22 Ago 2007

El lío de las empresas amigas y el interés general

20:32, por manolosaco  
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El fútbol nos une y nos separa. A punto está de comenzar la liga galáctica de fútbol, la de las estrellas (se van a estrellar, ya veréis), la de las inversiones multimillonarias en euros. Pero antes hay que jugar un partido decisivo por las retransmisiones televisivas donde se dilucida la mayor tajada del negocio que llaman deporte del fútbol: un partido a cara de perro entre Sogecable (del grupo Prisa) y Mediapro, el grupo multimedia catalán especializado en cine, televisión, márketing y publicidad.

Audiovisual Sport (80% de Sogecable, del grupo Prisa) le niega a Mediapro el suministro de la señal televisiva de los partidos de fútbol de la Liga española que emitía por La Sexta, por una supuesta deuda de 58 millones de euros. Por medio hay acusaciones mutuas de incumplimiento de contrato, pero si la cosa acaba en los tribunales la liga podría comenzar con un apagón televisivo, y se jugaría en el campo a oscuras de los televisores de medio país.

A simple vista parece un lío más entre empresas, pero ya sabéis que el fútbol, como el Barça o como el Madrid, es algo más que deporte. Tan es así que el PP ha decidido pescar en ese río revuelto presentándose como el garante de aquel invento de Álvarez Cascos que entronizó el fútbol como una actividad “de interés general”, en la misma categoría que la salud, la educación o la vivienda. Cierto es que el fútbol despierta un interés bastante generalizado, pero no “es” de interés general, aunque así haya pasado a formar parte ya de ese diccionario exótico que está rescribiendo continuamente el Partido Popular. Pero bueno, la nueva definición, por más que pareciese un disparate a los que manejamos el sentido común, convenía a aquel gobierno de Aznar para recortar el poder de su grupo mediático enemigo.

Y hoy lo vuelve a resucitar. Y lo resucita no para defender, como es norma entre ultraliberales, la empresa privada, sino el “interés general” de los aficionados al fútbol, que suman muchos más votos para las próximas generales (elecciones, por supuesto). ¿Y por qué tanta generosidad? Pues porque ambas empresas en litigio son instrumentos del mal, que dirían el Papa y Bush: el tradicional enemigo Grupo Prisa y el rojo perdido grupo Mediapro, todavía más a la izquierda y del que poco apoyo puede esperar el partido conservador.

El portavoz del PP en el Congreso hizo un alto en el chiringuito de la playa, y entre cerveza y cerveza proclamó al mundo que “el fútbol es de interés general y los ciudadanos deben recibir los partidos de sus equipos por televisión. No se puede consentir que los ciudadanos sean la víctima de la guerra entre dos empresas” (…) “Aquí el Gobierno tiene una ventaja porque las dos empresas son amigas”. Tan acostumbrados estaban en sus gobiernos a mangonear empresas públicas y privadas que considerarían normal una llamada de Zapatero, pongamos por caso, repartiendo la señal y distribuyendo partidos a su antojo, como en tiempos del inefable ex portavoz MAR (Miguel Ángel Rodríguez).

Por cierto, ¿empresas amigas? Un último dato. El País de hoy saca a toda pastilla, a cuatro columnas -todo un lujo-, la noticia de que “Audiovisual Sport suspende la señal del fútbol a Mediapro por falta de pago”. Sorprende que a cuatro columnas se incluya la noticia de un rifirrafe empresarial entre su empresa editora y la competencia, en la misma página en la que ¡a una mísera columna! (lo que se dice un rincón) se da la noticia minúscula de que han empezado las pruebas del acelerador de partículas del CERN, un acontecimiento científico mundial de dimensiones impredecibles.

El último dato que quería aportar a este lío empresarial es que Mediapro es el grupo que promueve el diario “Público” (a la izquierda de El País y su mismo “público” objetivo) de inminente aparición en otoño, y cuyo anuncio de salida es de suponer que poca gracia le habrá hecho a Prisa. ¿Seguro que son empresas amigas? ¿Amigas de quién?

20 Ago 2007

Cosas de la derecha

19:10, por manolosaco  
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El PP pide que Zapatero acuda al Congreso de los Diputados para que explique el “caos” de Cataluña, tanto eléctrico como ferroviario como en las carreteras. Es una manera de decir que los populares están de vacaciones, pero vigilantes, aunque sepan que todos los grupos parlamentarios se pondrán en contra de la medida, por oportunista. Sólo habría una excepción, pero es un regalo envenenado. Se trataría de CiU, la derecha nacionalista, que estaría dispuesta a facilitar el debate siempre y cuando la derecha españolista del PP, la que gobernó con Aznar durante ocho años, admitiese de antemano que existe un déficit de inversión crónico en infraestructuras en Cataluña. Algo así como reconocer la “dieta de adelgazamiento presupuestaria” recetada por el PP a la díscola y autonomista Cataluña en sus últimos dos gobiernos de régimen aznarista.

Ruido tan sólo. Como el de Ruiz Gallardón con sus declaraciones a la agencia EFE, volviendo a insistir en que la alcaldía de Madrid, como ya demostró su admirado (¿) socialista Enrique Tierno Galván, no tiene por qué ser incompatible con un escaño en el Congreso. Él quiere ser diputado y alcalde, y lo deja caer ahora, otra vez como en mayo, con la vana esperanza de que sus opositores dentro del partido estuviesen relajados estos días, navegando con las neuronas a remojo.

¿He dicho vana esperanza? Su Esperanza, la Aguirre, ni es vana ni se chupa un dedo. En su carrera personal para postularse como presidenta del partido al primer tropezón serio de Rajoy, no quiere encontrarse con la pierna de Gallardón poniéndole la zancadilla. La versión oficial del entorno del actual alcalde de Madrid es que, como dijo dios en el Génesis, no es bueno que el hombre esté sólo, sobre todo cuando ese hombre es Mariano Rajoy, acosado por toda la fiera fauna de la ultraderecha que le acompaña en su camino hacia la nada, es decir, las próximas elecciones generales. Gallardón quiere ser el contrapeso a la imagen de su jefe, la ilusión óptica de que en el PP existe gente de centro, de la misma manera que el PSOE tiene entre sus filas a gente cristiana y de derechas, gente decente, como debe ser, vamos.

El secretario general del partido, Ángel Acebes, desde Marbella se limitó a echar balones fuera del veraneo, y aplazar el asunto para septiembre, cuando comience la guerra fratricida de la elaboración de las listas electorales: por ahora “los diputados como diputados y los alcaldes como alcaldes. Cada uno debe estar en su trabajo”. Los niños con los niños y las niñas con las niñas.

¡Ah!, pero su enemiga interior, la poca Esperanza que a Gallardón le queda, saltó como un resorte: le quitó importancia al ofrecimiento, como el que se refiere a las obsesiones recurrentes del abuelito, y aportó un argumento más, por si alguien en Génova 13 está considerando la posibilidad de enrolarse en la causa del alcalde: no le hagáis caso a mi niño, no sería posible ni deseable ser alcalde y diputado a la vez porque “de alguna manera se rompería nuestro sistema constitucional”. La presidenta de Madrid ha pronunciado la palabra mágica, inconstitucionalidad. Las puertas, una vez más, han quedado selladas para el faraón hasta nuevo aviso.
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Meditación para hoy: al fin, hoy lunes, a las 12 de la mañana volví a los bancos en los que el otro día intenté, infructuosamente, hacer una donación en una cuenta solidaria con Perú. En dos de ellos “todavía” no tenían ninguna comunicación de sus oficinas centrales sobre ninguna cuenta corriente especial de socorro a los damnificados de Perú. En la tercera entidad bancaria, después de diez minutos de duda y consulta telefónica con sabe dios quién, una funcionaria arrancó un papel del fax y se lo presentó victoriosa al cajero: “Aquí está, acaba de llegar”. Todo ello me ha movido a dos meditaciones que os invito a compartir.
1) Si la ayuda a los damnificados dependiera de los reflejos de los bancos españoles (al menos de determinados bancos y cajas de ahorro que no voy a citar), el dinero acabaría utilizándose provechosamente en lápidas en lugar de alimentos y medicinas.
2) Que hasta las 12 del mediodía, en la ciudad en la que me encuentro, tres de las principales entidades bancarias todavía no hubieran tramitado ni un sólo ingreso de ayuda a Perú me hizo pensar que los efectos de los terremotos son más devastadores cuando las conciencias están de vacaciones.

17 Ago 2007

Solidaridad con Perú

22:00, por manolosaco  
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Esta mañana, apenas un día después del terremoto de Perú que asoló la ciudad de Pisco, me acerqué a dos bancos con los que trabajo regularmente y una caja de ahorros. Pregunté, como suelo hacer en casos de grandes catástrofes (hasta para la solidaridad necesitamos los seres humanos la presión mediática que nos empuje) si en alguna de las entidades bancarias se había abierto una cuenta de socorro a los damnificados. Debe ser cosa de las vacaciones, porque en los tres sitios me miraron con la cara de extrañeza reservada para los mileuristas que osan entrar a pedir un crédito. Nadie sabía nada.

A lo mejor también os ocurre a vosotros, pero en estos casos nunca sé muy bien qué hacer, como cuando alguien se cae delante de tus narices y empieza a sangrar, y te mira con esos ojos entre suplicantes y aturdidos, aunque generalmente el mayor aturdido eres tú. Lo único que se me ocurre, ante semejantes catástrofes, después de un buen rato de estupor viendo por televisión cómo lloran, sangran y mueren, es dar dinero, como el señor marqués del cuento que prefiere la caridad a la justicia porque las monedas tintinean al caer en el cacillo del mendigo. Bueno, yo no es que lo prefiera, es que no sé cómo hacerlo mejor.

La primera vez que hice una aportación en un caso semejante, hace de esto muchos años, me sentí en verdad el marqués que hacía sonar las monedas de su caridad. Yo no lo sabía, pero cuando el empleado del banco me preguntó si quería un recibo de la transacción para desgravar, le pedí que me lo repitiera. A ver, me lo repita. Para él se trataba, en primer lugar, de una transacción bancaria, como quien abre una libreta de ahorro a un jubilado. Y entonces se me vino a la imaginación la escena de un médico de urgencias tratando a un paciente accidentado mientras discute con el enfermero el pufo de Schuster y sus galácticos niños bonitos. Yo estaba allí, acojonado por la visión de los brazos y piernas que había visto asomar entre los escombros, y el funcionario me hablaba de los privilegios de la caridad, que hasta desgrava a Hacienda.

El caso es que tragedias como la de Perú, que superan las posibilidades de respuesta locales y que necesitan un rápido aporte de recursos y mayores reflejos por parte de la comunidad internacional, deberían tener prefijada una sección de la Administración, algo así como un fondo de provisión inmediata para las ONGs, donde encauzar la solidaridad, para aprovechar sobre todo los primeros impulsos solidarios, cuando la ciudadanía está todavía bajo lo efectos de las imágenes de la catástrofe y más predispuesta a colaborar.

No sé si es una tontería, pero a mí me ayudaría mucho a no sentirme un marqués cada vez que tengo que preguntar en un banco si alguien se ha acordado de abrir una cuenta solidaria.

16 Ago 2007

No sé si estoy engordando o matando a alguien

00:43, por manolosaco  
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Un amigo mío, cocinillas como yo, ha dejado de comprar salsa de soja porque dice que es la culpable de parte de la deforestación del Amazonas brasileño. Y para amargarme la existencia, me pasó varios informes en los que se denuncia que casi un millón de hectáreas de selva amazónica han sido taladas para poder hacer frente a la demanda mundial, sobre todo europea, de la soja, cultivada en explotaciones clandestinas e ilegales donde se emplea trabajo semi esclavo, con la consiguiente contaminación de las aguas en los procesos de cultivo y la inevitable expulsión a la fuerza de poblaciones nativas.

Me fui a la nevera y me quedé mirando a mis tres botellitas de apariencia inocente, casi como tarros de colonia… ahora del sospechoso color de la sangre coagulada. Me jodió bien jodido. Mi soja china, fuertemente salada y ligera, mi soja japonesa, más compleja, de aromas ahumados profundos, mi salsa europea fabricada en Holanda, dulce, especiada, ideal para acompañar en reducción a un foie fresco a la plancha, todas ellas eran culpables, como los diamantes, de un comercio asesino, responsable de la desaparición de buena parte del pulmón de oxígeno del planeta. Luego supe que el gobierno brasileño, en un convenio con los grandes productores y comerciantes, ha puesto fin a esta explotación suicida, y volví a mirar a mis tarritos de salsa con los ojos de la ingenuidad. Hasta el siguiente sobresalto.

Y es que, con la globalización de la economía, nunca sabes si estás consumiendo un inocente producto o con ello estás poniendo en peligro la vida de alguien. Fijaos lo que ha ocurrido con millones de juguetes de Mattel procedentes del extremo oriente, en cuyas pinturas se utilizaba más plomo que en los cañones de Irak, esperando a que millones de bebés se los llevasen a la boca y acabaran poniéndose azules de saturnismo, una enfermedad que ya da miedo desde el nombre mismo.

Y como los sobresaltos no vienen solos, el otro día consulté con el fabricante de mi coche si había que hacer alguna manipulación al motor para poder utilizar biocarburante. Lo anuncian en la gasolinera cercana a mi casa, es más barato, y no proviene del petróleo. Porque, a falta de otro dios, creo que sólo la Tierra, en el estado actual de la tecnología, puede asegurar el futuro de la especie y de la vida que todavía nos rodea. Sé que ni las iglesias ni las mezquitas ni las sinagogas son necesarias para la vida futura, que el más allá sólo está asegurado si conservamos lo que queda del Amazonas, o si mantenemos a raya el agujero de ozono de la atmósfera, la contaminación, el cambio climático… Así que, cuando ya estaba dispuesto a dar los pasos necesarios para convertirme en un consumidor de biodiésel responsable resulta que eso, precisamente eso, era una forma más de consumo irresponsable. Vapordiós.

Sí, vapordiós. Porque si, gracias a nuestras necesidades de petróleo, estamos apuntalando regímenes autoritarios (Venezuela, Rusia) o simplemente conculcadores de los más elementales derechos humanos (Guinea, Arabia Saudí, Irán y demás compaña), además de tapizar la atmósfera de CO2 y contaminar todas las aguas del planeta, la aparición de una contrapartida “biológica”, es decir limpia, respetuosa con el ciclo de la vida, como los biocombustibles procedentes del maiz, sorgo, remolacha, caña de azúcar, y otros cereales, parecía que podía aplacar nuestras conciencias de consumidores compulsivos.

Pero no. Los ecologistas ya nos están avisando de que aquí hay gato encerrado. El cambio de consumo está a punto de provocar un cambio mayor de consecuencias impredecibles: la sustitución de los cultivos tradicionales por los señalados antes, lo que podría provocar un alza en los precios de productos básicos (como ocurrió el año pasado en México, con el alza insoportable para las economías familiares del precio de las tortitas de maiz) y, lo que es peor, extender una suerte de monocultivo enfocado a producir combustible para nuestros coches, con la consiguiente pérdida de la biodiversidad.

La Federación Gallega de Panaderos acaba de denunciar que la compra “masiva” de cereales para transformarlos en biocombustibles es una “amenaza” que podría retrotraernos al problema vivido en México, pues el precio del trigo, por la necesidad de acudir a comprarlo fuera de España, sobre todo a Francia, se ha disparado en un 66%. Así que estamos a punto de que el bocata de calamares (con lo caro que está el pescado) pase a ser un capricho al alcance tan sólo de ricos jeques del petróleo.

Quedamos avisados. El Instituto de Ciencia y Tecnología del Medio Ambiente de la Universidad de Barcelona acaba de remachar el clavo con un informe en el que se afirma que el uso de biocombustibles conlleva “un impacto negativo tanto económico, social, como medioambiental”.

Así que como me van a dar por donde comienzan los cestos y se enhebran las agujas, sea cual sea la determinación que tome, voy a dedicar un rato a meditar si prefiero que se haga inmensamente rico un agricultor de Cuenca o seguir engordando la cuenta corriente del bandarra de Brunei, el de los 500 Rolls Royce.
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Meditación para hoy: Meditad todos conmigo si es mejor que se haga inmensamente rico un agricultor de Cuenca o que sigamos engordando la cuenta corriente del bandarra de Brunei.

13 Ago 2007

Su reino es de este mundo

20:23, por manolosaco  
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Creo que una de las razones del éxito del radicalismo cristiano de los últimos años, comenzado por Juan Pablo II y continuado con mayor energía, si cabe, por su gran inquisidor Ratzinger, ya Benedicto XVI, es la reacción y contrapeso a la pujanza misionera de los países islámicos. Y digo bien países islámicos, mucho mejor organizados y cohesionados por su religión, como común denominador, que los cristianos. Reunidos en un bloque más o menos homogéneo dentro de la Organización de la Conferencia Islámica (OCI), forman parte de ella 57 países, de los 251 soberanos del planeta.

Ya el hecho de definir un país como islámico, es decir, donde la doctrina religiosa del Islam es la ley misma o su inspiradora, retrotrae a esos países al estado mental, social y económico de la alta edad media, en la que imperaba la verdad revelada de los dioses (falsos, como bien sabéis), administrada sabiamente por sus sacerdotes. A este lado de la trinchera, el santo Josemaría Escrivá (antes Escriba) suspiraba por estar al frente de una comunidad de fieles con la “fe del carbonero”, que, en la escala de valores de un marqués que soñaba en vida con la santidad, era algo así como el escalón más bajo de la sociedad. Las religiones los prefieren carboneros, incultos, de fe ciega, que son los que ya no tienen nada que perder pero mucho que ganar, y a los que es fácil convencer de que un cinturón de explosivos adosado a la cintura puede catapultarles al paraíso. En trozos pequeños, pero directamente al paraíso.

Lo malo es que en los países cristianos quedan pocos carboneros, mientras que en los islámicos, la mayoría de ellos los más pobres de la Tierra, todos son carboneros, cuando no simplemente carbón mismo. El perfecto caldo de cultivo para los salvadores. Mientras la iglesias cristianas se despueblan, las rebosantes madrasas y mezquitas de todo el mundo se radicalizan.

Ayer, por ejemplo, en Yakarta, la capital de Inonesia, uno de esos estados donde se gobierna mediante la ley islámica, la sharia, se reunieron cerca de 100.000 personas para pedir el establecimiento del gran Caifato mundial que unifique a todos los países islámicos ¡incluido España! Yo imagino la envidia del Vaticano ante noticias como éstas, admirado quizá de la habilidad de sus colegas vendedores de dioses para extender su producto por todo el mundo con éxito tan certero, incapaz de detener la sangría de fieles incluso en sus propios territorios históricos, donde los carboneros de América, de norte a sur, son seducidos por los talibanes de las iglesias evangélicas.

Por eso, episodios como éstos me hacen pensar que la radicalización lenta pero progresiva de los católicos, desde Polonia a España, está siendo animada por los departamentos de imagen de la Curia romana, como la única estrategia posible contra la invasiva radicalización islámica y de las iglesias evangélicas, dueñas de poderosas cadenas de radio y televisión, a falta de capillas sixtinas, que están depredando su territorio.

A este lado de la civilización nos puede parecer ridículo, cómico y trágico que una iglesia pretenda imponer su criterio a toda la sociedad en contra del divorcio, el aborto, el matrimonio homosexual, la asignatura de Educación para la Ciudadanía… Pero toda esta carga ideológica, transportada en el tiempo, en un salto atrás de siglos, a ese lugar nebuloso y medieval al que los curas talibanes de toda laya les gustaría confinarnos, y en el que se encuentran la mayoría de las repúblicas islámicas o los habitantes de algunos estados de la América profunda, esa ideología retrógada cobraría entonces una lógica rotunda, la que justifica la fe en seres mágicos como un principio superior al de la razón.

Y por si alguien piensa que es mejor, en todo caso, el radicalismo de Rouco, Ratzinger y Cañizares que la amenaza del califato panislámico propuesto ayer en Yakarta, no tiene más que entrar en una biblioteca y repasar la historia del cristianismo y de cómo el emperador Constantino nos convirtió a media humanidad a su fe, a golpe de hostias, de torturas y a cristazo limpio.