31 Mar 2006

El dinero es el instrumento para hacerse rico

00:11, por manolosaco  
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De todas las tramas de corrupción, como la de Marbella, como la de Tamayo y Sáenz en Madrid, como la de Roldán, es la actuación de los conversos lo que más llama la atención. En Galicia, en el siglo pasado el pueblo sabio echaba mano de una sentencia fatalista para estos casos: “Hay que votar a los ricos, roban menos porque ya no lo necesitan”.
Cierto es que el dicho aquel hizo fortuna en la primera república, cuando tanto la riqueza como el robo al patrimonio público tenían un límite no escrito, lo suficiente para salir de la miseria, como si hubiese una ética del enriquecimiento ilícito. Hoy es imposible adivinar dónde están las lindes de la rapiña, hasta dónde uno se puede considerar lo suficientemente rico como para dejar de robar. Porque no les basta ya con enriquecerse súbitamente, como si todos los días les tocara la lotería, sino que además hacen ostentación del botín, para que cunda la envidia entre sus conciudadanos.
Que los ricos se enriquezcan no sorprende (el dinero no es la riqueza, es el instrumento para hacerse rico), por más que sepamos que “tras cada fortuna hay siempre un crimen”. Lo que asombra es la manera en que el pobre sube de clase, ese primer crimen que quedará lavado y olvidado transcurridas varias generaciones. Por eso los incrementos repentinos de patrimonio entre los militantes de la izquierda, además de inmediatamente sospechosos, suelen alcanzar cifras de vértigo.
El saqueo de Roldán, cuyo dinero, por cierto, está “durmiendo” en algún banco suizo a la espera de que su nuevo propietario salga de la cárcel y acuda a recogerlo, fue un acto de rapiña desmesurado, como seguramente hizo siglos atrás el fundador de ese mismo banco que le guarda el botín, por continuar con la anterior línea argumental (decía Bertold Brecht que hay una cosa peor que atracar un banco: fundar un banco). Cuando lo de Tamayo y Sáenz, los dos socialistas cuya traición puso en bandeja la presidencia de la Comunidad de Madrid a los populares, por el foro se decía que el tamaño de una espantá semejante debería estar en consonancia con el tamaño del soborno. Quizá nunca lo sepamos. O sí.
Ahora, las primeras pesquisas policiales sobre la trama de Marbella apuntan a que en el domicilio de la ex concejal socialista y hoy teniente de alcalde, Isabel García Marcos, se han encontrado millones de euros en efectivo. No cuatro duros. Cuando los pobres roban, lo hacen con mucha aplicación. En total ya van 2.400 millones de euros incautados en la operación a toda la pandilla, con más de mil cuentas poco corrientes intervenidas, coches de super lujo, cuadros de Miró y Picasso, palacios y mansiones…
Su problema es que eran todos unos tirados antes de alcanzar sus cargos públicos. Y como tenían prisa por despegarse de la clase social que les vio nacer, gastaban sin medida, sin gusto, sin talento, como nuevos ricos, sin caché ni glamour.
Con lo bien que me quedaría a mí y lo elegantemente que me lo gastaría…
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(Meditación para hoy: El Estatut ha sido aprobado en el Congreso. Falta ahora el trámite del Senado. El PP pidió -y se le concedió- que el voto se emitiese a viva voz, con la vana esperanza de que los críticos del PSOE –Rodríguez Ibarra, por ejemplo- pudieran reflejar en su voto negativo su discrepancia pública con el Gobierno. La disciplina de partido se impuso al final, como se impuso también el guión escrito desde la FAES –la Falange Española de Aznar-: Mariano Rajoy volvió a la descalificación personal acusando a ZP de no tener “vergüenza torera”. Duró la contención verbal apenas dos días. Eso sí, ¡qué dos días de sosiego para este país! Así que, hasta que el Estatut llegue al Senado, volverán las oscuras regañinas en el PP sus nidos a colgar.)

30 Mar 2006

Estás que arrebatas, preciosa

00:13, por manolosaco  
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Leí el otro día que la Comunidad de Madrid organizó un “concurso de piropos” (que ya va por su cuarta edición), en el que participaron 157 usuarios de residencias de ancianos de la región. Es la constatación de que el piropo ya sólo habita en la gente mayor y en el andamio. El requiebro, que tanta literatura castiza alumbró y que tanto juego dio en las zarzuelas, fue durante siglos el más genuino marchamo del “Spain is different”, sólo compartido, con menor fortuna, por algún que otro país mediterráneo. Yo soy de los que piensan que la modernización de España sobrevino cuando el macho ibérico dejó de piropear, cuando el requiebro, de ser la natural manifestación del ingenio del macho ibérico pasó a la categoría de simple acoso, grosería machista y pura agresión verbal.
Cuando yo era un jovencito, se aprendía a ser mayor cuando te fumabas los primeros pitillos y te atrevías con el primer piropo, no siempre ingenioso y casi siempre patoso. Ambas cosas fueron para mí un sufrimiento. Con mi primer cigarrillo tuve mi experiencia más cercana a la muerte (o así me lo pareció), con vómitos, diarrea y una palidez que me duró varias horas. Con mi primer piropo recibí la primera bofetada de todas las que luego habría de recibir de las mujeres de mi vida.
Aparte de mi primera víctima, no conservo un recuerdo claro de cómo se lo tomaban las destinatarias del galanteo verbal; supongo que la mayoría con desagrado, aunque más de una con agradecimiento. El machismo enquistado en determinados estratos sociales ha necesitado históricamente de la complicidad, del consentimiento, cuando no del aliento, de la víctima. Como en las familias numerosas de entonces, donde las niñas ponían y recogían la mesa, hacían las camas y cocinaban, mientras los niños reposaban sus partes varoniles tan ricamente en la butaca reservada al rey de la casa. La víctima del piropo que respondiese con una sonrisa no hacía otra cosa que dar aliento y legitimidad a lo que desde la perspectiva de hoy nos parece simplemente una agresión.
Me ha resultado extraño que un organismo oficial resucitase aquella costumbre, si bien de forma festiva. Me vino de pronto a la cabeza la España de caspa pinturera de mis años mozos, de un machismo sociológico cuyas consecuencias aún hoy estamos pagando.
Cuando, además, consigamos entre todos que nadie escupa en las aceras, creo que ese día España se habrá incorporado a la modernidad definitivamente.
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(Meditación para hoy: a la alcaldesa de Marbella, Marisol Yagüe, la policía la ha pillado en la cama presuntamente haciendo cochinadas con malversación de caudales públicos, cohecho, tráfico de influencias y maquinación para alterar el precio de las cosas. ¡Santo cielo, la cantidad de gente que cabía en esa bacanal! Parece que la fiscalía anticorrupción se ha tomado en serio lo que los ciudadanos de este país sospechábamos desde hace muchos años. Parafraseando a Einstein: ¡Qué tiempos estos en que es más fácil desintegrar el átomo que el ladrillo! La cosa me hace pensar que algún político que yo me sé, de esos que han venido a la política para forrarse con el ladrillo, a estas horas debe de estar poniendo sus barbas a remojar.)

29 Mar 2006

Él sabe que nosotros sabemos

00:38, por manolosaco  
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Habréis comprobado que mi periodismo de investigación funciona como un mecanismo de relojería. Ni el de Pedro Jota con su mochila fantasma. Mariano Rajoy, a su salida de la reunión con ZP en la Moncloa, no se salió ni un milímetro del guión preestablecido. Imagino los cientos de comentarios que radios, televisiones y prensa escrita dedicarán hoy al encuentro. Por ello no quiero cansaros más de lo que ya estáis con el asunto de la escena del sofá.
Yo he sacado algunas cosas en claro. Una de ellas, que el líder del partido popular le ha cogido pánico a los aviones “pequeños” desde su accidente de helicóptero, según hemos sabido por la conversación informal mantenida con ZP mientras posaba para la prensa.
La otra, que una vez más se repite la idea obsesiva, que ya escenificó en su anterior reunión, de que él no se deja seducir por los encantos del presidente. Y como todo en él es previsible, volvió a decir aquello de que “salgo igual que entré”, además de una alusión inevitable al “precio político” que sí estaba dispuesto a pagar Aznar, pero que ahora no toca porque gobierna Zapatero.
Algunos hablarán del enigma no resuelto de las razones por las que Mariano Rajoy acudió a la reunión, porque en realidad deducimos que fue a decirle en privado lo que viene repitiendo cansinamente en público. Según dijo, había ido para obtener garantías de que “no habrá concesiones directas o indirectas a ETA, que no habrá contactos con organizaciones terroristas, ilegales; que el estado de derecho no está en tregua”. Es decir, que todo se quede como estaba, que el único proceso de paz posible es la rendición sin condiciones de los terroristas.
Él sabe que nosotros sabemos que tal pretensión es una estupidez. Él sabe que nosotros sabemos cómo se liquidó el mismo problema con el IRA: tras mantener penosos y largos contactos. Él sabe que nosotros sabemos que en cualquier secuestro la figura del mediador es capital para encontrar la solución. ¿Por qué acudió, entonces, a la reunión? Pues aceptó el encuentro porque él sabe que nosotros sabemos que a todos nos pareció que el anuncio por parte de ETA de un “alto el fuego permanente” les había parecido a los dirigentes del PP una mala noticia, un día de alegría y esperanza colectiva que ellos se empeñaron en ensombrecer y llenar de dudas y miedos. Porque él sabe que nosotros sabemos que desde ese día las encuestas confirman que el PSOE le gana casi por diez cuerpos en intención de voto decidida, harta la ciudadanía de esa doble inmoralidad de falsos salvapatrias.
Se ha hablado hasta el delirio del cambio de actitud de los dirigentes de la extrema derecha veinticuatro horas después del comunicado de ETA. Llegó a decirse que en ello había influido una llamada del rey a Mariano Rajoy. La razón es mucho más mezquina. Ni el rey, ni el sentido de Estado, ni el sentido común: las encuestas son las que empujaron al líder de la oposición a escenificar que él también “empuja en la dirección adecuada” para conseguir la paz.
Atentos, porque vais a ver cuán poco dura la dicha en la casa del pobre.

28 Mar 2006

¿Pagaremos un precio político?

00:04, por manolosaco  
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El periodismo de investigación está sólo al alcance de periodistas privilegiados. Aunque en puridad, el periodismo de investigación, como tal, no existe: habría que llamarle periodismo de confidentes, para ser más precisos. Cuando a los lectores les hablamos de periodismo de investigación tienden a creer que un equipo de reporteros descubrió una trama secreta después de estar apostado una semana en una furgoneta de cristales tintados, con aparatos sofisticados de vigilancia nocturna, observando los movimientos del malo de la trama. O bien, que los periodistas sabuesos han microfilmado documentos secretos guardados en los archivos de una banda mafiosa, después de acceder a los despachos por el conducto del aire acondicionado. O bien, que se han pasado dos años pacientemente observando una mochila sospechosa.
En realidad apenas hay aventura. Todo se reduce al trabajo de un confidente al que habría que aplicar la vieja máxima latina de cui prodest, a quién beneficia que la noticia salga a la luz. El mérito casi siempre es sólo del confidente.
Pues bien. Faltan unas horas para la reunión en Moncloa entre Rodríguez Zapatero, el presidente del Gobierno de lo poco que queda de España, y el político superglue, Mariano Rajoy, el pegamento español, el vigilante de la moral, el único que se preocupa por las víctimas del terrorismo y de la constitucionalidad de todo lo que se menee en suelo patrio, y hemos enviado un equipo de reporteros a investigar a la sede del PP. Sabemos que hablarán en castellano en la intimidad (y no como otros, cuyo catalán insufrible sólo se podía hablar en la intimidad), pero no qué reproches se dirán el uno al otro.
Aunque debo advertiros de que ya no hay intriga. Nuestro equipo de investigación siente mucho reventaros la noticia, pero ya conocemos el resultado del encuentro. Al bajar del Sinaí de la Moncloa, el político superglue declarará esto, al pie de la letra: «Le he dicho al presidente que tiene nuestro apoyo, siempre y cuando para conseguir la paz no se pague un precio político».
¿Magia? Vosotros os estaréis preguntando atónitos: ¿cómo sabe eso el Manolito de antemano, y con tanta exactitud? Unos le llaman intuición, otros, análisis político, pero todos se equivocan porque en realidad nos lo ha soplado un confidente de Génova rue del Percebe: a eso se llama periodismo de investigación.

27 Mar 2006

Un brindis en el Vaticano

00:11, por manolosaco  
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La ciudad del Vaticano es un estado, el más minúsculo del mundo (mil veces más pequeño que Andorra), donde mil habitantes ocupan apenas medio kilómetro cuadrado (bueno, a tenor de las características de la plaza de San Pedro, deberíamos decir medio kilómetro redondo). Es uno de los países con mayor densidad de población: 1.995 habitantes por kilómetro redondo, solo superado por Hong Kong y Macao, y el único con tasa cero de paro y de natalidad, porque no nacen niños de los matrimonios que no existen, con una inflación casi seis veces superior a la española, y con la población más envejecida del planeta. Es también el estado con mayor densidad de curas por católico cuadrado. Vive Dios que es un país raro donde vive Dios
No tengo el dato cierto, pero reunidas todas las sedes pontificias, con sus jardines aledaños, seguro que suman más territorio que el propio estado vaticano del que son delegadas, lo que le confiere una característica francamente singular. Y es que todo lo que concierne a este pequeño estado está fuera de norma: el Papa tiene a sus órdenes un ejército extranjero de juguete, la guardia suiza, disfrazada de pavo real, que solo sirve para asustar a turistas de pantaloncito corto, pero es, sin duda, el gobernante con mayor poder en la Tierra, pues gobierna con mano férrea sobre las conciencias de cientos de millones de fieles.
Y como el gobierno español lo sabe, allá se fue la vicepresidenta, María Teresa Fernández de la Vega, a cerrar uno de los muchos frentes abiertos con que cuenta ZP: el de las relaciones Iglesia-Estado. La disculpa era la ascensión al cardenalato del primado de Toledo, Antonio Cañizares, y para tal ocasión, la vicepresidenta se disfrazó de católica, como diría Zaplana, con un traje entonado con el color de la púrpura cardenalicia. Las cámaras de televisión recogieron un brindis insólito, copa en alto, por la ventura del nuevo cardenal español y la mejora de las relaciones diplomáticas. Pero nadie nos ha contado qué contenían las copas. ¿Champán, cava, vino de misa, un spumante italiano o un Vin Santo de la Toscana?
Porque el actual vino de misa, aquí entre nosotros, es un mal vinillo que solo lo soportan estoicamente los héroes, como los curas, capaces de practicar el celibato y la castidad después de oír tanta pornografía como circula por el confesionario. El de misa es un vino añejo, generalmente rancio, un poco dulce, que a menudo alcanza los 15 grados de alcohol. Enológicamente hablando, un disparate. En cambio, el cava y los demás espumosos, con sus 11,5/12 grados, frescos, secos y chispeantes, son más digestivos, y mucho más sugerentes para llevarse al huerto a una vicepresidenta agnóstica a los postres de una negociación.
Yo hace años sugerí la sustitución del vino de misa por cava. Eran otros tiempos. Hoy quizá no sería una buena idea. Teniendo en cuenta que la derecha españolista boicotea el cava catalán, y que dios es de derechas de toda la eternidad, nos podríamos encontrar con que la consagración no valía, debido al boicot divino. Y ese sí que sería un nuevo e innecesario frente para ZP.
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(Meditación para hoy: Este diario publicaba ayer una noticia sobre Pilar Manjón, la presidenta de la Asociación de Víctimas del 11-M. Un lector dejaba el siguiente comentario a continuación: “El que siembra vientos recoge tempestades. Ya no engañas a nadie. Tú eres la que debías haber muerto en lugar de tu hijo. Eres la madrastra del terrorismo…” Haced un esfuerzo y decidme: un desalmado con tanto odio en su cuerpo, ¿qué lecturas diarias tendrá, qué radios escuchará, qué iglesias frecuentará, a quién votará?