29 Jun 2007

Se busca psicólogo

00:36, por manolosaco  
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He oído en la radio que Esperanza Aguirre ha decidido conceder no sé qué medalla de Madrid (lo oí en el coche, no me dio tiempo a apuntar) a los seis soldados españoles muertos en Líbano. Al parecer ha tomado esta decisión espoleada por el diario El Mundo, quien esta mañana amanecía con un titular que marcaba la hoja de ruta de la jornada para la tropa del PP: “El Gobierno niega a los muertos la medalla a caídos en acción bélica”. ¿Cómo es posible semejante desatino?, se habrá dicho la presidenta madrileña, que sabe un huevo de medallas y honras fúnebres. ¿Cómo es posible que Zapatero “sólo” les conceda la Cruz al Mérito Militar con distintivo amarillo destinada a los fallecidos “como consecuencia de actos de servicio que entrañen grave riesgo?” Amarillo, por dios, ¿no hay por ahí un color con mejor fario?

Es uno de los rasgos de su carácter, quizá como entrenamiento hacia su meta inconfesada, tal como las niñas se entrenan a ser madres con las muñecas y los niños aprenden a ser unos cafres con los juegos bélicos: llegar a ser presidenta del gobierno el día de mañana, o de pasado mañana, si es posible. Se ha fabricado para ello una especie de República de Saló, un estado de juguete en el que la niña Espe juega a entregar medallas, como hace papá, a boicotear las leyes antitabaco de sus mayores, a sumarse al boicot contra la asignatura de Educación para la Ciudadanía, porque ella quiere ser una niña rebelde, porque El Mundo la hizo así, porque nadie la ha tratado con amor…

Su enemigo político más directo, Alberto Ruiz Gallardón, el alcalde de Madrid, también quiere ser presidente de su pequeña república. Así que eso de que sus ministros de juguete sean sólo concejales se va a acabar. Intentó rebautizar sus cargos con el pomposo nombre de “consejeros”, como los ministros de la república de su querida enemiga, para no ser menos, hasta que la cópula del partido (cuando la cúpula jode se llama cópula) tuvo que poner paz en lo que parecía una guerra en ciernes entre las dos repúblicas de juguete. Pues ya no te ajunto, se dijo Gallardón. Ni concejales ni consejeros: “delegados”, que es como se llaman ahora los gobernadores civiles del gobierno central.

Para rematar el panorama del estado psicológico de la tropa popular, su juez de cabecera, Fernando Grande-Marlaska, después de haber prohibido incinerar los cadáveres de los soldados muertos en Líbano, buscando a Yak (¡qué perfume!), tiene que rendirse a una evidencia que ya conocíamos todos menos él: que los cadáveres no estaban confundidos, que no había un brazo de uno en la caja mortuoria del compañero, en fin, que las muestras de ADN estaban correctamente asignadas a sus dueños, y no como ocurrió con aquel fiasco del Yak-42, donde lo único cierto es que el ministro Trillo mintió hasta la náusea a los familiares de los fallecidos y al pueblo soberano. Ya vendrán más días de gloria para este juez mediático, que, al igual que los niños Espe y Albertito, sueña con un aura de juez estrella como Garzón. Pero que no sea ansioso, todo a su tiempo.

Si sabéis de un buen psicólogo que les pueda echar una mano, decidlo ahora o callad para siempre.
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Meditación para hoy: el otro día un piloto de carreras polaco, de Polonia, la mayor reserva de cristianos fundamentalistas de la cristiandad, casi se parte el alma a 280 kilómetros por hora en una curva del circuito de carreras de la fórmula 1 en el GP de Canadá. Son esas velocidades de las que siempre se dijo que si chocas con un muro no te salva ni dios. ¿Ni dios? Al parecer el papa Wojtyla estaba al quite, en vista de que el despistado de dios está desaparecido desde el séptimo día en que se tiró a la Bartola a descansar. El piloto se llama Robert Kubica, y al parecer siempre corre con una foto dedicada por Juan Pablo II entre su mono de trabajo.

Ya sé que el Vaticano busca desesperadamente ese milagro definitivo que catapulte a la santidad a Juan Pablo II. Y pegarse una torta a 280 kilómetros por hora, y salir vivo, es lo más parecido a un milagro. Pero digo yo ¿no hubiese sido más milagroso que el manazas del tal Kubica hubiese conseguido dar la curva a esa velocidad de vértigo sin sufrir daño alguno, y ganar, de paso, la carrera? ¿Por qué los santos milagreros olvidan siempre esos pequeños detalles? ¿Era necesario partirle no sé cuanto huesos al pobre piloto para satisfacer sus ansias desmesuradas de subir a los altares? ¿Así es cómo paga Roma?

28 Jun 2007

Los criminales del 11-M y sus inhibidores

00:49, por manolosaco  
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Al final lo hizo. Mariano Rajoy poco menos que ha acusado al gobierno de Rodríguez Zapatero de las muertes de los seis soldados en Líbano. Rajoy reprochó al presidente del gobierno el no haber informado suficientemente que nuestros soldados “van a esas misiones a jugarse la vida”, y que el hecho de que viajasen en un vehículo “sin inhibidores” es “una vergüenza”.

¿Os acordáis de ese diccionario paralelo que está escribiendo el PP? Para un británico, un francés, un italiano, alguien que viva en una democracia, el concepto de “sinvergüenza” encajaría a la perfección en la definición de un jefe de la oposición que culpara a su gobierno de la muerte de sus compatriotas en una emboscada terrorista. Pero, ya veis, en el falso diccionario de los populares, el sinvergüenza es el presidente del gobierno que no supo prever que sus soldados, como los de los demás ejércitos aliados que operaban en la zona, corrían un serio peligro de ataque terrorista.

Bien. Pues ahora, con la bendiciones del nuevo diccionario del PP, al fin ya puedo decir que Aznar, Rajoy y sus secuaces son los criminales responsables de las 192 víctimas mortales del 11-M por haber hecho caso omiso, cuando gobernaban, de los “inhibidores” de los servicios secretos que avisaron de un posible atentado islamista en venganza por haber apoyado la invasión de Irak, inhibidores que podían haber desactivado a tiempo la mayor matanza terrorista de nuestra historia.

Aunque me lo pedía el cuerpo, llevaba años no queriendo llamarles criminales, por respeto a las víctimas, para no ahondar más en la angustia de los supervivientes. Pero Rajoy acaba de darme el permiso tácito para que de ahora en adelante le considere un criminal, un criminal que, en lugar de estar pidiéndonos perdón humildemente a los españoles por su torpeza e incapacidad demostrada para dirigir un país, intenta cubrir de mierda unos momentos de dolor colectivo en que el sentido de estado debería estar por encima de cualquier razón de partido. Tan insensibilizada tiene su conciencia, tan anestesiada por el rencor, tan acostumbrado está a la manipulación del dolor para provecho de su parroquia, que lo que acaba de hacer ayer en el Parlamento no le parece “una vergüenza” sino un acto más de control a la tarea del gobierno, como el que hace “preguntas estúpidas” sobre la factura de la luz.

Mariano Rajoy sigue buscando desesperadamente el Yak-42 de los socialistas, y yo ya no tengo en mi diccionario, el de verdad, palabras para oponer a tamaña desvergüenza. Os lo dejo a vosotros, y que tengáis un día fructífero.
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Meditación para hoy: hace unas horas asistí a los premios anuales de la Asociación de la Prensa de Madrid. El acto se celebró en la sede oficial de la Presidencia de la Comunidad, y allí estaba, como anfitriona, Esperanza Aguirre. ¿Y sabéis quién se sentaba a su lado? Pues Jesús de Polanco, uno de los premiados, el presidente del Grupo Prisa al que el PP ha decretado un boicot desde hace meses. ¿No es bonito? La más ultraliberal representante de la derechona española tuvo que tragarse durante tres horas el sapo de convivir codo con codo y prodigar sonrisas varias a la encarnación del demonio, al personaje más odiado por su secta ultramontana.
Era un paisaje humano digno de estudio. El premio a toda una vida profesional (el Rodríguez Santamaría”) se le concedía a Antonio Fontán, el que fue promotor del desaparecido diario Madrid, vetado y dinamitado por el régimen de Franco, el símbolo periodístico de la oposición a aquel régimen podrido del que Esperanza Aguirre es alumna aventajada. El premio de mayor prestigio de la noche, el “Víctor de la Serna”, se le concedió a Arsenio Escolar, el director de este diario en el que me leéis, el que acoge, entre otros, este blog tan querido (y leído) por los correligionarios de la presidenta de Madrid. Otro de los premiados (premio “Javier Bueno”) fue Jesús María Zuloaga, subdirector del diario La Razón, un periodista de raza, amenazado por ETA, y uno de los mejores especialistas en la banda terrorista. Y al final, Jesús de Polanco, asfixiando con su aura de azufre infernal a su vecina de silla, agradeció el premio “Miguel Moya”, otorgado al personaje destacado en el campo periodístico pero no específicamente periodista.
Esperanza Aguirre felicitó a todos los premiados y dijo estar muy contenta de presidir el acto. ¿Esto de estar contenta de presidir un acto de entrega de un premio a Polanco querrá decir que da por finalizado el boicot a los medios del grupo Prisa? La solución, mañana. O pasado. O bien, esto no tiene solución.

27 Jun 2007

De aquellos concilios, estos lodos pestilentes

01:07, por manolosaco  
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Los inmorales sembradores del odio y de la discordia, travestidos de sotana, capitaneados por el talibán cristiano Antonio Cañizares, vicepresidente de la Conferencia Episcopal Española, continúan con la guerra al estado laico. La última ocurrencia de este talibán abunda en ese abismo de hostilidad que pretende abrir entre españoles creyentes y no creyentes. Según él, los colegios religiosos que impartan la nueva asignatura de Educación para la Ciudadanía estarán “colaborando con el mal”, mal identificado como la LOE, la Ley Orgánica de la Educación.

Como ya debatimos por activa y por pasiva, Cañizares y su Iglesia ven peligrar el monopolio práctico que detentan secularmente (RAE. Detentar: Retener y ejercer ilegítimamente algún poder o cargo público). Y como ya lo hemos debatido largamente, y resulta muy difícil descender al nivel racional de la barbarie, quiero poner el debate en su dimensión histórica para que entre todos podamos comprender cómo estos lodos provienen de unos polvos del siglo XIX. A lo que estamos asistiendo no es otra cosa que la resurrección de una doctrina decimonónica que nos la pretenden colar como guía para el siglo XXI.

El inventor e inductor de esta doctrina fue un personaje que, de vivir hoy, dejaría a Cañizares como una hermanita de la caridad: el Papa Pío IX, conocido familiarmente como Pío Nono. Sólo por situar al personaje os diré que fue él quien convocó el Concilio Vaticano I, recordado como el Concilio “de la fe contra la razón”. Y ya puestos, y con la oposición inicial de la mitad de los padres conciliares, este ideólogo de la supremacía de la religión sobre cualquier gobierno democrático, terminó imponiendo nada menos que el dogma de la infalibilidad del Papa, uno de los mayores disparates dogmáticos de la historia de la Iglesia… (y mira que el listón estaba alto después del otro disparate de la virginidad de la madre de dios)… visto, claro está, desde las luces de la razón que tanto odiaba. Ese disparate, del que el Espíritu Santo, si existiese, se descojonaría, le sirvió a aquel Papa para apuntalar su idea de un Papa-Monarca del Vaticano y, por extensión, de la cristiandad. Pío Nono fue enterrado a hurtadillas y con nocturnidad, tal era el odio que concitaba en la Italia republicana, y a punto estuvo de acabar su cadáver en las aguas del Tíber, a manos de una turba enfurecida. Pero esa es otra historia, o el final vergonzoso de un sembrador de odios.

El caso es que el tal Pío Nono (y aquí viene la doctrina que inspira a monseñor Cañizares) se sacó de la manga un texto conocido desde entonces como el Syllabus, cuyo título completo era el de Syllabus complectens praecipuos nostrae aetatis errores, o sea, Índice de los principales errores de nuestro siglo. Esta pieza, un monumento contra las ciencias sociales y la separación de los poderes de la Iglesia y el estado, denunciaba los ochenta “errores” principales, entre los que se hallaba uno sobre Socialismo, Comunismo, Sociedades secretas, Sociedades bíblicas, Sociedades clérico-liberales, todas ellas corrientes muy perniciosas para la humanidad.

Según este guía espiritual, cuyas enseñanzas, al parecer, son infinitamente más propias para el estudio de nuestros niños que la asignatura de Educación para la Ciudadanía, no se podía estudiar la filosofía “sin mirar a la sobrenatural revelación”. Ni el hombre puede ser libre “para abrazar y profesar la religión que guiado de la luz de la razón juzgare por verdadera”. Ni se le puede negar a la Iglesia que “tiene la potestad de emplear la fuerza” para extender su credo. Ni, ¡atención! puede prevalecer el derecho civil “en caso de colisión entre las leyes de una y otra potestad”. Y en cuanto a que la Iglesia pudiera estar separada del Estado y el Estado de la Iglesia, no es más que “una pestilencia”.

Os dejo para el final el mejor error, el que resume el ideario del régimen talibán cristiano que con mucho gusto acabaría imponiendo el señor Cañizares en la sociedad española, si le dejáramos. Es el último error, el que según los enemigos de la Iglesia pretende que “el Romano Pontífice puede y debe reconciliarse y transigir con el progreso, con el liberalismo y con la moderna civilización”. ¿Os suena? ¿Cómo va a admitir, entonces, la Conferencia Episcopal que las escuelas sean centro de educación y enseñanza para el “progreso, el liberalismo y la moderna civilización”?

Y ahora la gran pregunta: ¿Podemos dejar en manos de esta gente la educación de las generaciones futuras de españoles para caminar por el siglo XXI?

De aquel gran Papa, monarca orgulloso, desdeñoso con el progreso y la supremacía de la razón, que exigía permanecer de rodillas a sus visitas en audiencia papal, sólo me queda, sin embargo, un sabor dulce: el de los piononos de mi niñez, unos pastelitos empalagosos que, al parecer, eran muy de su gusto mundano. Aunque sólo sea por ello, por prestar su nombre a un dulce, se merecería que su dios lo tuviese en la gloria y no en las turbias aguas del Tíber.
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Meditación para hoy: lo de Grande Marlaska apesta. Apenas han pasado unos días desde sobreseyó parte del caso del Yak-42 que peligrosamente estuvo a punto de salpicar a Federico Trillo, cuando abre de oficio, sin que nadie se lo pida, una investigación sobre el atentado de Líbano en el que murieron seis soldados españoles. Es el mismo grande Marlaska que con tanta dedicación y ahínco atizó las ascuas de ETA al brasero del PP en el último año. ¿No huele algo a podrido en las cloacas de la judicatura?
Hay como un intento desesperado de los populares por ver en la legislatura de Zapatero la imagen especular del mandato de Aznar. Buscan ver en ese espejo la repetición de la guerra de Irak en el conflicto del Líbano, y se frotan los ojos a la espera de ver aparecer en cualquier momento un Yak-42 entre los cadáveres de los seis caballeros legionarios. ¡Toda una legislatura malgastada en un intento vano de justificar los errores del último gobierno del Partido Popular! Eso se llama Sentido de Estado, en su diccionario secreto del que hablábamos ayer.

26 Jun 2007

El pacifismo es absurdo. O sea

00:28, por manolosaco  
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Ayer, cuando estaba escribiendo el post sobre el síndrome del capataz, y ante la tardanza del Partido Popular en utilizar el asunto de los militares españoles muertos en Líbano para provecho propio, dejando en manos de los capataces de la derechona la guerra sucia, mi desconfianza congénita me había dictado al oído algo así: “Rajoy todavía no ha culpado de las muertes a Zapatero porque los asesores que le confeccionan los guiones están aún en el limbo del fin de semana. Pero no desesperéis, tienen toda la semana por delante para corregir el tiro”.

Pero tras un rato de meditación, me dije: ¿por qué jugar a profeta del desastre, si esa es una profesión que ellos dominan mejor que tú? ¿Quién le impide a Mariano, ahora que huele que apesta a elecciones generales, presentarse como un hombrecito de estado y más centrado que un centro de mesa, y decir solemnemente aquello de “apoyamos sin fisuras al gobierno de España y a nuestras Fuerzas Armadas en su misión humanitaria en Líbano”? ¿A que, en lugar de dar rienda suelta a sus deseos de venganza contra Zapatero por haber retirado de Irak las tropas que había enviado Aznar, sale con un golpe de efecto elegante, sólo por llevarme la contraria, y me jode la profecía?, me dije a mí mismo mismamente. Y lo borré, porque en el fondo soy un profeta cobarde.

Pues no. Apenas habían transcurrido doce horas (doce horas, ¡el tiempo en ese partido se les está haciendo eterno, las horas les parecen meses!) desde aquella ponderada declaración, aunque de Perogrullo, de que el Gobierno debe tomar “las máximas medidas de seguridad para proteger” a las tropas españolas al hecho incontestable de que el gobierno nos está mintiendo, pues los españoles estamos en Líbano en misión de guerra: «Es absurdo ocultarlo para presumir de pacifismo».

De la miseria intelectual que encierra esta declaración ya darán cuenta las urnas el día de mañana (supongo). Pero ahora quiero resaltar, calientes todavía los cadáveres de los soldados españoles, cómo nuevamente las palabras adquieren un sentido moral distinto en ese diccionario particular que está escribiendo la derecha.

En él, el pacifismo, lejos de tener entrada como virtud, como mansedumbre del alma, se define, cuando menos, como un estorbo, si no como un defecto. Cuando se trata de descalificar esa peligrosa tendencia de un presidente del gobierno a la bondad, se le acusa de padecer “buenismo”, término inexistente que, lejos de significar lo que el sentido común presupone, adquiere en sus bocas la acepción popular de «es tan bueno que parece tonto». Porque, buscando el antónimo adecuado, los alumnos de Aznar tienen interiorizado que es más virtuoso, más patriota y más inteligente practicar desde el gobierno el “malismo”, es decir, ser lo más desagradable posible y llevar la contraria a cuanta más gente mejor, aunque sea invadiendo Irak.

Al igual que la noble palabra «progresista» -amante del progreso- es utilizada como un insulto por estos conservadores que no saben ni conservar el significado real de las palabras. O de la misma manera en que han incluido la voz “diálogo” como sinónimo de venta al mejor postor, de rendición, de cobardía.

¡Progresista, bueno, pacifista, dialogante…! ¿Serán malvados? ¿En qué diccionario aprenderán las palabras estos rojos de mierda?

25 Jun 2007

El síndrome del capataz

00:38, por manolosaco  
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Cuando oí la noticia de que seis militares españoles habían muerto en Líbano como consecuencia de una bomba que estalló al paso del convoy militar, lo primero que me pregunté, antes de que me diera tiempo a pensar en las circunstancias personales de los fallecidos y de sus familiares, fue: ¿cuánto tardará la derecha en utilizar estas muertes contra Zapatero? Para mi sorpresa, cuando esto os escribo, una nota oficial del PP se limitaba a lamentar las muertes y solicitar lo evidente: que el Gobierno debe tomar “las máximas medidas de seguridad para proteger” a las tropas españolas, como si el Gobierno pudiese hacer lo contrario, o irse de caza como hicieron algunos del gobierno de Aznar cuando estalló la tragedia del Prestige.

Y sin embargo, no había pasado una hora cuando nuestros contertulios más significados de esa derecha, presas del “síndrome del capataz”, siempre más cruel que el amo, se adelantaban a la versión oficial que tardaba en llegar. ¿Cuándo dimitirá Zapatero por esto? El argumento es muy simple: si el 90% de la población española, según las encuestas, estuvo en contra de nuestra participación en la guerra de Irak, y muchos de esos, entre los que me cuento, exigimos el regreso inmediato de las tropas, ¿por qué no lo exigimos ahora? La pregunta, incluso, puede ser más retorcida: ¿por qué ahora no hay ningún 90% de población que esté en contra de nuestra permanencia en Líbano?

No hay nada que me produzca más fatiga que tener que discutir lo obvio. Pero ante argumentos simples, respuestas sencillas (que no simples).

-Porque el ejército español está en Líbano, con gorra y cascos azules del uniforme de la ONU, con un mandato “legal”, en este caso sí, de Naciones Unidas, y como fuerza de interposición, es decir, de pacificación, y no como fuerza atacante al servicio de una de las facciones. Tan es así, que Hezbolá, una de las milicias contendientes, y a la única de las tres –con israelíes y gobierno libanés- que presuntamente se le podría aplicar el principio de cui prodest, a quién aprovecha, ha negado rotundamente tener nada que ver con el atentado. Todo parece indicar que es un atentado terrorista islamista, inspirado por Al Qaeda. Terrorista, como ETA.

Bueno, pues algo que es tan fácil de entender, como que del terrorismo etarra sólo es culpable la propia ETA, se convierte por un encantamiento en que la culpa es de un tal Rodríguez Zapatero. Ayer, nuestro querido Pepe Polémico os lanzaba una apuesta, nada más conocer la noticia del atentado: “Espero ansioso la reflexión que mañana hará Manolo sobre la trágica noticia (….) De seguro, trate de lo que trate, los culpables serán la iglesia o la derechona. ¿Apostamos?”

Pues Pepe Polémico, al que leo siempre con interés, no iba muy desencaminado. Si se confirma que se trata de un atentado islamista… la culpa sería de una iglesia, otra iglesia, esa iglesia del Islam fundamentalista que anima a asesinar a los infieles, siguiendo el razonamiento del “derecho divino” instaurado por el Papa Urbano II, quien con su grito de “Dios lo quiere” invitó un buen día a la cristiandad a eliminar físicamente a sus infieles en la primera Cruzada e invadir, sin mandato de ninguna ONU de entonces, los santos lugares. Al fin y al cabo, estos fundamentalistas del Islam sólo son alumnos aventajados de los papas predecesores que les impartieron la lección magistral del odio contra el que no milita en su iglesia. A matar infieles porque dios lo quiere, y de paso, violar hasta la muerte a sus mujeres.

¡Ay va!, ahora que lo pienso, la misma orden que Bush recibió de dios al oído antes de invadir Irak.

Ya ves, Pepe Polémico, has ganado la apuesta. Hay un número inmenso de probabilidades de que detrás de una guerra injusta se encuentre siempre una iglesia o una derecha montaraz. Una de las dos, o las dos en fértil alianza. Casi nunca falla. Así que te la has ganado, aunque jugabas con ventaja, bribón: para ti la perra chica.