31 Oct 2006

Educación para la ciudadanía o para el Cielo

00:12, por manolosaco  
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Parece que la asignatura de “Educación para la Ciudadanía”, la que el PP y la Iglesia (la santa alianza) calificaron como una puerta abierta al “adoctrinamiento” laico, está ya completamente perfilada. Se introducirá en el curso que viene, y será la alternativa al estudio de la Educación para el Cielo, también llamada Religión.
Nos contaban hoy en el diario El País que uno de los sapos que tendrá que tragar la santa alianza es la inclusión en su texto de la descripción de las distintas familias “en el marco de la Constitución”, es decir, las homosexuales o las formadas por parejas de hecho.
También es cierto que mientras los niños, cuyos padres hayan elegido la religión para la formación de sus almitas, estudian aquello del fruto prohibido del árbol del bien y del mal, la mujer que nace de una costilla del varón, el diluvio universal, el dios que son tres aunque es uno, y la madre de uno de ellos que era virgen pero que fue inseminada por uno de los otros dos, al que representan como una paloma, mientras el cornudo de su marido en la Tierra, un santo varón, carpintero de profesión, pasó a la historia como Padre Putativo, o sea PP (vapordiós, también San José era del partido)… digo que mientras estos niños estudian saberes tan provechosos para su futuro, los demás perderán el tiempo estudiando los deberes y derechos ciudadanos, los valores democráticos y los compromisos como ciudadanos de un mundo globalizado, entre otras cosas.
Por si esto ya es poco tremendo, los profesores de Educación para la Ciudadanía serán contratados por el Estado, y estarán sujetos al estatuto de los trabajadores. Sus causas de despido serán las mismas que se contemplan para los profesores de química o de latín.
Los de religión no, aunque también los pagamos entre todos. Según el último borrador de real decreto que regula la relación laboral de estos profesores, las confesiones religiosas serán las que propongan a los docentes y las que podrán retirarles su confianza, lo que se considerará como causa inmediata de despido. ¿Y cuáles han sido hasta ahora los motivos para retirar esa confianza? Pues no el nivel de conocimientos o de capacitación para la enseñanza por parte de los profesores sino su vida privada cuando no coincide con las pautas morales de las confesiones religiosas. Como por ejemplo, estar casado en matrimonio homosexual o formar una pareja de hecho, sea homosexual o no.
De coña. En un aula, los alumnos estudiarán como un derecho constitucional la existencia del matrimonio de hombre con hombre y mujer con mujer, mientras otros profesores pueden ser despedidos por la gravísima falta de ejercer un derecho constitucional que están estudiando los alumnos del aula contigua.
Si el real decreto sale como reza (nunca mejor dicho) el borrador actual, el gobierno cometerá un disparate jurídico, además de una injusticia que no entendería que los sindicatos pasasen por alto sin recurrirla ante el Tribunal Constitucional. Creo que ya es hora de que a las religiones intolerantes les apliquemos el tan cacareado principio de tolerancia cero. Por higiene democrática.

30 Oct 2006

5,30 h. Han secuestrado la paz

17:32, por manolosaco  
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Acaban de secuestrar a Roberto Vila, un orensano, paisano mío, hijo de un amigo de la familia, también Roberto Vila de nombre, uno de los médicos de más prestigio en Galicia. El joven Roberto es licenciado en Derecho, un trotamundos en favor de los derechos humanos, y actualmente dirige una ONG, la Asamblea de Cooperación por la Paz, que desarrolla proyectos en Palestina. En el momento de su secuestro, venía de su trabajo en un proyecto con minusválidos psíquicos y físicos, en una zona castigada por la guerra y la miseria, caldo de cultivo para este tipo de dolencias. He hablado con su padre, y como siempre en estos casos, no sale de su estupor. Imaginaos el ánimo de un padre, orgulloso de que su hijo dedique sus horas y sus días a aliviar el desconsuelo de los más necesitados en zonas de conflicto crónico, como es la franja de Gaza, intentando comprender cómo un cooperante internacional, cuya única misión es llevar la paz, puede ser objeto de una acción de guerra. “No me lo explico –me decía hace unos momentos- porque mi hijo no tiene más que amigos en Ramala”.
Yo tampoco lo entiendo. La lógica del terror es tan extraña a la lógica común que se me escapa. Os lo dejo como meditación para hoy.

30 Oct 2006

En punto, una hora más o menos

00:12, por manolosaco  
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Desde que ayer cambiaron la hora vivo completamente desorientado, todo lo hago a destiempo. A la una del mediodía tengo hambre de las dos. Y el mismo hambre me persigue al levantarme por la mañana. Cuando me levanto de la siesta (¡qué siestas las del fin de semana!) es de noche, y tardo un par de minutos en convencerme de que todavía no son horas de cenar. Mis gatos, hasta que aprenden que mi horario va retrasado, se plantan a las ocho en punto de la mañana, pidiendo el desayuno a maullidos, con las caritas de pedir pegadas al cristal de las ventanas. Y yo, para no ver esas poses de gatitos de calendario que me parten el alma, me oculto cobardemente bajo el edredón y aprieto mis oídos contra la almohada.
Entre mis congéneres hay división de opiniones. Tengo compañeras con niños pequeños que están convencidas de que este baile de horas lo inventó un sádico sin hijos. Ese campeón del ahorro, que vive en Bruselas, ni se imagina los cuentos que hay que contar en primavera a un niño de cuatro años de La Coruña para que se meta en la cama a las nueve, «porque ya es de noche», cuando todavía quedan casi dos horas de luz. En el cambio de hora de otoño, a partir de la una, víctimas del hambre, las conversaciones de fútbol derivan hacia lujuriosas recetas de callos a la gallega. Y mi chica, que usa la televisión como un sustituto del Valium 5, no consigue ver una película entera desde que las diez de la noche son las once.
Mi amigo Manolo Toharia, que además de sabio es un estratega de la divulgación científica, periodista, meteorólogo en excedencia y director de la Ciudad de las Artes y las Ciencias de Valencia, todos los años lleva adelante casi en solitario su campaña particular contra esta medida de cambio de horario, a la que considera absurda y particularmente dañina tanto para la salud como para la economía. Me recuerda en su militancia la columna antitaurina que todos los años dedica Manuel Vicent, con precisión de reloj suizo y con idéntica falta de éxito: la “fiesta” sigue teniendo su cita a las cinco en punto de la tarde, unas cinco en punto que a veces son las cuatro aunque ella no sabe que en realidad son las tres. Vamos, un follón.
Durante unos días vivo sumido en una especie de “jet lag”, y cuando miro el reloj y veo que son las ocho, me advierto astutamente: “bueno, en realidad son las nueve”. Una vez que he cambiado la hora a todos los relojes, al despertador de mi mujer y al mío, al reloj de pared, al del coche, al del teléfono móvil, al del microondas, al del horno, al del video y la televisión, al del equipo de música, al de la cámara de video y la cámara de fotos (ya estoy agotado), una vez, digo, que ya he puesto de acuerdo a todo mi entorno, se me pasa el agobio hasta el próximo cambio en la primavera.
Y luego está el asunto de mi organismo, que funciona también con una precisión de reloj suizo y al que me cuesta mucho engañar. Perdonad que saque la conversación escatológica, pues sé que este problema lo tenemos todos, aunque lo suframos en silencio, como dice el anuncio de la crema que alivia las almorranas. Pero es que por la mañanas, como no lo haga a mi hora exacta, se me monta un tapón monumental. En cada cambio de horario estacional, me paso varios días en el retrete haciendo esfuerzos inútiles por recordar el nombre de la madre del funcionario de Bruselas que inventó esta modalidad de ahorro de energía. No sabe él la energía que derrocho para deshacerme de lo que me sobra. Sólo al cabo de los días, según mi organismo se resigna a la nueva situación, consigo acordarme de su santa madre a la hora en punto, sin el menor esfuerzo, y sin rencor.
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(Primera meditación para hoy: Asombroso. El Partido Popular lleva retrasado el reloj, no una hora sino dos años y pico. Acebes acaba de acusar al Gobierno de negociar en secreto con la banda terrorista, y promete exigir a Zapatero que explique en el Congreso sus “reuniones secretas con ETA-Batasuna”. O Acebes no se entera, o lleva puesta la hora anterior a que el Congreso diera su visto bueno al comienzo de las conversaciones, conversaciones que hasta el más tonto puede entender que por fuerza han de ser secretas y discretas. ¿Acaso no recuerda que esa votación ya la perdieron hace muchos meses? A ver si va a ser que, en lugar de tener el reloj retrasado, lo tiene parado…)
(Segunda meditación para hoy: ayer, los partidos de derechas, con el concurso entusiasta de una extrema derecha bien visible, se manifestaron en Tenerife contra la “llegada de inmigrantes”. Y con un notable éxito de convocatoria, por cierto. Atención, porque esto no ha hecho más que empezar. Va a ser el leit motiv de toda cuanta derecha campa en España para las futuras campañas electorales. La xenofobia, bien maquillada con ingredientes como la defensa de la cultura, los puestos de trabajo y la seguridad ciudadana, tiene un poder de combustión asombroso.)
(Tercera meditación para hoy: Ya se me ha pasado la fiebre. Me despido con unos versos que un amigo mío siempre recitaba a sus novias cuando salía de un catarro o una gripe, aunque no sé con qué resultados:
Ayer estaba malito.
hoy estoy mucho mejor,
ya se me levanta el pito.
¡Alabado sea el Señor!

27 Oct 2006

La fiebre del loro

00:04, por manolosaco  
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Os escribo al filo de la medianoche. Por la tarde había intentado ponerme la vacuna contra la gripe, pero llegué tarde, no por los atascos madrileños, sino porque cuando entré en el centro sanitario ya llevaba puestos claros síntomas de gripe. Me dijeron que así no podían ponerme la vacuna, porque era el remedio peor que la enfermedad. El asesino va siempre por delante de la policía, me dije.
Me volví a casa, me metí mi cóctel favorito de frenadol y cola-cao calentito para estas ocasiones, me tapé con una manta y puse la radio. La radio en la oscuridad de la habitación suena mucho más real, parece la radio en color. De pronto suena la sintonía del informativo, y aguzo el oído. Al principio pensé que era efecto de la fiebre, apenas 38 grados de temperatura, no era para tanto, con voces de pesadilla que venían a visitarme. Pero ahora sé que no, porque lo repitieron varias veces. Hablaba una tal Cristina Tavío, presidenta del PP de Tenerife, y venía a decir (no me dio tiempo a tomarlo al pie de la letra) que estaba harta de la política de inmigración de Rodríguez Zapatero, “del falso consenso y el buen rollito del baboso talante”.
¡Qué nivel!, me dije. Esta chica tan educada, bien entrenada en el desprecio de conceptos como el consenso, el buen rollito y el talante, como mandan los estrategas de Génova 13 (buscando los antónimos, les supongo, pues, defensores de las dictaduras, el mal rollo y la grosería), estaba furiosa porque al parecer no le hacen caso en su demanda de una Ley de Residencia para Canarias, que entre otras lindezas limite a los españoles peninsulares y a los comunitarios asentarse en sus islas, ¡no os digo nada sobre lo que piensa de los “negritos” que llegan en pantera!
Me puse inmediatamente el termómetro, y la fiebre me había subido a 39 (por hora). Me dije a mí mismo que aquello era la fiebre del loro, que nunca trae buenas noticias. Lo apagué y volví a este mundo al cabo de una horas, sin apenas fiebre ya, dispuesto a contaros que esta tarde tuve una extraña pesadilla en la que el fascismo, en su forma más grosera y patosa, volvía a tomar un avión desde Canarias para comenzar un nuevo movimiento nacional.
Son cosas de la fiebre, no me hagáis mucho caso.

26 Oct 2006

La subasta de las elecciones

00:21, por manolosaco  
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El nombramiento del asesor económico de Moncloa, Miguel Sebastián, como candidato a la alcaldía de Madrid trae a primer plano el debate sobre cuál es la mercancía en unas elecciones políticas: si la imagen o el valor personal del candidato, o, yendo más allá, si las personas o los programas.
Como ya Machado nos recordara que sólo el necio confunde valor y precio, para empezar a acotar argumentos reconozcamos que, en política, como en casi todos los órdenes de la vida, uno tiene el valor que le dan los demás. Cada uno, o cada partido, pone un precio, pero la subasta, el mercadeo de las elecciones, acaba fijando el precio justo, el valor definitivo. Ello no quiere decir que los clientes elijan siempre la mejor relación calidad/precio, pues el marketing se ha inventado, precisamente, para violentar esa lógica y hacernos comprar lo que no necesitábamos o el peor de los productos envuelto en la mejor campaña de publicidad. Por poner un ejemplo, ahí tenéis a George W. Bush, elegido presidente del país más poderoso de la Tierra, y de cuya capacidad intelectual ya dudan hoy el 67% de los electores después de varios años de uso.
Cuando el otro día José Bono se rió de media España, dando la espantá (¿estará preparando en secreto un partido de centro con Ruiz Gallardón? ¿Os parece una pregunta tonta? ¿Queréis que crucemos alguna apuesta?) a mí se me ocurrió que el PSOE tenía un problema tan sólo en Madrid, hasta que dirigí la mirada a Cataluña y vi a Montilla en faena mitinera: ahora sé que el PSOE tiene dos problemas, uno en Madrid y otro en Cataluña. Y ambos son dos problemas de imagen.
En un país como España, con cuatro millones de analfabetos funcionales (dos de ellos, totales) que tan sólo saben leer imágenes, a los que habría que sumar millones de jóvenes en edad de votar que consideran la política como una asignatura abstrusa e inútil, que pasan del nintendo al no entiendo con una facilidad pasmosa, la apuesta por unos candidatos tímidos, a los que les cuesta mirar a la cara, que no saben impostar la voz para un mitin, con las manos paralíticas o escondidas en los bolsillos, parece una apuesta sumamente arriesgada.
No importa tanto que a Miguel Sebastián no se le conozca más que en los ámbitos económicos y de la alta política, sino si está verdaderamente dispuesto a abandonar la cadencia de voz de jefe de gabinete de estudios o de catedrático de teoría económica, para remangarse y sudar el traje de pana, mercado a mercado, fábrica a fábrica. Darlo a conocer es cuestión de marketing político, de inversión, pero antes hay que acabar de perfilar el producto.
Lo de Montilla, en cambio, no tiene remedio. Creo que es uno de esos errores políticos en los que todos los implicados saben que es una equivocación, que están metidos en una trampa, pero que nadie es capaz de reconocer la gravedad de la situación porque se le cae el pelo. Es como la estúpida teoría de la conspiración del 11-M, que no se la creen ni sus inventores, pero a los que únicamente les queda la salida de huir hacia adelante… haciéndoselo creer a los demás. Cada día que pasa, entre la sonrisa profidén de Artur Mas y la cara de notario de Montilla, se va ahondando la diferencia en la intención de voto. De casi un empate, como punto de partida, el CIS ya da a CiU una diferencia de 11 diputados sobre el PSC a día de hoy. Y todavía queda una semana para ahondar en el abismo.
No sé por qué (o sí lo sé) me recuerda a Joaquín Almunia cuando se presentó como candidato a la presidencia del gobierno en las elecciones de 2000 en las que fracasó estrepitosamente tras la campaña de imagen más absurda que recuerdan los tiempos. El mismo lenguaje corporal, su misma incapacidad congénita para la seducción, apoyado en un campaña de imagen concebida por un enemigo suyo o un amigo incompetente, que viene a ser lo mismo. ¿Os acordáis? En aquella campaña, Almunia no era chicha ni limoná, ni masculino ni femenino, ni candidato ni candidata: era para su director de campaña “lo próximo”, así, en neutro. ¿Cómo alguien puede ser “lo próximo”? ¿Qué es lo próximo, el diluvio, el aburrimiento mortal, la tristeza?
En cualquier caso creo que estamos ante un experimento. Bueno, ya dos experimentos. Los socialistas van a confrontar la valía personal, las ideas, los programas, toda esa riqueza que se le supone a sus candidatos sin imagen, contra dos animales políticos: Ruiz Gallardón y Artur Mas. La solución de uno de los enigmas, dentro de pocos días, aunque creo que la cosa no tiene solución.
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(Primera meditación para hoy: el Parlamento Europeo apoya, por estrecho margen, el proceso de paz comenzado por el gobierno español. Atención ahora al silogismo de Ángel Acebes: la votación ha sido “un triunfo de ETA”. Si hubiera ganado él lo hubiera calificado “como un triunfo de la democracia”. Es decir, si la mayoría no cae de su lado es que no hay democracia. ¿Comprendéis, niños queridos, el valor de la filosofía?)
(Segunda meditación para hoy: el analista sin par Acebes, en el mismo día en que el CIS vaticinaba que Artur Mas se acerca a la mayoría absoluta a costa de Montilla, aseguraba que ambos candidatos “se van desinflando”. Con esta capacidad para el análisis no os extrañe pues que asegure que Zapatero ha entregado las llaves del estado a la banda terrorista ETA. Está perfectamente preparado para decir cualquier necedad con una facilidad aterradora.)