15 Feb 2007

Vienen días muy imaginativos

01:22, por Manolo Saco  

La guerra global contra el terrorismo internacional alcanza hoy uno de sus hitos: comienza el juicio oral por la matanza del 11-M, una de las cusas más complejas y documentadas (en peso en balanza de los folios del sumario) de nuestra historia judicial.

Vienen días monotemáticos, me temo, porque vamos a asistir a dos juicios paralelos, uno en la Casa de Campo de Madrid, y el otro en los medios de comunicación, alineados los unos con las teorías conspiranoicas , y los otros con la letra del sumario oficial. Hoy mismo cada periódico cavaba su trinchera y fijaba las lindes del frente de batalla: El País, en su portada, lee el informe de los peritos sobre los explosivos como la confirmación de que los utilizados para el atentado procedían de la trama asturiana, y que nada tienen que ver con los que suele usar ETA. El Mundo, habla de restos de DNT, sustancia explosiva que también se encuentra en la utilizada por los etarras (todavía no ha aparecido el misterioso ácido bórico), y el ABC, con el “corasón partío” en la gran causa conspirativa de la derecha, niega la línea del diario de Pedrojota en venganza por la otra guerra particular existente entre ellos, por causa del robo de lectores por parte del diario de la extrema derecha al diario monárquico de la derecha de toda la vida. En fin, un lío.

El ambiente en la calle, el debate entre la paranoia y la sensatez, goza por fortuna de mejor salud. Según el Pulsómetro de la cadena SER de ayer, sólo un 29% de los encuestados sigue creyendo que ETA puede estar detrás de los crímenes de Atocha. ¿He dicho sólo? Bueno, creo que no aplicaríamos jamás ese adverbio a que “sólo” el 29% de los adultos españoles cree en el Ratoncito Pérez, por ejemplo, así que lo mejor sería decir que después de todas las evidencias “todavía” un 29% de los encuestados sospecha que la policía judicial, científica, jueces instructores, fiscales, y demás aparatos del estado tienen perfectamente sincronizada su maldad para urdir una de las mentiras más compactas y mejor entretejidas de cuantas hayan existido en la novela negra.

Recuerdo en este punto que todavía dos años después de haber entrado en guerra en Irak, el 60% de los norteamericanos creía firmemente que se habían encontrado las dichosas armas de destrucción masiva. No existe método más perverso y eficaz para mantener desinformada a la población que hacerle creer que aquello que leen y oyen es información, como esas poblaciones del tercer mundo que piensan que el agua turbia y contaminada que beben es agua potable.

Todo ayer respiraba batalla global contra el terrorismo, movilización que incluso alcanzaba de refilón a su más consumado campeón, el hombrecillo insufrible, peregrino de su sabiduría allá por tierras de Georgetown, que al enterarse de que periodistas españoles estaban dispuestos a hacerle preguntas incómodas sobre la visita de los policías españoles a Guantánamo cuando él gobernaba, canceló la entrevista que había concertado con una periodista local. Aznar no sabe ni quiere saber, y menos explicar por qué precisamente él, que había sentado la doctrina de que en la lucha contra el terrorismo no existen atajos… había sido seducido por sus encantos a escondidas de todos nosotros.

Hizo mutis porque también deseaban preguntarle los periodistas desleales su opinión acerca de que el Parlamento Europeo hubiese censurado los vuelos siniestros de la CIA (1.245, nada menos) que su gobierno aprobó, en los que se secuestraba y torturaba a los terroristas globales, fueran ciertos o ficticios, con la connivencia y los ojos y narices tapados de muchos gobiernos, vuelos que tenían su destino final en el infierno de Guantánamo.

En esta tensión transcurren las horas previas al macro juicio del 11-M. Os prevengo: serán días muy desagradables, donde cualquier adjetivo, palabra, verbo, frase entera o insinuada, mirada o mueca de dudosa factura, o un simple suspiro serán exprimidos, retorcidos, torturados, si es necesario, hasta que digan la verdad, su verdad (¡queremos saber!): que todo fue una confabulación entre ETA y el Psoe para que el PP no ganase las elecciones. Si pensabais que con el ácido bórico y la Orquesta Mondragón lo habíais visto todo, tened paciencia, porque vienen días de gloria para la infamia. Eso sí, muy imaginativos.

14 Feb 2007

Un caballo diseñado en asamblea

00:53, por Manolo Saco  

Ayer este blog se atuvo a los principios clásicos de creación de una novela colectiva. Alguien (yo) puso en escena, en la primera página, al asesino (Iñaki De Juana) y a los jueces que le juzgan, pero a partir de la tercera o cuarta página, según se iban sucediendo las noticias del exterior de esta nuestra existencia virtual, el relato tomaba otro rumbo, una vida propia, que dejaba ver al menos dos cuestiones importantes: que el asunto inicial del etarra De Juana ya no da más de sí, y que la agilidad y prontitud de los periódicos digitales, como éste donde está alojado mi blog en una esquina, hacen que a media mañana los diarios impresos parezcan historia, más que periodismo.

Comenzaba la mañana con la noticia del diario El País sobre la colaboración del “régimen de Aznar” con ese limbo de ilegalidad que es el Guantánamo de su amigo Geooooorge. Tomaba el hilo en la Cadena Ser Pilar Manjón, la presidenta de la Asociación 11-M de Afectados por el Terrorismo, que volvía a ponernos un nudo en la garganta. Dijo una frase que hará historia, refiriéndose a cuantos medios se han apuntado a la teoría conspiranoica para tapar o justificar las miserias del PP en los días anteriores a las elecciones generales que acabó perdiendo: “Vendidas quedan las conciencias de quienes por vender más periódicos insultan a las víctimas”. Y sobre el testimonio en el juicio de tres etarras, que compartieron celda con algunos islamistas, Manjón se preguntaba: “¿Por qué se acepta el testimonio de asesinos y no de dos mandatarios que podían haber aportado algo?”, refiriéndose a Aznar y a Acebes, por entonces Ministro del Interior.

El relato lo tomó al vuelo uno de nuestros contertulios para preguntarse cuándo acabará Aznar en manos del Tribunal Penal Internacional, y cuando la cosa prometía una buena meditación sobre los límites de la responsabilidad penal de los actos de los gobernantes… resulta que Rajoy dijo “coño” y la actualidad tomó otro quiebro. Dijo coño, que es como decir caca, pedo, culo, pis en boca de un político tan discreto y educado como es nuestro registrador. Y es que, coño, alguien le había preguntado por una cuestión estúpida, del pasado, cuando la oposición sólo debe dirigir su limpia mirada hacia el futuro: “¿Cuando piensa pedir perdón por lo de Irak?”

Uno de vosotros, jugando con las palabras (las palabras son como las armas, las carga el diablo) acuñó el acrónimo ATA, un nuevo grupo terrorista formado por Aznar, Trillo y Acebes, un trío que según El País amparó y colaboró con la tortura, al margen de los jueces que tanto aman intermitentemente, de los marroquíes presos en Guantánamo. Y de ahí pasamos a la banda de los cuatro (Aznar, Zaplana, Acebes y Rajoy), el AZAR o RAZA, que es más nuestro, más nacional, más recio, más patriótico.

Y entre medias, como un aderezo o un aperitivo de los días de risas que nos esperan, el nuevo ministro de Justicia, Mariano Fernández Bermejo, continuaba poniendo de los nervios a la extrema derecha que gobierna el PP, con un mensaje claro de que no pueden continuar utilizando el poder judicial, el joder pudicial, para hacer política. Y si no, ayer mismo teníamos una muestra más de sus temores con una nueva actuación del Tribunal Superior de Justicia del País Vasco que volvía a rechazar los recursos de súplica presentados por el PSE-EE y la fiscalía en la causa abierta contra Patxi López y Rodolfo Ares por la reunión que mantuvieron con la ilegalizada Batasuna, a pesar de la jurisprudencia reciente del Tribunal Supremo.

En fin. Fijaos cómo comenzó el día y cómo “acabó acabando”. Yo había colocado un asesino en una cama, y vosotros le disteis pronto la espalda, lo dejasteis pudriéndose allí, y os fuisteis de juerga con la vida “analógica” de ahí afuera según iban saltando las liebres de las noticias. Es la grandeza de este nuevo instrumento del periodismo digital, elaborado, pensado y repensado entre todos, profesionales y lectores. En el mundo del diseño esto tiene un nombre: se dice que “un camello es un caballo diseñado en asamblea”. Entre todos habéis hecho ayer en esta asamblea un hermoso camello, siempre más divertido, barroco e imprevisible que el caballo inicial.

13 Feb 2007

La venganza no está escrita en el Código Penal

00:36, por Manolo Saco  

Acebes se siente traicionado. La sonrisa de Ángel que el otro día iluminaba su cara al conocer la noticia de la recusación de Pérez Tremps se le ha petrificado ayer tras la decisión del supremo de rebajar a 3 años la pena a De Juana Chaos (que no Chaves, Manolito) por el delito de amenazas. Estará considerándolo una traición porque se supone que la derecha jugaba en terreno amigo, en un tribunal en el que forman mayoría abrumadora los conservadores.

Yo tengo la teoría de que a De Juana le ha salvado el despropósito y el ridículo de la actuación de los magistrados del Constitucional, pues sus señorías del Supremo quizá se dijeron para sus adentros que dos aberraciones jurídicas seguidas, o si lo preferís, contra el sentido común, podían provocar una difícil digestión en una sociedad que ya les está perdiendo el respeto.

Llegado a este punto, me veo en la obligación de decir una obviedad, dirigida a los seguidores del pensamiento simple: De Juana Chaos me parece un tipo despreciable, y me gustaría que le cayeran encima todos los años de cárcel que quepan en un código penal civilizado. Aviso, pues, para navegantes: estas son mis credenciales ideológicas sobre lo que pienso de los terroristas. Dicho esto, quiero añadir que me alegro de que la pena impuesta a De Juana se haya reducido a 3 años, y no por el destino del asesino, del que no me cabe ni un gramo de piedad, sino por la salvaguarda del estado de derecho, que tan difícil nos lo están poniendo últimamente los jueces de partido.

Porque el sentido común, aún en las dosis más ínfimas, nos hace ver que si por un delito de amenazas le pueden caer a un reo 12 años, ¿qué habría que hacer con él por ocho asesinatos, con la agravante de mofa despiadada de sus víctimas? La AVT, personada en la causa como acusación, solicitaba 90 años de pena. Como siempre, esa asociación de víctimas del PP no pedía justicia, sino venganza, una forma de cobrarse los años que a su juicio no había cumplido De Juana por sus anteriores crímenes. Si se le condenaran a 90 años por un delito de amenazas, ¿cuántas penas de muerte serían necesarias sobre el acusado para conseguir una proporción de las penas, una de las columnas vertebrales de los estados de derecho? ¿Condenar a muerte a De Juana Chaos y después entregar su cuerpo a Alcaraz para que lo fuese fileteando y alimentando a sus perros y a su odio poco a poco? Aún así, ¿estaría saciada su sed de venganza?

Sólo me alegra, pues, que el Supremo, por convicción o por miedo al ridículo (nunca lo sabremos), haya dictado su sentencia desde la autoridad de un código escrito, y no desde el rencor que media España se empeña en extender sobre la otra.
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Meditación para hoy: He oído por la radio una noticia inquietante. Parece ser que esta semana se va a presentar un nuevo sistema para sacar dinero del cajero automático sin necesidad de tarjeta, aunque desgraciadamente todavía es necesario tener saldo en la cuenta, lo que resta un poco de efectividad al invento. Como las tarjetas de crédito son fáciles de falsificar, y los cacos esconden cámaras diminutas, perfectamente camufladas, para copiar nuestro código secreto, una empresa ha inventado el cajero que nos reconoce, no por un algoritmo impreso en la banda magnética de un plástico, sino por nuestra huella dactilar. Pones el dedo corazón sobre un escáner, y el artefacto ya sabe de inmediato quién eres y cuánto vales. Y aquí llega mi preocupación. Como los delincuentes van siempre un paso por delante, cabe la posibilidad de que las mafias organizadas pongan de moda algo así como el secuestro exprés, el de la american express: justo el tiempo suficiente para amputarte un dedo, conservarlo entre cubitos de hielo, y vaciarte con él la cuenta corriente mientras tú pierdes el tiempo, como un jilipollas, intentando cortar la hemorragia. ¡Ahgg!

12 Feb 2007

“¿Qué pasaría si nunca pasara nada?”

00:29, por Manolo Saco  

Ese es el lema de la campaña de propaganda perpetua del ayuntamiento de Madrid para justificar por qué pasan tantas cosas en la capital de España, y ninguna buena. Es la forma sutil elegida por los publicistas de Ruiz Gallardón para explicar el por qué de tanta obra faraónica: si nunca pasara nada, la vida (municipal) sería un hastío. Así que cuando los sufridos madrileños vemos cómo hay que clausurar un túnel por inundación, inaugurado tres horas antes, o cómo una calle peatonal, como la del Arenal, aledaña a la Puerta del Sol, está destrozada al mes de su inauguración, o cómo te quedas atrapado un día sí y otro también entre dos estaciones de Metro, no tenemos más remedio que preguntarnos: ¿qué pasaría si Ruiz Gallardón y Esperanza Aguirre dejasen de poner sus manos pecadoras sobre Madrid?

¿Qué pasaría si nunca pasara nada? Pues sería terrible para el Partido Popular porque se quedarían sin guión para ejercer la oposición. Porque si la analizáis con detenimiento veréis que el PP hace una oposición, digamos de mercado, como la buena gastronomía: en primavera, cerezas; en otoño, manzanas; tomates en verano; naranjas en invierno; Torta del Casar en primavera… Vamos a ver qué hay hoy: un barco encallado en Cádiz que ha contaminado un kilómetro de playa… Humm… podría ser un Prestige pequeñito. Veamos, un presunto homicida que se presentó a alcalde en las listas del PSOE y mató al alcalde del PP… Humm… Zapatero, asesino. A ver, a ver…

Para esta semana lo que ha encontrado en el mercado de “las cosas que pasan” es la futura Ley de Prevención del Consumo de Alcohol que está preparando el ministerio de Sanidad, una Ley con muchas aristas, en la que hay que conjugar desde los intereses económicos de los bodegueros, la ingente mano de obra que ocupa el sector de la viticultura, y la salud de la población, sobre todo su estrato más vulnerable, los adolescentes. Pero cuando se trata de hacer oposición sobran los matices, hay que presentar las simplezas como argumentos simples.

Por ejemplo, he visto ayer en el telediario a Rajoy haciéndose la foto con un grupo de bodegueros, copa de tinto en mano, brindando por la nueva línea de oposición que nos tendrá ocupados los próximos días hasta que el comienzo del juicio del 11-M tome el relevo y lo fagocite todo con su mierda conspiranoica. Por lo contentos que parecían estar los bodegueros en la foto, no sé si les ha prometido que cuando gobierne él se sustituirá por decreto el bocata en el recreo por un chupito de vino, pero sí sé que apenas tardó unos minutos en censurar a la ministra “prohibicionista”, como ya antes había hecho Esperanza Aguirre con su objeción de conciencia a la ley del Tabaco.

Es el credo de la derecha neoliberal: primero está la libertad de mercado, queridos niños, y después la salud de la población. Decía Rajoy ante su audiencia liberal, más o menos, que quería “una España con más libertad, donde no se moleste a los ciudadanos…” Molestias como poner más radares en carretera, velar por los derechos de los no fumadores, tratar de impedir que nuestros hijos lleguen a gatas a casa en la madrugada del domingo, empapados en un mal beber y peor alcohol…

Desde mi condición de buen aficionado al vino, creo que el sector se merecería un análisis más sosegado que el de estos patriotas de mercado, porque se trata de economía y porque se trata de cultura. El vino supone el 0,65% del PIB español (el presupuesto aproximado de la Iglesia), da trabajo en el sector industrial a unas 15.000 personas y ocupa a más de 330.000 viticultores. Es, además, un valor en alza en la exportación, vital para una economía como la nuestra con una balanza de pagos deficitaria.

Y es un bien cultural a defender con uñas y dientes, pues el vino en España, país que atesora con Francia e Italia los mejores del mundo, está perdiendo cuota de mercado en favor de otras bebidas, como la cerveza. Cada día se bebe mejor vino (la enología española cambió en quince años más que en todo el siglo anterior) pero menos cantidad, fruto de los cambios en los gustos generacionales y las campañas contra el alcohol en la conducción.

Pero para las autoridades sanitarias, el vino es también, además de fuente de riqueza, fuente de problemas para la salud cuando no se hace un consumo responsable. Para la Organización Mundial de la Salud (OMS,) el vino es un alimento, no una droga, aunque con un componente peligroso si se abusa de él, lo que le convierte en un alimento muy especial. Hace unos días, varias asociaciones de médicos salieron en defensa de la futura Ley, en lo que respecta a la salvaguarda de la salud de los adolescentes, pues es “una de las bebidas de mayor consumo entre los menores durante los fines de semana, sola o mezclada con refrescos”. El vino, compañero inseparable del botellón, es barato y fácil de adquirir, por lo que debería llevarse a cabo una “restricción sobre la publicidad para proteger a los menores y adolescentes de los estímulos publicitarios a los que son especialmente sensibles”.

Admitido que el alcohol en exceso puede causar unos efectos devastadores e irreversibles en el cerebro de los adolescentes, para los defensores del vino -entre los que me cuento- como patrimonio de la humanidad (nuestros misioneros extendieron la vid por todos los confines del planeta, con más éxito que sus prédicas) es imprescindible no demonizarlo, sino, al contrario, enseñar a consumirlo con cabeza, como fuente de placer y como alimento. Y no somos pocos los que pensamos que extender el consumo de vino moderado entre la juventud podría tener un efecto tapón en la utilización de otras bebidas de alta graduación alcohólica, contempladas éstas más como bebidas euforizantes que como placer de gourmet.

Por lo que sé, en el ministerio han considerado tener en cuenta todas las demandas de los elaboradores para no dañar un sector económico tan sensible y de tanta repercusión en el mercado de trabajo. Pero también mantienen la lógica firmeza, como no podía ser menos, en la defensa de la salud de los menores de edad.

Un asunto delicado, un buen test para examinar la cintura política de los dos ministros a los que concierne, razón por la que no se puede intentar resolverlo con argumentos simplones, como una bandera más de oposición, tal como hizo ayer lamentablemente Mariano Rajoy en su baño de vino y multitudes, en ese mar de vinos que es La Mancha.

10 Feb 2007

Los políticos buenos son los profetas del pasado

02:00, por Manolo Saco  

Aunque parezca mentira, la civilización, y con ella la cultura -y la agricultura-, nació hace miles de años en los territorios comprendidos entre el Éufrates y el Tigris, justo donde hoy se está librando una guerra civil incivilizada. La Historia gusta de estos sarcasmos. Yo escribí hace años, cuando vi a los norteamericanos ocupando las calles de Bagdad, la extraña impresión que me provocaba la imagen de un marine subido a un carro de combate, bailando provocadoramente, declarando a grito pelado, fusil en mano, su amor por los Estados Unidos, la patria del que se soñaba emperador llamado por dios para civilizar el país mediante la fuerza de las armas. Me costaba creer que aquel guerrero tan primario pudiera estar allí en misión de salvador de civilización alguna.

De aquella Mesopotamia primigenia, Grecia tomaría el relevo civilizador, miles de años después, con un impulso que con los siglos llegaría incluso hasta el condado de Texas, la cuna de George W. Bush. Y de entre todas las artes que alumbró Grecia, nacía una que fue desde entonces el compendio de las buenas y las malas artes del ser humano: la política, o sea, el gobierno de la “polis”, de la ciudad, ingenio imprescindible para que hombres y mujeres podamos vivir en comunidad sin llegar a las manos al menor conflicto, pero que, a fuerza de adulterarlo y de utilizarlo en provecho propio, ha llegado a tener muy mala prensa.

Franco, que se apropió de la política por la fuerza de las armas, la despreciaba. Es famosa su sentencia cínica al aconsejar a un director general: “haga como yo, no se meta en política”. No os extrañe, pues, que muchos confiesen ser apolíticos, como quien reivindica su inocencia, o que cierta clase de gente utilice la palabra política como un insulto contra sus contrincantes, como si se tratase del mal gálico o de la gripe aviar.

Es el caso de José María Michavila, ex ministro de Justicia con Aznar, quien ha dicho del próximo ministro del ramo, Fernández Bermejo: “ya es un político, como quería”, estúpida imagen, viniendo de otro político, pues, sabido es que resulta más difícil aprobar unas oposiciones a fiscal que ser ministro de Justicia, y no digamos ya presidente del gobierno, para el que se exige solamente ser español y mayor de edad. Ni siquiera es necesario ser registrador de la propiedad como piensa Rajoy en su fuero interno.

Debería aprender Michavila de la fuente de la sabiduría, su ex presidente, animal político hasta las trancas, esa versión modernizada y puesta al día de aquel franquito que despreciaba la cosa pública. Aznar, aunque se declara tonto por no haber sospechado que en Irak no había armas de desinformación masiva, o como se llamen, llegó a profesor emérito de política internacional, y no sólo no habla con ese desprecio de su asignatura sino que la ama por encima de todas las cosas hasta el punto de que impregnó de ella toda la vida pública mientras gobernó.

Cierto que no acertó ni una, ni en su análisis de la situación de Irak, ni en todos los males que anunció para España si ganaban los socialistas. Pero como él es profesor, y muy leído, aprendió de Winston Churchill, al que seguramente admira, que no importa errar en el diagnóstico, pues los políticos buenos son los profetas del pasado, y no los del futuro. “El político -decía el inglés- debe ser capaz de predecir lo que va a pasar mañana y el año que viene; y de explicar después por qué no ocurrió lo que él predijo”.

Y para esos menesteres, el oráculo de Génova 13 rue del Percebe es insuperable.

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