16 Feb 2006

Manual de buenas maneras

00:29, por Manolo Saco  

Cuando oigo con qué soltura y largueza determinados políticos (y algún que otro clérigo) utilizan el insulto y la grosería como elemento cotidiano para relacionarse con los demás, me asalta la idea de que lo que antes llamábamos las buenas maneras es hoy, más que un valor en desuso, un puro estorbo. Diría que, a veces, hasta una ofensa. Sólo basta con observar la cara descompuesta de Mariano Rajoy cuando en el Círculo Ecuestre, los muy conservadores empresarios catalanes, a los que se suponía audiencia cautiva, le pidieron amablemente que abandonase su política de crispación, por el bien de este país. Se le crispó la cara con tan sólo oír que alguien le echaba en cara su labor de crispador.
Las buenas maneras ya no se estudian en los manuales, por lo que no estaría de más que una futura asignatura de Educación para la Ciudadanía obtuviese el suficiente consenso social para implantarse en la escuela. En las librerías de viejo todavía se pueden encontrar reediciones de libros sobre etiqueta y buenas maneras que los jóvenes ilustrados ya sólo compran para reírse. Como consecuencia, los conocimientos generales sobre etiqueta son tan primarios que en las bodas ya nadie sabe para qué sirve la pala del pescado, y los comensales se la llevan a la boca con grave riesgo para su integridad física. Como no nos han enseñado que el pan se coloca a la izquierda, nos pasamos el banquete dándole pellizcos al mendrugo del comensal de la derecha (al mendrugo de pan, me refiero). Un día, distraídos, nos comeremos el teléfono móvil del vecino, colocado inevitablemente de florón entre el pan, las copas y el cóctel de gambas con salsa rosa.
Nos limpiamos los labios con una punta del mantel, escarbamos en nuestros dientes con un palillo rojo de sangre y confundimos la sidra peleona con el champagne. Las aceras están tapizadas de cacas de perro y de esputos verdes de enfermos de catarro mal curado. En el Metro ya no tienen preferencia ni los ancianos ni las embarazadas. Hay gente especializada en entrar a codazos en el vagón antes de que nadie haya conseguido salir, a la busca frenética de un asiento libre donde posar lo mejor de su cerebro. Hay momentos de la hora punta, lo confieso, en que me da pánico la mirada agresiva de aquella muralla humana formada ante la puerta, por donde, por increíble que parezca, debo introducir mi cuerpo serrano para salir.
Es cuando recuerdo que la educación y las normas de etiqueta eran un coñazo, pero útiles, y a mí me daban cierta seguridad.

15 Feb 2006

El ejemplo de Roma

00:12, por Manolo Saco  

Luego diréis que son obsesiones mías, pero ¿qué hace el obispo de Ciudad Real, Antonio Algora, comparando al presidente del Gobierno con el perverso emperador romano Calígula? Por lo visto al incontinente monseñor le ha sentado muy mal que Rodríguez Zapatero haya promovido una ley que permite casarse a los homosexuales (entre sí, se entiende), un gravísimo pecado que le trae a la memoria nada menos que la depravación que se instaló en la Roma de aquel enloquecido dictador que hizo, entre otros delirios, que se nombrara senador a su caballo.
¿Por qué elige a Calígula, cuando monseñor tiene en la historia del papado tantos ejemplos de depravación que dejarían pálido el paso por la historia del emperador romano? ¿Será porque anteayer por la noche, en el silencio de su palacio episcopal, monseñor se tragó con fruición la película del mismo nombre, en Antena 3, dirigida por Tinto Brass, con guión de Gore Vidal, y la actuación de Malcolm McDowell (“La naranja mecánica”) como emperador, y Peter O’Toll como Tiberio?
No sé si conocéis la tortuosa historia de esta película, pero una vez acabada, el historiador, y a la vez guionista, y el director pidieron que se retiraran sus nombres de los créditos por lo que consideraban una burda manipulación posterior de su trabajo en postproducción. Al parecer, el productor, cuyo nombre no recuerdo pero que a la sazón era editor de la revista Penthouse, tuvo la ocurrencia, por su cuenta y riesgo, de agregar numerosas escenas subidas de tono que, en realidad, caían abiertamente en la pornografía. Y si es así, ¿qué coño hacía monseñor viendo pornografía, que es un vicio solitario, en la soledad de su palacio, al amparo de la noche, cuando debía estar rezando por nuestras almas pecadoras?
El obispo de Ciudad Real debería ver menos pornografía y buscar sus ejemplos, sin salir de Roma, en la propia historia de la Iglesia. Por ejemplo, veamos lo que decía el cardenal e historiador Cesare Baronio (“Annales ecclesiastici”), del papa Sergio III (904-911): “Por espacio de siete años, este hombre ocupó la silla de San Pedro, mientras que su concubina, imitando a Semíramis madre, reinaba en la corte con tanta pompa y lujuria que traía a la mente los peores días del viejo imperio”.
Podía haberse fijado monseñor en otro papa, Juan XII (955-964), hijo de la famosa prostituta Marozia, del que el obispo de Cremorne, Luitprand, dijo estas lindezas: “Ninguna mujer honesta se atrevía a salir en público, porque el papa Juan no tenía respeto a mujeres solteras, casadas o viudas, puesto que él faltaba al respeto a las tumbas de los santos apóstoles Pedro y Pablo”. El mismo papa que había convertido el Palacio Laterano “en una casa de prostitución pública”, y que acabó muriendo asesinado por un esposo cornudo.
O bien, podía habernos ilustrado con la edificante vida de Juan XXII, que fue acusado por 37 testigos, entre ellos varios obispos y sacerdotes, de adulterio, incesto, sodomía, hurto y homicidio, además de haber violado a unas 300 monjas y de mantener un harén donde al menos había 200 jovencitas.
Por no hablar de la conocida y dudosamente edificante vida de Rodrigo Borgia, el papa vicediós que tomó el nombre de Alejandro VI (1492-1503), asesino refinado, amante en concubinato de la hermosa Vanozza dei Catanei, que lo mismo nombraba cardenal a su hijo César, otro asesino en serie, como se beneficiaba a su propia hija Lucrecia.
¿Y sabéis por qué el obispo de Ciudad Real, haciendo gala de esa cultureta de televisión, no nos ha puesto el ejemplo del papado y sí el de un emperador del que no sabía absolutamente nada, seguramente, hasta anteayer? Pues porque los papas, entre los que se encuentran los personajes más inmorales de la historia, no se casaban entre sí. Eran unos asesinos, lascivos, ladrones… pero se guardaban mucho de cometer el nefando pecado de casarse entre sí.
Porque eran muy hombres y no tenían tiempo para mariconadas, como Rodríguez Zapatero.
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(Meditación para hoy: Hablando de hombres y de culto a la hombría, en un artículo publicado en la hoja parroquial “Aleluya”, que se distribuye en la mayoría de las iglesias valencianas, escrito por un tal Gonzalo Gironés, catedrático de Teología jubilado, se asegura que “más de una vez” las mujeres víctimas de malos tratos “provocan con su lengua”, y considera “peor” los abortos que la violencia contra las mujeres. “Por cada mujer muerta a manos de un hombre, hubo 1.350 niños asesinados por voluntad de sus madres”. Y luego pretenden que les tengamos respeto)

14 Feb 2006

¿Cómo detener la marea roja?

00:30, por Manolo Saco  

El domingo, a las puertas de las iglesias españolas, en lugar de los habituales pordioseros pidiendo limosna por dios, los militantes del Partido Popular habían instalado sus mesas petitorias para recabar firmas contra el Estatut de Cataluña. Creo que a nadie se le escapa que las misas dominicales rebosan de jóvenes fervorosos, ávidos de cumplir con sus obligaciones con la Santa Madre Iglesia, el futuro de este país encarnado en devotos muchachos y muchachas que todavía no se han acostado de la juerga del sábado noche, disfrazados todos ellos de buenas gentes de la tercera edad para que el párroco, que es muy suyo, no les regañe por no haber pasado antes por casa a ducharse.
Mientras estos jóvenes, magníficamente caracterizados de beatas, sellaban la vieja alianza entre la extrema derecha y las sotanas, José María Aznar, su mentor, viajaba por el Chile gobernado por la izquierda socialista, donde ahora uno puede pasear por sus anchas avenidas sin miedo a que un general golpista te detenga o te robe a tu hijo. El hombre de las mil caras insufribles, trasvestido allí de supermán liberador, declaraba al diario El Mercurio estar dispuesto a detener la «marea populista» de América Latina ante el «preocupante» surgimiento de gobiernos de izquierda. Dura tarea, pues sin la ayuda de su admirado Augusto Pinochet, al que no pudo visitar por hallarse en arresto domiciliario, víctima de esa izquierda que a él tanto le preocupa, acusado apenas de unos delitos de robo, cohecho y asesinato de cientos de compatriotas, al hombrecillo insufrible se le acumulan las cruzadas globales (moros, estatutos, terroristas) al ritmo creciente del nublado de sus sentidos.
No sé en qué lecturas anda nuestro insufrible hidalgo caballero, que le han trastornado el seso de aquesta manera. Pero alguien debería hacer algo por él urgentemente. Aunque solo fuera en memoria de los servicios prestados a la comunidad, no me parece justo abandonarlo así a su suerte. No podemos limitarnos a contemplar cínicamente, con los brazos cruzados, cómo un ex presidente del gobierno español se convierte en un histrión internacional, proclamando por esos mundos lejanos su desvarío. Por muy mal que lo haya hecho cuando se encontraba entre nosotros.
Y si hay que firmar para ello a la puerta de una iglesia, pues se firma. Aunque nos llamen pordioseros.

13 Feb 2006

La costumbre nacional de escupir en el suelo

00:11, por Manolo Saco  

Hablaba ayer de lo sucia que está la ciudad de Madrid, entre la contaminación física y la política, en forma de alcalde arboricida y perforador de zanjas. Pero hay otra contaminación que no es privativa de la capital de España y que afecta a todas nuestras ciudades por igual, de la que nadie quiere hablar por puro asco. Cuando el invierno alcanza su apogeo, al tiempo que llegan las cigüeñas (bueno, muchas ya ni emigran con esto del cambio climático) aparecen puntualmente los catarros, gripes y bronquitis, con sus incómodas secuelas de toses y de escupitajos volanderos.
Algunos futbolistas han hecho del lapo todo un arte y una forma más de mostrar las habilidades en el campo de fútbol, como Samuel Eto’o. A los chavales del colegio vecino de mi casa les he visto algún que otro campeonato de tiro con gargajo que reunía a su alrededor mucho público infantil. El único salivazo respetable que conozco es el que se echan en las manos los albañiles y trabajadores con herramientas de mango antes de comenzar el tajo. (Meditación para hoy: la verdad es que nunca supe para qué se escupen en las palmas de las manos, ¿alguno de vosotros lo sabe?)
Pero si por algo me aterroriza el invierno es por la necesidad de ir sorteando flemas, de todos los colores, tamaños y, supongo, texturas, como si escupir en el suelo formase parte de una marca nacional intransferible. Creo que de los países del llamado primer mundo, España es el lugar donde más se escupe en el suelo. Lo cual, además de un récord estúpido, constituye un problema no sólo de estética sino de salud pública, pues es posiblemente una de las más eficientes vías para difundir virus y bacterias, cuando una vez secas las secreciones, se incorporen a la atmósfera en forma de polvillo. ¿Qué ocurriría en nuestro país en caso de que la gripe aviaria adquiriese sus peores presagios? Los japoneses, gente civilizada y práctica, no sólo se guardan de escupir, sino que utilizan mascarillas en público para evitar contagiar con sus toses a sus conciudadanos cuando están resfriados, aunque también les sirve como prevención y defensa de la alergia a los más de 20 millones de alérgicos al polen de cedro.
Pero a lo mejor me estoy pasando de listo, y como España es tan diferente que ha hecho del maltrato a los animales su fiesta nacional, pues podría ser que yo ignore que escupir en el suelo forma parte del buen gusto y que contribuye a mantener una tradición cuyo valor se me escapa. Un hermano mío, astrónomo por afición, suele entretenerme las noches de verano señalándome en el cielo las estrellas más singulares, las constelaciones, el porqué de sus brillos, colores e intensidades, dónde se esconden los planetas, cómo encontrar el norte y muchas otras curiosidades que encierra el firmamento. Bueno, pues yo he buscado en Google, y he encontrado una guía para los amantes de los gargajos, esputos, flemas, salivazos, pollos, gallos y lapos, para que no se pierdan como los ignorantes ante el espectáculo aparentemente incomprensible del firmamento de las aceras de nuestras ciudades.
Porque, amigos míos, al igual que los cuerpos celestes, en lo tocante a esta costumbre nacional debo deciros que no hay un lapo igual a otro, por mucho que se nos parezcan. He aquí la clasificación más detallada que he encontrado:
Esputo albuminoideo: de aspecto espumoso.
Esputo bilioso: amarillo o verde, semejante a la bilis.
Esputo maduro: mucus.
Esputo crudo: moco claro.
Esputo hemoptoico: sanguinolento.
Esputo de zumo de ciruelas: oscuro, de color rojo.
Esputo fibrinoso: esputo formado por fibrina.
Esputo globular: masas esféricas, amarillas.
Esputo lanuginoso: esputo que en el agua se deshace en fibras semejantes a la lana.
Esputo numular: esputo en forma de discos como monedas.
Esputo perlado: pequeño bloque de moco denso, vítreo.
Esputo porcelánico: esputo espeso, que refleja la luz como fragmentos de porcelana.
Si has conseguido llegar hasta aquí sin vomitar, y ya sabes, de paso, cual es el tuyo, espero que te sumes a mi campaña en contra de la plaga de las aceras, mucho más dañina, aunque no lo parezca, que las cacas de los perros.

12 Feb 2006

¿Qué es peor, ser animal o planta?

01:45, por Manolo Saco  

En Madrid, donde vivo, ayer no se podía salir a hacer deporte. Una cortina de gasa sucia color contaminación estuvo posada todo el día sobre nuestras cabezas. Hablaban los expertos de una inversión térmica en fatal conjunción con una nube de polvo sahariano como la causa del fenómeno.
Para los que no vivís en Madrid os tengo que decir que en esta ciudad todo está patas arriba por culpa de unas obras gigantescas que nos van a dejar endeudados durante treinta años, comenzadas todas a la vez con la pretensión de que sean acabadas al mismo tiempo. ¿Para cuándo? Para la semana anterior a las próximas elecciones municipales, dentro de dos años escasos, justo lo necesario para poder cortar
todas las cintas de inauguración,
para mayor gloria del alcalde -faraón,
Alberto Ruiz Gallardón,
al ritmo de rigodón.
(La música la ponéis vosotros)
Dicen que va a quedar muy bonita. Pero mientras, Madrid es una ciudad insufrible, sucia, contaminada, donde el camino más corto entre dos puntos te lleva dando un rodeo por un bosque de zanjas, máquinas monstruosas y gigantescas palas mecánicas. Una de las arterias principales de conexión de la ciudad, la famosa M-30, es un disparate de montaña rusa, con calzadas que cambian su curso de un día para otro, que van dejando la huella de mil trazos que hacen imposible adivinar cual es tu carril de hoy. Los movimientos de tierra y la labor de martillos mecánicos, taladradoras y vehículos colosales en movimiento continuo levantan sin descanso toneladas de polvo que son atrapadas por las inoportunas inversiones térmicas de las que nos hablan los expertos.
Testigos de lo que digo son los dueños de coches como estos de las fotografías, miles de ellos cubiertos de un polvo que parece milenario a los dos días de no mover el vehículo.
¿Mover el vehículo, he dicho? Imposible, me dicen muchos vecinos. Si lo mueves no vuelves a aparcar cerca de tu casa en una semana. El secreto de esa falta de plazas de aparcamiento, en una ciudad con un déficit crónico desde hace muchísimos años, es que para acometer esa obra colosal de la M-30 se han eliminado de la noche a la mañana miles de aceras donde arrimar el coche. En algunos, la capa de polvo alcanza un grosor de varios milímetros, para disfrute de los niños grafiteros. El único lado positivo que saco en limpio de todo esto es que los propietarios de esos coches, que hoy no se atreven a ponerlo en circulación porque, como en el juego de las sillas, te expones a quedarte sin lugar donde sentarte, habrán experimentado en sus propias carnes las ventajas del transporte público o el suave masaje que supone para el corazón el ejercicio diario de caminar una hora, al menos. Quizá el día de mañana, como nuevos conversos del transporte público, puedan dejar su coche aparcado durante días sin miedo a que se lo lleve la grúa creyendo que llevaba meses abandonado.
Mis vecinos decían notar ayer un picor desagradable en nariz y garganta, aunque viendo las zonas ajardinadas que rodean mi casa, me preguntaba yo qué es peor ser en Madrid hoy: si animal (con perdón de mis vecinos) o planta. Os dejo una foto del estado en que se encuentran las hojas de las plantas de las zonas ajardinadas que rodean la colonia donde vivo. Os juro que antes de las obras faraónicas lucían un lustroso color verde, y no ese tono marfileño mate que debe de estar asfixiándolas. No entiendo cómo pueden hacer la fotosíntesis bajo esa capa de mierda que les impide ver el sol. Hay plantas que, en verdad, hacen mejor su trabajo que algunos alcaldes que yo me sé.
Os lo tenía que contar. Perdonad el coñazo.

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