30 Jun 2006

…excepto el Partido Popular

00:01, por manolosaco  
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Ya ha comenzado el proceso de paz para acabar con ETA. Rodríguez Zapatero ha vuelto a recordar que será un proceso largo, duro y difícil. Y sobre todo, aseguró, “discreto”. Eso es lo que necesitamos todos. Con la discreción por delante, estamos dispuestos a sobrellevar que el proceso no se deje ningún pespunte sin coser, que se pueda alargar incluso más allá de las próximas elecciones, y hasta soportaremos todas las zancadillas que nos puedan poner los dos extremos interesados en que no se alcance la paz definitiva: la extrema izquierda representada con exactitud estremecedora por los etarras que patean los cristales del cubículo donde se les juzga por sus asesinatos, y la extrema derecha representada por el ZAR -Zaplana, Acebes, Rajoy- (ni RAZA, ni ZARA, porque desde que al patriota insufrible se le destapó el pastel de Murdoch y Famaztella S.L., la segunda A quedó definitivamente para el desguace político ¡Qué hombre de Estado se pierde España!).
“Todos los partidos políticos excepto el PP” han dado el visto bueno a la iniciativa del presidente del Gobierno.
Los sindicatos mayoritarios también han dado el visto bueno.
El sindicato de la policía, también.
La izquierda abertzale, también.
El presidente francés, Jacques Chirac, de derechas de toda la vida, también.
El presidente de la Comisión Europea, Durao Barroso, también.
El primer ministro británico, Tony Balir, el amigo del hombrecillo insufrible, el aliado de George W. Bush en su campaña planetaria contra el terrorismo, también.
Todas (creo) las asociaciones de víctimas del terrorismo, “excepto la AVT del Partido Popular”, también.
La muy de derechas Confederación Española de Organizaciones Empresariales (CEOE), también.
La Iglesia española todavía no ha dicho nada, ocupada como está en el espectáculo papal, a inaugurar próximamente en Valencia. Aún está estancada en la discusión de si debería permitirse, como santa excepción, el uso del preservativo a los miembros (nunca mejor dicho) de ETA como medida profiláctica para impedir que traigan más terroristas al mundo.
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(Meditación para hoy: aunque parezca que los tiempos no están para ello, de vez en cuando vuelvo a mis poetas favoritos. Ayer me tropecé con Bertold Brecht como si acabara de leer la noticia de los parlamentarios europeos que le tiraron de las orejas a Ruiz Faráon, alcalde de Madrid, por haberse negado a elaborar un estudio de impacto ambiental sobre las obras faraónicas de la pesadilla de la M-30 madrileña, que ha supuesto la tala de miles de árboles, algunos centenarios. Los poetas son una especie de visionarios que trascienden al tiempo y sus circunstancias. Decidme si acaso Brecht no parece Nostradamus en este poema/profecía sobre al alcalde de Madrid:
Verdaderamente vivo en tiempos sombríos,
es insensata la palabra ingenua. Una frente lisa
revela insensibilidad. El que ríe
es que no ha oído aún la terrible noticia,
aún no le ha llegado.
¡Qué tiempos éstos en que
hablar sobre árboles es casi un crimen
porque supone callar sobre tantas alevosías!
(De su poema titulado “A los hombres futuros”)

29 Jun 2006

La honradez asistida

00:32, por manolosaco  
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Esta noticia pasó prácticamente inadvertida. Un grupo de biólogos y psicólogos de la Universidad de Newcastle que experimentan con lo que ellos llaman el método de la “honradez asistida”, llegaron a una conclusión que, en principio, parece de Perogrullo: cuanto más observado se siente el ser humano más “honestamente” actúa. Parece casi un refrendo de la novela 1984 de Orwell en la que los ojos del Gran Hermano (trasunto de Stalin) y su partido único todo lo ven, omnipresentes para impedir cualquier comportamiento que se salga del sistema.
Varios ayuntamientos españoles han propuesto la implantación de una red de cámaras de vigilancia en las calles más transitadas o las consideradas más inseguras, más como prevención del delito que como documento inculpatorio posterior contra el delincuente. Los detractores alegan la pérdida de intimidad, un bien que para ellos debería estar por encima del de la seguridad. Sus defensores sostienen la misma obviedad a la que han llegado los investigadores de Newcastle: que donde existen cámaras de vigilancia los delitos disminuyen, o, por decirlo con las palabras de su informe, la gente actúa “más honestamente” . En su estudio deducen que es viable potenciar la honradez del ser humano en la vida diaria: basta con hacerle sentirse vigilado. O, lo que es lo mismo, se le puede potenciar la honestidad mediante la “honradez asistida”, asistida, claro está, por las cámaras del Gran Hermano.
Es el fondo de debate universal. George W. Bush, en su batalla global contra el terrorismo, ha fisgado en millones de cuentas corrientes de ciudadanos de todo el mundo, y no hay ser más indefenso que aquel al que le dejan su cuenta bancaria con el culo al aire. La cuenta y la tarjeta de crédito, el rastro más exacto de nuestro comportamiento, de nuestros gustos y preferencias, de nuestras angustias y debilidades.
Otra forma de honradez asistida es la conseguida con los radares en las sociedades modernas. En Francia descendieron las infracciones de tráfico en una proporción parecida al aumento masivo de la implantación de radares en las vías públicas. En cualquier caso, las matrículas de los coches son una suerte de honradez asistida, pues es como llevar el carnet de identidad en la boca. No consigo imaginarme cómo sería la “jungla de asfalto” si los automóviles no llevaran adosada la identidad del dueño, si fuéramos seres anónimos escondidos tras los cristales tintados de las máquinas de insultar y matar.
Volviendo el argumento por pasiva, creo que la muestra más extendida de “falta de honradez asistida” es la existencia de los servicios telefónicos de “desatención” al cliente de las empresas de telefonía y otras multinacionales. Hasta hace unos años, el cliente se veía vis a vis con el funcionario de turno, con el que mantenía un tira y afloja en la negociación de su reclamación, generalmente en una conversación educada, pues es difícil ser grosero con alguien al que le miras a los ojos. Hoy, la empresa se escuda en el anonimato de sus empleados (que a menudo no son “sus” empleados, sino compañías interpuestas contratadas para soportar, sin resolver, las reclamaciones de los clientes), y las conversaciones suelen encresparse hasta llegar no pocas veces al insulto.
Otro ejemplo que avala la teoría de la “honradez asistida” lo tenéis en el comportamiento de alguno de los habitantes de esta bitácora. Al sentirse seguros de la impunidad que les otorga el anonimato, no necesitan un mayor esfuerzo intelectual para disentir (sea de mí, sea de los demás contertulios) que la grosería y el insulto. Y así, podríais encontraros entre los trolls insolentes de los mil nombres a un sobrino mío, convencido de su anonimato, que en la vida normal, con la cámara de mis ojos enfocada, tiene conmigo un comportamiento civilizado.
Si la ley nos permitiera hacer públicas las IP de los infractores, de la misma manera que podemos hacer con las matrículas de los conductores, otro gallo nos cantaría. No como denuncia sino como prevención. Quizá están necesitando esa “asistencia” para que florezca su honradez.

28 Jun 2006

Fuimos a follar y nos follaron

00:08, por manolosaco  
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Acaba de terminar el partido de fútbol Francia-España y la ilusión de los aficionados españoles. Aunque yo no lo vivo muy de cerca, sé que es de esas situaciones tristes para los seguidores, muchos de los cuales viven el fútbol como un encuentro amoroso en el que el gol es un orgasmo. Fuimos a follar y nos follaron. Las aficiones habían estado preparando el encuentro todo el día, calzoncillos y braguitas limpias, haciendo sonar el claxon de los coches por toda la ciudad con pitidos cómplices, ondeando banderas de España, haciéndose señales de acera a acera, en esos raros momentos en que todos estamos de acuerdo, en el que el músculo político duerme y la ambición del dinero descansa durante unas horas, como diría el tango.
El fútbol debe de ser algo muy importante en nuestras vidas porque unos lo comparan con el fanatismo de las religiones, otros equiparan el gol a un orgasmo, alimenta los nacionalismos más primarios y mueve más dinero que muchas de nuestras empresas multinacionales. Religión, sexo, nacionalismo y dinero. ¿Alguien da más?
Ayer recibí un correo de una de nuestras “posteadoras” habituales, y me preguntaba por qué Inglaterra acudía a los mundiales de fútbol como Inglaterra y no como Gran Bretaña, tal como hace en el caso de las Olimpíadas. No tenía ni idea, así que se lo pregunté a un amigo periodista y sin embargo culto, que me dio una explicación que me dejó más pensativo todavía.
Me cuenta que se debe a que los ingleses, como inventores que fueron del fútbol, impusieron sus propias normas a la UEFA desde el principio, de tal manera que en el Reino Unido existen hoy tres federaciones de fútbol distintas: Inglaterra, Escocia y Gales. Al parecer el asunto tiene muchas connotaciones políticas e, incluso, religiosas, pues dos equipos escoceses, El Celtic (católico) y el Glasgow Rangers (protestante), suspiran desde hace muchos años por entrar en la liga inglesa, que es donde está la pasta gansa, con la oposición frontal de Inglaterra.
Esta separación de federaciones dentro de una sola “nación” (bueno, no sé si es una nación o una nacionalidad histórica o un imperio que se desmorona) es la que ha servido de inspiración a los nacionalistas catalanes y vascos para exigir una federación y liga propias. El problema es, como siempre, que hay que elegir entre dos amores irreconciliables: el dinero o el sentimiento ultranacional. Los escoceses (eliminados en la fase previa de los mundiales) aprendieron en cabeza propia que con el sentimiento nacional por delante no se comen una rosca futbolera, con ligas raquíticas, de escaso movimiento de dinero. No entiendo mucho de esto, pero creo que los derechos de televisión son una parte del león de las finanzas de los clubes, y no creo que un partido Badalona-Berga, pongamos por caso, llegase a levantar pasiones en la aldea global.
El otro día, cuando España ganó su último partido, por mi barrio corría la juerga nocturna de celebración, coches ruidosos, banderas al viento, botellas de cerveza asomando por la ventanillas, y mucho oé, oé, oé, oéeeeeee. Acabo de asomarme a la ventana, y la ciudad parece en estado de shock. Digo yo que no será para tanto.
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(Meditación para hoy: leo en el periódico que el Papa perdonará los pecados a los fieles que asistan al encuentro con él en Valencia, concediendo para ello una indulgencia plenaria. Franco daba un bocadillo y pagaba el autocar para que le hincharan el ego en la plaza de Oriente, pero lo de este Papa es de un egocentrismo insuperable: ofrece nada menos que el Paraíso como premio. No es pequeña meditación la que os propongo para hoy, pecadores.

27 Jun 2006

Acaban bien porque acaban

00:07, por manolosaco  
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Las películas que acaban bien acaban bien porque acaban. Me explico. Generalmente las comedias románticas se basan en el esquema de chica que conoce a chico, ocurren muchas peripecias, se enfadan, vuelven a juntarse y terminan en la cama o en la vicaría o en el juzgado prometiéndose amor eterno. Si al llegar a este punto se interpone la palabra fin (the end), nos vamos a casa tan contentos, como si la felicidad pudiera quedarse congelada en el último plano. Todos los que hemos vivido alguna historia de amor hemos deseado que el tiempo se quedara en suspenso en ese punto para siempre. Como en el cine.
En los cuentos tradicionales nos despedían con un «vivieron felices y comieron perdices», que en los años del hambre debía de ser el colmo de la felicidad, pues la perdiz era pieza reservada a la nobleza. De tanto repetir los mismos esquemas en la factoría de Holliwood hemos aprendido que cuando los protagonistas se casan a mitad de película es que resta tiempo suficiente para que comiencen los roces entre la pareja, y la historia termine mal o al menos corra serio peligro. Porque la clave está en el día siguiente, en la convivencia diaria, cuando la tensión de los mecanismos de seducción va perdiendo fuerza, cuando todo se hace previsible, cuando de aquel agujero en nuestro estómago enamorado que nos hacía perder el apetito pasamos a ese otro agujero que nos impulsa a comer sin freno todas las perdices de todos los cuentos juntos, hasta arruinar irremediablemente nuestra figura.
En los periódicos fue noticia ayer la primera demanda de separación de un matrimonio gay en España, como en su día, tras la aprobación de la ley del divorcio, lo fue la primera sentencia que se acogió a la norma. Había tantas parejas esperando ese momento que alguna hubo que celebró su divorcio con el mismo desenfreno que el bodorrio. Los gays acaban de estrenarlo. Ellos pensaban ingenuamente que la felicidad comenzaba en la boda, o incluso el día en que se aprobó la ley que les permitía casarse, con el sello de “matrimonio”, sin sospechar que su divorcio, un primer divorcio, era la noticia que faltaba para que el matrimonio homosexual entrara en la normalidad social española. Pueden casarse y pueden divorciarse, con bienes gananciales de por medio y la batalla por la custodia de los perros.
Bienvenidos, pues, a la continuación de la película.
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(Meditación para hoy: he visto un reportaje en el telediario sobre el tinglado de “marchandising” montado en torno a la próxima visita del Papa a Valencia. Los mercaderes valencianos hasta se han inventado el kit del peregrino, con mochila, camiseta, gorra, botellín de agua y no sé cuántos enseres más, todo en puro diseño papal bajo el color amarillo dominante. Se venden rosas blancas serigrafiadas con la imagen de Benedicto XVI, estatuillas de porcelana con su efigie (al precio de 450 euros), bolígrafos, mecheros… En estos casos me viene a la memoria el pasaje de Jesús, apeándose del burrillo con el que hizo su entrada triunfal en Jerusalén (claro está que Jerusalén era un nido de fariseos; nada que ver con la Valencia de hoy que es un nido de políticos del PP), contemplando cómo los patios del templo se habían convertido en un vulgar mercado. Los evangelios nos lo describen como un bullicio de compraventa, de mercaderes gritando sus mercancías, engolfados en el rito inevitable del regateo propio de los mercadillos. Jesús se abalanzó contra los mercaderes, armado de cuerdas como látigos, y dio al traste con las mesas de los cambistas y expulsó a los vendedores con sus mercancías y ganados. “¡La casa de Dios es una casa de oración -gritaba-, y vosotros la habéis convertido en una cueva de ladrones!” . En todo el evangelio no volvió a verse a Cristo tan cabreado (creo que de ese pasaje viene lo de “armar un cristo”).
Una de dos: o este Papa no cree en dios, o no ha leído los evangelios.
(Otra meditación para hoy: ese de la foto de ahí arriba con orejas de soplillo y cara de no romper un plato soy yo. Bueno, fui yo a los nueve años. He decidido cambiarla por la anterior porque expresa mejor mi espíritu inocente. Mañana os contaré más.

26 Jun 2006

Los perros no saben divertirse

00:31, por manolosaco  
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Creo que los españoles no somos especialmente limpios. El suelo de nuestras calles es un testigo permanente de la escasa educación de muchos amos de perros y del nivel de tabaquismo de la población, en forma de esputo mañanero y colillas que tapizan las aceras. Cuando se levanta un poco de viento, alzan el vuelo todo tipo de papeles de propaganda, envoltorios de chucherías y bolsas de plástico. Los alérgicos a las papeleras suelen justificarse con la coartada de que para algo pagan los servicios de limpieza con sus impuestos. Algo así como el nuevo concepto empresarial de comprar “bonos” de CO2 para poder contaminar el planeta con gases de efecto invernadero, concepto nacido del Protocolo de Kioto. Ya no es que “si contaminas, pagas”, sino que “si pagas puedes contaminar más”. Así que, si tienes un servicio de limpieza municipal, que trabaje, que para eso está.
En un post anterior comentábamos la procedencia de la tradición de las verbenas, como la de san Juan, fiesta pagana para saludar al sol y dar rienda suelta a las carnes encorsetadas del invierno. En media España ha prendido la costumbre de reunirse alrededor de una hoguera y una botella para celebrar la noche más corta del año. Bueno, una botella, no, miles de botellas, latas de conservas y de cerveza, tetra brick, sandías, melones y todo alimento sólido, líquido o cremoso susceptible de ser consumido antes de que nos sorprenda el alba. He leído que tan sólo en las playas de Barcelona, los servicios de limpieza recogieron 33 toneladas de basura una vez finalizada la juerga. Y al parecer las playas de Valencia, Alicante y La Coruña, de las que tengo noticia, amanecieron con la apariencia de haber recogido ellas solas los restos del naufragio de la US Navy frente a nuestras costas.
Nuestras ciudades están sucias, pero razonablemente sucias. Ello quiere decir que la mayoría de los ciudadanos utilizamos preferentemente las papeleras y contenedores para desprendernos de lo que ya no nos sirve. La mierda que vemos es la expresión de lo que puede contaminar una minoría.¿Por qué, tras el jolgorio de las Fallas, de la Feria de Sevilla, de cualquier macrofiesta o verbena popular, perdemos la compostura, como si la obligación de utilizar las papeleras pudiera quedar en suspenso por no sé qué extraña amnistía? ¿Por qué en las horas y días de ocio damos también vacaciones a nuestro comportamiento cívico?¿Qué mecanismo mental funciona en nosotros para que la educación sólo esté en activo hasta la hora de salir del trabajo? ¿Quién ha dicho que una bolsa de patatas fritas o una lata de cerveza vacías tienen distinto destino final si es día laborable o festivo?
Cuando vi por televisión el panorama desolador de las playas de Barcelona al día siguiente del naufragio de san Juan, ensuciadas por los mismos que no dudarán en protestar dentro de unos días por su bajo nivel de limpieza, me vino nuevamente a la memoria que los perros jamás cagan donde comen, ni donde toman el sol.
Pero, claro, los perros son unos animales que no saben divertirse.