Tiempos canallas
Ya lo decíamos el otro día, nos esperan tiempos canallas aprovechando que las elecciones catalanas pintan mal para la extrema derecha. Para la otra derecha, la de CiU, parece que la cosa va de cine, pero no se hablan con la españolista. Así que comienza el curso político con el PP lanzando fuego graneado desde el Congreso y el Senado, sin complejos, perdida definitivamente la vergüenza, además de la esperanza, aunque no por ese orden precisamente.
El portavoz de los populares en el Senado, Pío García Escudero, ha acusado a Rodríguez Zapatero de que, al mismo tiempo que firmaba con el PP el Pacto antiterrorista y votaba la Ley de Partidos, “ETA asesinaba a su compañero de partido Joseba Pagazaurtundúa”. Nuevamente a escena la utilización política de las víctimas del terrorismo, la inoculación del odio en la sociedad, de la representación teatral de los piadosos conservadores presentándose ante el público que tanto me quiere como los únicos que saben llorar como dios manda a las víctimas del terrorismo.
Aman tanto a las víctimas que parecen estar deseando engrosar sus filas con más afiliados. Al menos así lo entienden muchos eurodiputados, perplejos de ver cómo sus colegas españoles maquinan estos días para que no se apruebe en la eurocámara una resolución de apoyo a las conversaciones de paz emprendidas por el gobierno español. Imagino que les debe sonar a algo parecido como no querer condenar la pederastia o el robo a mano armada (del robo a mano sin armar estamos teniendo grandes ejemplos estos días).
Mariano Rajoy, desde la otra trinchera, la del Congreso, tras uno de sus memorables análisis catastrofistas a los que nos tiene tan acostumbrados, le ha vaticinado a Zapatero que “va camino de rendir el Estado democrático a una organización terrorista”. Repasemos sus grandes vaticinios incumplidos desde que perdieron las elecciones: el PSOE volverá a traernos más paro, más corrupción, más déficit público, el estatuto de Cataluña desembocará en el desmembramiento de España, la familia se disolverá con las bodas gay, y nos condenaremos todos en el infierno (bueno no lo dijo así exactamente) por el retroceso de la religión en la enseñanza. Así, a grandes brochazos. Y por si fuera poco, quienes gobiernan en realidad son los terroristas.
Lo que más me llama la atención de un lenguaje tan plano, de conceptos tan idiotas (¡quietos todos!, según el DRAE, idiota: engreído sin fundamento para ello), tan maniqueo, tenga tan buena aceptación por parte de los espectadores de la banda derecha. Y los leguajes planos fructifican en mentes planas. Ese lenguaje chulesco, de odio, como el último recurso del perdedor, tiene un reflejo inmediato en la calle. Nos quejamos del mal ejemplo que dan algunos deportistas en los campos de juego, pero los políticos, por preparación y porque nos representan, deberían ser más cuidadosos con su discurso y comportamiento público. No nos extrañen, pues, los brotes de violencia que se están viviendo ya en las elecciones al parlamento de Cataluña, que bien se merecería una reflexión sosegada por parte de los cuarteles generales de cada uno de los partidos en liza.
A Piqué y Acebes los reciben a botellazos e insultos. En un mitin, un grupo de aguerridos fascistas increpa a Carod Rovira al grito “Carod, cabrón, España es tu nación”. Fraga es abucheado en Granada en el curso de una conferencia. Y un autobús de la campaña de Josep Piqué en Tarragona ha aparecido con los cristales rotos y cubierto de pintadas. En estos ríos revueltos sabemos que históricamente quienes mejor pescan son las derechas reaccionarias, adalides del “cuanto peor, mejor” para así justificar su particular sentido del orden y de las libertades. Si la bancada del PP en el Congreso, por ejemplo, se comporta con la educación exquisita de los asistentes a una pelea de gallos, a gritos, a carcajadas, a insultos y gestos procaces, con una falta de educación sonrojante… con un ejemplo así ¿cómo podemos pedir mesura a los jóvenes que se miran en su espejo?
No os extrañe, pues, este rebrote brutal del partido de la oposición a todo, con sus mentiras y su victimismo vomitivo, su leña favorita para la hoguera de la crispación. Les queda por hacer mucho ruido de aquí al día de su naufragio en las elecciones catalanas. Paciencia, pues.
