31 Ago 2006

Los del PSOE sufren más la depresión post vacacional

00:37, por manolosaco  
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Estáis todos a punto de volver, y la comunidad científica todavía no se ha puesto de acuerdo en si existe o no lo que se conoce como “depresión post vacacional”, esa tristeza inexplicable, esa sensación de vacío, esa angustia que te anuda la garganta según vas viendo a lo lejos la silueta de tu ciudad. Para unos médicos, es en verdad una enfermedad leve, y para otros no es otra cosa que un incremento súbito en el estado de cabreo ante la constatación de que el jefe y los compañeros de trabajo son una pesada carga añadida al propio trabajo, a soportar durante otros once meses.
En elmundo.es se puede leer una curiosa estadística sobre esta presunta depresión. Aunque nos advierte de que a la mayoría de los ciudadanos no les afecta (en torno al 90%), dice el diario electrónico que “los del PP vuelven al tajo con más ánimo que los del PSOE, de los que un 10,1% sufre frente al 3,6% de los populares”.
Esto tiene varias lecturas. No cita la fuente, aunque doy por hecho que la encuesta no está confeccionada por el equipo de investigación del 11-M del periódico. Ni siquiera doy valor a esa categoría periodística que distingue maliciosamente entre las “pequeñas mentiras, las mentiras, y las estadísticas”. Me voy a creer el dato, porque ya que no existe dios, en algo habrá que creer. Y no es fe ciega, sino una conclusión pasada por el tamiz de la razón: los del PSOE, además de los tediosos compañeros de trabajo, saben que han de soportar hasta las próximas vacaciones las predicciones diarias del fin del mundo retomadas con nuevos bríos por parte del ZAR (Zaplana-Acebes-Rajoy). Y eso les deja la moral por los suelos. En cambio, como los del PP saben que los del ZAR no cuentan más que mentirijillas, saben que el mundo continúa sin ellos, o a pesar de ellos, y se lo toman a coña, y venga champán, y venga a contarse las vacaciones en Cancún, ajenos a que, mientras, en la televisión llueven las más negras predicciones sobre el futuro de España (¡Paña!)
Vamos, digo yo que será una cosa así.
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Hace cuatro años escribí una columna para el periódico impreso del 20minutos sobre la depresión post vacacional, que me costó una depresión por culpa de las decenas de cartas que recibí como respuesta. Os dejo aquí un extracto para que juzguéis si era para tanto.
Ya es hora de que te quites de la cara ese rictus de funeral, que hace una semana que han terminado las vacaciones, y dos o tres días de depresión son suficientes. Tómalo de esta otra manera: has conseguido volver milagrosamente, a pesar de que no cambias las ruedas del coche desde ni se sabe, los chorizos han desvalijado la casa del vecino y no la tuya, has sobrevivido a las paellas del chiringuito (apenas te queda una ligera secuela en forma de diarrea) y la niña ya no volverá a ver a aquel chulo macarra que cuando llegaba a tu casa por la noche nunca sabías si venía a sacar de paseo a tu hija o la navaja. Estoy de acuerdo contigo en que el mes de vacaciones es más corto que los otros. No sé si tiene menos días o los días tienen menos horas. El caso es que agosto parece febrero, y febrero se hace eterno. Pero, es lo que yo digo, alegra esa cara porque te quedan menos de once meses para las próximas vacaciones, para los siguientes sarpullidos de la alergia al sol, las riquísimas cervezas calientes, la arena que tapona los oídos y las narices, el alegre concierto de bocinas de las tres de la madrugada, los melodiosos tubos de escape de los imbéciles motorizados de las cuatro, el asturiaspatriaquerida de los borrachos de las cinco, los cortes de agua en medio de la ducha… Todo eso lo disfrutarás otra vez en unos meses si pones otra cara, que ya me tienes aburrido con tanta languidez. Dirás que funciono con una lógica distinta a la del resto de los mortales, pero lo cierto es que todavía no le he cogido el tranquillo a eso de tener que pedir permiso en la hora punta de la playa para llegar hasta el agua calentita de los pises…

30 Ago 2006

Ya suenan los claros clarines

00:12, por manolosaco  
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¡Ya viene el cortejo! Ya se oyen los claros clarines. La espada se anuncia con vivo reflejo.” Estaban de vacaciones, lo sé por su indumentaria informal, pero han comenzado ya el precalentamiento. Apenas queda un suspiro para inaugurar el curso de septiembre y los paladines de la extrema derecha ya quieren acelerar sin la menor piedad nuestra depresión post vacacional. Ya se oyen los claro clarines del Apocalipsis. La estrategia de la tensión necesita que se le aplique mucha tensión, y para alcanzar la masa crítica del odio son necesarios dos factores, ambos al mismo tiempo: que los sembradores de rencor se hallen a pleno rendimiento, y que los destinatarios de su mensaje, o sea nosotros, hayamos superado el período de descompresión hacia la superficie, hacia la realidad, pausadamente, como un lento despertar, tal como hacen los buzos.
Ver a Rajoy, así, en Galicia, con atuendo de verano, yendo a beber de la fuente ideológica de Fraga, una inmersión en el caldo del pasado predemocrático de su residencia veraniega de Perbes, no presagiaba una juerga, precisamente. Y así fue. Tras la visita al oráculo, Rajoy nos ha recordado que el veraneo no fue más que una ilusión óptica, que en realidad España continúa tal como la había dejado antes de la modorra colectiva, rota, como la institución de la familia, donde el Psoe quema el monte mientras dormimos la siesta y llama a voces a los inmigrantes con falsas promesas humanitarias para que acudan a morir en patera a nuestra costas, y reenvía a guerras que ni nos van ni nos vienen a las tropas que había detraído de la guerra de Irak, que esa sí era una guerra con todos los ingredientes humanitarios.
Como tenemos todo un año hasta las próximas vacaciones (¡ánimo, que solo quedan 11 meses!), no hay prisa. Hagamos la descompresión como hay que hacerla. Si, por ejemplo, oís que Rajoy pide a Zapatero que explique por qué “mete a España en el peor escenario bélico internacional”, que no os hierva la sangre, vosotros a lo vuestro, despacio, sin alteraros, sed comprensivos con él. Porque al fin y al cabo también él sale del nirvana vacacional con los sentidos embotados, y el pobre todavía no acierta a distinguir una necedad manifiesta de una oposición responsable, inteligente y conciliadora, tal como nos tiene acostumbrados.
Prefiero, si no os importa, dedicarme a la meditación trascendental.
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(Meditación -trascendental- para hoy: Y hela aquí. La vida, como decía el otro, es como una escalera de gallinero: corta, pero llena de mierda. Corta como unas vacaciones, apenas un breve paréntesis a nivel cósmico entre los 14.500 millones años de existencia antes de nuestro nacimiento y la nada eterna posterior a nosotros. Por eso la meditación de hoy es infinitamente -nunca mejor dicho- más importante que la pájara mental del jefe de la oposición a todo, y viene servida nada menos que por el guía espiritual de occidente, conocido en el siglo como Benedicto XVI, y que, como bien sabéis, trabaja de Papa en el Vaticano. Según asegura el diario británico The Guardian, el santo padre “estudia con un grupo de sus más estrechos colaboradores la adopción, o al menos la aceptación, por parte de la Iglesia Católica de la teoría del diseño inteligente”, que no es otra cosa que el creacionismo (dios creó el universo) disfrazado de teoría científica.
Según avanza el conocimiento humano, las religiones necesitan desesperadamente vestir con el ropaje de la razón la desnudez de la fe. No importa que George W. Bush también crea en el diseño inteligente, lo que ya sería una pista para dudar de la salud de semejante teoría; lo novedoso es que el Vaticano está a punto de admitir, quizá como un mal menor, una conjetura que forma parte del ideario de la iglesia de la competencia, la de los evangélicos fundamentalistas, a la que pertenece el guerrero universal. El caso es cortarle el paso a Darwin, aunque sea aliándose con el diablo. La salvación de nuestras almas, excepto la mía –la mía que ni me la toque-, bien merece ese pequeño equívoco.)
P.S. Entre mis lecturas de verano, recalé en un libro que me parece imprescindible para los que sólo créeis en la razón como fuerza salvadora. Se llama “Tratado de ateología” (de Michel Onfray, en Anagrama) y de él os extraigo esta otra meditación: Dios, forjado por los mortales a su imagen hipostasiada, sólo existe para facilitar la vida cotidiana a pesar del camino que cada cual ha de recorrer hacia la nada. Puesto que los hombres han de morir, parte de ellos no podrá soportar esa idea e inventará todo tipo de subterfugios. No se puede asesinar un subterfugio, no es posible matarlo. Más bien será él quien nos mate; pues Dios elimina todo los que se le resiste. En primer lugar, la Razón, la Inteligencia, el Espíritu Crítico. El resto sigue por reacción en cadena…

29 Ago 2006

Kafka en Telefónica

09:34, por manolosaco  
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Hace unos días no pude colgar mi post diario en esta bitácora porque de pronto me quedé sin línea telefónica. “No está usted conectado a internet”, me dice de pronto el navegador. Alarmado, busco en las páginas blancas el número de Averías de Telefónica de España. El 1004, creo recordar. Llamo desde el teléfono móvil, penosamente encaramado al único de los balcones de mi casa desde donde, con viento favorable, engancho una miseria de cobertura de Movistar, de Telefónica Móviles (no vivo en la selva amazónica, tan sólo a 12 kilómetros de una de las capitales de España).
Conecto con un contestador automático del servicio de Atención al Cliente que, como todo el mundo sabe, ha sido ideado por un sádico para desesperar a los clientes. Después de que una voz gangosa me invitara insistentemente a marcar por dos veces no sé que número, cosa a la que me niego, tatacháaaaan, por fin una voz humana me dice que me atiende Fulano y que cuál es mi problema. De lo de mi mujer no le dije nada, porque supuse que se refería a mi problema con la telefonía. Así que fui claro y conciso: “Mire, perdone, no es cosa mía, se lo juro, pero es que dice mi seño que no le funciona el teléfono. Tampoco”. Me contestó que tomaba nota y yo le dije que por mí podía tomarse lo que quisiera. Quedamos como amigos.
Al día siguiente, nueve horas después, continuaba sin línea. Volví a llamar. Tras la letanía automática de rigor, se puso Zutano, al que le expliqué que el día anterior había hablado con Fulano, un encanto de señor, para contarle que no tenía línea telefónica desde hacía muchas horas y que estaba poniendo en peligro mi integridad física en un equilibrio inestable sobre un balcón de mi casa para poder hablar desde mi móvil. Zutano, otro encanto de señor, me hizo saber que, efectivamente, “había sido cursada una incidencia con mi número de teléfono” y que estaban en ello. Cuando iba a explicarle que mi número de teléfono no cursaba ninguna incidencia sino que simplemente no tenía línea, me colgó. El teléfono. Yo estoy bien, a dios gracias.
Me fui a preguntar a los vecinos del pueblo, casa por casa, y todos y cada uno me confirmaron que sus teléfonos estaban cursando la misma incidencia: ninguno funcionaba. Al fin, 23 horas después del cuelgue general, el teléfono volvió a su ser. Nadie llamó para ofrecer disculpas ni siquiera para advertirnos a los clientes de que por fin la incidencia había dejado de cursar.
Dos días después, atención, dos días después, me llama al teléfono resucitado un Mengano (otro encanto de señor), que decía ser técnico de Telefónica, para comunicarme que ya se había enterado por Fulano y Zutano de que mi línea no funcionaba y que se dirigían inmediatamente hacia mi casa para comprobar la “incidencia”. Todo esto, dos días después.
Ahí, mi capacidad para la perplejidad quedó definitivamente desbordada. ¿Cómo un técnico de Telefónica me localiza en un número de teléfono que supuestamente no funciona, porque no tiene línea, para comunicarme que ya sabe que ese teléfono por el que me está hablando no funciona pero que ya viene a mi casa a arreglarme el teléfono que no funciona aunque, curiosamente me está hablando por esa línea estropeada que ya funciona?
Es un misterio, aunque debo decir en su descargo que también era un encanto de señor. De técnico, no sé. Pero era un señor encantador.
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P.S. Doce horas después de este aparente final, me llamó Kafka, que ahora trabaja en Telefónica, desde una grabación automática. Me decía, a través de la línea resucitada, que si “su incidencia ha sido resuelta, pulse 1”. Y pulsé 1. Pero me quedé con las ganas de pulsar 5, por ejemplo, a ver si me contestaba: “pues por el c… te la hinco”.
Como se han vuelto tan graciosos estos de Telefónica, quién sabe…

28 Ago 2006

Conversos de conveniencia

01:18, por manolosaco  
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Los conflictos más enquistados, aquellos que perduran siglo tras siglo sin aparente solución, tienen su nacimiento en la infeliz conjunción de nacionalismo y religión, una mezcla explosiva, y casi siempre inseparable, que con su reguero de muerte ha hecho más por la contención demográfica que todas las hambrunas y epidemias juntas.
Historiadores y filósofos llevan más de un siglo anunciando que el nacionalismo, como extensión de un sentimiento tribal que es, pertenece a la infancia de la humanidad, y que, como tal, será el progreso quien se encargará de abrir los ojos a los componentes de una futura generación adulta. También dieron por muerto a dios (Niestzche, dixit) en la creencia vana de que la ciencia, según va explicando los misterios terrenales (los rayos, las inundaciones, la vida, la enfermedad, la muerte…), apenas dejaría espacios donde pudiesen refugiarse las religiones.
Unos y otro erraron porque en los ingredientes del cálculo se olvidaron de incluir el elemento principal: el negocio, el poder. Nacionalismos y religiones son un inmenso negocio y una máquina de poder muy superior al dinero. El Papa o Bin Laden, o el verbo de cuantos Hitler han sido, poseen un poder infinitamente mayor que el dueño del imperio Microsoft: el poder sobre las conciencias, sobre los sentimientos que escapan al análisis racional.
En la imaginería del cristianismo, el diablo dedica todas sus artes a atesorar almas en el infierno, y al parecer es el único motivo de su existencia (vaya pareja: dios, fabricando almas en cada polvo, y el diablo, intentando quedarse con ellas). Es capaz de las más desmesuradas promesas (eterna juventud, inmensos tesoros) con tal de comprar las almas. El diablo sabe, como los dioses y los sacerdotes que los administran, que el poder radica en el dominio de las voluntades.
Los hombres también hemos aprendido a temer más a los dioses que a los reyes (por eso la alianza entre el poder terrenal y los sacerdotes es insuperable), mucho más crueles, capaces de urdir castigos infinitamente más atroces. En nuestra Edad Media, judíos y moros hubieron de escapar a la ira de los administradores cristianos del poder divino con conversiones masivas, y uno de los trabajos de la Santa Inquisición consistió en buscar y descubrir a los falsos conversos, fueran judíos, fueran mudéjares (Mudayyan: “aquel a quien se le ha permitido quedarse”). Tras la toma de Granada por los Reyes Católicos, la mayoría de los musulmanes optaron por la “conversión” para salvar el pellejo y sus haciendas. Curiosamente, fue el cardenal Cisneros, el ideólogo de las purgas, quien había calificado como “renegados” a los cristianos de Granada que se habían convertido antes al Islam. Unos y otros, moros , judíos y cristianos, eran conversos de conveniencia según el lugar donde les tocara vivir.
Como ha ocurrido con los dos periodistas de la cadena de televisión norteamericana Fox, quienes, tras trece días de secuestro en Gaza por parte de las “Brigadas del sagrado Yihad”, acabaron por “convertirse” al Islam para salvar sus vidas. Ahora me asaltan varias preguntas. Teniendo en cuenta que la cadena Fox es una de las que más ha apoyado la política intervencionista de Bush, y por tanto, pro judía, ¿esa pantomima de conversión podría considerarse una venganza musulmana por la afrenta histórica de las conversiones en masa a las que fueron obligados sus antepasados? Y si ahora, después de su liberación, confiesan que su conversión era un burla, ¿podrán ser sometidos a una fatwa, una condena a muerte, por renegar de su nueva religión? Un lío, de verdad.
Lo cierto es que sin el ingrediente divino, las guerras por el petróleo, por el agua, por las minas de diamantes o por una porción más de territorio no son más que una ordinariez. Sólo los inventores de dioses saben añadirles ese plus de crueldad imprescindible para diferenciarnos de los animales.

25 Ago 2006

¿Quién tiene que reconciliarse con quién?

12:40, por manolosaco  
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El proyecto de Ley de la Memoria Histórica es una chapuza que no contenta a nadie. Para el facherío unido que jamás será vencido (os remito a los comentarios en este mismo diario sobre la retirada de la estatua ecuestre del generalito dictador que todavía se mantenía en pie en la Academia General Militar de Zaragoza, un general inmoral que representaba el ejemplo práctico de cómo no debe comportarse un militar que, tras jurar lealtad a la Constitución de su país, dio un golpe de estado e instauró una dictadura sangrienta durante cuarenta años), decía que para la derecha “no hay que remover” la historia porque es un agua pasada y turbia que sólo sirve para ahondar en el rencor e impide la reconciliación.
La izquierda quiere aplicar el principio jurídico, dictado por el sentido común, de que a los delincuentes hay que juzgarlos para que cumplan su pena. Y la única pena que pedimos para los delincuentes militares, religiosos y civiles que se sublevaron contra la legalidad y extendieron el odio y la venganza durante generaciones, es que paguen la pena, ya simbólica a estas alturas de siglo, de la condena histórica de sus fechorías, con la desaparición de sus símbolos victoriosos que todavía tapizan edificios públicos e iglesias, con la anulación de los juicios militares sumarísimos, simples asesinatos escenificados, parodias de legalidad mediante las cuales se llevó a cabo una infame limpieza política del adversario.
Ante el argumento de la extrema derecha, los hijos ideológicos de los sublevados, sólo cabe preguntarse quién tiene que reconciliarse con quién. Y le devuelvo el argumento con una comparación muy querida por ella: ¿Son las víctimas de ETA las que tienen que reconciliarse con los terroristas? ¿Son las mujeres violadas las que deben reconciliarse con sus violadores?¿Son los expoliados los que han de reconciliarse con los ladrones?
¿Recordáis la sentencia de aquel juez que en un juicio por violación reconocía como eximente que la violada “iba provocando” con su indumentaria? ¿Hasta cuando tendremos que escuchar que la mitad de la España violada iba provocando?
Creo que el Gobierno de Zapatero ha dado un mal paso, un paso cobarde, cuando hasta ahora no le había temblado el pulso para otras leyes mucho más conflictivas. Es un mal paso porque la herida sigue sin cerrar como pago a una falsa reconciliación con quienes no quieren pedir perdón como justificación a los desatinos de quienes abrieron esa herida.
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El cabo topógrafo (Fin del cuento largo)
Cuando volvió en sí, se encontró sentado en el suelo, contra un carro de combate, rodeado por un teniente, tres soldados de la policía militar y un intérprete que le gritaba órdenes o preguntas, no lo sabía muy bien, en árabe. El cabo Manuel les devolvió una sonrisa bobalicona.
-Hola, muchachos, se presenta el cabo topógrafo Manuel Santisteban Méndez. Creí que no os encontraría nunca -dijo arrastrando la lengua, con la mirada extraviada, todavía bajo los efectos del traumatismo.
-Excelente actuación, Mustafá -tronó la voz del teniente-. Ahora deja de hacer el idiota y dime cuántos exactamente habéis conseguido infiltraros en nuestras filas. Por si te sirve de dato, ayer fusilamos a otro compañero tuyo que se hacía pasar por artillero de primera. Y eso que estaba mejor preparado. Por lo menos tenía menos cara de moro que tú, pedazo de imbécil.
-Es que creo que les obligan a llevar a todos el mismo bigote del Sadam, mi teniente -le susurró al oído el sargento de la policía militar-. Aunque digo yo que para estos trabajos especiales deberían afeitárselo…
-Me lo repita, mi teniente -interrumpió el cabo Manuel. La voz y el sentido se le iban aclarando lentamente.
-Que me digas inmediatamente cuántos sois y la posición exacta.
-Soy yo, y estoy aquí -respondió, divertido.
Un sargento de una envergadura descomunal se le plantó delante de la cara. Un segundo después, Manuel sintió que le elevaban un palmo del suelo, suspendido por el cabello.
-Mira, Mustafá de mierda, no he venido hasta aquí para ponerme a hacer juegos de palabras ni pienso perder mucho más tiempo contigo. ¿Qué has dicho que eres?
-Cabo topógrafo, mi sargento – respondió Manuel con un hilo de voz.
-¿Cabo topógrafo? -El sargento se dirige al teniente, sin soltar el pelo de Manuel- ¿Para qué coño queremos topógrafos en el desierto, mi teniente?
-Supongo que para marcar los riachuelos, las montañas, los caseríos, los molinos y todas esas cosas que, como todo el mundo sabe, abundan en los desiertos -contestó el prisionero, incapaz de abandonar la sorna, a pesar del dolor-. Es exactamente lo mismo que les dije en Madrid a los de la Caja de Reclutas. ¿Para qué quieren ustedes un cabo topógrafo como yo en el desierto, si, además, de lo único que sé es de latín?
-Claro. Y ahora vas a decirme que estás vestido con ese uniforme porque te perdiste en el desierto, encontraste el cadáver de un moro y te lo pusiste por si acaso, por si caías en manos del enemigo, para disimular. ¿A que sí?
-¡Coño! ¿Cómo lo sabía, mi teniente?
-Oye, Mustafá. ¿Es que me has visto cara de idiota? ¿Crees que un cabo, y además, topógrafo, del ejército español puede perderse por el desierto? ¿Y que iba a cometer la estupidez de ponerse el uniforme del enemigo, sabiendo que es motivo suficiente para fusilarlo en el acto?
-Pues, ya ve, eso último no lo sabía…
-¡Cállate! -le ordenó el teniente, con claros síntomas de estar perdiendo la paciencia-. ¿Dónde has aprendido a hablar español?
-El español lo aprendí como usted, en casa. El latín, en Salamanca, por si también le interesa… Ahora sólo falta que me pregunte, como en las películas de guerra americanas, quién ganó la Liga el año pasado. Ande, pregúnteme quién ganó la Liga el año pasado.
El teniente llamó a su gente a un aparte. El cabo Manuel les veía deliberar como un entrenador y sus pupilos en un momento del descanso reglamentario. Menos mal, cavilaba. Menos mal que les dije lo de la Liga, para que se sintieran ridículos y no me lo preguntaran. Porque sólo faltaba que me fusilaran por no saber quien coño ganó la liga el año pasado…
-¡Eh, tú, Mustafá! -se oyó la voz del teniente, a veinte pasos del cabo topógrafo. La pistola del oficial y los fusiles de los tres policías militares le apuntaban al estómago-. Dinos, Mustafá: ¿Quién ganó la Liga el año pasado?