23 Jun 2007

¿Pedirán perdón ahora Esperanza Aguirre y Manuel Lamela?

00:45, por manolosaco  
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El titular del Juzgado de Instrucción número 7 de Leganés acaba de sobreseer el caso de las presuntas sedaciones irregulares en el hospital Severo Ochoa de Madrid. El ex responsable del servicio de Urgencias de ese hospital de Leganés, Luis Montes, tras casi dos años y medio de calvario, durante los cuales la derecha cavernaria lo presentó, a él y a sus compañeros implicados en el sumario, casi como asesinos, queda libre de cargos, pero con un daño moral del que tardará en curar, si algún día lo consigue.

Una denuncia anónima había acusado a los médicos de urgencias de ese hospital de haber practicado una “eutanasia masiva”, con hasta 400 supuestos casos de homicidio, teoría a la que se apuntó inmediatamente el consejero de sanidad de Madrid, Manuel Lamela y la cohorte de la extrema derecha que gobierna la comunidad de Madrid.

Desde el primer día, como se comprobó a lo largo de la instrucción, el hecho de que la denuncia fuese anónima ya viciaba el caso con segundas intenciones inconfesables, ajenas a la buena o mala práctica médica llevada a cabo en aquel servicio de urgencias. Una vez más (¡como decíamos ayer!), las creencias y prejuicios religiosos contra la ciencia. Otra vez los designios de dios que no pueden ser violentados por ningún tipo de eutanasia, pues es privilegio del creador fijar el día y la hora de la muerte de sus criaturas y torturarlas en agonía como le venga en gana.

El siniestro y muy cristiano Consejero Lamela ha recibido el varapalo, ¡oh casualidad!, a las pocas horas de que la presidenta de Madrid, Esperanza Aguirre, lo hubiese cambiado de sillón y, en pago a su desastrosa gestión de la sanidad madrileña, le nombrara consejero de Transportes e Infraestructuras. Teniendo en cuenta que el Metro de Madrid es el medio de transporte que más se estropea a diario (a veces con tres líneas simultáneamente, cortadas durante horas por avería), el que menos inversiones en mantenimiento ha recibido de, posiblemente, toda la red de transportes del estado español, ¿de qué no será capaz el nuevo consejero en los próximos años, cuando acabe de aplicar su contrastada ineptitud al deteriorado Metro de Madrid al que dice venir a salvar?

Y una última pregunta: ¿Serán capaces, tanto Lamela como Esperanza Aguirre, de pedir perdón a esos médicos, a los que durantes dos años y medio trataron como delincuentes?

22 Jun 2007

Ya es hora de denunciar el Concordato con la Santa Sede

00:55, por manolosaco  
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No he de callar, por más que con el dedo,
ya señalando el purgatorio, o ya el infierno,
silencio avisen o amenacen miedo.

Los obispos españoles han oficializado la batalla frontal contra la asignatura de Educación para la Ciudadanía, y llaman a la rebelión universal de padres y escuelas. Su miedo a perder el monopolio secular de la propagación de su particular sentido de la moral les ha llevado a acusar al Gobierno de apropiarse de “un papel de educador moral que no es propio de un estado democrático de derecho”. La Iglesia insiste en que está en cuestión un derecho “tan fundamental” como el de la libertad de conciencia y de enseñanza.

Nuevamente pretenden construir un edificio filosófico sobre un argumento falaz, que no es otro que los padres tengan un supuesto derecho sagrado de elegir para sus hijos el modelo de educación que les venga en gana. Pues no. Basta ya. Los padres no tienen el derecho a elegir “cualquier” forma de educación, porque sus hijos no son suyos en propiedad, no son un objeto, como la casa o el coche, a los que pueden pintar y “tunear” a su antojo. Los padres tienen el “deber” de educar a sus vástagos, pero no el “derecho” a enseñarles estupideces, a torturarles psicológicamente con el infierno y su tortura eterna. De la misma manera que los padres pederastas no tienen derecho a abusar de sus hijos, de la misma manera que niego el derecho a los padres de favorecer la ablación del clítoris de sus hijas. Los padres no tienen derecho a elegir que en la escuela se les enseñe a sus hijos que la Tierra es plana, que el universo sólo tiene 6.000 años de edad porque las Sagradas Escrituras avalan semejante necedad, que dos y dos son siete, y que el agua es H2S3. Ni el Estado puede consentir que un padre ignorante impida que sus hijos asistan a la escuela “porque es una pérdida de tiempo”.

Lo que los curas reunidos en conferencia pretenden es que se perpetúe la fábrica de creyentes que van a engrosar su industria y contribuir con sus impuestos y diezmos a forrar sus riñones, y no importa que para ello nuestro niños deban aprender pasajes tan edificantes como los que abundan en el Génesis y el resto del libro sagrado, y que hablan de un dios sanguinario que aplica los castigos más caprichosos que la mente más retorcida pueda imaginar por el pecado más banal. O la particular visión de santo Tomás de Aquino sobre la mujer: “La mujer es incompleta y mal dispuesta; la fuerza activa contenida en la semilla masculina tiende a la producción de una semejanza perfecta en el sexo masculino; mientras la producción de la mujer proviene de un defecto en la fuerza activa o de alguna indisposición material, o incluso de una cierta influencia externa.”

Este santo varón es, para más señas, ¡el patrón de los estudiantes!, el santo al que deben encomendarse para salir airosos de los exámenes. Vamos, el espejo de la sabiduría. ¿Y qué les podría enseñar Santo Tomás? Pues entre otras cosas que existe un infierno al que van a ir de cabeza como sigan haciéndose pajas. Y se lo contará, como Aznar, sin complejos y de forma retorcida, como buen cristiano que goza con el sufrimiento del enemigo. Y si no, pasen y vean. Esto decía el patrón de los estudiantes en la Summa Theologica: “Para que los Santos puedan disfrutar más abundantemente de su beatitud y de la gracia de Dios, se les permite ver el castigo de los malditos en el infierno”, o sea, nuestros hijos. ¡Dios les premiará con el espectáculo de ver cómo arden eternamente, cómo se retuercen de dolor, cómo los diablos arriman ascuas sádicamente para avivar el fuego, mientras ellos están tan calentitos a la derecha de dios padre contemplando el mal ajeno! Como decía Voltaire, y perdonad por tanta cita: “Quienes pueden hacer que creas cosas absurdas pueden hacer que cometas atrocidades”. Así nos va por el mundo.

La Conferencia Episcopal Española, la que pretende cortar el paso a la asignatura de Educación para la Ciudadanía porque viene a educar en valores cívicos reales, y no inventados como su religión, se parece en cierto modo a la FAES de Aznar: está formada por un colectivo de sesudos, estudiosos y agudísimos analistas de una sociedad que no existe. Por eso el resultado de sus análisis roza tan a menudo el disparate. Expertos en la naturaleza de la nada, capaces de dedicar toda una carrera universitaria de Teología y toda una vida de estudio a una materia inventada, es decir dios, tampoco les duelen prendas a la hora de analizar una sociedad que sólo existe en su imaginación.

Dios (lo escribo ahora con mayúscula porque, al estar al inicio de la oración, lo exigen las normas gramaticales, que me parecen mucho más dignas de respeto que las de la Iglesia) tiene los mismos visos de existir que el Ratoncito Pérez. Y aunque la simple creencia en uno u otro no parece dañina en principio, en ambos credos subyace el peligro fundamentalista que es el germen de la destrucción del ser humano.

Ya sé que os vienen a la mente en tropel montañas de ejemplos de los millones de personas que a lo largo de la Historia han muerto cruelmente a manos de los que manipulan los designios presuntamente divinos, bajo tortura, asesinato, hogueras de purificación y odio sin fin en nombre de los dioses. ¿Y el Ratoncito Pérez qué pinta aquí? ¡Ah, queridos e ignorantes niños! Imaginaos que por cada diente que se os cae, el sacerdote-papá os promete que por la noche vuestro dios ratoncito os deja un billete de cinco euros. ¿Os imagináis al niño fundamentalista (y amante compulsivo del dinero) arrancándose cada noche un diente hasta llegar a ser rico (el cielo prometido) a costa de quedar desdentado de por vida? ¿Pero es que hay alguna razón para creer en dios y no en el Ratoncito Pérez? ¿Ha atendido dios alguna de vuestras oraciones? ¿Y acaso el Ratoncito Pérez no os deja puntualmente todas las noches un billete de cinco euros? ¿Por qué no hacemos una liga en defensa de los principios morales del Ratoncito Pérez?

“La religión es considerada cierta por la gente normal, falsa por el sabio y útil por los gobernantes”, dijo ya Séneca el Joven, contemporáneo de Cristo. Quizá esto explique por qué un gobierno como el socialista, que dice ser laico hasta las cachas, agacha la cabeza ante la amenaza del fundamentalismo cristiano, y sigue manteniendo en vigor el Concordato con el Vaticano, uno de los tratados más indignos de cuantos tenemos firmados con un estado soberano.
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Meditación para hoy, por si era poco: Zaplana sigue malmetiendo con el asunto de la negociación con ETA. Ayer mismo volvió a exigir que el gobierno dé explicaciones sobre lo que publican el diario Gara y el diario El Mundo (¡qué Santa Alianza!, ¡cómo recuerda la famosa pinza entre Julio Anguita y Aznar!) sobre la continuación de las negociaciones. Y todo ello el mismo día en que aparece un coche de ETA cargado con 105 kilos de explosivos, presuntamente destinados a los comandos operativos desperdigados por el sur de España. ¿Quizá Acebes esté pensando que Zaplana es un “miserable”?

21 Jun 2007

Gente ruda y con carácter

00:40, por manolosaco  
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Con frecuencia tropezamos en nuestra vidas con gente despistada que confunde el “carácter fuerte” con el mal carácter, como si el comportamiento agresivo fuese una manifestación inequívoca de liderazgo. Algunos personajes dignos de estudio te dan un apretón de manos de esos que te crujen los huesos porque en un cursillo de autoafirmación pagado por la empresa les enseñaron que el apretón de manos era como una tarjeta de visita del estado de su virilidad o el nivel de reserva de seguridad en sí mismos.

La derecha, por ejemplo, tiene pasión por ese modelo de “carácter”, por los desfiles, por el concepto de autoridad en el sentido de ordeno y mando, hasta el punto de que impregnan hasta sus himnos con él: “Prietas las filas, recias, marciales, nuestras escuadras van”. A veces alcanza tintes cómicos, como cuando Fraga llegó a quitarse la chaqueta y arremangarse la camisa con la intención de liarse a hostias tabernarias contra un grupo numeroso de reventadores de su conferencia.

Su alumno Mariano Rajoy tiene tan interiorizado ese papel, que a menudo parece ese padre gruñón, perennemente enfadado, que tiene aterrorizada a su familia con las disculpas más nimias, si la comida está fría, la camisa a cuadros sin planchar o el niño no le deja oír la tele con sus llantos. Nunca una palabra amable, porque la amabilidad y el diálogo son leídos como debilidad y, en consecuencia, como falta de carácter. Y a lo mejor este buen hombre es un tipo encantador en la intimidad de su casa y entre el círculo de amigos, como la vida oculta del violador asesino que tenía fama de simpático y amable entre sus asombrados vecinos antes de que la policía descubriera sus desmanes.

El jefe de la oposición nos estuvo regañando con el asunto de ETA en todas sus variantes durante meses hasta los límites de la grosería y el desprecio contra el presidente del Gobierno y el resto de la Cámara. Cada vez que abría la boca era para anunciarnos que el Estado estaba a punto de rendirse. Arrepentíos, pecadores: fuera de la iglesia del PP no hay salvación. De tal manera tensó la cuerda de la regañina semanal en sus preguntas parlamentarias que cuando por razones estratégicas hubo que cambiar el paso debido a la ruptura de la tregua de ETA, cualquiera que fuese el sentido de la pregunta se presentaba con el mismo tono apocalíptico, como si lo importante fuese mantener el volumen estridente de la música, y no la letra.

Así que, sea porque las camisas no están planchadas o la comida fría, el caso es que hay que mantener el tipo del carácter, del mal carácter, se entiende, y pegar con el puño en la mesa ya sea porque el PSOE quiere negociar con ANV o porque ¡santo cielo! el recibo de la luz ha subido más que el IPC. El mantener a toda costa ese tono de víspera del fin del mundo tiene el inconveniente de que si el tema del día no está a la altura de la gravedad de la bronca haces el ridículo. Mariano ya no sabe hablar de otra manera, como si tuviera miedo a que descubriéramos que en el fondo es un tío simpático y amable, y no el violador que se empeña en aparentar, y no el actor grosero que, tal como hizo ayer, es capaz de dirigirse a Zapatero con frases irrespetuosas como éstas: “El gobierno de España que, que se sepa, usted preside…” Siempre desagradable, sin vacilar, como un valor que se le supone sólo a los buenos guerreros de la palabra.

Como una consigna seguida por todos los miembros de la camada de la extrema derecha que dirige al PP. También ayer mismo, Esperanza Aguirre, la que se postula para sustituirle en el liderazgo del partido, en una actuación memorable (¿) en el curso de su toma de posesión de la presidencia de Madrid, después de alabar públicamente y entre lágrimas las virtudes de su marido Fernando (la alta política está alcanzando las más elevadas cotas de salsa rosa), como la inteligencia y su sentido del humor, puntualizaba que “nunca tendré palabras para agradecer (en él) lo que para mí es más importante, su patriotismo”. Mi Fernando es muy listo y tiene una coña que te cagas, pero lo más importante es que es un patriota. ¿Vais pillando, queridos niños?

Así que, con semejante marcaje, con el aliento de la sucesora en el cogote, cualquiera pacta ni siquiera los buenos días con el proetarra y elevador de precios de la luz Rodríguez Zapatero.
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Meditación para hoy: Según el proyecto de la Ley del Vino, en su enésima redacción, los vinos no podrán anunciar en su publicidad que, tomados en dosis moderadas, producen efectos muy beneficiosos para el organismo, gracias a componentes como el resveratrol. Y sin embrago, ¡oh misterios de la alta política!, otro proyecto de Ley, el de Bienestar Animal ¡deja fuera de su normativa la fiesta de los toros como ejemplo de maltrato a los animales! Ya sé que, como no sois del gobierno, no lo entendéis. Así que, como castigo, escribidlo cien veces en la pizarra, por tontos de capirote.

20 Jun 2007

Cuidado con lo que te echas a la boca, chaval

01:12, por manolosaco  
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He asistido ayer como espectador a la discusión que habéis mantenido en el blog, a tenor del asunto de la “fiesta” de los toros (a los toros seguro que no les parece una fiesta), que derivó en la “moralidad” de nuestros hábitos alimenticios : taurinos contra antitaurinos, omnívoros contra vegetarianos.

Ya decíamos que rondábamos cuestiones de fe, de las que no es fácil apearnos, esa fe que más parece un acantilado contra el que se precipitan las olas de la razón. Me vino a la memoria, según leía vuestras fintas argumentales sobre proteínas animales y vegetales, que las religiones han hecho de las costumbres alimenticias de sus fieles un signo distintivo, con normalizaciones que rozan el ridículo. Bueno, como ya quedamos, sólo son ridículas si les aplicamos el sentido común.

La religión católica, por ejemplo, obligaba a sus fieles (no sé si permanece hoy la norma tan estricta) a ayunar durante los denominados días penitenciales, los viernes de todo el año y durante la Cuaresma, un período de cuarenta días que va desde el miércoles de ceniza hasta el jueves santo. La ley del ayuno consistía en no hacer más de una comida al día, aunque se permitía un ligero desayuno y un tentempié antes de acostarse. Sin embargo, la norma más estricta era la de la abstinencia de comer carne cada viernes del año, los de Cuaresma y algún otro como el miércoles de Ceniza, creo recordar. ¡Ah! Pero la España católica, por su entusiasmo en la defensa del Papa de Roma, recibió una dispensa especial: se trataba de la denominada Bula de la Santa Cruzada, un privilegio pontificio que concedía a los españoles gracias especiales, y les dispensaba del ayuno y de la abstinencia en ciertos días del año. Costaba dos reales antes de la guerra de España con Napoleón, a principios del siglo XIX, y mis hermanos mayores recuerdan que en nuestra postguerra incivil mi padre se permitía el lujo de comprar alguna que otra bula para hacer más llevadero el rigor del ayuno y la abstinencia.

Las bulas papales fueron una fuente inagotable de ingresos para las arcas del Vaticano, fuente de corrupción que hoy no dudaríamos en calificar como cohecho divino, y cuya utilización abusiva y fraudulenta fue una de las espoletas para la Reforma de Lutero. Pero las otras religiones del libro no se casan con nadie, son mucho más rigurosas y fundamentalistas en su aplicación. Los musulmanes no pueden comer animales muertos que no hayan sufrido la matanza ritual (antes hay que pronunciar las palabras rituales de Alá es grande antes de rebanarles la garganta). No pueden comer su sangre. No pueden probar el cerdo. Ni alcohol ni líquidos fermentados.

Lo de los judíos es ya más complicado. Pueden comer rumiantes, pero no el cerdo, el conejo, el caballo y el camello. Aunque se permite la carne de vaca, cabra y oveja, no pueden ingerir los cuartos traseros si previamente no se quitan los tendones y nervios ciáticos. No pueden comer aves de rapiña o de presa ni las que se alimentan de carroña.
Y no se puede matar de cualquier manera, como hacen los toreros malos: un técnico entrenado en el proceso, mata el animal lo más rápido posible cortándole la yugular. Tampoco, como los musulmanes, pueden tomar la sangre, así que debe ser eliminada del animal antes de cocinarlo. Además hay que remojar la carne en agua salada durante una hora y aclararla en agua tibia. En cuanto a los pescados, pueden hartarse tan sólo de los que tengan escamas y aleta. Así que, por ejemplo, no pueden comer carne de ballena. Y lo que es peor, y por lo que doy gracias al dios que no existe por no haberme nacido judío: se prohíbe el consumo de toda clase de mariscos. Para complicarlo más, también está prohibida la combinación de carne y leche en el mismo plato.

No sé si os servirá para centrar la discusión de lo que es moralmente aceptable en el plato de los seres humanos. A mí sólo me sirve para preguntarme qué rayos les puede importar a los dioses el contenido de nuestra dieta, si luego les importa un bledo que dos mil millones de personas en el planeta pasen a diario un hambre de muerte. O los dioses están majaretas, o son de una crueldad que no hay dios que la aguante.
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Otra meditación para hoy: El Vaticano ha lanzado los diez mandamientos de la carretera. Los he leído y me parecen mucho más razonables que los otros Diez Mandamientos. Y si no, aquí os los dejo para que podáis comparar.

LOS X MANDAMIENTOS DE LA CARRETERA
1. No matarás.
2. La carretera sea para ti un instrumento de comunión entre las personas y no de daño mortal.
3. Cortesía, corrección y prudencia te ayuden a superar los imprevistos.
4. Sé caritativo y ayuda al prójimo en la necesidad, especialmente si es víctima de un accidente.
5. El automóvil no sea para ti expresión de poder y dominio y ocasión de pecado.
6. Convence con caridad a los jóvenes y a los que ya no lo son a que no se pongan al volante cuando no están en condiciones de hacerlo.
7. Brinda apoyo a las familias de las víctimas de los accidentes.
8. Reúne a la víctima con un automovilista agresor en un momento oportuno para que puedan vivir la experiencia liberadora del perdón.
9. En la carretera tutela al más débil.
10. Siéntete tú mismo responsable de los demás.

LOS (CLÁSICOS) X MANDAMIENTOS DE LA LEY DE DIOS
1. Amarás a Dios sobre todas las cosas.
2. No tomarás el nombre de Dios en vano.
3. Santificarás el día del Señor.
4. Honrarás a tu padre y a tu madre.
5. No matarás.
6. No cometerás actos impuros.
7. No robarás.
8. No levantarás falsos testimonios ni mentirás.
9. No consentirás pensamientos ni deseos impuros.
10. No codiciarás los bienes ajenos.

Estoy de acuerdo con todos los Mandamientos de la Carretera (quizá, excepto esa insinuación de que el automóvil es “ocasión de pecado”. Si estamos pensando en el mismo pecado, que seguro que sí, pues el Vaticano y yo no pensamos en otra cosa, el coche es a menudo el sustituto del lugar de encuentro para los jóvenes que no pueden pagarse un apartamento, ni un alquiler). En cambio, a excepción del quinto, el séptimo y el octavo mandamientos, el resto de los mandamientos de la Ley del dios de Israel no son más que ganas de meterse donde no le llaman.

19 Jun 2007

Es cuestión de fe

01:13, por manolosaco  
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La celebración madridista ha terminado con un baño de patriotismo casposo, ese nacionalismo inventado de chotis madrileño, en las sedes respectivas de la presidencia de la comunidad -donde aguardaba una Esperanza Aguirre exultante- y el ayuntamiento, donde un Ruiz Gallardón sorbía la felicidad como un niño según se acercaban los jugadores. ¿Y dónde terminó el jolgorio patriotero? Pues en la catedral de Madrid. Allí acudieron los jugadores y directivos a ofrecer la copa a la Virgen de la Almudena, sin que nadie tenga claro si la virgen prefería que hubiese ganado el Barcelona o el Sevilla.

Sé que para un forofo es muy difícil ver la realidad desde este lado de la razón. Pero ni me imagino cuántas neuronas hay que dejar aparcadas para acudir como la cosa más natural, sin morirte de vergüenza, a dar gracias a la virgen de la Almudena… por haber ganado un título de Liga. A pie de altar esperaba el gran talibán arzobispo de Madrid, Antonio Rouco Varela, quien inexplicablemente, en lugar de liarse a hostias con semejante pandilla de multimillonarios que invadían el lugar sagrado para celebrar un nuevo éxito empresarial, les bendijo y dio gracias al Cielo, un Cielo que, como todo el mundo sabe, estaba muy pendiente últimamente sobre cómo coño iba a terminar la Liga de fútbol española. El talibán Rouco, por si alguno de vosotros acaba de venir de Marte y no se había enterado, es el mismo que días atrás amenazó a los curas rojos de la pobre, obrera y marginada parroquia de San Carlos de Borromeo, iglesia cutre que debe tener menos dios y menos virgen que toda una catedral.

Hubo ayer otra resaca, pero esta entre los miembros del gobierno, en torno a otro asunto no menor y cuestión tan de fe como el fútbol: los toros, a raíz de la corrida de Barcelona liderada por la vuelta a los ruedos de José Tomás. La ministra de cultura, Carmen Calvo, defendió la fiesta del toreo, pues para eso le pagan, para que sostenga contra viento y marea que “eso” es cultura; y la ministra de Medio Ambiente, Cristina Narbona, volvió a recordar su tesis de que ya es hora de ir haciendo reformas legales para acabar con “la fiesta”, quizá empezando por prohibir la muerte a sablazos del toro, como ocurre en las corridas en Portugal.

El debate sobre los toros ya lo hemos tenido largamente. Es cuestión de fe, y poco podemos avanzar nuestras trincheras. Pero permitidme una reflexión muy personal. Sólo sé que, como en el caso de las creencias religiosas, me sorprende, me descoloca y me desasosiega el ver cómo gente a la que admiro intelectualmente puede estar empleando la capacidad de razonar de manera tan opuesta a la mía, cuando se supone que utilizamos el mismo instrumento de medir la realidad. Entre ellos están Serrat y Sabina, a los que vi por televisión entusiasmados con el arte de José Tomás, cuando mi herramienta de razonar me dice que lo que estaban disfrutando en aquella plaza no era otra cosa que una extraña y sanguinaria forma de tortura animal legalizada.

Y entre ellos están también mis padres, hermanos, amigos a los que quiero y respeto, cuyas inteligencias claudican cuando llegan al abismo de las creencias, sin cuestionarse, por poner un ejemplo, la existencia de los demonios que antes eran ángeles pero que por culpa de su soberbia perdieron una batalla contra un dios que acabó regalándoles una finca en el infierno para que coleccionaran almas malas y se entretuvieran en torturarlas eternamente, almas como la mía y la tuya. Son los mismos, en cambio, que cuando suscitas una discusión sobre Verdi, Picasso, Gabriel García Márquez, el automóvil, los impuestos, las carreras de caballos o el arte de hacer punto de cruz, sorprendentemente reconoces en ellos el mismo código de razonamiento implantado en el mismo instrumento de pensar, aunque discrepes de sus puntos de vista. Todo un misterio.
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En el 20 Minutos de papel he dejado para hoy esta columna. Ya sabéis que yo, además de bloguero, soy del partido columnista.

¿Será sangre o vino?
La lucha secular de los campesinos contra los intermediarios que se enriquecen a su costa está teniendo estos días tintes revolucionarios en el Languedoc francés. Una autodenominada Unión para la Acción Vitícola está poniendo en el primer aprieto serio al gobierno de Sarkozy. Hartos de que les paguen una miseria por sus uvas, cuando ellos son el primer eslabón del milagro del vino francés, han lanzado su primera advertencia: o suben los precios de las uvas o «correrá sangre». ¿Sangre o vino? Me recuerda la historia de aquel noble que ordena a su criado que le suba de la bodega la única botella que le queda de una añada mítica de la Romanée Conti (12.000 euros la botella). Al cabo de un rato se oye un estrépito de cristales. Cuando baja, alarmado, y ve que un líquido rojo mana por debajo de la puerta de la bodega, levanta los ojos al cielo y reza: «Que sea sangre, Señor, que sea sangre».


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