Vienen días muy imaginativos
La guerra global contra el terrorismo internacional alcanza hoy uno de sus hitos: comienza el juicio oral por la matanza del 11-M, una de las cusas más complejas y documentadas (en peso en balanza de los folios del sumario) de nuestra historia judicial.
Vienen días monotemáticos, me temo, porque vamos a asistir a dos juicios paralelos, uno en la Casa de Campo de Madrid, y el otro en los medios de comunicación, alineados los unos con las teorías conspiranoicas , y los otros con la letra del sumario oficial. Hoy mismo cada periódico cavaba su trinchera y fijaba las lindes del frente de batalla: El País, en su portada, lee el informe de los peritos sobre los explosivos como la confirmación de que los utilizados para el atentado procedían de la trama asturiana, y que nada tienen que ver con los que suele usar ETA. El Mundo, habla de restos de DNT, sustancia explosiva que también se encuentra en la utilizada por los etarras (todavía no ha aparecido el misterioso ácido bórico), y el ABC, con el “corasón partío” en la gran causa conspirativa de la derecha, niega la línea del diario de Pedrojota en venganza por la otra guerra particular existente entre ellos, por causa del robo de lectores por parte del diario de la extrema derecha al diario monárquico de la derecha de toda la vida. En fin, un lío.
El ambiente en la calle, el debate entre la paranoia y la sensatez, goza por fortuna de mejor salud. Según el Pulsómetro de la cadena SER de ayer, sólo un 29% de los encuestados sigue creyendo que ETA puede estar detrás de los crímenes de Atocha. ¿He dicho sólo? Bueno, creo que no aplicaríamos jamás ese adverbio a que “sólo” el 29% de los adultos españoles cree en el Ratoncito Pérez, por ejemplo, así que lo mejor sería decir que después de todas las evidencias “todavía” un 29% de los encuestados sospecha que la policía judicial, científica, jueces instructores, fiscales, y demás aparatos del estado tienen perfectamente sincronizada su maldad para urdir una de las mentiras más compactas y mejor entretejidas de cuantas hayan existido en la novela negra.
Recuerdo en este punto que todavía dos años después de haber entrado en guerra en Irak, el 60% de los norteamericanos creía firmemente que se habían encontrado las dichosas armas de destrucción masiva. No existe método más perverso y eficaz para mantener desinformada a la población que hacerle creer que aquello que leen y oyen es información, como esas poblaciones del tercer mundo que piensan que el agua turbia y contaminada que beben es agua potable.
Todo ayer respiraba batalla global contra el terrorismo, movilización que incluso alcanzaba de refilón a su más consumado campeón, el hombrecillo insufrible, peregrino de su sabiduría allá por tierras de Georgetown, que al enterarse de que periodistas españoles estaban dispuestos a hacerle preguntas incómodas sobre la visita de los policías españoles a Guantánamo cuando él gobernaba, canceló la entrevista que había concertado con una periodista local. Aznar no sabe ni quiere saber, y menos explicar por qué precisamente él, que había sentado la doctrina de que en la lucha contra el terrorismo no existen atajos… había sido seducido por sus encantos a escondidas de todos nosotros.
Hizo mutis porque también deseaban preguntarle los periodistas desleales su opinión acerca de que el Parlamento Europeo hubiese censurado los vuelos siniestros de la CIA (1.245, nada menos) que su gobierno aprobó, en los que se secuestraba y torturaba a los terroristas globales, fueran ciertos o ficticios, con la connivencia y los ojos y narices tapados de muchos gobiernos, vuelos que tenían su destino final en el infierno de Guantánamo.
En esta tensión transcurren las horas previas al macro juicio del 11-M. Os prevengo: serán días muy desagradables, donde cualquier adjetivo, palabra, verbo, frase entera o insinuada, mirada o mueca de dudosa factura, o un simple suspiro serán exprimidos, retorcidos, torturados, si es necesario, hasta que digan la verdad, su verdad (¡queremos saber!): que todo fue una confabulación entre ETA y el Psoe para que el PP no ganase las elecciones. Si pensabais que con el ácido bórico y la Orquesta Mondragón lo habíais visto todo, tened paciencia, porque vienen días de gloria para la infamia. Eso sí, muy imaginativos.
