El domingo ya no descansa ni dios
El vicediós está de viaje por los Estados Unidos para pasar revista a su rebaño, a ver cómo van las ovejas negras y descarriadas de sus sacerdotes. Va en visita pastoral al país más rico del mundo con la Iglesia más en bancarrota del mundo, y no especialmente por la tacañería de sus feligreses (que supongo que también) sino porque ha tenido que gastarse la recaudación del cepillo en el pago de indemnizaciones millonarias por los casos de pedofilia de cientos de clérigos aquejados de un amor desmedido por los niños.
Ha prometido ante los periodistas que excluirá “de todo punto a los pedófilos del ministerio sagrado”, como si ello fuese tan fácil. Así como la lideresa de Madrid y Esperanza de España solucionó el atasco de las listas de espera hospitalarias dejando de admitir a enfermos en las listas de espera (ella sí que sabe), Benedicto XVI cree que la pedofilia entre sus sacerdotes se termina echándolos a la calle una vez descubiertos, en lugar de poner los medios para que ningún pedófilo vea en el sacerdocio católico el campo de aterrizaje apropiado a su apetito desordenado.
El Papa actúa como el gobernante que decide construir un hospital al otro lado de la curva peligrosa en lugar de suprimir la curva causante de los accidentes. Dos maneras de encarar los problemas. Quizá el de la Iglesia se aliviase permitiendo que los sacerdotes pudieran hacer uso del santo matrimonio para encauzar, más que su amor, su frenesí. Pero por más que se lo digo, ni caso.
Y mientras, en esta otra tierra de infieles, de iglesias y seminarios amenazados de desertización por el cambio climático espiritual, los obispos ya nos animan estos días a marcar la casilla de la Iglesia en la cercana declaración de la Renta.
Me encanta oír sus spots publicitarios invitándonos a comprar el Cielo, porque así dan una idea exacta de que en realidad se trata de una empresa multinacional con ánimo de lucro, como todas las demás. El otro día oí en la radio un anuncio del obispado de Ourense que nos pregunta: “¿Y tú, qué vas a hacer el domingo?”
Si lo oís, no contestéis. Es una trampa, la misma pregunta que nos hacen Carrefour y El Corte Inglés para que consumamos sin freno en nuestro sagrado día de descanso.
