31
May
2006
00:51, por manolosaco
Tags: Una año más, el debate del estado de la Nación ha demostrado que sólo sirve para poner de los nervios a toda España durante dos días, en especial a quienes no tienen el poder, como la oposición. Intento buscarle otra aplicación, pero no la encuentro. Verlo por televisión y ponérseme cara de acelga es todo uno. Porque, continuando con el hilo del otro día, el debate del estado de la nación resulta un calco del desfile de las fuerzas armadas, pero a lo civil, un desfile de todas las armas dialécticas, artillería pesada y de mano, numerosas agrupaciones de variopinto uniforme desfilando por la tribuna (con la legión y la cabra incluidas -a ver si sabéis quién es la cabra-) y armas no dialécticas como los insultos y las actuaciones esporádicas del club de payasitos contratado por la oposición para estos acontecimientos.
Creo que estos debates sólo sirven para la crispación colectiva, porque con ellos no avanzamos ni un milímetro en la comprensión del verdadero estado en que se encuentra la nación. No me gusta el papel del presidente del gobierno, obligado por el guión a ocultar los desaciertos y a magnificar los logros de su gabinete, que rayan en el autobombo bochornoso; ni me gusta el papel interpretado por la oposición, sobre todo de Rajoy, con esa enumeración de todos los fracasos del gobierno, ciertos o inventados, con los cuatro jinetes del Apocalipsis cabalgando en cada línea de su discurso. Vale que Rajoy tenga que cumplir con obligación tan penosa, ¿pero es necesario que nos lo diga siempre enfadado, como si nos regañara a todos los españoles por haber equivocado nuestro voto, con esa cara de cabreo crónico, como si él llevara sobre sus hombros todos los problemas de España?
Abunda en el espectáculo vergonzoso el turno de aplausos. Porque los aplausos también tienen su turno, en las réplicas y contrarréplicas. Ya sé que sus señorías se toman todo esto como un espectáculo, razón por la que consideran completamente natural aplaudir al final de cada actuación. Pero a mí me da mucha vergüenza. Esa imagen del orador volviendo a su escaño a recoger el aplauso servil de su escuadra, como el torero que cree haberse ganado dos orejas y un rabo (y un cuerno), creo que degrada la calidad parlamentaria.
Como dice mi hijo, quizá la culpa de tanta sobreactuación, de tanto histrionismo, la tengan la propia televisión y radio que trasladan a los ciudadanos la imagen y voz de lo que allí ocurre. Porque el medio acaba convirtiéndose en el mensaje, como decía MacLuhan. Si la telebasura es lo que vende, pues toma dos tazas. Quizá si el debate perdiese su condición de espectáculo mediático, si consistiese más en un trabajo interno, de la misma manera que los parlamentarios invierten miles de horas de trabajo callado en las comisiones, sin cámaras ni micrófonos, no se verían obligados a escenificar esa batalla desagradable de descalificaciones personales ante un público ávido de sangre (metafórica, espero) propia de los circos de gladiadores.
Me diréis que no puede ser, que el Parlamento no tiene derecho a hurtar a sus votantes el debate de los asuntos que conciernen a su futuro, pero creo que en el calor de estas escenificaciones se hacen afirmaciones muy inoportunas y peligrosas para la convivencia, verdades a medias y falsedades manifiestas, pensando más en el titular del periódico que en dar brillo a la verdad.
Y ya se sabe que los que no dicen la verdad corren grave riesgo de mentir.
30
May
2006
00:14, por manolosaco
Tags: España será pronto un desierto por falta de lluvias. Hemos sufrido el mayo más caluroso de la Historia, y auguran los meteorólogos que sufriremos el junio y el julio y el agosto más cálidos desde que haya noticia escrita. Cuando España era católica, se sacaban los santos en procesión y no se les dejaba descansar hasta exprimirles las primeras gotas de lluvia. Según la sociedad se hizo más laica, tomó el relevo la Feria del Libro de Madrid: inaugurarla y ponerse a llover era todo uno.
Supongo que la Iglesia, tan aficionada en tiempos pasados a alimentar con los ejemplares del Índice de Libros Prohibidos las hogueras de las noches de autos de fe, vería con malos ojos esa competencia desleal de los libros laicos en su misión de exorcizar la lluvia. Que san Antonio o san Pancracio gozaran de menor influencia sobre los meteoros que las reediciones de las obras de García Lorca, que además de rojo era homosexual, debía de tener sumida en el estupor a la Conferencia Episcopal.
Ahora, al fin, se ha descubierto el pastel: parece confirmarse que las lluvias y las temperaturas primaverales de los mayos de antaño se encuentran en proceso de extinción, como los linces. El cambio climático está demostrando que a la humanidad no hay dios que la salve, por dos razones: por estúpida y porque no hay dios. Y lo que es peor, ni la cultura, en forma de Feria del Libro, sirve ya para detener la muerte del planeta.
Si los santos no saben hacer su trabajo y los libros no cumplen con su misión última de invocar la lluvia, si no hay dios ni nos queda la palabra, como pensaba tontamente Blas de Otero, ¿qué nos queda?
29
May
2006
00:27, por manolosaco
Tags: Ayer se celebró el Día de las Fuerzas Armadas, con un desfile en Sevilla. Por lo que vi en la televisión me pareció bastante discreto. Pero quisiera reflexionar con vosotros en alto sobre este tipo de celebraciones, pues debo reconoceros que tengo sobre este asunto sentimientos contradictorios: no sé si habría que suprimirlas como un residuo o un reflejo de la manifestación de un poder intimidatorio y destructivo, o si cumplen su función de escaparate para conseguir “vocaciones” entre los jóvenes y como acercamiento de las Fuerzas Armadas al pueblo. Confieso que no lo sé y me gustaría que enriqueciéramos el debate con serenidad.
Por mi parte os avanzo que, desde mi militancia en partidos clandestinos bajo el franquismo, siempre vi a las fuerzas armadas como el enemigo a batir, mejor, del que huir, como uno de los pilares sobre los que se asentaba la represión de la dictadura. Pasaron los años, y tras el triunfo de la revolución de los claveles en el vecino Portugal, comprendí que el mismo ejército que antes había sido utilizado como elemento represor servía también para todo lo contrario, para defender las libertades públicas al servicio de una democracia. Solamente dependía de la mano que mecía la cuna, del uso o abuso que los gobiernos hiciesen de esa institución armada.
Comprendí también, más tarde, que la salud de las democracias se puede medir por la mayor o menor presencia de los militares en la sociedad, su visibilidad en la convivencia interna. Cuanto más silenciosamente hacen su trabajo, más chirrían las manifestaciones de ciertos generales nostálgicos que todavía no han asimilado bien que las armas se las hemos puesto en sus manos para que nos defiendan, y no para que nos intimiden. Así que, poco a poco, según los militares se fueron haciendo invisibles con su trabajo callado, orientando su razón de existir como fuerzas internacionales de cooperación, y no de ocupación, fui perdiéndoles el miedo y tomándoles respeto.
Y es precisamente, en ese nuevo cometido en el que a muchos nos parecen más respetables las Fuerzas Armadas, cuando me pregunto, no ya tanto por la razón última de los desfiles militares, sino por el cómo deberían ser. Me pregunto si tiene sentido conservar ese formato de exhibición de tecnología militar o si habría que mudarlo por jornadas abiertas más cercanas a la ciudadanía, con menos desfiles marciales y más explicaciones de su labor humanitaria.
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(Meditación para hoy: lo que no soporto es ver desfilar a la Legión. Da la impresión de que quisieran matar de risa al enemigo, comandado por el general Gila. Me parece un ejército de opereta, desfilando a la velocidad del cine mudo, de una marcialidad imposible por impedimento de las propias leyes de la física, un ejército cagaprisas, que desfila a trotecillo lento, y que se adorna como mascota con una cabra uniformada. Creo que alguien debería poner un poco de sensatez en el asunto. Las cabras no se merecen ese maltrato psicológico.
27
May
2006
01:02, por manolosaco
Tags: Dos noticias de ayer me llamaron la atención. Una, la faena que el viento le ha jugado a la princesa Letizia, poniendo su principesca lencería a la contemplación de la plebe. La otra, la faena que el subconsciente le ha jugado a Alejo Vidal Quadras, eurodiputado por alejamiento profiláctico de su partido, el PP, alejado a miles de leguas de Barcelona para comprobar si era verdad que el fascismo es una enfermedad que se cura viajando.
El viento y el subconsciente son dos materiales incontrolables. Para el político emigrado en Bruselas, el Estatuto se aprobó en el Congreso “con un 60%” y en el Senado con menos del 50% de los votos de la Cámara, para concluir a continuación que en la época de Manuel Azaña “este planteamiento trajo la revolución sangrienta del 34, la Guerra Civil y 40 años de dictadura”. Ayer yo animaba a Acebes a provocar una escisión y montar, a modo de sucursal, un partido de extrema derecha donde aparcar a sus legionarios y sus falangistas de la FAES. A mí es que me gusta tenerlos de frente, no camuflados en partidos democráticos, por si sus palabras, más que un análisis histórico (el estilo analítico del hombrecillo insufrible está haciendo Historia) son abiertamente una amenaza. Por lo menos hoy ya sabemos que Vidal Quadras podría ser el secretario general de esa escisión.
El otro suceso, más banal, el de la exposición de lencería de su alteza, me llenó de alegría. Fue un bálsamo entre tanta noticia atemorizante, de la España que se hunde, amenazada por golpistas de toda ralea. Ahora ya soy mayor, y ya sé que las princesas también llevan bragas. Pero en mi infancia, mientras mis amigos se hacían preguntas enjundiosas, del calibre de si existían los Reyes Magos o el Ratoncito Pérez, yo me preguntaba qué llevaban los curas y las monjas debajo de las sayas, o bien (lo juro por mis niños) si los papas también meaban. Mi imaginación no la poblaban ni princesas ni reinas, porque no teníamos, y lo más parecido a ellas, la hija de Franco o su esposa, no me suscitaban ni un mal pensamiento.
Se puede decir sin tapujos que hoy corren vientos democráticos, que lo mismo enredan entre las piernas de las princesas como de las plebeyas. No quiero ni pensar qué hubiese ocurrido si a Carmen Polo una ráfaga de viento hubiese expuesto a la curiosidad pública sus puntillitas en un desfile militar, pongamos por caso. Nos habríamos quedado sin viento democrático durante cuarenta años. Gracias a eso, pudimos disfrutar de una larga democracia, fresquita y bien ventilada, tan añorada por Vidal Quadras.
26
May
2006
01:22, por manolosaco
Tags: Muy señores y señoras míos:
Cuando un día comenté aquella batalla gloriosa e incruenta en que el ex ministro Trillo nos embarcó, suceso valeroso que pasará a la Historia de España como la Ocupación de la isla de Perejil, algún lector me anunció una querella por el poco respeto que mostraba por la cabra de la Legión, el sargento que la adiestraba y la madre que lo parió, en lugar de escribirle a Trillo exigiéndole explicaciones por el ridículo que nos hizo sufrir a nivel planetario.
Cuando critico la imposibilidad de reconciliar fe y razón, pues aplicar la razón a la fe nos lleva al absurdo, muchos lectores se sienten ofendidos, como si este argumento fuese un ataque personal a los creyentes y no un ataque a sus creencias.
Cuando denuncio que la Asociación de Víctimas del Terrorismo (AVT) es un apéndice del PP, al servicio de una acción política de partido, otros lectores (quizá los mismos) vuelven a anunciarme querellas por un presunto agravio a las víctimas, en lugar de exigir a sus dirigentes que inviertan sensatamente las subvenciones que el Estado les proporciona para atender las necesidades psicológicas y pecuniarias de sus asociados, dinero que no les importa dilapidar en propaganda fascistoide y en manifestaciones contra las políticas de búsqueda de la paz.
Yo no tengo la culpa, muy señores y señoras míos, de que la invasión de un islote desierto por parte de la Legión sea ridículo; que la teoría de la evolución de las especies invalide el relato de la creación de Adán y Eva, o que las leyes de la física hagan imposible convertir un trozo de pan y unas gotas de vino en cuerpo y sangre de ningún dios; o que una asociación de víctimas del terrorismo sólo tenga razón de ser como sucursal de la oposición de un partido político.
Para ser más preciso: no tengo la culpa de que tanto desvarío junto anide casi siempre en las mismas personas.
Quedo vuestro afectísmo.
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(Meditación para hoy: cuando la AVT convoca una manifestación con el lema “queremos saber”, ¿a quién dirigen la pregunta? Si es a mí, ya se la expresé ayer. Si no era a mí, que se la dirijan al juez: no es necesario llevarle una carta en manifestación, basta con un correo certificado. El Juez es el que más sabe de todo esto.)
(Otra meditación para hoy: La gente se preguntaba dónde estaban los Le Pen españoles. Pues ya lo sabéis. Acebes ya ha descubierto que para ponernos a la altura de los países donde repunta el nazismo (Holanda, Bélgica…) sólo faltaba achacar a la inmigración el aumento de la delincuencia en España. Creo que cuando el Partido Popular se deshaga del lastre que le escora a la derecha y vuelva a su filosofía de centro reformista (¿?), los Acebes y demás legionarios fundarán, al fin, el renacido partido fascista español. Sin tapujos, para que todos los fachas se sientan como en su casa.)