25 Sep 2006

Los desalmados tienen dos almas

00:15, por Manolo Saco  

Ya ocurrió en el proceso de paz de Irlanda. Y en el caso de Euskadi, con la banda terrorista ETA, no podíamos esperar menos. Es la tragedia intelectual de los que profesan y viven de una creencia, que el riesgo de dejar de creer bruscamente implica la fatalidad de quedarte al mismo tiempo sin norte y sin empleo. Imaginad por un momento un Papa que de la noche a la mañana cae en la cuenta de que dios no existe, que lo que él estuvo vendiendo durante toda una vida abnegada era una pura fabulación, un invento del hombre que hizo a dios a su imagen y semejanza. Si actuara en consecuencia (y no como el cura de “San Manuel, bueno, mártir” de Unamuno) no sé qué sería más trágico para él, si la desilusión y consiguiente vacío vital de haber cabalgado toda una vida a lomos de una mentira, o el quedarse sin empleo y todos los fastos palaciegos que conllevaba la confortable silla de Pedro.
En esa organización confesional que es ETA hay curas y papas que han dejado de creer en su dios, en la fábula de la nación independiente arrebatada al invasor mediante la lucha armada, conscientes de que el islamismo radical ha puesto muy caro el caché antaño heroico del terrorismo, y de que nada volverá a ser igual desde el 11-S y el 11-M. Un terrorista, en el imaginario de todos los no creyentes, es la personificación de la barbarie, de la sinrazón, de la maldad. Ha perdido la aureola romántica del maquis, de Robin Hood, de la resistencia guerrillera contra las tropas napoleónicas, muy tocada ya desde la masacre de Hipercor. Cuando los creyentes del terror hablan de país ocupado, al mundo le cuesta relacionar ese próspero País Vasco que todos vemos con la nación imaginada por los gudaris de la izquierda abertzale.
Pero también hay quienes no están dispuestos a reconocer el final del ciclo histórico, y continúan aferrados a la idea disparatada de que 44 millones de españoles, acorralados y al fin vencidos, estarían dispuestos a rendirse algún día ante las armas (¿) de los combatientes de “la resistencia”. Mantener ese combate desigual en 2006 es una necedad a la luz de la razón, pero la razón es, precisamente, un instrumento muy difícil de encontrar en la casa del terror. Y esta convivencia en la misma sacristía de militantes creyentes y descreídos añade una dificultad más a la hora de elegir desde el gobierno un interlocutor que haga valer dentro de su organización los acuerdos alcanzados en una futura (o ya presente) mesa de negociación.
¿Qué ETA se escondía tras el pasamontañas en la fiesta/homenaje a los gudaris, celebrada en Oiartzun: la primera o la segunda? ¿La que intenta aplacar a sus bases para que el proceso de paz comience con buen pie o la que jalea y proporciona gasolina a los muchachos de la kale borroka, un tanto aburridos ya de tan larga inactividad? ¿La que prefiere negociar o la que anuncia que continuará la lucha armada “hasta lograr la independencia”?
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(Meditación para hoy: Y, por si los demócratas no tuviesen suficientes enemigos, como siempre, aquí llega el Partido Popular, ayudando patrióticamente a que todo se vaya al carajo. Rajoy lo dijo ayer: el Gobierno debe dejar el mal llamado proceso de paz y “debe volver ya al Pacto Antiterrorista”. Lo dijo ante un mitin con militantes de “Nuevas Generaciones”, que, haciendo honor a su nombre, por cierto, renovaban su presidencia (la presidenta saliente ya no era “nueva”) y renovaban además, y esto sí es importante, su penosa, larga, difícil, angustiosa, interminable… marcha hacia el centro.
Los jóvenes cachorros del PP comienzan una vez más una “revolución ideológica desde el centro reformista” que nunca existió a la nada ideológica más absoluta.)

23 Sep 2006

Parece que les hizo la boca un cura

00:08, por Manolo Saco  

Ya sabemos que gobernar en democracia es el arte de lo posible. Y doy por hecho, también, que es el resultado de los principios morales y políticos de un partido, tamizados a través de la espesa malla de los grupos de presión. Pero hay cosas por las que no podemos pasar. Este es un estado laico, que se distingue de los estados teocráticos, entre otras cosas, porque los derechos ciudadanos priman sobre la barbarie, sobre la arbitrariedad, porque no hay más leyes que las que dicta la razón y no los dioses. En estas sociedades, los fieles del ratoncito Pérez o del dios de Abraham no pueden tener más derechos que los seguidores del Tarot o de los horóscopos. Las fantasías, que cada uno se las pague de su bolsillo.
La Iglesia católica, como todas las demás, es una industria, una gran compañía multinacional con su presidente del Consejo de Administración, vocales, socios, trabajadores, que vende un producto por el que cobra y se paga sus sueldos. Yo no tengo la culpa de que su producto se venda mal, que sus iglesias huelan a rancio y las nuevas generaciones huyan de sus sermones. La religión de los faraones también se creía eterna y duró más del doble, pero al final dejaron de comprarla sus clientes. Y no llegó por ello el fin del mundo. ¿Por qué hay que subvencionar a los curas, y no a los echadores de cartas, pitonisas, nigromantes, adivinos e intérpretes del horóscopo que cuentan con una clientela mucho mayor, que incluso hacen un trabajo mucho mejor que ellos, o al menos más ilusionante, aunque vendan un producto igual de falso?
Pues mira, Manolito, porque la Iglesia es un grupo de presión, porque tiene industrias, escuelas, universidades, bancos, porque sus tentáculos se extienden por todos los estratos sociales, por todos los partidos políticos, y porque tiene la capacidad de amenazarte con un dios con muy malas pulgas. La Iglesia española nos debe cientos de millones de euros impagados en estos últimos años (tan sólo en este le hemos regalado 13 millones, o sea, más de dos mil millones de las antiguas pesetas), lo que no le ha impedido bajarle los pantalones al gobierno socialista y laico (eso de bajarnos los pantalones era lo que le encantaba, por cierto, al Focas, el cura pederasta que me daba francés –me refiero al idioma, por fortuna-) para conseguir una subida del 0,5 al 0,7% en las aportaciones voluntarias de los contribuyentes a Hacienda. Ahora tan sólo el 30% de las declaraciones llevan tachada la casilla de la Iglesia, pero se advierte una tendencia a la baja año tras año, según va subiendo el nivel cultural de los españoles. Cuando las generaciones del Nintendo se incorporen al mercado laboral y comiencen a hacer sus declaraciones a Hacienda, en cuyas cabezas no habitan más dioses que los ninjas, igual de virtuales que el de Rouco Varela, ¿cuanto volverán a pedir los curas?Ah! Pero para entonces, dios mediante, ya gobernará el Partido Popular y se acabarán sus problemas.
Ayer, por ejemplo, fue de opereta. En Génova 13 Rue del Percebe cundió el desconcierto porque les pillaron sin guión, y ya se sabe que estos chicos sin guión son capaces de los mayores disparates (con guión son la leche). La secuencia es la siguiente: el consejo de Ministros anuncia que se ha llegado a un acuerdo con la Iglesia para elevar la famosa aportación voluntaria del 0,5 al 0,7%, pero que, en contrapartida, se acababa la “asignación directa”, esa que nunca devolvían, la institución queda de ahora en adelante sujeta al pago del IVA en la adquisición de bienes mubles e inmuebles, tal y como había solicitado la Unión Europea, y deberá justificar sus gastos ante Hacienda.
Pasan las horas, y la Conferencia Episcopal no dice esta boca es mía. Preguntan los periodistas a Ana Pastor, la responsable de políticas sociales del Partido Popular, y contesta… que todavía no pueden contestar. Les faltaba el guión, no llegaba la maldita llamada del cardenal de guardia con las instrucciones de lo que debían decir. Finalmente los obispos aceptan y a los populares solo les queda refugiarse de nuevo en la teoría de la conspiración del 11-M, a la que se suma a última hora su sección pinturera de víctimas del terrorismo del ácido bórico (AVT). Vaya por dios, y nunca mejor dicho.
El huracán Gordon pasó por Galicia sin apenas causar daños. Una oportunidad perdida. Ellos, que seguramente tenían preparado ya el guión de acusaciones a la Xunta sobre la mala gestión del posible desastre, se tienen que callar porque el único tejado que voló fue el de las casas subvencionadas y mal construidas por la anterior Xunta del PP.
Ni Gordon, ni agravio a la Iglesia. Habrá que preguntar a Pedrojota qué coño hacemos este fin de semana.

22 Sep 2006

Inventando la pólvora

00:23, por Manolo Saco  

Siempre fui un mal lector de novela negra y mal espectador de cine negro porque llega un momento en la complicación de la trama que me pierdo; en lugar de provocarme tensión, me extravío entre tanto detalle de situaciones y vidas entrecruzadas, y acabo siendo incapaz de distinguir lo superfluo de lo medular, que es lo que en el fondo pretendía el autor para despistarnos. El caso es que acabo aburiéndome.
Es lo que me está ocurriendo con la novela negra que se han montado el ZAR y Pedrojota. Yo que ya había aprendido a distinguir la Goma-2 ECO del Tytadine, y cuál de los dos explosivos convenía más a la teoría de la conspiración, ahora que había rescatado de mi discoteca a la Orquesta Mondragón y puesto al día sobre las marcas de furgonetas, ahora resulta que entra en la trama el ácido bórico, una sustancia de venta en droguerías que hasta hace unos años se utilizaba como conservante de gambas y langostinos frescos para evitar que se ennegrecieran las cabezas y conservar así la apariencia lozana del marisco.
En mi infancia tuve un amigo que descubrió la pólvora. La pólvora negra, concretamente, negra como las novelas, las películas y las tramas de Pedrojota. Al parecer, había encontrado la fórmula en un libro de su padre. Se mezclaban seis partes de clorato potásico, reducido a polvo, que se compraba en las farmacias sin receta y que estaba indicado para no sé qué afecciones de la garganta (aún me parece sentir en la boca el sabor salino de aquellas pastillas redondas y diminutas) con una parte de azufre y otra parte de carbón vegetal (el picón de toda la vida). En realidad yo debería estar muerto. Colocábamos una porción de la mezcla entre dos piedras, y a este bocadillo de pólvora le lanzábamos desde la distancia otra piedra más pesada que, cuando atinaba, hacía estallar el conjunto por los aires como una pequeña bomba (ahora no recuerdo cómo, pero imagino que o bien una de las piedras soltaba una chispa que hacía de espoleta, o bien estallaba por simple presión).
Pero Pedrojota es mucho más hábil, hace bombas con cualquier material, sea una cinta de casette, una mochila, un reloj Casio o una bolsa de ácido bórico. Es capaz de inventar la pólvora todos los días, pues para él todo vale como material fungible, de la misma manera que todos los personajes son sospechosos, los buenos son los malos, y los malos vaya usted a saber. Y como se entere de que soy un experto en fabricar pólvora negra se me va a caer el pelo.
El caso es que gracias al culebrón seguramente está rehaciendo las ventas de su periódico, que venían cayendo en picado año tras año, a la espera de que el hombrecillo insufrible ponga por fin sobre la mesa de su despacho el dinero de Murdoch.
Y mientras, está llenando de mierda e insidias todas las capas del Estado de derecho con la misma impunidad, por ahora, que planta una piscina en terreno público sin que nadie se la mande derribar. Ahora acusa al Ministerio del Interior de entregar al juez Del Olmo un informe falso de la Policía Científica, extremo que, por supuesto, niegan la policía y el ministerio del Interior. ¿Por qué ante la acusación de un delito tan grave el ministerio no ha reaccionado hasta hoy?
Todos los partidos políticos, excepto el PP, ya se han plantado y han decidido colectivamente impedir que se vuelva a utilizar el Parlamento para la escenificación de esta farsa de novela negra del PPedrojota. El Parlamento no puede estar trabajando de agente publicitario de un periódico. Ahora le toca a la justicia de una vez. Por fin hemos oído de boca de un representante del gobierno que la libertad de prensa tiene unos límites marcados por el Código Civil. “He pedido a los servicios jurídicos del Estado –acaba de anunciar Rubalcaba- que estudien si la noticia, tal y como se presenta, puede ser objeto de acciones judiciales por parte del Ministerio o del Gobierno en su caso”.
Es algo que nos estábamos preguntando muchos, por qué han tardado tanto en darse cuenta de que el Código Civil, por muy aburrido que parezca, es mucho más interesante y más expeditivo que los delirios golpistas del boletín oficial de la extrema derecha.

21 Sep 2006

El timbre de Ruiz Gallardón

00:46, por Manolo Saco  

Mi mujer me acusa a menudo de que soy muy confiado. Para mí es una virtud, y para ella, un defecto. Ser confiado es una actitud ética, es una forma de decir que esperamos que los demás nos traten como nosotros los tratamos a ellos. “Perdona nuestras ofensas así como nosotros perdonamos…” Y es que en el fondo soy un cristiano inconfeso. Pero mi mujer insiste en que la virtud está precisamente en la desconfianza, porque una persona desconfiada, como el gato callejero, demuestra conocer mejor el medio en que vive, es decir, intuye que los demás son competidores de una jungla que pelean por la misma comida y las mismas hembras, conocimiento imprescindible para la supervivencia.
Y puede que tenga razón porque la confianza, por ejemplo, como herramienta en el análisis de los políticos, me ha llevado muchas veces a resultados desastrosos. Cuando un tal Rodríguez Zapatero alcanzó la secretaría general del Psoe, por una jugada de carambola a tres bandas entre los barones que se aborrecían, y salió a dar sus primeros discursos, me dije a mí mismo: “la hemos cagao”, aunque a los demás les conté la versión subtitulada: “pues estamos buenos; ¿no había por ahí una cosa más blanda?” Con el tiempo, aplicando el baremo de que lo que no es bueno para la derecha debe ser estupendo para la humanidad, comprendí que me había equivocado de medio a medio, según el ZAR iba perdiendo ante él las formas y la vergüenza.
Con Esperanza Aguirre, la presidenta de la comunidad de Madrid, anduve el camino contrario. Cuando los chicos de “Caiga Quien Caiga” la tomaron como mascota, como la cabra de la Legión, es un decir, me parecía una política con raras virtudes que yo valoraba mucho, como sentido del humor, capacidad de aguante, y un fino tacto para soportar y capear el acoso de la prensa. La anécdota de su declaración sobre “Sara Mago, una excelente pintora” no sé si es una leyenda urbana, aunque sí es seguro que le preguntó a la madre de la escritora fallecida hace años, Dulce Chacón: “¿dónde está Dulce, en Cuba? ¿Por eso no ha venido?” Pero eran detalles que yo estaba dispuesto a pasar por alto porque hacían más humano al personaje. Hoy, ya veis, se ha destapado como lo más rancio y extremo de la derecha meapilas, sin humor, ni tacto ni capacidad de aguante. ¿Cambian los personajes, se les cae el disfraz de pronto, o es que tiene razón mi chica que soy demasiado confiado en el primer análisis?
Este patinazo no me cogió de nuevas, porque cuando Rajoy relevó a José María Aznar al frente del Partido Popular, suspiré, y escrito queda mi suspiro inmenso augurando una nueva etapa en la forma en que la derecha ejercería la oposición desde aquel momento histórico. Y el caso es que debí decir momento histérico, porque Rajoy venía con el complejo del capataz inoculado en su alma: el capataz es siempre más cruel que el amo, más despiadado en la interpretación de su pensamiento.
Por eso debo haceros desde aquí una confesión: hasta hace unos días soñaba (“I have a dream”) que una derecha educada dentro del Partido Popular estaba fraguando una revolución interna… un golpe de mano audaz al que se podría sumar a última hora el mismísimo Rajoy, comportándose al fin como un hombre, y no como un “maricomplejines” como le insultan los obispos desde su emisora todos los días, sacudiéndose de encima a la extrema derecha que ha tomado mando en plaza dentro de su partido. ¿Y quienes serían los conjurados? Pues Núñez Feijóo, Piqué, Matas… liderados por Ruiz Gallardón.
Pero hete aquí que un tipo como yo, confiado hasta la médula, es una presa fácil para las dotes de seducción del Ruiz Faraón del ayuntamiento de Madrid. Para empezar, es odiado por la extrema derecha machista y meapilas de su partido, y eso le ennoblece. Y, además, cuando habla, lo hace como las personas, y no como los matones de barrio; es decir, la estética opuesta a los pujaltes y demás coro de reidores de las gracietas del ZAR. Mas, cuando estaba a punto de caer en sus brazos, vienen voces extrañas a malmeter y me cuentan chismes del faraón que me resisto a creer. Quien me lo cuenta es lo que en periodismo conocemos como fuente “generalmente bien informada”.
Narran estas fuentes que el alcalde de Madrid se ha hecho instalar un timbre, de un sonido singular para que no quepa la menor confusión, que hace sonar cuando va a salir de su despacho y se dispone a tomar el ascensor. Ese sonido es un mensaje de advertencia a todo el edificio para que los funcionarios permanezcan encerrados en sus despachos porque el alcalde va a hacer su aparición y no desea encontrarse con nadie en los pasillos.
Si esto es cierto, me asalta la duda de si los espíritus de los faraones, a los que no se les podía mirar a la cara como signo de veneración, están habitando el alma de Ruiz Gallardón. Primero las obras faraónicas que nos dejarán fuertemente endeudados durante tres décadas, y ahora este timbre anunciador para que nadie pueda mirarle a la cara.
Por favor, si alguien conoce alguna historia que pueda corroborar la veracidad de este timbre, que lo diga.
Y si es falso, mejor, porque de alguien así no se puede esperar que lidere algún día ninguna derecha razonablemente civilizada.

20 Sep 2006

La verdad tiene días

00:17, por Manolo Saco  

Una vez os dije que la mentira, si se la tortura convenientemente, acaba diciendo la verdad. Pero también es cierto que la verdad, bajo tortura, suele decir muchas mentiras para salvar el pellejo. Los policías de todos los tiempos y de todas las tierras conocieron y conocen métodos infalibles para que el torturado confiese lo que conviene a la causa del torturador, sea o no la verdad. Así que, como diría un castizo, la verdad tiene días.
Como la verdad es un pendón que se va con el primero que pasa, ayer los chicos de la extrema derecha, que siempre tienen una verdad muy suya, nos han puesto el examen más difícil, quieren conocer la respuesta a la pregunta más incómoda con que se ha enfrentado la filosofía a lo largo de la historia: dónde está la verdad, su verdad. Y el filósofo policía le pregunta a continuación: a ver caballero, dígame primero qué es la verdad, cómo iba vestida, qué aspecto tiene, y todas esa cosas que preguntan siempre los policías para comenzar su trabajo de investigación. Y llamaron al Diccionario de la RAE para preguntarle qué es eso de la verdad. Y el diccionario, como era de esperar, les dijo la verdad, o sea: “Conformidad de las cosas con el concepto que de ellas forma la mente”.
Un lío, porque ayer andaba la extrema derecha buscando la verdad por todos los rincones. Al igual que mis queridos trolls, Zaplana volvió a insistir ayer en el Parlamento, con ese lenguaje corporal del que ya no se cree lo que está diciendo, en el lema de “Queremos saber la verdad del 11-M”. Es decir, con el diccionario en la mano, “queremos tener la conformidad de la teoría de la conspiración que es la que se adapta al concepto que de ella forma nuestra mente”. Y ahí está el meollo de la cuestión, pues hasta que la realidad no se adapte a la fantasía que anida en su mente sobre una conspiración supuestamente montada por ETA, con la ayuda inestimable del Psoe, fiscales, jueces y policías, no llegaremos a la verdad que está buscando el ZAR, su verdad. El problema es que cuando uno insiste en querer saber la verdad, después de una abrumadora investigación por parte del aparato del Estado al completo, plasmado todo en un sumario que ya ocupa miles de folios, da por hecho que policías, fiscales y jueces están mintiendo.
Eso es jugar con pólvora, pero a la extrema derecha española hace tiempo ya que le importa un carajo por donde sale ardiendo este país, si por los montes gallegos con su postura obstruccionista a la formación de cuadrillas anti incendios, o si poniendo en duda la honradez y la profesionalidad de todos los cuerpos de seguridad españoles. Como sostiene Jiménez Losantos, sólo les queda, como último recurso, el golpe de estado.
También andaban buscando la verdad ayer los del PP en la comparecencia ante el juez del ex coordinador del servicio de Urgencias del hospital Severo Ochoa de Leganés (Madrid), Luis Montes, acusado de la muerte de varios pacientes a través de una carta anónima que desprende un tufo de fundamentalismo cristiano que apesta, el mismo aroma de sacristía que despide el consejero Lamela que lo destituyó.
Y como siempre en las manifestaciones, el Partido Popular sólo acompaña. La fuerza de choque la ponen otros, como en el caso de la Asociación de Víctimas del Terrorismo (AVT), llamados a las puertas de los juzgados para que le gritaran “asesino, asesino” al ex coordinador de urgencias. La asociación que se han buscado ahora para dar la cara, para presentarlo como una demanda ciudadana y no como un enredo político, se llama AVINESA (Asociación de Víctimas de Negligencias Sanitarias). Su presidenta, María Antonia Moral, también buscaba ayer la verdad, como Zaplana, la única posible: que Montes y sus secuaces practicaban la eutanasia encubierta con la osadía de arrebatarle a su dios el derecho a decidir cuándo debemos morir. “Espero que diga la verdad”, manifestó, refiriéndose a Luis Montes.
Y si la verdad no se acomoda al concepto que de ella tiene en su mente, pues que diga otra, y otra, y otra, hasta que por fin acierte con la suya. Como decía Groucho Marx, “estos son mis principios; pero si no le gustan tengo otros.”

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