16 Ene 2006

Es que vamos provocando

22:35, por Manolo Saco  

Hubo una vez un juez del anterior régimen que en un caso de violación aceptó como atenuante el argumento de que “la mujer vestía provocativamente”. La teoría sigue vigente en otros aspectos de la vida política de nuestro país. Si un general nos maltrata psicológicamente con la amenaza de un golpe de estado, el PP, que, como sabéis, es el juez supremo de nuestras conductas, encuentra el atenuante de que íbamos provocando. Si un senador del PP compara a Rodríguez Zapatero con el general Pavía y el coronel Tejero, y asegura que el presidente está en el gobierno gracias a que “no fueron unas elecciones muy leales”, es porque nosotros, sus víctimas, vamos provocando.

16 Ene 2006

A Washington se le alborota el patio trasero

00:15, por Manolo Saco  

Los halcones de Washington no ganan para disgustos. Su patrio trasero cada día se les vuelve más incómodo. Ahora Chile también se suma a los países gobernados por la izquierda, tras el triunfo de Michelle Bachelet. Otro país al que no podremos vender aviones con tecnología norteamericana, no por nuestra culpa sino por esas inexplicables ansias de libertad que le entran a los pueblos tras las dictaduras. Una transición, la de Chile, que no tiene nada que envidiar a la nuestra, tranquila, pausada, pasando por el centro y la democracia cristiana.
El triunfo de la médico cirujano y pediatra Michelle Bachelet, socialista, ex ministra de Sanidad y hasta hace poco ministra de Defensa, es sobre todo un símbolo, por ser mujer en un mundo tan testicular como el nuestro, y por haber sufrido en sus carnes y en las de su familia la represión criminal de la dictadura de Pinochet. El otro día, el asesino tuvo que pasar por la humillación de que le tomaran las huellas dactilares para la ficha policial, y ahora no puede sustraerse a la noticia de que una de sus víctimas haya alcanzado democráticamente la presidencia de la República.
Su padre, el General de la Fuerza Aérea de Chile, Alberto Bachelet, fue detenido y posteriormente asesinado en la Academia de Guerra Aérea por “traición a la patria”, por negarse precisamente a traicionar a la patria, inmediatamente después del golpe de estado, aquel triste 11 de septiembre de 1973. Las palabras en boca de los militares golpistas tienen siempre un significado extraño. El 10 de enero de 1975, Michelle fue apresada por la DINA (Dirección Nacional de Inteligencia), la policía secreta de la dictadura, junto con su madre, se supone que traicionada por un novio al que las torturas policíacas convirtieron en un delator, para luego ser asesinado. Ella y su madre sufrieron tortura en interrogatorios inacabables, y tras un año en distintas cárceles y centros de internamiento, volaron al exilio de Australia. Pero ni tanto mar por medio hizo que olvidaran su querida y desangrada tierra.
Ahora Bachelet tiene los ojos acuosos de Pinochet mirándole de frente, mientras otros ojos igual de culpables se posan en su nuca: los de Henry Kissinger, el muñidor del golpe y del posterior régimen de terror financiado por los gobiernos de Richard Nixon, primero, y Gerald Ford, después, en los que Kissinger fue Asesor Nacional de Seguridad y Secretario de Estado respectivamente. Halcón de la misma baba que los asesores guerreros que rodean a George W. Bush. Demasiado para la Administración de los Estados Unidos: Cuba, Brasil, Venezuela, Argentina, Bolivia, Uruguay… y ahora Chile.
Se le acumula al emperador el trabajo de desestabilización de países desafectos. Desde hoy, uno más. Labor no le falta. Como diría su amigo, el hombrecillo insufrible: “estamos en ellou, amigou”.
(Meditación para hoy: cuando venga de visita a España la señora Bachelet, ¿tendrá Mariano Rajoy los suficientes reaños para tratarla con el mismo desprecio que a Evo Morales?

15 Ene 2006

Nuestra Señora del Mundo Entero… y de Todos los Santos

01:02, por Manolo Saco  

Bueno, menos mal. A la sucesora (por ahora) de la corona de España, tras el príncipe Felipe, se la ha bautizado con un nombre fácil de recordar: Leonor de Todos los Santos. (Tan pequeña y ya es Infanta de España, con la consideración de Alteza Real. Eso sí es una carrera).
Lo de Todos los Santos está bien, porque facilita las cosas a los que ya estamos muy mayores. Porque no sé si os pasa a vosotros, pero recordar que el hijo de Jaime Marichalar y la infanta Elena se llama en realidad Felipe Juan Froilán de Todos los Santos es un penoso ejercicio de memoria. Claro que la cosa viene de atrás: su tío, el príncipe de Asturias, atiende por el nombre de Felipe Juan Pablo Alfonso de Todos los Santos. Tradición de familia, vamos.
Lo curioso es que cuando se bautizó a don Froilán ya no estaba permitido registrar a nadie con más de dos nombres, norma que la familia real se saltó a la torera sólo con él, aunque se supone que debido más a la ignorancia del Notario Mayor del Reino (¡manda uebos de notario!) que por desobediencia civil (real, en este caso), pues fue él quien lo inscribió en lugar de un funcionario de Registros.
En mi familia, por la que no corría ni una sola gota de sangre azul, estaba también instituida la costumbre de bautizar a los hijos con tres nombres. No me preguntéis por qué. Quizá un examen psicológico detenido a mis padres hubiese descubierto en ellos un secreto trauma de clase. Pero el caso es que trajeron al mundo ocho hijos para los que hubo que buscar ¡veinticuatro nombres! No quiero ni pensarlo. Yo sólo traje un hijo al mundo, que se sepa, y tuve enredados a todos mis compañeros de oficina durante un mes en el afán de encontrarle un nombre lo suficientemente presentable para que no me lo tirara a la cara al hacerse mayor de edad. No quiero ni pensar las noches en vela de mis padres rastreando el santoral en busca de tres nombres para cada uno de sus ocho retoños. Si hubieran sabido que existía el comodín “de Todos los Santos”...
Hace un par de años descubrí un comodín no menos ingenioso. En una iglesia de Betanzos (La Coruña), los feligreses y turistas podíamos elegir, previa limosna para el sustento del culto, una estampita de una Virgen de algún país, en un alarde de marketing por parte del párroco para tocar la fibra sensible de los turistas. Había un montón de vírgenes/patronas que hacían referencia a países de los cinco continentes, si bien la mayor representación recaía en los hispanoamericanos, cantera actual, como se sabe, de las escasas vocaciones de monjas y sacerdotes en el universo católico. Y había una Virgen que servía de comodín, que me recuerda al que le han colgado a la infanta Leonor: una curiosa “Nuestra Señora del Mundo Entero”, para que, en caso de que algún visitante extranjero no encontrase representado su país entre las otras estampitas, no se marchase de vacío.
El mundo entero y todos los santos. Así no se cabrea nadie de la corte celestial.

14 Ene 2006

Carestía y Eucarestía

00:39, por Manolo Saco  

La inflación de 2005 se puso en un 3,7%, casi el doble de lo previsto por el gobierno, y un poco menos que la del año 2002. Según el ministro Pedro Solbes, la mayor culpa de la subida la tiene el creciente precio del petróleo que repercutió en un 13% de incremento en el precio de los combustibles.
Desde hace más de un año el mundo contempla con estupor el alza del precio del petróleo hasta unos niveles que ni los más expertos ni clarividentes fukuyamas se habían atrevido a imaginar. Desde que tengo uso de mi escasa razón, el futuro agotamiento del petróleo era como una maldición milenarista, como un cercano fin del mundo con que nos amenazaban cíclicamente desde los medios de comunicación. Era algo parecido a esa advertencia que aseguraba que la población del planeta crecía de forma exponencial mientras que los alimentos sólo lo hacían de forma lineal.
Recuerdo que cuando era niño, el año 2000 estaba para mí lejísimos en el tiempo (claro que cuando George Orwell escribió en 1948 su novela del gran hermano “Nineteen Eighty-Four”, el año 1984 le parecía lejanísimo), pero era la nueva fecha milenarista en la que ocurrirían todos los males, y por la que apostaban los profetas de toda laya. Ninguno supo ver que un tercer factor, la tecnología, encontraría para esa fecha bolsas de petróleo y nuevas formas de producción de alimentos que cubrirían con mucho la demanda. ¿A qué precio? Bueno, si os parece, podemos suscitar ese tema otro día.
A donde quería llegar es que la subida casi exponencial del precio del petróleo en tres años no se debe a la escasez, como se nos aventuraba por entonces, sino a un nuevo factor disonante en la economía mundial, los países asiáticos emergentes, con China y Corea a la cabeza, con crecimientos del PIB cercanos al 10% anual. Ha sido el disparo de la demanda de petróleo para engrasar la nueva economía, y no la carestía (en su primera acepción del diccionario de la RAE) la que ha provocado la carestía (en su segunda acepción del diccionario de la RAE).
Yo, como no soy economista, me lo tomaba a broma cuando me avisaron en 1985, un año después de haber constatado que, afortunadamente, las predicciones de Orwell habían fracasado. Había ido a China para cubrir un viaje institucional de Felipe González por parte de Televisión Española. En una entrevista para el telediario, yo le hacía ver al entonces ministro chino de Comercio (de nombre gracioso que se pronunciaba más o menos “Ya Sí”, aunque vaya usted a saber cómo se escribía), mi admiración por los millones de bicicletas que se adueñaban del paisaje callejero de las ciudades de aquel inmenso país. Creo recordar que me dijo que tan sólo en Pekín circulaban más de cinco millones de bicicletas. Y a continuación me confesó que “si China cambiase su parque de bicicletas por motos –ya no digamos coches- no tendría suficiente petróleo para abastecerse”.
Veinte años después, la mitad de las bicicletas han sido sustituidas, no ya por motos sino por automóviles, su actividad económica creció casi exponencialmente, y la presión de su demanda energética es tan brutal que la OPEP, ahora sí, dice que apenas le queda margen para alcanzar la máxima producción posible de petróleo. No es que se haya agotado, es que no se puede extraer a mayor ritmo.
Ahora China, el gigante dormido, ha despertado y se está cobrando sus años de sopor económico. Y no lo puede parar ni Solbes. Así que preparémonos para lo peor, pues la riqueza de unos es siempre la pobreza de los demás. Aunque los ultraliberales quieran hacernos creer lo contrario.

Por cierto, meditación para hoy:
Carestía (1ª acepción del diccionario de la RAE): falta o escasez de algo…
Carestía (2ª acepción del diccionario de la RAE): precio alto de las cosas…
Eucarestía (Diccionario de Manuel Saco): cuando el precio de las cosas sube la hostia…

13 Ene 2006

El problema teológico de Judas Iscariote

00:22, por Manolo Saco  

Después de haber rehabilitado a Giordano Bruno (lo mantuvo, a lo tonto, cuatrocientos años en el infierno, por error), la Iglesia ha tomado sobre sus hombros la tarea de devolver el buen nombre a Judas Iscariote, el discípulo de Jesús que acabaría vendiendo a su maestro a los soldados romanos por 30 monedas. Ahora viene a reconocer que el pobre Judas “sólo cumplía con su papel en el plan divino”.
De esta manera podrían terminar los problemas para Judas, que lleva casi dos mil años ardiendo en el infierno porque le habían designado sin su permiso el papel de malo. Pero, atención, los promotores de esta medida no han sopesado bien en qué berenjenal se están metiendo, pues de esta manera puede dar comienzo uno de los problemas teológicos de mayor envergadura con los que se haya enfrentado jamás la Iglesia católica:
todos los malvados, ateos, pederastas, terroristas, homosexuales, violadores, ladrones, embusteros, onanistas, asesinos, socialistas, comunistas, redactores del Estatut de Catalunya y el alcalde de Madrid, por poner algunos ejemplos de candidatos al fuego eterno, podremos exigir una revisión de nuestra sentencia en el Juicio Final, pues en realidad “no éramos otra cosa que el instrumento de dios” para que los buenos cristianos (los buenos, ojo, que ya estoy viendo a los fachas apuntándose al pelotón de los justos) contaran con un espejo de maldad en el que comparar las virtudes que solamente a ellos les adornan. Los tontos, los feos, y los obesos forman parte de un plan divino (a éstos no les parece tan divino, es verdad)) para que refuljan los listos, los guapos y los atletas, si bien al final, en esta película que se han montado los dioses, todos vamos a ser recompensados con idéntico salario.
Y ahora viene el problema teológico: ¿merece la pena adoptar el papel de bueno en la comedia de la vida, cuando al fin y al cabo se vive mejor de rico insensible, de pecador de la pradera, de glotón de ostras y caviar beluga, de rijoso compulsivo, o de presidente de la FAES? ¿Cuál será desde ahora el aliciente para ser una buena persona, de derechas por supuesto, si al final lo peor que te puede pasar en el paraíso es que te coloquen a la izquierda de dios padre, o, como mucho, que te toque columna para toda la eternidad?
Con el corazón en la mano creo que los monseñores revisionistas del Vaticano están a punto de cometer un error histórico. Porque, claro, si hasta ahora la convivencia en la Tierra era un auténtico balneario, donde los cristianos ponían la otra mejilla cuando se les abofeteaba (no hay más que repasar los comentarios de esta bitácora: los reconoceréis por el amor y respeto al prójimo que supuran sus escritos), ¿qué les frenará de ahora en adelante que no necesitan hacer méritos ante dios para ganarse el cielo, ni contenerse las ganas de insultar, torturar y perseguir rojos, ateos, moros, negros y nacionalistas periféricos?
Así que no se anden con coñas, monseñores, y dejen a Judas que se abrase unos años más, aunque sólo sea por cutre, por haberse dejado sobornar por treinta monedas de mierda. En el Juicio Final le agradecemos los servicios prestados, y aquí paz y después Gloria, que se la tiene merecida el pobre hombre. Pero, por favor, no enreden, que si los buenos ahora son así, no quiero ni imaginar cómo serán de malos.

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