Echemos las culpas al muerto
Bueno, creo que nos hemos ganado unos días de vacaciones entre examen (Estatuto de Cataluña) y examen (inicio de las conversaciones de paz con ETA). Los datos fríos del examen de ayer ya los sabéis: casi el 74% de los votantes ha dicho sí al texto del nuevo estatuto, y casi el 21 ha dicho que no. Como hoy es un día de reflexión, en el que todos ganan o, como dice Arsenio en el blog de aquí al lado, todos pierden, yo quiero dejar mi pequeña aportación.
Lo primero que me llama la atención son las declaraciones de los dirigente de ERC dando a entender que, a tenor de los resultados, tendrán que revisar sus planteamientos de rechazo frontal al estatuto aprobado. En realidad, el PP es el único (recordad: “todos los partidos políticos, excepto el PP…”) que no mueve un ápice su percepción, y como era de esperar, lejos de aceptar que sólo una quinta parte de los votantes votó NO, aprovecha la baja participación para restar legitimidad al estatuto aprobado. Para ser más exactos, del total de noes le correspondería al PP un 12%, no más, considerando el porcentaje de votos recibido por esta formación en las pasadas elecciones autonómicas (11,87%), aunque sus dirigentes están dispuestos a ramonear todas las papeletas perdidas, las negativas de ERC, las nulas, las en blanco y las que no han llegado nunca porque sus dueños decidieron utilizarlas de servilleta en torno a la tortilla de patata familiar a la orilla del mar. Ya se sabe que los dirigentes del Partido Popular lamen sus heridas de los fracasos electorales restando legitimidad a la convocatoria que los desaloja; así sucedió en el 14-M y así vuelven a repetirlo en este 18-J.
Pero algo ha ocurrido en las filas del NO. Considerando los resultados de las últimas elecciones autonómicas, de 2003, en que la suma del porcentaje de votos recibidos por PP y ERC es de 28,34%, podríamos llegar a la conclusión de que casi un 8% de sus votantes naturales decidieron sumarse a la corriente del SÍ. No creéis que debería servirles de tema de meditación para las próximas semanas?
Aunque me temo que ahora toda meditación va a girar exclusivamente en torno a esa abstención. Por su propia naturaleza (gente que se ha abstenido de votar) cabe todo tipo de lecturas, elucubraciones y explicaciones sobre las verdaderas intenciones de los abstencionistas porque ninguno de los afectados podrá desmentirles jamás. Es como echarle las culpas al muerto, el único que no puede responder ni defenderse.
Y no faltarán profesionales demoscópicos para dar la razón a todos: unos justificarán esa abstención en base a que el resultado estaba tan claro de antemano que los partidarios de uno y otro sentido del voto decidieron quedarse en casa y ahorrar energías; otros lo explicarán como un resultado normal en este tipo de consultas, pues los referendos mueven tradicionalmente a una menor participación; y habrá quienes vean tras esa abstención un castigo global a una reforma del estatuto que ni les iba ni les venía. Sólo tenéis que daros una vuelta por los medios de cabecera de la derecha para comprobar que las matemáticas no son tan sencillas como vosotros os creéis, que a veces, un 74% es mucho menos que un 21%, rarezas propias del mundo microscópico de la física cuántica, y que aunque parezca que tres de cada cuatro votantes dijeron que sí, en realidad lo que ocurre es que tan sólo uno de cada tres catalanes está de acuerdo con el nuevo estatuto. Magia potagia de la demoscopia interpretativa.
Lo mejor de todo esto es que ya pasó el examen. Yo soy de los que piensa que, fuese cual fuese el resultado, sería bueno para todos… porque lo bueno es que se acabó el asunto de una vez. En adelante nos toca prepararnos para el próximo examen, las conversaciones de paz. La camarilla de Rajoy estará entretenida durante unos días en retorcer la historia de Cataluña, dándole vueltas a los fantasmas de las furgonetas, los relojes Casio y las casettes de la Orquesta Mondragón agazapados tras el Estatuto de Cataluña, hasta que se meta de hoz y coz con esa posible paz que tanto le preocupa, y pase a aplicarnos la tortura diaria del precio político, el desprecio a las víctimas, y los amigos de ETA que habitan en la Moncloa. Lo del estatuto ha sido un tratamiento de balneario comparado con los que nos espera.
Como tiene que ser: de victoria en victoria hasta la derrota final.
