24 Abr 2006

Los enemigos no quieren la paz

00:49, por Manolo Saco  

Hoy, lunes, Mariano Rajoy reúne a sus más directos colaboradores para analizar el “estado de su nación” y establecer nuevas estrategias. En fuentes cercanas a la cúpula del PP se reconoce el cariz preocupante del descenso en la intención de voto entre la feligresía de la derecha (antes “centro reformista”, ¡qué tiempos!) como consecuencia del efecto placebo del anuncio de ETA de un alto el fuego permanente. La política tiene estas incongruencias, y más cuando has basado tu éxito, no en la capacidad de seducir al electorado sino en las campañas apocalípticas de amedrentamiento general. Si tu estrategia consiste en meter el miedo en el cuerpo con que, digamos, la política económica de Zapatero nos lleva a la quiebra de la Seguridad Social, sólo pueden ocurrir dos escenarios: que la Seguridad Social quiebre de verdad, con la consiguiente ruina del Estado de Bienestar, pero con el éxito político de haberlo previsto, o que haya superávit, para alegría de todos… excepto del profeta. Los profetas de catástrofes son gente así de extraña que se alegra de que se cumplan sus augurios catastróficos, aunque supongan la ruina de sus conciudadanos.
Como todavía continúan con la mirada fija en una mochila y un reloj Casio, cualquier noticia que pueda empañar nuestra alegría sobre la validez o no del alto el fuego permanente es bien recibida por la extrema derecha. No disimulan. Es como si un comité de beatas mantuviese en piadosa vigilia una velita encendida a la corte celestial para que comandos incontrolados, quizá una nueva escisión en la filas de ETA, revienten las posibilidades de paz, que tanta alegría nos daría a todos… excepto al PP (¿dónde habré oído esto antes?)
No hay tiempo que perder. Con la ayuda del Cielo, el incendio todavía por aclarar de una ferretería de un concejal de UPN en la localidad navarra de Barañaín, se dio la salida a la carrera de desconfianza en el proceso de paz, nombre que, por cierto, no gusta nada a la derecha. Mariano Rajoy expresó inmediatamente sus sospechas, y envió el aviso automático de que hay que extremar la “prudencia”, tanto en la negociación como en nuestras ilusiones. Para el secretario general del PP del País Vasco, Carmelo Barrio, el incendio confirma que “los terroristas tienen a Navarra en su punto de mira”, y reclamó al presidente del Gobierno que “no negocie” con los terroristas y recupere la “expresión de buscar la derrota de ETA”. La traca final la puso, todo en el mismo día, la Asociación de Víctimas del Terrorismo (AVT), para quien los “lamentables hechos” muestran “la nula credibilidad de los asesinos de ETA”.
Los enemigos tienen tanto que perder con la llegada de la paz que nos espera una larga travesía de negociación.

22 Abr 2006

Solidarios con la Tierra

14:26, por Manolo Saco  

Hoy es el Día de la Tierra. Teniendo en cuenta, como ya os avisé una vez, que el Día sin Coches suele ser la jornada en la que se alcanzan los mayores atascos en las ciudades españolas, miedo me da el pensar a qué nueva clase de tortura estarán sometiendo hoy al planeta mis paisanos, ya sea a pie o a bordo de un vehículo 4×4.
Como el petróleo ya ha pasado de los 70 dólares el barril, y parece que pronto se estabilizará en los 80 dólares, cuando la gente habla del miedo al agotamiento de los recursos naturales, sólo piensa en las energías fósiles, las mismas que, entre otras cosas, les permiten desplazarse al campo en un día como hoy con sus 4×4 para tocarle las pelotas con sus ruedas desmesuradas a la flora y fauna que vivían tan ricamente protegidas por una prudente distancia con el mundo civilizado.
Vendrá pronto, quizá, una crisis como la del 73, en la que las ciudades europeas se vieron obligadas a restringir su alumbrado público y la circulación de coches, en una medida drástica de ahorro energético, dictada más por el miedo que por la necesidad. Ahora me da miedo que le hayamos perdido el miedo. Los países ricos seguimos actuando como nuevos ricos: no importa a qué precio pagamos los caprichos mientras podamos pagarlos. Hasta que, como ya ha amenazado Rodrigo Rato, la factura del petróleo empiece a repercutir proporcionalmente en el consumidor, y las patatas y los tomates se conviertan en un artículo de lujo. Sólo entonces tomaremos conciencia colectiva de que hay que ahorrar.
Sin embargo, y con todo, me preocupa más el maltrato que empleamos con otro recurso, como el agua, que por caer del cielo y por su aparente carácter de inagotable y casi gratuito, no forma parte de las preocupaciones diarias del primer mundo. En muchas zonas del tercer mundo es más difícil que de un grifo brote agua limpia y sin contaminar que brote un chorro de petróleo. No nos extrañe, pues, que muchos prospectivistas predigan que las guerras del futuro serán motivadas más por el aprovisionamiento del agua que por el gas y el petróleo, de los que dentro de unas décadas seremos menos dependientes, gracias a las nuevas tecnologías.
El problema añadido es que sólo nos acordamos de Santa Bárbara cuando llueve. Bueno, habría que decir cuando hay sequía. El año pasado, con una de las peores sequías que castigaron a España en cien años, el agua constituía un tesoro que provocó el enfrentamiento entre comunidades autónomas, y hasta pueblos vecinos entre sí. Esta primavera llueve (sobre todo los fines de semana, ¡cagoenlá!) y todos olvidamos los buenos propósitos de ahorro. Creo que es en momentos así, de abundancia nuevamente, cuando habría que incidir en la educación y la propagación de hábitos colectivos de ahorro, en lugar de volver a comportamientos de nuevo rico. Deberíamos propagar la conciencia de ahorro, aunque podamos pagárnoslo, para que todos, y sobre todo las generaciones más jóvenes, aprendamos el valor de lo que parece gratis e inagotable, pero que en muchos lugares del planeta Tierra, cuyo día hoy celebramos, es carísimo, de mala calidad y escaso.
Un poquito de por favor, por solidaridad.

21 Abr 2006

Un perro estúpido que caga donde duerme

00:12, por Manolo Saco  

Ayer supimos que España cada vez cumple menos con sus compromisos con el Protocolo de Kioto, y que en lugar de reducir las emisiones a la atmósfera de gases “de efecto invernadero” las ha aumentado. Y España somos todos nosotros. Bien es cierto que en el cómputo total somos una minucia en comparación con el gran contaminador del planeta, los Estados Unidos de América, que, por cierto, no ha suscrito el protocolo. Pero ya que hemos prohibido la pena de muerte y hemos sacado de guerras ilegales a nuestras tropas, bueno sería que el ejemplo de la vieja Europa solidaria también alcanzase a los esfuerzos globales de la preservación del planeta.
Los científicos auguran que el calentamiento provocado por el efecto invernadero hará que desaparezcan miles de kilómetros de costa, generalmente salpicados de grandes núcleos de población, debido al aumento del nivel de las aguas. Un amigo mío últimamente está con la guasa de que las mafias marbellíes, murcianas, valencianas, y las que faltan por descubrir, tienen prisa en forrarse con sus urbanizaciones a pie de playa ante la posibilidad de que la subida de las aguas se lo lleve todo por delante. Y los seguros no cubren los daños provocados por las catástrofes naturales.
Hollywood ya nos lo ha explicado en películas de éxito, con un Manhattan convertido en Venecia, y poblaciones enteras huyendo despavoridas en busca de salvación en terrenos más elevados. Los desiertos podrían florecer, y los vergeles, desertizarse. Nunca la mano del hombre había sido tan determinante en su influencia sobre el medio, como un perro estúpido que caga donde duerme. Unas especies deberán acomodarse al cambio climático y otras desaparecerán irremediablemente. Los arrozales pasarían a ser estepas y las estepas, bosques o desiertos.
Entre las transformaciones más curiosas que se avecinan, una me ha llamado poderosamente la atención. Según unas recientes Jornadas sobre Calentamiento Global y Vino, celebradas en Barcelona, el aumento de las temperaturas medias de entre 2 y 6 grados en los próximos 50 ó 100 años (yo no estaré) trastocará por completo el mapa vinícola mundial. Un pequeño cambio en la corriente del Golfo (cuya influencia permite que Europa no sea un continente helado en su mayoría) modificará drásticamente los patrones de temperatura y, sobre todo, de pluviometría en toda la fachada atlántica, desde Escocia hasta Canarias, con la consecuencia de que los vinos de Rías Baixas y de Burdeos, por ejemplo, ya no volverían a ser los mismos, si consiguieran sobrevivir. Los tintos serán más pálidos, aumentarán su contenido alcohólico y se harán más “pesados”. Y los blancos perderán sus virtudes florales.
Tengo la impresión de que el vino, debido a la extrema sensibilidad de la uva a los vaivenes del clima, será quien definitivamente certifique la defunción del planeta. Claro que, para entonces, yo estaré criando malvas en vez de cepas.

20 Abr 2006

Que nos parta un rayo

00:10, por Manolo Saco  

Como sabéis, este cuaderno de bitácora está para hablar de los divino y de lo humano. Hoy quisiera hacer una reflexión sobre lo divino: cada vez entiendo menos a dios. Ya conocéis la noticia del pueblo leonés de Prioro (supongo que la raíz de su nombre será la misma que la de Priorato, un territorio bajo la jurisdicción de un Prior, un cargo eclesiástico inmediatamente por debajo del de Abad): un rayo cayó sobre su iglesia cuando se celebraba un funeral, con el resultado de tres heridos graves y varios leves. Y el cadáver de la finada continúa corpore insepulto a la espera de que los bomberos lo rescaten.
Otras veces, más bien casi todos los años, el mismo e incomprensible dios provoca la muerte de cientos de fieles musulmanes que se dirigen a rezarle, camino de la Meca, en avalanchas, en incendios, en accidentes multitudinarios.
El Ganges, el río sagrado de los hindúes, extiende su malsana contaminación a todo creyente que acude a él para hacer sus abluciones, en la creencia vana de que su agua, sucia como una cloaca, los purifica.
Todos estos ejemplos son una prueba de fuego para la fe de los creyentes y una demostración de la imposible existencia de dios para los ateos y agnósticos. Dios emplea el castigo de forma caprichosa e indiscriminada, sin importarle si estás de juerga en una casa de putas o rezándole con recogimiento en una iglesia.
Yo soy ateo porque dios no existe. Si existiese, os juro que no sería ateo. Y en este último caso, teniendo en cuenta su carácter arbitrario, capaz de responder con la brutalidad a quienes le están adorando, al menos no le daría la satisfacción de encontrarme de rodillas. De morir, hay que hacerlo con dignidad.
Lo dejo escrito por si existe y tiene a bien pasarse por este blog.

19 Abr 2006

Solamente solo

00:37, por Manolo Saco  

El primer día que lo oí en la radio creí que se trataba de un sketch de humor, una parodia sobre la carestía de la vida. Luego, me mosqueé porque no se oían las risas de fondo preceptivas. Según lo iban repitiendo, en días sucesivos, me convencí de dos cosas, ambas al mismo tiempo: que aquello era publicidad pura y dura, y que la economía española está muy enferma. Voy a intentar reproducir el anuncio de memoria: “Mamá, mi novio y yo hemos encontrado un chalet precioso, apenas a quince kilómetros de Madrid, con cancha de pádel, tres dormitorios y garaje, por sólo 400.000 euros más IVA”.
Solo en mi habitación, sólo me quedé con el sólo. Ese adverbio al que ya la Real Academia de la Lengua ha dejado solo, sin acento, y que sólo lo acentuamos algunos nostálgicos. ¿Sólo 400.000 euros más IVA? ¿Más de setenta millones de pesetas? ¿O debo decir sólo unos setenta millones de pesetas de nada?
Sólo cuando me quedé solo con mi estupor, traté de imaginar a mi hijo que gana un sueldo de “precario”, y a sus compañeros en la misma situación, y a los millones de jóvenes que no pueden largarse de casa de papá porque salen más baratos de okupas, traté de imaginármelos, digo, oyendo por la radio a la imbécil descerebrada del anuncio gritando ¡chupi! ¡sólo 400.000 euros por una vivienda a una hora y media del centro de la ciudad, descontados los atascos! ¡Una vivienda que, a tenor de la calidad de la construcción de la moderna mafia del ladrillo, será una regadera de goteras y se caerá antes de que haya acabado de pagarla, allá por mi jubilación!
Más que publicidad, parece pornografía.
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(Meditación para hoy: nuevo ataque de cuernos de la extrema derecha que gobierna el PP. Zaplana se ha ido a quejar a la seño de que Zapatero le ha contado a los españoles, a través de la radio, antes que a Rajoy, que los primeros informes del CNI avalan la tesis de que el alto el fuego de ETA es, de verdad, permanente. ¿O su disgusto se debe simplemente a la constatación de que el alto el fuego va en serio? Deberían disimular que la alegría de los españoles les disguste tanto, o los socialistas se van a poner los votos en las próximas elecciones.)

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