12 Oct 2006

El champán, como la venganza, debe tomarse frío

00:03, por Manolo Saco  

Bono les ha dejado con el culo al aire. ¿Qué ocurrió en las pocas horas que median entre el sí quiero y el no puedo aceptar por coherencia política? ¿Se sintió abrumado por los informativos de las televisiones y radios en los que le redcordaban con qué contundencia se había negado anteriormente a aceptar ser el candidato para la alcaldía de Madrid? ¿Recibió una llamada telefónica de su amigo Ruiz Gallardón recordándole que tenían un pacto verbal de no agresión?
En cualquier caso ha sido la crisis más gratuita y estúpida en la que se ha podido meter el Partido Socialista sin que nadie se lo pidiera. Unos, por sacar de la nevera el champán (¿o el cava?) cuando todavía no estaba lo suficientemente frío. Y Bono… creo que con esa manera de desautorizar a sus compañeros de partido, dejándolos en un inmenso ridículo, ha tirado por la borda buena parte de su capital político.
Ya nada volverá a ser igual para él. La peor imagen que puede dar un político es la de padecer inestabilidad emocional, pues los políticos ciclotímicos crean inseguridad en sus votantes. Hubiera quedado como un príncipe, con una imagen de coherencia a rentabilizar el día de mañana, si hubiese mantenido su negativa con firmeza. ¿Por qué, de pronto, hace creer a todos que sí, que acepta la alcaldía como animal de compañía, y se desdice al cabo de unas horas, de malas maneras, sin dar una explicación pública?
Así que, como decíamos anteayer, el PSOE tiene nuevamente un problema con la alcaldía de Madrid. Bueno, ahora dos. Un problema redoblado. Porque el próximo candidato lo será de rebote, el suplente, el plan B, la salida desesperada y, probablemente, errónea. Creo que el cava (¿o champán?) de los populares está ya lo suficientemente frío como para celebrarlo.
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(Meditación para hoy: La inflación cae ocho décimas en septiembre, hasta el 2,9% interanual, la primera vez que esto ocurre en un septiembre en 30 años. Pues bien, ahora que la teoría de la conspiración del 11-M va perdiendo fuste por culpa de Garzón, se me ocurre una nueva teoría conspirativa para alimento del diario El Mundo: Titular “Exclusiva: El IPC está manipulado. Varios elaboradores de las encuestas del IPC confiesan haber sido obligados por Solbes a falsear los precios. En realidad la inflación ha subido un 17%”. Con los sueldos que cobran estos funcionarios y colaboradores, no sería difícil encontrar a alguno dispuesto a contar la guerra civil por la mitad de lo que cobra Trashorras.)

11 Oct 2006

El efecto Bono

00:39, por Manolo Saco  

Bueno, consumatum est. Cuando acabe la escenificación de rigor (“de verdad que yo no quería”, “estoy a disposición de lo que me pida el partido”…) nos comunicarán ¿hoy? ¿mañana? que José Bono acepta ser candidato a la alcaldía de Madrid, con permiso de Rafael Simancas que es quien hace las listas, oficialmente al menos, en la Federación Socialista Madrileña.
Después de haberse hecho querer durante meses, después de haberse descartado a sí mismo más de tres y cien veces por su falta de idoneidad, cayó deslumbrado por el poderoso influjo de las encuestas. Ni Zapatero, ni Fernández de la Vega: las encuestas son las que están a punto de convencerle de que ya había hecho el suficiente paréntesis de vida privada y que era hora de volver a la batalla política. Al parecer, según los sondeos manejados por Pepiño Blanco, Bono podría sacarle a Ruiz Gallardón 10 puntos si las elecciones se celebrasen hoy, con el posible efecto colateral, el efecto Bono le llamaremos de ahora en adelante, de robarle para el partido socialista un número decisivo de votantes de la ultraderechista Esperanza Aguirre, la presidenta de la Comunidad. Hasta aquí la noticia.
Pero yo, al hilo de esto, quería proponeros una meditación. Los sondeos de opinión son hoy un instrumento cotidiano, tanto al servicio de la mercadotecnia de las grandes empresas como de las organizaciones políticas. Es una manera de tomar el pulso de los deseos de los clientes/ciudadanos para que el producto o el mensaje político guarden una mejor sintonía con sus necesidades (a veces se utilizan perversamente para crear esas necesidades, pero ese es tema para otro día, si os parece).
A menudo oigo hablar sobre si es ético gobernar con las encuestas en la mano, como si los sondeos de opinión, carísima información privilegiada que podría rozar el ventajismo contra el adversario, fuesen más un instrumento de manipulación de la realidad que una guía para administrar la cosa pública con mayor acierto.
Confieso ahora mismo que no tengo una idea muy formada, pero creo que las nuevas tecnologías (la encuesta científica es un instrumento moderno) deben estar al servicio de la información, y si alguien tiene que estar bien informado sobre nuestros deseos son precisamente los gobiernos, porque para eso los mantenemos. Lo malo es cuando los gobiernos interpretan nuestros deseos bajo su propio “filtro de confirmación” y deciden que, por ejemplo, hay que ir a la guerra de Irak porque es bueno para nosotros, aunque nosotros no lo sepamos, contra la estúpida opinión mayoritaria expresada en unas encuestas que no encajan en su ideario político.
Ahora que la humanidad se acerca inexorablemente al voto electrónico generalizado, con un futuro en el que podremos votar en tiempo real desde nuestros teléfonos móviles, pongamos por caso, creo que no deberíamos hacerle ascos a que los sondeos adquirieran un peso fundamental en la planificación política y social. La Ilustración, ante la falta de instrumento tan útil, predicaba el derecho de los gobernantes ilustrados a interpretar y decidir qué era bueno y justo para sus administrados. Era el voto de calidad, el único posible. Pero no entiendo por qué en las democracias modernas “gobernar con las encuestas” tiene tan mala prensa.
Precisamente, en nuestra historia más reciente, si el PP hubiera sido más respetuoso con los estados de opinión, hoy estaría gobernando.
A muchos os habrá parecido una conclusión descorazonadora, pero miradlo desde este otro lado: ello querría decir que ahora tendríamos otro PP muy distinto, un Partido Popular que estaría haciendo de los deseos de la mayoría su filosofía de buen gobierno, y no aquel encadenamiento de patrañas que le precipitó a la oposición, donde dios ha de guardarle durante muchos años. Si dios quiere.
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(Meditación para hoy: hablando de esas patrañas. El hombrecillo insufrible acaba de insistir, en una entrevista a un diario holandés, que el 11-M fue ejecutado por islamistas, pero que “la idea, los objetivos y los recursos procedían de España”. Es el ejemplo del patriota ilustrado que sigue pensando que los demás somos idiotas.)
(Segunda meditación para hoy: un grupo de jóvenes, al parecer independentistas, zarandeó y abucheó a Acebes y Piqué cuando se disponían a asistir a un mitin en Barcelona. Desde aquí mi solidaridad con ambos, porque las ideas sólo se deben combatir con las ideas. Y un consejo a los policías que hayan detenido a los agresores: que recuerden lo que les ocurrió a los policías que detuvieron a los militantes del PP que agredieron a Bono…)

10 Oct 2006

Un candidato para Madrid, por favor

00:15, por Manolo Saco  

El PSOE tiene un problema con su candidatura para la alcaldía de Madrid. En todas las encuestas que maneja, sus posibles contrincantes pierden la batalla por goleada ante Alberto Ruiz Gallardón. Por eso, con mucho tiempo para que se difuminaran los motivos reales, se quitaron de en medio a la precandidata natural, Trinidad Jiménez, nombrándola secretaria de Estado para Iberoamérica, de reciente invención. Camino despejado, pues, para buscar otro candidato. ¿Cuál?
Para los que no viváis de cerca el circo político madrileño quisiera haceros unas pocas consideraciones sobre el contrincante a batir, el alcalde de Madrid, el político del PP más odiado por la extrema derecha que gobierna su propio partido y el más respetado por la derecha del PSOE. Su votante natural fluctúa, pues, entre los conservadores de toda la vida, ejemplo de triunfador, de brillante carrera política, la encarnación perfecta del político centrista. Una imagen subrayada por una sonrisa poderosa que esconde ese lobo de la derecha genética y visceral que padecen sus subalternos, inaccesible, orgulloso, soberbio hasta el ridículo de colocar el famoso timbre para anunciar que no quiere encontrarse con nadie por los pasillos, y mucho menos compartir espacio en el ascensor. Para los votantes de centro (de cuando el centro estaba en el centro), una clase media que supone un número decisivo en las urnas, es su candidato natural… y la derecha, incluida la extrema, no tiene a otro a quien votar.
Por si fuera poco, las encuestas le dan ganador, a pesar del estado de nervios en que ha sumido a los habitantes de la ciudad con los decibelios, zanjas, calles cortadas, de sus obras faraónicas y simultáneas. Esa es la parte inexplicable para los expertos en demoscopia y para sus contrincantes políticos: la capacidad de aguante de los habitantes de esa ciudad invivible, como si lo consideraran un mal menor. Hasta los medios de comunicación afines al PSOE (pongamos que hablo de El País) tratan al personaje con guante de seda, como buenos colegas que se deben favores mutuamente.
Así las cosas, todas las miradas del PSOE convergen en otro centrista, un cordero vestido de verdad con piel de cordero, católico, de verbo populista, capaz de hacerse un hueco en el corazón de la derecha moderada y del ejército, tras la restitución de la verdad en la identificación de las víctimas del accidente del Yak-42. José Bono debe de estar pasando estos días las de Caín, con su amor bajo presión dividido entre la lealtad a ZP y el miedo cerval a la capacidad de arrastre de su contrincante Ruiz Gallardón. Los socialistas saben que ese es el único perfil con posibilidades de presentar batalla con cierta garantías de triunfo, pero gente así entre sus filas se pueden contar con los dedos de una oreja. Un perfil como el del ex alcalde de La Coruña, católico y de centro, ocupado hoy en poner paños calientes en las relaciones entre España y el Vaticano. Un perfil como el de María Teresa Fernández de la Vega, con tan buena mano izquierda entre la derecha, incluida la Conferencia Episcopal, si no fuera porque no son tiempos de ir desvistiendo santos para vestir a otros.
No sé por qué, pero en estos casos desesperados, cuando fallan los planes lógicos se acaba tomando la peor solución, se suele caer en la tentación de presentar un nombre de relumbrón, sacado de su contexto, como ocurrió en aquel día lejano en que Felipe González quiso encandilar al juez Garzón.
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(Hablando de Roma, primera meditación para hoy: un forense turco del caso Yak-42 cuenta en unas declaraciones a un periódico que “un viceministro de Defensa y unos generales españoles” presionaron a los forenses para que asumieran la culpa de aquella monumental mentira que nos contó el gobierno de Aznar (¿cuántas van?). “Firmad este papel –asegura el forense que le pidieron los delegados españoles- para reconocer que el error es vuestro”. ¿Nos debe alguna explicación Federico Trillo?)
(Segunda meditación para hoy: Baltasar Garzón ha anunciado su intención de denunciar a los periodistas y políticos que le han imputado un delito de prevaricación en el asunto de los peritos del ácido bórico. Ya era hora. De lo contrario, el que calla parece que otorga.)
(Tercera meditación para hoy: El Tribunal Constitucional rechaza el recurso del PP contra la devolución a Cataluña del Archivo de Salamanca, porque “la demanda carece de contenido constitucional que justifique un pronunciamiento sobre el fondo”. Tanto ruido, tanta desmesura patriotera del nacionalismo español, para esto)
(La madre de todas las meditaciones: ¡vaya “dies horribilis” el de ayer para el PP! Para olvidar. La mentira tiene unas patas tan cortas como las de José María Aznar. Aunque puede que exagere.)

09 Oct 2006

La sabiduría les persigue, pero ellos son más rápidos

00:27, por Manolo Saco  

El titular del día fue el avance de la ultraderecha en Bélgica, el corazón de Europa. Los liberales (los de verdad, no esa derechona que se ha apropiado del concepto de liberal) y, lo que es peor, los verdes, se han dado un batacazo. Puede parecer que lo que ocurra en un país tan minúsculo, con apenas peso internacional (el “gobierno” europeo vive allí de prestado) apenas tiene trascendencia en el panorama europeo, pero este resultado encierra un significado preocupante: el discurso del miedo al inmigrante, considerado como un invasor que viene a quitar el pan a los nacionales, es un recurso recurrente de la línea argumental de las derechas, y caló en buena parte del electorado belga.
En España tenemos ya brotes preocupantes, y no hablo de los grupúsculos neo nazis fichados y controlados (por ahora) por la policía, más alarmantes por su fuerza bruta que por su número. Es la derecha sociológica, la peor derecha desde la transición, a la que le explotan sospechas de corrupción por todos los ayuntamientos de España, que no encuentra donde morder en el cuerpo del gobierno en tiempos en que todos los parámetros económicos hablan de bonanza, la que ve con horror la posibilidad de una paz en Euskadi (cada asalto de kale borroka pone un brillo de esperanza en los tristes ojos de Rajoy), que no da crédito a cómo un gobierno de izquierda pacta a favor de la derecha una disparatada financiación de la Iglesia católica que ni Franco hubiera hecho mejor, una derecha que se queda sin espacios de oposición hasta el punto de aferrarse a una mentira colosal sobre el 11-M, construida con materiales de fábula, sobre una supuesta conspiración que ya empieza a darnos a todos una vergüenza colectiva, arrastrando al ridículo, si no a la prevaricación, hasta al estamento judicial.
Esa derecha es, como os decía el otro día, un animal acorralado, y busca su salida mordiendo la presa favorita de todas las derechas extremas del mundo, su alimento natural, la xenofobia, disfrazada de defensa de los intereses nacionales. Lo de la derecha belga es un mal ejemplo para la española. Sólo en ese escenario se entiende la reacción del líder de la oposición a la oferta de Rodríguez Zapatero sobre un gran consenso político en el problema de la inmigración ilegal. Para él no es más que un truco del gobierno “para lavar sus evidentes y gravísimas responsabilidades” (…) “es el viejísimo truco del boxeador sonado: cuando este Gobierno se queda sin aire es cuando se acuerda de la oposición”. Es decir, si el Gobierno no cambia el rumbo, es un irresponsable, y si pide consejo y consenso con la oposición, hay que desconfiar, es tan sólo una estrategia, un truco para aprovecharse del caudal de soluciones que esconde su oponente.
Los populares aman tan fervorosamente las teorías conspiratorias que sospechan inmediatamente de aquel que les da la razón. Debe de ser el influjo del carácter gallego de su presidente, de unos espléndidos reflejos para la sospecha. Parafraseando la pintada del mayo del 68 francés, “la sabiduría les persigue, pero ellos son más rápidos”. Así que no os extrañe que un día de estos todos los partidos políticos excepto el PP logren un amplio consenso sobre emigración, mientras los dirigentes del Partido Popular huyen velozmente de la realidad, antes de que ésta les alcance.

07 Oct 2006

Alianza de generaciones

00:53, por Manolo Saco  

En Sevilla se celebró un macrobotellón en una gasolinera durante varias horas, con el peligro cierto de que un cigarrillo mal apagado o una chispa eléctrica de un teléfono móvil provocasen una desgracia. En Granada, otro macrobotellón dejó sembradas toneladas de basura, como uno los efectos colaterales de la gran juerga, aparte de no dejar pegar ojo en toda la noche a los vecinos de la zona.
De nuevo dos maneras distintas de ver la realidad, no según el color, sino según la edad del cristal con que se mira. No vamos a inventar la pólvora aquí, como hicieron los peritos del ácido bórico, pues ya los filósofos griegos hace 2.500 años hablaban quejosamente del conflicto generacional y de la disparidad y colisión de intereses entre los jóvenes y los adultos. Hasta mi gata Teresiña está de los nervios estos días con su cachorro de dos meses, que no para de morderle la cola, acecharla en las esquinas e importunarla a la hora de la siesta.
Por eso para digerir ciertas noticias de cómo se comporta o divierte parte de esa generación para mí desgraciadamente lejana, intento colocar lentes de corrección en mi cristal de ver la realidad, atacado por la edad, como un esfuerzo por ver el mundo desde su óptica y perspectiva. Uno de los libros que más me han impactado últimamente (“Interpretar a los animales” de Temple Grandin, en RBA) es la visión de una persona autista sobre el mundo de los animales, pues los autistas, según la autora, están mucho más cercanos a los animales que las personas normales en cuanto a la percepción de la realidad. Con su lente particular, ha sido capaz de comprender un comportamiento animal que tantas veces desconcierta a los mismísimos especialistas.
Intento, pues, descifrar los motivos que llevan a toda una generación joven (bueno, no hay que generalizar) a actuar de una manera tan incomprensible para los adultos, por qué no ven el peligro de organizar una juerga, con alcohol de por medio, en una gasolinera, o por qué no comprenden el perjuicio que causan a sus convecinos o la necesidad de recoger toda la basura que genera su acampada nocturna en medio de la ciudad.
Y me digo que el macrobotellón es una nueva manifestación de convivencia entre ellos, es casi una protesta contra los precios abusivos y la pésima calidad de las copas que consumen en los establecimientos tradicionales, es una reafirmación de pertenencia a una generación, con sus problemas que los mayores somos incapaces de resolverles.
Y me digo también, que en ese barrio granadino cientos de personas mayores de sueño frágil, enfermos, niños, se ven obligados a soportar un griterío ensordecedor en una hora inoportuna, vecinos que por la mañana, al ir a buscar los churros para el desayuno deberán ir sorteando regueros de meadas, cristales rotos, bolsas de plástico, botes vacíos y vasos, abandonado todo como restos malolientes de un naufragio en la playa.
A jóvenes y mayores les pediría que nos colocáramos todos una lente de corrección para acercar posturas, de manera que, parafraseando a ZP, pudiésemos establecer una especie de alianza de generaciones donde se pactara que ni las gasolineras ni las viejas calles de las ciudades, por ejemplo, son el lugar idóneo para la gran juerga, y poder reconducir todo ese caudal de juventud desatada a lugares habilitados por los ayuntamientos.
Creo que las prohibiciones sin alternativas son inútiles y llevan irremediablemente a la confrontación generacional. Al fenómeno del botellón hay que buscarle el cauce adecuado o se desbordará, de la misma manera que no se pueden construir casas en viejos cauces de ríos, porque el día menos pensado viene la riada y se las lleva por delante.

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