31 Jul 2007

Los buitres esperan impacientes

23:19, por manolosaco  
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Hoy hemos vivido un ejemplo perfecto de cómo las formas en política pueden invalidar el fondo. Tenemos a dos islas canarias ardiendo casi por los cuatros costados. En Tenerife se ha perdido ya un tercio de la superficie arbolada de la isla. Miles de personas han tenido de que ser evacuadas de sus casas. Cientos de ellas han perdido su hogar. Y en medio de la tragedia, como buitre contemplando impaciente la agonía de la presa, Mariano Rajoy, como siempre, esperando levantar la mejor parte de la tajada.

Rodríguez Zapatero, que mañana tenía previsto ir a Barcelona para seguir desde cerca los flecos dejados por el apagón colosal del otro día, cambia el rumbo para reunirse con el presidente canario, Paulino Rivero, y coordinar los trabajos de extinción con las autoridades de la Comunidad Autónoma. Ambos presidentes estuvieron hoy en permanente conexión, según declaró el propio Rivero. Hasta aquí todo normal.

Y en éstas, Mariano Rajoy arrimando el ascua del incendio a su partido. Ya que las chuletas políticas no quedaron lo suficientemente tostadas en el incendio de Guadalajara de hace dos años, donde a puntito estuvo de llamar pirómano a Rodríguez Zapatero, el buitre da la penosa impresión de que tan sólo espera a ver si con un poco de suerte en Canarias se quema algo más que el monte. Hay que ir acostumbrándose a que cada catástrofe en este país lleva de premio añadido el espectáculo majestuoso del vuelo rasante de los buitres sobre su presa calcinada.

Mariano, aquel Mariano que “gestionó” la crisis del Prestige, la mayor catástrofe ecológica de nuestra historia reciente, con decisiones, todas equivocadas, que extendieron y multiplicaron al infinito lo que en un principio había sido un accidente, este mismo Mariano que siguió de ministro durante dos años más con la imaginación abotargada por los efectos del fuel, ese Mariano, y no otro, es el que acusó ayer al gobierno de Zapatero de “ineficaz” e “incapaz de dar respuesta” a problemas como el de estos incendios. Ese mismo Mariano descubre ahora que “la gente lo que quiere es eficacia y que, cuando hay un problema, haya un Gobierno que esté a la altura de las circunstancias”.

Por eso pide ahora lo que sus gobiernos, aún con el Prestige delante de sus narices, no pusieron en marcha entonces. Dos años, desde 2002 a 2004, no les parecieron suficientes para preparar un borrador que presentar en el Congreso de los Diputados. ¿Y qué pide Mariano? Pues posiblemente algo con mucho sentido común (hay días en que amo a Mariano): una especie de Centro Nacional de Gestión de Crisis.

Cierto que en su boca, y tal como lo planteó en su letra pequeña (la boquita pequeña de Mariano) suena una vez más a reivindicación centralista, como dando a entender que hay cosas demasiado serias como para dejarlas en manos de esos gobiernos de juguete que son las autonomías, a las que un patriota español (¡Paña!) tanto desprecia en la intimidad.

Por las formas pierde el líder de la oposición los papeles. En lugar de introducir un debate sereno, trabajando en la trastienda a los demás grupos políticos, un debate en el que se consideraran los pros y contras de la creación de esa especie de fuerza de choque, o fuerza de intervención rápida en grandes catástrofes, prefiere perderse en la farfolla verbal, agresiva, inculpatoria, a la que nos tiene acostumbrados. Y sobre todo, con esa amnesia política tan preocupante.

Para una vez que podría estar de acuerdo con él, le pierden sus malas maneras. ¿A quién puede extrañarle, pues, que en la última encuesta del CIS Mariano Rajoy sea el líder peor valorado, con un suspenso de esos que a alguien con vergüenza torera llevaría a presentar la dimisión de todos sus cargos?
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P.S./ Miguel en Canarias, ¿estás bien?

30 Jul 2007

¿Quién debe apagar el monte?

13:31, por manolosaco  
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Desde Galicia, donde estoy pasando unas inmerecidas vacaciones, leo con preocupación las noticias de los otros incendios, después de que Anasagasti hubiese plantado fuego a la monarquía. Ese fuego, al parecer, ya va remitiendo. Pero en estos momentos, mediodía del lunes, otros dos fuegos de destrucción masiva siguen avivándose, favorecidos por las altísimas temperaturas. Uno en Gran Canaria y otro en Córdoba.

Aquí en Galicia estamos con los dedos cruzados, oteando el horizonte en busca de señales de humo, en guardia, con la memoria puesta en la desastrosa campaña del verano pasado donde media Galicia ardía fruto de una siniestra combinación de incompetencia, motivos políticos, razones sociales, venganzas y pirómanos sin la medicación adecuada.

Y continúa, por supuesto, el gran debate: no tanto de quién quema el monte sino quién debe apagar el incendio. Aquí, el despliegue de La Unidad Militar de Emergencias (UME) creada ya en 2005 para colaborar en la extinción de incendios, pero no operativa hasta este año, ha puesto en cuestión la conveniencia o no de utilizar al ejército para intervenir en casos que se supone deberían estar atendidos por las administraciones civiles del Estado, sean gobiernos autonómicos o locales.

Han dejado oír sus protestas los “profesionales” de la extinción, los bomberos y los piquetes contratados sólo para la temporada de verano: los primeros porque se quejan de la falta de medios, cuando ellos son los que están verdaderamente capacitados y entrenados para intervenir; los segundos, hartos de la precariedad y estacionalidad de sus empleos, porque saben que los incendios se “apagan” en invierno, con medidas de prevención, limpiando el monte, promoviendo una gestión más racional de sus recursos.

Ahora se ha sabido que en el incendio de Gran Canaria las cerillas las había puesto un guarda forestal. Una vez detenido, confesó a la policía que su contrato terminaba el próximo 30 de septiembre, y que había prendido el fuego para reivindicar una mayor duración de su contrato. Así sucede todos los años en Galicia, donde se calcula que un porcentaje muy elevado de incendios ha sido provocado por estos trabajadores en precario.

A mí, qué queréis que os diga, me gusta la idea de utilizar al ejército para que intervenga en las grandes catástrofes, si no como punta de lanza de las operaciones, sí como elemento de apoyo logístico a los profesionales de Protección Civil. Los ejércitos son muy costosos, y antes de que monten una guerra para justificar su sueldo prefiero verlos entretenidos en tareas de paz, sea en Afganistán, sea en los robledales de Ourense.

27 Jul 2007

Anasagasti planta fuego a la monarquía

00:50, por manolosaco  
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Para incendiario, el blog de Iñaki Anasagasti, senador por el PNV, generalmente discreto -al menos últimamente- en sus apariciones públicas, pero de pluma explosiva, por lo que acabamos de ver. Entre otras flores ha llamado a los miembros de la familia real “pandilla de vagos”, una familia “impresentable”, según él. El escándalo que protagoniza desde hace 24 horas ha puesto sobre el tapete del juego político una pregunta que nos hacemos muchos desde el comienzo de la transición: ¿Para qué sirve un rey? O dicho de otra manera: ¿Qué legitima a un rey para ser rey vitalicio y dejar en herencia el cargo a sus hijos?

Históricamente, para que el pueblo no diese demasiado la coña con la preguntita, las monarquías buscaron desesperadamente una legitimación de su existencia en las religiones dominantes, tanto en occidente como en oriente, y los Papas, por ejemplo, vendieron caro este privilegio, otorgando carta de naturaleza a reyes llamados “católicos”, emperadores de sacros imperios romanos y otros hallazgos reales, por no retrotraernos a la madre de todos ellos: el emperador Constantino que utilizó el poder de la Iglesia católica para construir su imperio y todo un sistema de represión implacable.

Lo que para el filósofo Hobbes, la justificación de la existencia de la monarquía absoluta provenía de un “contrato” natural entre los ciudadanos y el rey, ciudadanos que, por cierto no se podían echar para atrás, pues el contrato era irrevocable (santa Rita, lo que se da no se quita), para otros filósofos, como el francés Bossuet, la monarquía tenía un origen divino, sagrado, porque los reyes eran “ministros de dios en la Tierra”. Atentar contra ellos, cualquier veleidad republicana constituía por sí misma un sacrilegio. Claro que este pollo murió a comienzos del XVIII, cuando los monarcas franceses recelaban de la estabilidad de sus reales pelucas y tanto necesitaban del apoyo de sus pensadores más preclaros.

Vosotros pensaréis que hoy en día resulta imposible que alguien piense que don Juan Carlos tiene una legitimación divina (aunque sí tiene un yate divino, el Bribón, el muy bribón). Pues estáis en un error. De la misma manera que, como le decía Blair a Aznar, un 4% de la población piensa que Elvis Presley está vivo, o que más del 50% de la población norteamericana cree todavía hoy que en Irak había armas de destrucción masiva, de esa misma manera, según una encuesta del CIS de hace tres años, todavía un 7,2% de los españoles cree que la monarquía es “una institución de origen divino”.

Llegados a este punto debo deciros que, como buen ateo, creo en la imposibilidad de que un dios haya concedido la legitimidad del trono de España a un Borbón. Y más que en la inutilidad de los borbones, creo en la inutilidad de las monarquías. Inutilidad y una agresión a los sistemas democráticos modernos. Pero también aquí mi alma republicana debe hacer un alto en el camino y reconocer que el juancarlismo, una forma moderna de monarquía constitucional, se ha ganado el sueldo en momentos muy delicados para la vida española, y ha mostrado un comportamiento impecable en su trabajo de árbitro de los avatares políticos. Lo que no impide…

Lo que no impide que sacralicemos la institución monárquica hasta el punto de que no podamos debatir sobre la naturaleza del Estado en el que deseamos vivir en el siglo XXI, entre cuyas opciones está la de poder romper de común acuerdo el contrato que tanto deseaba amarrar el filósofo Bossuet, y proclamar la república con los votos de la mayoría. El debate tiene que situarse en un nivel intelectual y político, y no en el lenguaje de las tabernas, porque no hay que olvidar que la monarquía la hemos legitimado nosotros (y no ningún dios) en un referéndum. El pecado original de falta de legitimidad, por haber sido designado por Franco (el asesino, como bien nos recuerda Anasagasti), ha sido lavado por el bautismo de una Carta Magna votada mayoritariamente por sus conciudadanos, que no súbditos.

Creo que el lugar equivocado y las formas inadecuadas son los que han degradado el discurso de Anasagasti. No es el lugar, porque él sí tiene la representatividad institucional y los medios suficientes para plantear la cuestión públicamente, como bien saben hacer los de ERC o IU. Y por si fuera poco, creo que asunto de tanta enjundia un senador no debería solventarlo con tres o cuatro insultos, porque al perder las formas perdemos la razón y las razones.

Os dejo el toro bien cuadrado para que sigáis toreándolo vosotros.

Salud y república, hermanos.

26 Jul 2007

Endesa las va a pagar…

00:37, por manolosaco  
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Endesa, que después de 60 horas de comenzado un apagón descomunal, del que es responsable, y que ha dejado sin energía eléctrica a miles de ciudadanos de Barcelona, ha tenido la desfachatez de anunciar los beneficios obtenidos en el primer semestre del año: 1.200 millones de euros. A mí, que soy muy torpe con las cuentas (también), en estos casos me gusta traducirlo a pesetas para hacerme una idea cabal, y me sale un beneficio de 200.000 millones. Poned atención, criaturitas, que os lo repito: doscientos mil millones de pesetas que suenan, en estos momentos de luz de velas y cacerolada, como doscientas mil bofetadas a los afectados por el gran apagón.

Endesa tiene un presidente, Manuel Pizarro, que como buena parte de las empresas públicas privatizadas por los gobiernos neocon del PP, fue nombrado por José María Aznar, para quien la amistad era condición indispensable (y única, me atrevería a decir a tenor de ciertos resultados) para obtener el cargo. Y, a poder ser, compañero de pupitre como en el caso de Villalonga, aquel neocon aventajado que se llevó a América el dinero de unas stock options millonariamente impúdicas. La amistad, el ser “de los nuestros”, entendida como un valor por encima de la competencia y preparación profesional.

Pizarro, además de conocer a Aznar, había sido abogado del Estado y ex agente de Cambio y Bolsa. Gracias al conocimiento del mercado bursátil, se cuenta que actuó de consejero del hombrecillo insufrible en las decisiones en cascada tomadas por sus gobiernos para colocar hombres afectos en puestos claves de la economía, como el sustituto de Villalonga en Telefónica, César Alierta, el presidente del BBVA, Francisco González, el presidente del Banco de España, Jaime Caruana, o el de Repsol, Alfonso Cortina.

Pues bien, el presidente de esa empresa tan bien dotada para arañar beneficios en nuestro recibo de la luz, a costa, por lo que se ve, de racanear en las inversiones básicas que aseguren el abastecimiento de energía, a la sazón miembro que fue (no sé si sigue siendo) de FAES, está desaparecido desde hace tres días. ¿No se merecerían los afectados una explicación gratis por su parte?

Y digo gratis, porque, para mayor sarcasmo, el teléfono que Endesa pone al servicio de los afectados tiene un coste de llamada, del que empiezo a pensar (mal) que la empresa se lleva un porcentaje. Puede decirse que Pizarro goza de la sensibilidad exquisita de una ameba. O quizá está babeando como el tío Gilito, y no puede ponerse, engolfado en contar el dinero ganado en el primer semestre.

He oído por la radio al ministro de Industria asegurar que va a hacerle pagar a Endesa todo este desaguisado. ¿Qué os apostáis a que a la empresa las multas e indemnizaciones le cuestan una mínima parte de los beneficios… del segundo semestre?
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Primera meditación para hoy: Y hablando de BBVA. Según un estudio de la Fundación de este banco, la Iglesia española es la institución menos valorada por los universitarios españoles, peor que las ONG, que la ONU, que el ministerio de Educación, que los medios de comunicación (incluido yo), que el gobierno central y los autonómicos, que las empresas multinacionales… La iglesia, la peor valorada, y eso que la competencia era francamente dura. ¿Qué estudiarán nuestros universitarios, dios mío de mi vida y de mi corazón, para confiar menos en la Iglesia que en el gobierno ateo de Zapatero?
Segunda meditación para hoy: La policía acaba de detener a otro etarra. Y van… ya he perdido la cuenta de los “milagros” de los que hablaba Rajoy. Un día de estos habrá que beatificar a la policía.

25 Jul 2007

A media luz los dos

00:14, por manolosaco  
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Creo que está en marcha el Nunca Máis de esta legislatura. En Barcelona están viviendo una situación intolerable que ni los vecinos ni yo entendemos. Vivo a quinientos kilómetros de la capital catalana, pero sé cómo se sienten los que todavía sufren el gran apagón, porque durante dos años de remodelación de la M-30 he tenido que soportar una cadena de cortes de varias horas cada uno.

La electricidad es el bien de bienes, es el bien que pone en marcha todo lo que en la sociedad de consumo se nos ha hecho imprescindible. Sin ella no puedes cocinar, los alimentos de la nevera se pudren, los ascensores no funcionan y los vecinos ancianos de los pisos altos quedan atrapados en su propia cárcel, no funciona el Metro, no hay televisión, y en consecuencia, tienes que enfrentarte a hablar con tu marido o con tu mujer. En consecuencia, un corte de luz puede acabar con los matrimonios… o provocar un baby boom, como ocurrió en el gran apagón de Nueva York la noche del 13 de julio de 1977, en el que millones de personas quedaron “apagadas” durante 25 horas, con gente atrapada en el Metro y ascensores… follando para entretenerse y matar la ansiedad. Nueve meses después se detectó un aumento notable de nacimientos.

En el momento en que escribo me cuentan que en Barcelona no están para polvos. Todavía hay cerca de 10.000 vecinos sin energía eléctrica, cortando las vías principales de la ciudad en una gigantesca cacerolada, al grito de ¡queremos luz! Y no basta con que las autoridades municipales y autonómicas acompañen en la indignación a sus administrados. Está bien, pero no basta. Porque un desastre así es una historia anunciada desde hace tiempo que puede repetirse en los veranos del cambio climático en cualquier otra ciudad de España. Todas las administraciones, la del Estado en primer lugar, han visto cómo las eléctricas españolas engrosaban sus cuentas a niveles que sólo pueden calificarse de groseros, a costa de una especie de canon en la factura de la luz para renovación y modernización de las infraestructuras, una renovación y modernización que brilla por su ausencia… como se ve ahora en Barcelona donde su ausencia, la oscuridad, es lo único que brilla en alguno de sus barrios.

Si quieren parar su Nunca Máis, que las administraciones concernidas se apliquen el cuento. Tan pronto se haga la luz, que la aprovechen para redactar la exigencia de una multa ejemplar que englobe el dinero cobrado y no invertido por las eléctricas, más las indemnizaciones correspondientes por daños y perjuicios.
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Meditación para hoy: Nuestro amigo Esteban Rosador apuntaba, en un comentario al post de ayer, una reflexión sobre las pruebas científicas realizadas para intentar demostrar el poder de la oración para obtener el favor (material) de los dioses. Fue un experimento realizado en los Estados Unidos, y lo relata Richard Dawkins en el libro, ya comentado aquí, “El espejismo de Dios”. Se formaron dos grupos de enfermos de similares dolencias, y se pidió a una de las asociaciones religiosas más fundamentalistas (era una forma de asegurarse que no harían trampas en sus oraciones) que rezaran todos los días por uno de los grupos, con sus nombres propios, durante un período de tiempo determinado. Los integrantes de este grupo no sabían que estaban rezando por ellos. Pasado un tiempo considerado suficiente para observar una evolución en las enfermedades, en uno u otro sentido, no se demostró alivio alguno entre los enfermos del grupo objetivo con respeto al otro. A continuación (o al mismo tiempo, no recuerdo bien), se comunicó a uno de los grupos que una congregación religiosa iba a tenerles cotidianamente en sus oraciones, pidiendo por su salud. Y aquí sí hubo diferencias sustanciales, ¡pero en el sentido no deseado!: los enfermos que conocían el empeño piadoso de la asociación religiosa empeoraban ostensiblemente. Los médicos achacaron el resultado a la ansiedad incontrolada por parte de los enfermos al ver que no mejoraban ni con la ayuda divina. Es el intento más parecido a la demostración científica de que la oración no sirve para nada… o sólo sirve para cabrearse con los dioses… o que los dioses no existen… o que si existen, son de una crueldad que no se merecen que nos arrodillemos ante ellos. En fin.