28 Sep 2007

Domina todas las lenguas, excepto las extranjeras

00:04, por manolosaco  
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En algún sitio leí el caso de tartamudos que cuando cantan lo hacen de corrido, sin trastabillarse, como una técnica para superar su defecto en el habla. No conozco a ninguno con esas habilidades, y mira que me gustaría porque debe de ser como tener entre tus amistades a un actor de Sonrisas y Lágrimas.
Cierto es que puede ser una técnica embarazosa a la hora de declarar ante la policía (“señor comisario, el detenido ya ha cantado”), y no te digo nada si la empleas en el confesionario para contar al cotilla del cura tus pecados: no te va a creer ni borracho lo de los tres polvos seguidos con la vecina del quinto por mucho que se lo jures con música. Y te quedas sin absolución. Y te vas al infierno por una estupidez, por tartamudo cantarín y rijoso.
Demóstenes (siglo IV antes de Cristo), uno de los más famosos oradores y políticos atenienses, también utilizaba un truco. Cuentan de él que para superar un defecto de pronunciación de la erre, se metía en la boca piedrecitas, como técnica para fortalecer su lengua de trapo.
Tengo un amigo muy tímido que también echa mano de la técnica para superar su problema. Se pasa el día de coña. Tiene tan baja la autoestima que dice que sólo se le nota que es tonto cuando habla en serio. Pero exagera.
Los políticos deberían imitarlos. Rajoy, quien sin duda conoce la técnica del griego (y me refiero a Demóstenes) debió de olvidar que antes de hablar hay que quitarse las piedrecitas de la boca. Solbes, por su parte, utiliza el efecto adormidera para agotar a la audiencia.
Aznar tiene una técnica secreta, como de estar apuntando en un examen con los dientes apretados. Se gana la vida hablando, y dice tales disparates que nunca sabes, como en el caso de mi amigo, si está de coña o lo dice en serio. Él cree que habla idiomas en la intimidad, pero todos sabemos que le ocurre lo del personaje de la novela Vida y Destino, de Grossman, que domina “todas las lenguas, excepto las extranjeras”.
Entre lo suyo y lo de su mujer, con golpes de humor como ese de que prefiere la foto de las Azores de su marido con Bush a la de Zapatero con Chávez, ese hogar tiene que ser una juerga continua. ¡Qué felicidad!
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Meditación para hoy: Ayer mantuve una discrepancia de opinión con uno de los editores del diario Público, donde se aloja esta columna. Él era partidario de suprimir el término cotilla para definir al cura que se dedica a oír los pecados del mundo (¡ay va, como el cordero!) tras el enrejado de su confesionario. A estas horas en que os escribo no sé si han cortado el adjetivo en la edición impresa o no. El caso es que me sirve de meditación, y así os la transmito para liaros a vosotros también, sobre si alguien cuya función es escuchar los chismorreos de los vecinos, sobre todo sus pecados, que son los que nos provocan más morbo, es o no es un cotilla (DRAE: “Persona amiga de chismes y cuentos”). Como estábamos apurados con el cierre no tuve tiempo de contarle el significado del instrumento (los curas le llaman sacramento) de la confesión en la religión católica, para institucionalizar el cotilleo, la delación, los dimes y diretes de la parroquia, pues la Iglesia aprendió muy tempranamente que la información es poder, poder que de esta manera ha podido ejercer durante muchos siglos. Hoy le sirve de poco, porque apenas utilizan el confesionario las escasas beatas que frecuentan las iglesias (ya se venden en los anticuarios preciosos confesionarios para utilizarlos de puertas de armario), y las pobrecitas feligresas la verdad es que están para pocas conspiraciones de interés para el señor obispo. Hoy la Iglesia prefiere otros canales de información como instrumento para afianzar su poder, como, por ejemplo, ese púlpito de odio llamado cadena COPE. Los confesionarios, por residuales e inútiles ya para cumplir con la función para la que habían nacido, son apenas cuevas de cotilleo inocente. Poco antes de morirse, cuando le preguntaba a mi madre ¿pero tú de qué te confiesas?, ella me contestaba con un punto de orgullo: “¡Ah! que te crees tú que no tengo pecados que contarle al cura”. Como si, en esa conciencia en libertad vigilada que le inculcaron perversamente durante toda su vida, fuera pecado no tener ningún pecado del que poder confesarse.

27 Sep 2007

¿Son galgos, podencos, buitres o gaviotas?

00:15, por manolosaco  
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Abdel Wâhed y su amigo Najm al-Dîn trabajan de talibanes en Afganistán. En su infancia, a menudo veían pasar, allá al fondo de los valles, caravanas de traficantes de opio con sus mercancías secretas a lomos de mulas, rumbo a los mercados ilegales de occidente, perseguidas por nubecillas de polvo blanco. Hoy, de vez en cuando ven pasar caravanas de soldados invasores sobre mulas de acero que apuntan nerviosos con sus cañones a un enemigo imperceptible.
Abdel y Najm forman parte del ejército invisible en lucha contra las fuerzas ocupantes. Hacen de francotiradores al abrigo de las oquedades de los acantilados, y de vez en cuando bajan y se arriesgan a colocar bombas lapa en las cunetas de los caminos que habrán de detonar al paso de los convoyes.
Es poca caza para tan larga espera al aire libre. Pero, sin saber muy bien por qué, cada pieza cobrada adquiere unas dimensiones planetarias, como si hubiesen acabado con el último dinosaurio. Las radios, las televisiones de todo el mundo que sintonizan con las antenas parabólicas (las llaman antenas diabólicas) repiten esa escasa cosecha de muertos, y la multiplican por mil, como hinchada por la levadura de Alá.
Hace unos días cazaron a dos españoles, y, luego de verlos saltar por los aires, se sentaron a disfrutar del espectáculo del duelo de los infieles por la televisión. Cuanto más lloraban los familiares de sus presas, sus compañeros y las autoridades, más se henchía su espíritu de la gracia de Dios, en su seguro camino hacia el Paraíso.
El entierro se cubrió de flores, les pareció ver que eran rosas rojas sujetas por puños crispados, y sobre el paisaje humano entristecido vieron sobrevolar siniestros pájaros de una envergadura que no supieron calibrar a simple vista.
“Son gaviotas”, dijo Abdel.
“No, son buitres”, replicó Najm.
“Los buitres son los que se alimentan de cadáveres”, siguió razonando Abdel, pensativo.
“En España no. Allí ese trabajo lo hacen las gaviotas. El 14 M de hace varios años perdieron el mar y ahora comen carroña. Cuando las ven volar, los españoles saben que la desgracia ronda sus vidas.”

26 Sep 2007

Los periodistas no deberían andar sueltos

01:33, por manolosaco  
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En los próximos meses, hasta las elecciones generales (me encanta esto de la democracia, en que hasta la derecha espera el resultado de las generales y no como antes, que confiaba más en los generales) se nos va a acumular el trabajo a todos. Si os digo la verdad, no me gustaría verme en la piel de un periodista, haciendo todo el día el recado del señorito, girando en una rueda de prensa sin fin. Que dice Rajoy que cero Zapatero. Que dice Zapatero que piscina para todos. Que dicen Durán y Lleida, los dos, que la selección española de fútbol no tiene cataplines para enfrentarse a la catalana. Y así. Por eso, en esta etapa de mi vida, me he apuntado al partido columnista, donde me he elegido secretario general, tesorero y militante de base.

Esto me salva de actuar de periodista porque la profesión se ha convertido en el juego de las sillas, que es como la ruleta rusa, pero al revés. En la ruleta rusa, das vueltas al bombo de un revólver cargado con una bala y te disparas en la frente. Siguiendo a Woody Allen, tienes una posibilidad entre seis de levantarte la tapa de los sexos (mi órgano favorito). En el juego de las sillas, hay siempre una menos que jugadores. Si no andas rápido o tropiezas, cuando tocan el silbato, te puedes encontrar con que tu puesto de trabajo lo ocupa ya un becario complaciente.

Son tiempos de alineamiento. Los niños con los niños y las niñas con las niñas en los colegios de los ultras cristianos. Cada periódico busca su lector natural y cada lector necesita afirmar su fe en su periódico de cabecera.

El problema se agrava cuando no sabes qué defienden los periódicos y los partidos juegan al despiste. El PP sólo se pregunta dónde está el centro en período de elecciones, olvidando que está justo a su izquierda. El PSOE necesita que los banqueros le confirmen que la izquierda no está reñida con el beneficio empresarial. Mucha gente se cree todavía que El Mundo es de izquierdas o que la COPE está inspirada por Dios. El País, como bien dijo Felipe González, se ha convertido en el fuego amigo contra Zapatero. Y ahora viene el diario PÚBLICO, en el que escribe gente como yo. No sé a dónde vamos a ir a parar.

21 Sep 2007

El próximo partido se jugará por el lateral izquierdo

00:58, por manolosaco  
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Dicen los que entienden de esto que vivimos una segunda guerra del fútbol, como vivimos una segunda guerra del Golfo, del golfo de Bush.

Desde hace semanas, dos empresas están tirándose los trastos a la cabeza por los beneficios de las retransmisiones de los partidos: el grupo Prisa, a través de Audiovisual Sport (AVS), de la que posee el 80% de las acciones, y Mediapro, el grupo liderado por Jaume Roures, que a punto está también de entrar como elefante en cacharrería en el negocio de la prensa diaria con el periódico Público, que se supone a la izquierda de El País.

Lo de la guerra del Golfo no es mío, sino de Felipe González, ayer, en un acto de homenaje a Jesús de Polanco recientemente fallecido. El ex presidente, como buen pagador, se sumó al acto con un discurso de alabanza al finado por los favores (mutuos) recibidos, pero dejó caer una perla que sólo los gonzalósofos habrán podido descifrar. Lo que dijo fue que estamos en otra guerra del fútbol, “y me preocupa el fuego amigo”.

¿Cuál es el fuego amigo? ¿El de Prisa, allí presente? ¿Ha sido una forma de desautorizar a Sogecable en esa lucha sin cuartel por el pastel multimillonario de las retransmisiones de fútbol? ¿O está contemplando, quizá, Felipe González con preocupación la derechización acelerada que está sufriendo últimamente el que fue diario de referencia de la izquierda en la transición y la posterior etapa democrática? ¿Estará molesto porque El País ha cambiado descaradamente el cromo de Zapatero por el de Ruiz Gallardón, por haberse negado el gobierno a mediar en la segunda guerra del fútbol a favor de los herederos de Jesús del Gran Poder?

Prisa y Mediapro luchan por el mismo mercado, uno de dinero, de mucho dinero, el del fútbol. Tanto que ahí puede estar la clave de la supervivencia de Canal Plus.

El otro campo de batalla es ideológico. El diario Público viene pidiendo paso por la izquierda. En un país en el que el centro se corre (con perdón) a la derecha y el diario El País hacia el centro, queda mucha hierba fresca por el lateral izquierdo. Así que, amigos, allí nos veremos un día de estos.
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Meditación para hoy: Al Qaeda, o una de sus franquicias islamistas, que uno nunca sabe a quién pertenece el negocio del terror, vuelve a amenazar a España. Parecería una amenaza más de las muchas que prodigan sus voceros iluminados desde hace tiempo. Pero creo que esta vez hay algo más que una bravuconada. La sentencia del 11-M está a punto (en unos días) de hacerse pública. ¿Es una jugada de hostigamiento al tribunal o la disculpa para la puesta en práctica de futuros atentados?

20 Sep 2007

Ni el fantasma de Terra Mítica le hará perder la sonrisa

00:34, por manolosaco  
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Entre las sonrisas enigmáticas de la Historia yo me quedaría con dos, la de la Monna Lisa y la de Eduardo Zaplana. De la sonrisa, o lo que sea, de la Gioconda se han escrito millones de páginas, y hasta existen teorías peregrinas de que, más que de una sonrisa, se trataba de un regüeldo apenas disimulado, como el de los bebés, una mueca a medio camino entre la sonrisa y el alivio de un gas bien liberado.
La de la Gioconda ha quedado inmortalizada por Leonardo. Falta hoy el Leonardo que descifre esa sonrisa perenne, o lo que sea, del portavoz parlamentario del PP, siempre desplegada, como temiendo que en cualquier esquina pueda salirle al paso Antonio López , pincel en mano.
Ayer, tras años esperándole, al fin Eduardo Zaplana acudió a una reunión con el resto de los grupos parlamentarios para intentar alcanzar un acuerdo que desbloquee la renovación del Poder Judicial, en funciones desde hace diez meses por su culpa. Lo vi llegar por televisión, con media hora de retraso, con ese porte suyo de galán de cine, con una mano profundamente hendida en el bolsillo, como si tuviese un asunto entre manos, y esa su sonrisa acartonada que se le ha enquistado de tanto imitar a Monna Lisa.
Yo me decía al verlo: humor no le falta, hay que reconocerlo. Por ejemplo, mantener esa sonrisa el día en que la Abogacía del Estado decía haber calculado en 4,5 millones de euros el dinero defraudado por un amigo suyo a Hacienda en el “caso Terra Mítica”, ese caso que le está acosando como un fantasma, es toda una lección de serenidad de espíritu.
El despliegue de los labios se acrecentó cuando su presidente, Mariano Rajoy, continuaba desde su escaño con el mensaje apocalíptico de los males ficticios que aquejan a la economía española, y se reía de paso de los desesperados intentos del gobierno de Zapatero por facilitar el acceso a la vivienda de los jóvenes. No importa que el IBEX 35 desmintiera sus malos augurios con una subida del 3%, la mayor en cuatro años.
No importa. Una sonrisa de museo, cuando tiene vocación de eternidad no se tuerce ni ante las buenas malas noticias.
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Meditación para hoy: ayer los príncipes de Asturias presentaron a su segunda hija, la Infanta Sofía, a la Virgen de Atocha. Me llamó la atención leer que doña Letizia y monseñor Rouco, que presidió la ceremonia, repitieron el mismo vestido que en la anterior ocasión, cuando la presentación a la misma virgen de su primogénita, la infanta Leonor. La noticia eran los vestidos, blanco el de la princesa, púrpura el del cardenal. Nadie parecía estar dándose cuenta del disparate de escena medieval que allí se estaba representando. Una princesa divorciada y casada en segunda nupcias con un príncipe, ofreciendo a su hija a una de las cien mil vírgenes del santoral, o como se llame (¿el virginal?… bueno, eso creo que es un instrumento precursor del clavecín, aunque el diccionario de la RAE lo haya olvidado), en un estado aconfesional es casi una provocación, además de un ejercicio de cinismo real. De la realeza, vamos. Para que luego se pregunten por qué este país es cada día más republicano.