30 Mar 2008

Es de noche, aunque no te lo creas, hijo mío

23:30, por manolosaco  
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En el partido columnista, el que está formado por periodistas que escriben columnas, hay militantes para todos los gustos, y cada uno con sus manías, querencias, obsesiones y fobias. Como la vida misma, o como un extraño sillón de psiquiatra donde los médicos pagáis en vez de cobrar por escuchar.

Una de mis campañas vitales, ya la conocéis, es un imposible, una quimera, el intento de desmontar el gran negocio de las religiones, un poder multinacional que convierte en aficionados a los dueños de Microsoft. Inútil campaña la mía, pues los clérigos de toda condición compiten entre sí en ofrecer a su clientela promesas imposibles que no están a mi alcance. Los médicos saben que la verdad no siempre hace felices a los pacientes.

Otros compañeros del partido columnista pasean también sus obsesiones, sus afanes redentoristas, con el mismo escaso éxito que el mío. Manuel Vicent, por ejemplo, tiene por costumbre todos los años, cuando comienzan las ferias taurinas de primavera, escribir una de sus inquietantes columnas denunciando la tortura del toro, una extraña “fiesta” en la que se divierten todos menos el anfitrión, muerto salvajemente desangrado en la arena.

También con cierta regularidad, y tan estérilmente como nosotros dos, Manuel Toharia, periodista científico, un moderno renacentista que dirige ahora el Museo de las Ciencias de Valencia, predica todos los años a quien quiera oírle lo que él considera el sinsentido del cambio de horario que acabamos de estrenar. Toharia, al igual que muchos empresarios del sector energético, duda del supuesto ahorro de energía subsiguiente, pues la industria y el comercio, por ejemplo, tienen su actividad en interiores, siempre con luz artificial.

Por lo que he leído, el balance es tan complejo que resulta muy difícil llegar a una conclusión segura. Si tecleáis en la Wikipedia “horario de verano”, encontraréis una exposición detallada de los pros y contras de esta medida, para unos deseada y para otros desquiciante por su efecto de jet lag que puede durar semanas.

No sé si se ahorra energía. Y no lo sé porque lo ignoro, como decía Tip, aunque creo notar que sus efectos son más psicológicos que económicos. La gente joven, la que hace más vida de calle que de mesa camilla, saluda el cambio de hora de verano como un tiempo extra de regalo. Algunas madres con hijos pequeños, en cambio, quisieran tener un par de palabras con el inventor del reajuste horario. Que a las dos de la madrugada sean las tres tiene un pase. ¿Pero quién mete de pronto en la cama a un niño a las nueve de la “noche” con el sol brillando todavía en el firmamento?

28 Mar 2008

Si es que van provocando…

00:53, por manolosaco  
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Meditaba el otro día sobre la cultura machista, dominante en la mayoría de las sociedades, que da por buena la idea perversa de que en los casos de violación es la víctima quien tiene la mayor parte de la culpa. En los países islámicos el violador puede librarse con una facilidad asombrosa de la condena mediante triquiñuelas legales y testigos amañados, mientras que la víctima indefectiblemente es condenada al repudio o al castigo físico, como una pena acumulada a la pena inferida por su violador.

Cuanto más presente está el ingrediente de dios en las sociedades (el machismo es una de las columnas vertebrales de los libros sagrados, religiones inventadas por los varones y surgidas en sociedades tribales, incultas y en estado semi salvaje, donde la mujer tiene un papel siempre secundario, cuando no de esclava), más se agudiza el problema del desprecio a la mujer, hasta esta situación absurda de culpabilizar a la víctima.

En España apenas quedan restos, por fortuna; casos relegados a algunas sentencias de jueces con graves desarreglos mentales que disculpan al violador “porque la víctima iba provocando” con su manera de vestir. O el reciente caso del capitán del ejército que aconsejaba ocultar una violación a una subordinada porque “ella le había provocado”. No nos pueden extrañar casos semejantes, después de milenios de cultura dominante, porque si las religiones santificaron el machismo, los ejércitos son los templos donde mejor se oficia el rito.

Ese fundamentalismo religioso que justifica que no haya mujeres sacerdotes porque, por ejemplo, en el cuadro de la última cena no estaban retratadas ni como sirvientas, ha perdurado a través de los siglos hasta enquistarse en la reserva espiritual de Irlanda. Una vez perdida España irremediablemente para su causa, el Vaticano tiene puestas todas sus complacencias en la asfixiante religiosidad del pueblo irlandés que aprobó su ley de divorcio hace apenas 12 años ¡con un 0,4% de votos favorables sobre los de los partidarios del no!

El otro día, una encuesta publicada por el diario The Irish Examiner deducía que uno de cada cuatro irlandeses cree que en los casos de violación la culpable es la mujer, por su forma descocada en el vestir, además de otras consideraciones, como la muy pecaminosa de haber tenido antes varios novios o gustarle el whisky.

Si es que van provocando…
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Meditación para hoy:

Ya hay sentencia sobre Gescartera. Se me ocurren tres consideraciones.

1.Se condena a Antonio Camacho a 11 años de prisión por los delitos de apropiación indebida y falsedad documental. El común de los ignorantes mortales llevamos tres años calificando al asunto Gescartera como una estafa descomunal. Estafa, esa es la palabra que utiliza el diccionario de la RAE para referirse a un “delito consistente en provocar un perjuicio patrimonial a alguien mediante engaño y con ánimo de lucro”. Para los jueces parece que es lo mismo que apropiación indebida, pero al menos para mí la palabra estafa tiene una definición moral mucho más precisa y definitoria para catalogar los delitos de este tipo de delincuentes.

2.Se considera a La Caixa y a Caja Madrid Bolsa como responsables civiles subsidiarios que tendrán que hacer frente a casi 90 millones de euros, para asegurar la devolución del dinero a los “estafados”. Al menos no condena al Estado, o sea, a nosotros todos, a pagar los platos rotos.

3.Antonio Camacho, en el peor de los casos, saldrá dentro de tres o cuatro años por redención de penas y buena conducta (los ladrones de guante blanco se comportan como corderitos en prisión). El dinero estafado estará durmiendo en algún paraíso fiscal y opaco, a la espera de que su dueño vaya a despertarlo el día de mañana, o el de pasado, a lo más tardar. El oficio de ladrón es uno de los mejor remunerados de cuantos existen.

27 Mar 2008

El uniforme te salvará de más de un apuro

00:23, por manolosaco  
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El caso de las enfermeras de una clínica de Cádiz a las que se les obliga a llevar una vestimenta totalmente inapropiada para su trabajo, destapa la polémica sobre la utilidad de los uniformes y su verdadero significado.

En este caso, el uniforme -falda corta y escote generoso- más bien refleja los problemas psicológicos del “diseñador”, del sin duda varón víctima de sus fantasías eróticas, quien seguramente un día tuvo la ocurrencia de sugerir para sus empleadas un modelo lo suficientemente atractivo como para animar a la parroquia a enfermar, y así conseguir una mayor ocupación de camas.

En su inocencia habrá pensado que no hay nada mejor para una buena recuperación que abrir los ojos tras una operación de próstata y encontrarte con un primer plano de dos pechos rotundos asomando por el escote de la enfermera de guardia mientras te toma la tensión arterial.

Los uniformes tienen la doble utilidad de facilitar la identificación inmediata del que lo usa (policía, camarero, bombero) y la de añadirle un plus de autoridad, como las togas y puñetas de los jueces, las casullas y trajes talares de los clérigos, las plataformas de las drugs queens. De tal manera está fijado el patrón, que si de pronto, al despertarte de la operación en la cama del hospital, ves a una enfermera disfrazada de actriz porno, piensas que todavía continúas bajo los efectos de la anestesia, engolfado en uno de esos sueños que ni de coña te atreverías a contarle jamás a tu mujer.

Yo conozco muy bien la importancia del uniforme. Una vez me invitaron a comer a un restaurante muy fino para el que era necesario llevar el uniforme de ejecutivo, de chaqueta y corbata. Me paró en la puerta un portero vestido de Pepito Grillo, con sombrero de copa verde y alamares dorados en la chaquetilla, y zapatos de charol. Me dijo que en mangas de camisa no podía pasar.

Cuando a punto estaba de preguntarle entre dientes si lo adecuado sería un traje de payasito o de cuento infantil, como el suyo, mi anfitrión llegó en mi rescate y se sacó de no sé dónde una chaqueta y una corbata providenciales. Entré en aquel templo de la gastronomía perfectamente uniformado de pantalón verde, chaqueta azul, corbata amarilla y camisa de cuadros. Y el maître, en vez de expulsarme de allí por presentarme vestido de mamarracho, me dio la bienvenida efusivamente. Es lo que tiene el ir por la vida con el uniforme adecuado.

26 Mar 2008

Los juegos olímpicos y los derechos humanos

00:53, por manolosaco  
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Los juegos olímpicos, más que un puro acontecimiento deportivo, sirvieron históricamente como manifestación religiosa y como elemento de cohesión de los pueblos, hasta el punto en que se detenían los conflictos guerreros en lo que dio en llamarse la “paz olímpica”, casi siempre respetada.

Quizás anidase en la cabeza del barón de Coubertin, cuando los resucitó a finales del siglo XIX, la idea de que pudiesen servir de bálsamo al mundo convulso de su tiempo. Pero los juegos modernos no solo se mostraron incapaces de contagiar su paz olímpica, sino que fueron las grandes guerras las que interrumpieron la confraternización deportiva. El septiembre negro de 1972, en el que un grupo terrorista palestino secuestró a la delegación de atletas israelí, con el saldo de varios deportistas y secuestradores muertos, dio la voz de alarma de que un acontecimiento deportivo de esta magnitud podía ser el escaparate perfecto para obtener de inmediato la atención del mundo.

En las últimas décadas, los países llamados del mundo libre lo utilizaron como un negocio colosal por el que merece la pena invertir sumas fabulosas. Para las dictaduras, desde la ya histórica etapa nazi, los juegos han sido, y pretenden seguir siendo, una cuestión de prestigio, una forma de demostrar a la sociedad internacional de las bondades de sus putrefactos sistemas políticos.

Así ocurre en China 2008. Toda la maquinaria de la dictadura está volcada en la operación de imagen, sin duda vana, de demostrar que los derechos humanos, que a diario conculcan por todo su vasto territorio, no son estrictamente necesarios para llegar a ser un país moderno, capaz de organizar los juegos olímpicos más deslumbrantes.

Ya sé que la política es el arte de lo posible, y que los países, todos, tienen un comportamiento errático en sus relaciones internacionales, donde tan a menudo los principios han de ser sacrificados en el altar de los intereses, ya sean económicos o geoestratégicos. España, por no poner un ejemplo lejano, vive una doble moral con el pueblo saharaui, al que ha traicionado por la convivencia necesaria con un socio como Marruecos.

Claro que para expertos en doble moral los Estados Unidos de América, fuertes con el débil, zalameros con el fuerte. Irak era para ellos una dictadura que había que barrer de la faz de la Tierra, pero mantiene todo su apoyo al golpista Musharraf en Pakistán como un muro contra el islamismo radical. Y no digamos nada de su luna de miel con el supuesto régimen comunista chino.

Las dictaduras juegan con la ventaja de que en la organización de unos juegos olímpicos existen tantos intereses creados, la madeja empresarial abarca tantos sectores (casi tantos como el gran negocio de las guerras), que cualquier intento de boicot está condenado al fracaso. Mientras China levanta estadios de ensueño, continúa impunemente asesinando a los habitantes del Tibet ocupado ilícitamente e interpretando a su capricho los derechos humanos.

Sólo la voz de Sarkozy se atrevió ayer a insinuar una tímida amenaza de boicot. Quizá no se trate de nada más que de una escenificación de ese show permanente al que nos tiene acostumbrados el presidente francés. Pero aunque piense que todo sería inútil, ¡cómo me gustaría de ZP un gesto parecido!

25 Mar 2008

Un pitillito después del orgasmo electoral

00:38, por manolosaco  
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Las campañas electorales tienen mucho de instinto animal, como paradas nupciales donde los machos libran combates a brazo partido, casi a muerte, por ganarse los favores de las hembras, que somos los votantes. Es la batalla de la seducción, que te perfora un agujero en el estómago y no te deja pensar más que en eso… en conseguir la presidencia del gobierno.

Y al igual que en los escarceos amorosos, los pretendientes acosan a sus votantes con promesas de amor difíciles de cumplir, y multiplican por radios, televisiones y mítines sus dulces tonterías sin el menor sentido del ridículo. El caso es que todo vale para llevarse al huerto a su objeto de deseo. De la misma manera que se comportan los gatos de mi pueblo, que tienen frita a mi Teresiña, la gata más dulce y más golfa de la comarca, con arrumacos y maullidos que abren las carnes en las noches del frío invierno, pero que no descuidan la pelea abierta con los machos contrincantes para hacer valer el poder de sus genes. Como la vida política misma: por un lado le traigo a usted 400 euros de indemnización por familia, y por el otrole advierto que mi adversario es un bobo solemne, proetarra y hundepatrias.

El tópico manda que después de hacer el amor (yo antes decía follar, pero no es políticamente correcto) el macho de nuestra especie se quite de encima la pierna sudorosa de su amada, arregle el embozo, se encienda un pitillito y disfrute, con los ojos y la mente en blanco, de la calma después de la cabalgada salvaje.

Esa quietud posterior, que no suele durar mucho, es la mejor parte del polvo. El músculo duerme y la pasión descansa. Justo lo que están haciendo estos días los contendientes de los partidos políticos, más preocupados ahora, como los novios de mi Teresiña, en restañar las heridas y arañazos recibidos en la contienda que en asegurar la perpetuación de sus genes.

España, tras el gran orgasmo electoral, es una balsa, un país maravilloso, se respira paz hasta en las horas punta, sin paro ni inflación, con hipotecas que se pagan solas y bombas de ETA que parecen la mascletá.

Durará poco, así que dejadme que me fume en calma el último pitillito.
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Meditación para hoy:
En los años de la postguerra, en los que el régimen tenía muy claro que su estabilidad pasaba por la dosis adecuada de “pan y circo”, sobre todo de deporte, el fútbol compartía con los toros y el boxeo un bloque en los informativos de radio y televisión. Nuestro paso al primer mundo relegó los deportes violentos, como el boxeo o la lucha libre, a un segundo plano y a horarios vergonzantes. Hoy sólo recuerda nuestro pasado salvaje la fiesta de los toros, cuya industria ha tenido la habilidad de convertir la tortura de un animal (me refiero al toro) en arte.
El otro día veíamos a Felipe Juan Froilán, de diez años de edad, hijo de la infanta Elena, quinto en el orden sucesorio de la monarquía, acompañado por su padre Jaime de Marichalar en los toros, en la misma barrera para no perder ripio. El torero tuvo la ocurrencia de regalarle al infante una de las orejas ensangrentadas del toro, pensando quizá que una oreja sangrante es uno de los mejores regalos que se le puede hacer a un niño de su corta edad.
Cuentan las crónica que Felipe la rechazó, pero no sabemos si por repugnancia o por lucidez. Habrá que esperar a que se haga mayor.