Renta.

Me encanta oír sus spots publicitarios invitándonos a comprar el Cielo, porque así dan una idea exacta de que en realidad se trata de una empresa multinacional con ánimo de lucro, como todas las demás. El otro día oí en la radio un anuncio del obispado de Ourense que nos pregunta: “¿Y tú, qué vas a hacer el domingo?”

Si lo oís, no contestéis. Es una trampa, la misma pregunta que nos hacen Carrefour y El Corte Inglés para que consumamos sin freno en nuestro sagrado día de descanso.

15 Abr 2008

La desproporción entre el (presunto) delito y la (presunta) fianza

00:36, por Manolo Saco  

Juan Antonio Roca, el cerebro de la trama de corrupción del Ayuntamiento de Marbella, imputado en la Operación Malaya, acaba de salir de la cárcel después de pagar una fianza de un millón de euros (¿de dónde los habrá sacado, angelico mío?), a pesar de que para el juez existe un claro riesgo de fuga. Él sabrá, o no, lo que hace, pero para la mayoría de la población su libertad condicional supone un escándalo público y la constatación de que la mujer que sujeta la balanza de la justicia hace trampas mirando por debajo de la venda. ¿Deja en libertad, con la obligación de no acercarse a menos de 500 metros de un aeropuerto, a un tipo que tiene una casa -o tenía- con un helipuerto?

El presunto delincuente de Marbella sale de “vacaciones”, en libertad vigilada, pagando una décima parte de lo que se supone que robó, mientras pesan sobre él acusaciones de delitos continuados de cohecho, malversación y fraude contra la hacienda pública, de ser el jefe de una organización de blanqueo de capitales, de falsedad, de tenencia ilícita de armas, de tráfico de influencias, de prevaricación y de otros delitos contra la ordenación del territorio (aquí, pausa para respirar).

No se le acusa de ningún crimen contra el buen gusto, por tener un cuadro de Miró colgado en el cuarto de baño, y una casa plagada de trofeos de caza y animales disecados (una hiena, un cervatillo, una jirafa, un oso, un cocodrilo y un búfalo), y hasta las cabezas de un elefante y de un hipopótamo, amén de cuernas de todo tipo de animales, como ciervos, cabras monteses y gamos. Claro que esa es materia de estudio para un psiquiatra y no para un juez.

No hace mucho, en una redada de delitos informáticos, se imputaba a varios ciudadanos del delito de bajarse ilegalmente música a través de Internet. Según el artículo 270 del Código Penal, les puede caer a cada uno, dependiendo del humor y del oído musical del señor juez de turno, una pena de seis meses a dos años de prisión, por un delito contra la propiedad intelectual. ¿Os los imagináis ante el televisor, ayer, viendo salir de la cárcel al presunto jefe de la banda mafiosa, con una cara de salud como de venir de recibir una sesión de rayos UVA? ¿Qué habrá pasado por las cabezas de los estafadores de las otras bandas, de las musicales, a los que les espera una pena penita pena de entre seis meses y dos años de prisión?

Eran ciudadanos chorizos, pero amantes de la música, coleccionismo más noble que el de los billetes de quinientos euros, gente que muestra un mayor respeto por Amy Winehouse o Sibelius que Roca por los cuadros de Miró y la hacienda pública. Pero ahí los tenéis… Si la proporción entre el delito y la pena es la base de la justicia, la desproporción entre el delito y la fianza es el camino recto para perderle el respeto a la justicia.
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Meditación para hoy:

La ceremonia de jurar o prometer el cargo de ministro ante el rey es el escaparate de la mercancía que nos quiere vender para los próximos cuatro años el presidente del gobierno que se estrena. Para los implicados, la elección de la fórmula de juramento o promesa comporta, sobre todo, una confesión de fe. De no fe, en este caso. Para otros sectores, como la Iglesia, supone un nuevo mensaje inequívoco de que estamos en un estado laico.

Ahora bien, para los laicos de la democracia, el libro sagrado es la Constitución, ante la que prometen el cargo “por su honor”, poniendo al rey como testigo supremo. Los ministros cristianos juran ante la Biblia y ponen por testigo a Cristo, lo que les evita problemas de conciencia cuando incumplen la palabra dada, pues el honor que no arriesgaron siempre les queda a salvo. Y dios sabrá perdonar: es su oficio, como dijo no sé quién.

Si en la dictadura guardábamos al rey en una vitrina, ¿por qué ahora, en democracia, no guardamos la Biblia y el Cristo, ahora que ya no cumplen ningún cometido? ¿Qué pintaban ambos ayer sobre la mesa en esa ceremonia laica?

14 Abr 2008

La política de gestos y el lenguaje de los bigotes

00:36, por Manolo Saco  

Temo que a veces la política de gestos pueda eclipsar a la otra política, la de las ideas. He visto a Zapatero muy ufano del toque femenino de su nuevo gabinete ministerial y de la juventud de una de sus ministras, como si ello fuese un valor en sí mismo. A bote pronto parece un orgullo un poco infantil, y un mensaje peligroso, porque podría sembrar la duda de que en el currículo de un candidato a ministro pesa más el sexo que la preparación para el cargo.

El caso más llamativo es el nombramiento de Carme Chacón como ministra de Defensa. La elección de una mujer, y además embarazada, prefiero pensar que ha sido decidida como un test, como un experimento para pulsar el grado de aceptación de la mujer en el ejército, más que por una preparación específica para ese cargo. (Ahora que lo digo, tampoco se me ocurre ninguna habilidad especial para ponerse al frente de ese ministerio).

Imagino, eso sí, el latigazo de estupor que debió de recorrer los cuarteles este fin de semana. Una institución milenariamente masculina y machista, que ha aceptado a regañadientes la presencia de la mujer en sus filas, va a estar dirigida por alguien que de pequeña jugaba con las muñecas en vez de a la Guerra de las Galaxias. Y una mujer muy próxima al nacionalismo catalán (recordemos su rifirrafe con Rodríguez Ibarra) que puede provocar rechazo en esa parte de las fuerzas armadas que considera que la profundización en el desarrollo del Estado de la autonomías significa la ruptura de España. Unos lo van a considerar una apuesta valiente… y otros, una provocación.

Comprendo el mensaje, alguien tenía que romper de una vez con el estereotipo. Quizá lo exija la política de gestos, ahora que más que nunca el mensajero es el mensaje. Como ha ocurrido con el bigote de Martínez Pujalte, afeitado en tiempos en que le van a exigir su alineamiento con uno de los dos bandos en liza dentro de su partido. Tendré que acostumbrarme, pero es como ver a los payasos sin su nariz roja y redonda. Ya no sé si me va a hacer la misma gracia.

Con Sadam Hussein se sabía el grado de adhesión al jefe en la medida en que sus colaboradores lograran imitar la textura y el dibujo de su bigote. Era casi el logotipo del régimen. Cuando entraron los americanos en Bagdad la población se apresuró a descolgar de las paredes el retrato del líder de la revolución y corrieron todos a afeitarse el logotipo. Es una lección histórica de la que Mariano Rajoy debería sacar buen provecho. Yo de él, por ejemplo, permanecería atento a la estabilidad de otro bigote, el de José Manuel Soria, el presidente del PP de Canarias, un clon asombroso de José María Aznar, en el espíritu y en el mostacho. Por la permanencia o no de ese bigote bajo la nariz del canario podría llegar a conocer con anticipación cuáles son sus intenciones como compromisario para el congreso de junio y el humor del hombrecillo insufrible que lo habita.

Es lo que tiene la política de gestos, que obliga a permanecer atentos a los más leves cambios. Por fortuna, vivimos en democracia, porque este tipo de política de imagen hubiese tenido efectos devastadores en Carme Chacón en tiempos pretéritos y no muy lejanos: no quiero ni pensar cómo le hubiese sentado el bigote pitillo de los falangistas mientras pasaba revista a un batallón del ejército victorioso.

11 Abr 2008

El cannabis, el tabaco, los toros y otras drogas

00:43, por Manolo Saco  

Las sociedades modernas mantienen con las drogas una doble moral que no siempre tiene que ver con razones de salud pública. Algo parecido a lo que nos ocurre con la fiesta de los toros que, a fuer de asimilarla como una manifestación cultural, perdemos de vista la barbarie que se esconde tras cada puyazo y banderilla con que el artista torturador enardece a la muy civilizada concurrencia, mientras el toro se desangra lentamente.

En las religiones primitivas los adeptos confundían los efectos euforizantes de ciertas drogas con instrumentos divinos para mejor comunicarse con los dioses. Nuestros “descubridores” del Nuevo Mundo descubrieron así los efectos tonificantes del cacao, cuya semilla era considerada alimento de los dioses (teobroma), sólo al alcance, por supuesto, de las altas clases sacerdotales y sociales, y unos porros (“tizones” los llamaba el almirante) hechos con unas hojas sospechosas que los indígenas encendían por un extremo para inhalar su humo de propiedades enervantes.

El vino, cuya mala utilización puede derivar en una droga devastadora, quedó incorporado a la cultura occidental desde aquella última cena en que pasó a ser el vehículo de la transustanciación de la sangre de Cristo.

Así que, al igual que una religión no es otra cosa que una secta que ha prosperado, las drogas dejan de serlo dependiendo del grado de aceptación social que consigan. Fumar cannabis, la tía María, es un acto penado por ley. Pero el tabaco es una droga sólo desde el otro día, en términos históricos. Durante siglos se la consideraba apenas una costumbre más o menos inocua, y, dependiendo de la marca y forma, añadía al fumador un plus de distinción.

Ha salido en toda la prensa que en Cataluña van a administrar ahora un derivado del cannabis para tratar las náuseas y vómitos derivados de los tratamientos de quimioterapia en enfermos de cáncer, aunque al parecer es una práctica que se utiliza desde hace tiempo en toda la red sanitaria del Estado. Sus efectos paliativos son de sobra conocidos, pero las sociedades tienen que hacerlo casi a hurtadillas, sin darle excesiva publicidad, como disculpándose por utilizar con fines terapéuticos una droga mucho menos dañina que el tabaco, el alcohol y la tauromaquia.

10 Abr 2008

El debate sobre la investidura de Mariano Rajoy

00:29, por Manolo Saco  

El segundo día de debate ha tenido poca chicha, aunque sí el morbo de ver el estreno de Rosa Díez, ex compañera de partido del candidato a la investidura. La que fue durante varios años consejera de Comercio, Consumo y Turismo del Gobierno Vasco del nacionalista PNV, con Ardanza como lehendakari, la que durante ocho años se aseguró el sueldo de eurodiputada en el pesebre de un partido cuyas ideas no compartía, llegó al debate de investidura con la intención indisimulada de apuntalar la política antinacionalista del Partido Popular para esta legislatura que estrenamos. Por lo que hemos oído viene a reverdecer el viejo lema de la derecha de que España se rompe: “Se ha empezado a romper”.

El resto de la sesión, con votación incluida, discurrió por los caminos previstos. Era fuera del hemiciclo, en realidad, donde otro debate reclamaba el interés de los españoles. Como decíamos ayer, Mariano Rajoy se examinaba entre los suyos, en lo que ya es una guerra abierta por su sucesión. Del almuerzo el viernes pasado entre él y la lideresa poco se sabe. Pero ayer volvieron a almorzar en un acto multitudinario, y compartieron mesa y mantel. Les vi por televisión. Esperanza sonreía con esa mueca zaplanesca de cartón piedra, que lo mismo sirve para un pésame que para una juerga. Mariano no tenía ni ganas. De comer, no sé, pero las pocas ganas de sonreír ni las disimulaba.

Yo imaginaba a Ruiz Gallardón, el otro herido, que no muerto, viendo la escena desde su refugio de Pekín, por el canal internacional de TVE, analizando el lenguaje corporal de abatimiento de un Mariano Rajoy que tenía que esforzarse por mirar a los ojos a su queridísssssima adversaria, al tiempo que intentaba vender a los chinos la candidatura olímpica de Madrid mientras el COI se replanteaba suspender la gira de la antorcha. Lo de Gallardón es un sinvivir, es como estar harto de la guerra de Irak y pedirse unos días de permiso para veranear en la guerra de Afganistán.

Mientras la antorcha de los anfitriones a duras penas mantenía viva la llama, su vicealcalde le guardaba la viña atizando el otro fuego contra su rival: “Lamento el espectáculo que está dando Esperanza Aguirre”, y a continuación, y sujetándose los machos, se sentó en la misma mesa en la que almorzaban, sin dirigirse la palabra, su presidente y su futura presidenta, si su dios no lo remedia.

Cierto es que también disparaban desde la otra trinchera. El que fue portavoz en el primer gobierno de Aznar, Miguel Ángel Rodríguez, tiraba a dar, y no precisamente con balas de fogueo: “Rajoy no levanta entusiasmo. El PP no necesita un presidente, necesita un líder”. ¿Se le habrá ocurrido a él solito o se habrá limitado a transmitir fielmente las órdenes de su amo insufrible, el que mece la cuna de Génova 13?

Desde el frente judicial tampoco venían buenas noticias para mejorar su semblante. A media mañana se sabía que el Tribunal Constitucional rechazaba el recurso del PP contra la reforma de su Ley Orgánica mediante la cual la actual presidenta podía continuar en su cargo. Se vienen abajo así las esperanzas de la derecha de ganar en los tribunales los dos grandes asuntos que había perdido en el Parlamento: la presunta inconstitucionalidad del Estatuto de Cataluña y la ley de matrimonios entre homosexuales. Dos banderas a las que se había abrazado la derechona como borracho a una farola. Y ahora van y les apagan la luz.

Así que con ese dies horribilis no os extrañe que Rajoy no tenga humor para mirarle a la cara a su adversaria. Aunque no sé si vosotros también lo habéis observado, pero estos días parece como si la cara de Mariano se hubiese vuelto translúcida, como de cera, para que todos podamos hurgar dentro de su profundo desamparo. O a lo mejor es que me estoy convirtiendo en un blando.

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