El yihadista Gallardón está de Ramadán, meditando
Acaba de ocurrir un nuevo 11-M en las filas del Partido Popular, y nadie sabe a estas alturas en qué manera este atentado va a afectar nuevamente a sus propósitos de ganar las elecciones. Estaban tan felices subiendo en las encuestas cuando de pronto una acción combinada de yihadistas, al mando de una tal Lideresha Aguirre y un tal Ruhid Gallardón, hacen explotar sendas bombas que casi se llevan por delante la sede del partido.
Mirad si estarán las cosas fuera de quicio que un ateo irredento como yo lleva un día entero musitando por las esquinas, como un poseso, “dios mío, dios mío”, viendo cómo se resquebraja la que parecía tan sólida fachada (¡sielos!, ¿he dicho fachada?) del edificio madrileño de Génova 13 Rue del Percebe.
Y una vez más, al igual que aquellos días terribles de 2004, pretenden endilgar la autoría del atentado a los demás. De manera que ya no sé si es que practican la mentira con el mismo espíritu deportivo con que juegan al pádel o es que el espíritu de la verdad les persigue pero ellos corren más.
Nuevamente, Mariano Rajoy sale al balcón y dice que no pasa nada, que no es verdad que la yihadista Aguirre le hubiera amenazado, antes de inmolarse, con abandonar la presidencia de Madrid y presentarse a las elecciones, que no es verdad que sus medios afines político-religiosos le hayan exigido la cabeza del yihadista Ruhid Gallardón. Pobre, lo sabe todo el mundo menos él. El líder carismático de la oposición llevaba toda una legislatura vendiendo que lo que necesita España es un liderazgo fuerte y varonil, y no un presidente de gobierno chisgarabís, para que ahora pongan en duda su liderazgo, a menos de dos meses del examen: “Yo garantizo la independencia del PP y de su presidente”.
Los destrozos de las bombas de ambos yihadistas están todavía por evaluar. Fue el de ayer un día entero de tertulias en las que se expusieron todas las teorías posibles: que si de esta manera el PP se quita la careta y aparece como un partido de extrema derecha, aunque ello unirá más a su militancia; que si se trata de “una mala noticia”, en el caso de que se confirme que Gallardón abandona el partido después de las elecciones (Manuel Fraga); o bien, que si los votos de centro izquierda que monopolizaba el alcalde de Madrid pueden irse al centro izquierda del PSOE…
Aguirre y la extrema derecha del partido que la jalea creen haber ganado la guerra de sucesión, que era lo que en el fondo les importaba a ambos. Porque lo que sí ha quedado claro es que ni la presidencia de una Comunidad Autónoma ni una alcaldía eran los destinos políticos apetecidos por los dos contendientes. Madrid es para ellos apenas una aldea, una plaza de segunda.
Pero que no se me amontonen, que el examen de las urnas lo va a aclarar todo muy pronto. Esa sí que es una tertulia inapelable. Lo que vamos a decir los tertulianos del 9 de Marzo es lo definitivamente definitivo. Y si Rajoy pierde, el cambio en la cúpula será inevitable. Y mientras, ¿qué va a hacer Mojamé Ruhid Gallardón? Pues el vencido líder del centro mismo del universo ya ha anunciado que está de Ramadán, meditando, y que no tomará una decisión hasta saber quién de verdad perdió las elecciones el 9 de marzo.
Creo que él ya se lo malicia, pues ya se le ha visto sentado en la acera de enfrente, a la espera de ver pasar no sé qué cadáver.
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Meditación para hoy: los que no sois de Madrid no tenéis ni idea de los efectos colaterales terribles para esta ciudad en el caso de que Gallardón abandonase la alcaldía y le acompañase en su defección el vicealcalde Manuel Cobo. ¡Ana Botella sería la alcaldesa! Algo así, salvando las distancias, como si sustituyéramos la Monarquía por la República, y en las primeras elecciones saliera de presidente José María Aznar. ¿Estaremos viviendo una pesadilla? ¿Os imagináis cómo podría ser la vida en el planeta si gobernara la capital de España la… la… la… (no tengo adjetivos) mujer del hombrecillo insufrible? Os pido a todos, otra vez por dios, que hagáis un ejercicio de prospectiva. Así sabré si debo tener preparadas las maletas y los billetes hacia mi exilio dorado de Galicia.
