17
Oct
2007
00:14, por manolosaco
Tags: Ibarretxe lenguaje corporal plan BEl dominio del lenguaje corporal, un mensaje que precede a la palabra, y que a menudo nos contradice, está sólo al alcance de los buenos actores. Por fortuna, los políticos son pésimos comediantes, y de esta manera podemos leer en sus gestos y miradas, en la entonación de su voz, más que en la literalidad del verbo, la verdad que quieren disimular y esconder.
Así ocurría ayer cuando el presidente del Gobierno español recibía a Ibarretxe en la Moncloa. Zapatero apretaba los dientes, con la sonrisa de mascar, una mueca intermitente, como buscando que no pareciera demasiado complaciente ni demasiado fría. Y el lehendakari miraba a partes iguales a la cara de Zapatero, a los periodistas y al paisaje, como intentando que nadie le pillara la mirada huidiza, para que no pudiésemos deducir si venía en son de paz o en plan guerrero del mismo mismo Bilbao.
Dos horas hablando. ¿De qué pudieron estar hablando dos horas si el único asunto del día era si Zapatero estaba dispuesto a dejarle convocar un referéndum sobre la independencia de Euskadi? En el viejo chiste de la discoteca la cosa daba para apenas una conversación de segundos:
-¿Bailas?
-No.
-Entonces, de follar ni hablamos.
Teniendo en cuenta que el juego de la política es mucho más fácil que el del amor debieron de ser las dos horas más eternas de diálogo para sordos.
Cierto que al salir no se les veía sudados. En rueda de prensa, Ibarretxe terminó por el principio, como en una pesadilla: “No doy por zanjada esta cuestión”. Zapatero, por su parte insistió ocho veces, ocho, como una letanía, que las propuestas del lehendakari tienen como límite la legalidad y la Constitución.
Pero Zaplana confía más en el lenguaje corporal. Entendió que Zapatero se había opuesto con la boquita pequeña, que le había faltado contundencia. Y se hizo la reflexión del millón de votos: “No ha dicho qué va a hacer para impedirlo”. Es verdad. Yo también me pregunto cuál es el Plan B del PSOE para impedirlo, y cuál el del PP si gana las próximas elecciones.
16
Oct
2007
00:28, por manolosaco
Tags: Fraga FRAP Pablo VI Plaza de OrienteEl 27 de septiembre de 1975, el franquismo escribía una de sus últimas páginas negras. “Al alba”, y con el viento de la historia en contra, la dictadura ejecutaba a tres miembros del FRAP y dos de ETA, desoyendo las voces que desde fuera solicitaban la conmutación de la pena capital; entre ellas las de muchos jefes de estado y de gobierno, la de don Juan de Borbón, el padre del rey, y hasta la del mismísimo Papa Pablo VI que profesaba una indisimulada antipatía personal por el dictador.
En Latinoamérica han utilizado el método con liberalidad los Castro, Fujimori, Chávez y las juntas militares de Chile, Argentina y Uruguay, entre otras. Y consiste en contraprogramar grandes manifestaciones de apoyo, con agitadores de banderitas acarreados en autocares desde todos los rincones del país (¿dónde me pareció ver esa imagen hace poco?).
Años más tarde, cuando en la Xunta de Galicia reinaba Fraga, vecinos míos del pueblo se dejaban llevar en los autocares del PP a las concentraciones de apoyo encabezadas por cientos de gaiteros, como en las concentraciones nazis, para pasar un día de excursión gratis en Santiago.
La respuesta franquista de 1975 había sido la famosa concentración de la Plaza de Oriente de Madrid, donde la vocecita del franquito nos dejó una de las piezas maestras de la necedad política: “Todas las protestas habidas obedecen a una conspiración masónica-izquierdista de la clase política, en contubernio con la subversión comunista-terrorista en lo social, que si a nosotros nos honra a ellos les envilece.” (Si lo leéis en alto, con voz de sufrir en silencio por culpa de la almorrana, os haréis una idea cabal de cómo sonaba en su boca).
Ahora, los dictadores birmanos han contraprogramado la repulsa internacional juntando a 10.000 manifestantes, al precio de 60 céntimos de euro cada uno, que en un país como Birmania da para muchos bocadillos de mortadela.
Aquí vendemos nuestros principios por una jornada de turismo y una banderita con palito; y allí lo hacen para asegurarse la cena. Quizá sea que a los birmanos les gusta más comer que a un tonto un palito.
15
Oct
2007
00:29, por manolosaco
Tags: banderita Cruz Roja orgulloComo dicen los retóricos, aún se oyen los ecos del ruido ensordecedor del día de la banderita. Antes, hacia finales de octubre -no sé si continuará siendo así de ahora en adelante- había un “Día de la Banderita” de la Cruz Roja, una bandera solidaria, sin color político. Conseguías una de ellas para la solapa a cambio de un donativo destinado a sufragar las actividades de miles de voluntarios de toda España en favor de los refugiados, inmigrantes, drogodependientes, afectados por el sida o mujeres maltratadas. Ese sí era un banderín de enganche y no éste del odio.
El día de la banderita del PP vivido el viernes pasado, además del día de la banderita del rencor, lo fue de la banderita del ridículo. Cuando vi a Mariano acudir a los actos de Madrid, al desfile de las fiestas armadas que conmemoraba el Día de la Hispanidad, cuando le vi, digo, banderita en mano, agitándola como los niños, rodeado de su banda de agitadores de banderitas y de ánimos patrios, como recién llegados a Disneylandia, me dije que no era posible tanta irresponsabilidad, tanta fachatez.
Y sí era posible. Mariano, al fin, tras años de ocultamiento de su verdadera identidad moral, decidió salir del almario donde guarda su alma de agitador, se puso su banderita, roja como labios de arrebatado carmín, amarilla como las mechas del pelo de Madonna, y salió a la calle a celebrar su “Día del orgullo rey”. Nada de ocultar su doble vida. Un facha es un facha, y eso hay que llevarlo con orgullo, hasta la tribuna donde su rey preside el acto, para demostrar que Mariano y sus secuaces también son gente normal, patriotas de una pieza, aunque la vida les empuje a salir a la calle con esa pinta de chulos.
Y con él, todo el coro de la extrema derecha, esa tropa que ha descubierto que las banderas tienen un doble uso, como el sexo, por delante y por detrás: por delante agitan el aguilucho de su trapo sagrado, como un señuelo para las gaviotas, y por detrás utilizan el mástil, el símbolo fálico de los matones, para defender a la patria, si ello es menester, contra los que adoran a dioses falsos y banderas equivocadas.
12
Oct
2007
04:09, por manolosaco
Tags: Cara al sol himno mártires Primo de RiveraSe nos acumulan los homenajes. El PP ha hecho descansar toda la carga simbólica de la unidad de la patria (nación, en palabras de Rajoy, aunque como habla raro no sé si dice en realidad nazión) en la bandera roja y gualda. Una nación que sólo existe como tal desde el siglo XVIII, con los Decretos de Nueva Planta de Felipe V, pero que él la vive en sus sueños imperiales como una nación instaurada por los abuelos mismos de Viriato.
El día 12, fiesta nacional, Rajoy se ha empeñado en convertirlo en fiesta nazional. Y lo hace como siempre, apoderándose con descaro de los símbolos de todos, como expendedor exclusivo de carnés de patriota. Ya tiene bandera, actúa de monarca en televisión, pero le falta himno. Mariano busca desesperadamente un poeta que le ponga una letra más digna que la inventada por José María Pemán (“alzad los brazos hijos”), pues a él, como a su mentor el centrista hombrecillo insufrible, sólo se le pone tieso el brazo en la intimidad.
El presidente de su partido era muy aficionado a cantar en su juventud el Cara al Sol de los fascistas de Falange. Un himno que tenía un disparate de letra que no soportaría el más amable análisis de textos, compuesto en comandita por los poetas de la camarilla de José Antonio Primo de Rivera, pero con una música soberbia del maestro Tellería. En él decían aquello de que “en España empieza a amanecer”. ¿Dónde habré oído últimamente eso del amanecer?
Ya sé. La Conferencia Episcopal Española también buscaba con urgencia un himno destinado a ser cantado en la plaza de san Pedro con motivo de la elevación a los altares de los mártires de la Guerra Civil. Los de un sólo bando. Tras un concurso muy disputado han elegido uno que se titula “Como los mártires”, cuyo estribillo reza (es lo suyo) lo siguiente: “Como los mártires, nuestros hermanos, de tierra hispana queremos ser: dar nuestras vidas, unir las manos, y prepararnos para un nuevo amanecer”.
Un nuevo amanecer… No quiero ni pensar lo que suele ocurrir cuando la derecha se prepara para ver un nuevo amanecer.
11
Oct
2007
00:04, por manolosaco
Tags: Argentina confesionarios verdugo de OcañaAl sacerdote católico Christian Von Wernich acaban de condenarle en Argentina a cadena perpetua, por delitos de lesa humanidad cometidos durante la dictadura militar (1976-1983). Los jueces le acusan de haber participado en siete homicidios, 31 casos de tortura y 42 privaciones de libertad ilegales.
En Argentina hubo un intento de extender “el olvido” sobre los delitos cometidos por los colaboradores de la dictadura asesina, mediante una ley de Punto Final. También allí, como aquí, la extrema derecha consideraba que no era conveniente poseer demasiada memoria histórica, que la memoria es un estorbo para la reconciliación, que abría innecesariamente las heridas de la lucha fratricida. Por fortuna, jueces incontaminados por aquella barbarie tumbaron semejante aberración jurídica, y poco a poco acabaron desfilando por la silla de los acusados los culpables de los crímenes.
El cura Christian (cuyo nombre mismo es un sarcasmo) había puesto al servicio de los represores los secretos arrancados en confesión a los detenidos, convertidos así, a pesar suyo, en delatores.
En España, al término de la guerra civil, cientos, si no miles, de curas como éste colaboraron con el régimen golpista desde sus confesionarios, tejiendo una red de chivatos, formando parte de los piquetes de torturadores, bendiciendo con su presencia las ejecuciones sumarísimas y los asesinatos en la cuneta. Por desgracia no hubo juez que declarara ilegal nuestro Punto Final de la Transición. En España sólo pudieron ejercer los jueces adictos al Movimiento Nacional y a la Iglesia que había bendecido el golpe militar, y durante décadas fueron transmitiendo sus genes ideológicos a las siguientes generaciones de jueces que ellos mismos examinaban y formaban.
Muchos de sus muertos yacen todavía en cunetas y fosas comunes. Nunca merecerán estar en la lista de los asesinados por la barbarie “del otro bando” que la Iglesia católica quiere elevar a los altares el 28 de octubre.
Ese día, mientras la otra España eleva al cielo sus plegarias a un dios que no existe, yo rezaré al dios de los laicos, y recitaré en voz alta, a modo de oración, los versos de Miguel Hernández, escritos a hurtadillas en la cárcel de Ocaña poco antes de que lo dejaran morir como un perro, versos referidos a otro cura sádico, el conocido como “El verdugo de Ocaña”:
Muy de mañana, aún de noche,
antes de tocar diana,
como presagio funesto
cruzó el patio la sotana.
¡Más negro, más, que la noche,
menos negro que su alma,
el cura verdugo de Ocaña!
(…)
Cobarde y cínico al tiempo
tras los civiles se guarda…