Los trabajadores de mi antigua casa, RTVE, se han manifestado en Madrid, en defensa de una radiotelevisión pública, independiente del poder y de auténtico servicio público. Que yo sepa, por ahora tan sólo se acerca algo a ese ideal la BBC del Reino Unido. En el otro extremo se encuentra la RAI, para mayor gloria, no de un partido político, sino de un empresario/presidente (al más puro estilo Gil y Gil), como Silvio Berlusconi, una televisión donde la profesión de periodista alcanza en algunos casos las más altas cotas de desvergüenza… o de sufrimiento para los que no pueden buscarse otro trabajo.
Pero ni siquiera ese es nuestro mayor problema. Supongamos que hemos perfeccionado los controles de profesionalidad y veracidad, al estilo de la BBC, hasta dejarla libre de toda sospecha de ser la correa de transmisión del partido gobernante: ¿seguiría siendo razonable mantenerla en su concepción actual?
Veamos. El ente RTVE acumula al día de hoy un déficit cercano a los 7.500 millones de euros (cuando lo traduzcáis a pesetas os vais a marear). En todo ello hay un gasto colosal por su condición de “servicio público” de verdad, que ninguna otra televisión podría ni querría hacerlo, como canales de radio generalista sin publicidad, centros territoriales para satisfacer los compromisos del estado con las autonomías, la mayor y más costosa red de corresponsalías por todo el mundo, un canal internacional para promover la presencia del castellano y la cultura española fuera de nuestras fronteras, apoyo a la industria audiovisual, la cobertura de manifestaciones deportivas minoritarias, retransmisiones institucionales, sostenimiento del coro y la orquesta, etc. El ente es un elefante enorme, al que le obligamos a dar de comer gratis a los sectores que los demás no quieren atender por ser deficitarios, pero le exigimos a su vez que concurra en el mercado en igualdad de condiciones que su competencia, tanto en la captación de publicidad para financiarse como en una programación atractiva para el gran público, para la audiencia de todas las edades, condición y cultura.
El primer gobierno de Aznar recibió una RTVE con un déficit aproximado de 200.000 millones de pesetas, y la dejó con otro que superaba el billón. Y con los socialistas el gasto continúa, pues ya para este año se prevé añadir a ese déficit cerca de cien mil millones de pesetas más (sigo en pesetas para no perderme). Todos no pueden ser tan torpes. Por lo tanto creo que no es un problema de gestión, sino de concepción del ente público.
Tal como están las cosas, para que la televisión pública se autofinancie debe superar en mucho a las demás televisiones en su capacidad de captación publicitaria. Y para conseguir más publicidad hay que hacer mayor número de horas… de basura. Me vais a decir que hay honrosas excepciones, pero son tan excepcionales que apenas cubren una o dos horas diarias. El resto de la parrilla es un desierto, porque el talento, además de un bien escaso, es muy caro. “Lo importante”, algo que debemos tener muy presente a diario los profesionales de la prensa, rara vez coincide con “lo interesante”.
La conclusión es que ya que todos, absolutamente todos, vamos a terminar pagando la factura vía impuestos, ¿para qué mantener la falacia de que puede competir en un mercado que ya no es un monopolio? Si es un servicio público, contemplémoslo como un servicio público, como la sanidad, la obra pública o la enseñanza. ¿Por qué tenemos que soportar innecesariamente la basura en una televisión que es de todos? Se podría acudir al sistema de canon, como las autopistas de peaje, o simplemente a los crudos presupuestos generales del Estado, aparte, por supuesto, de una política de racionalización del gasto. Que pierda dinero, pero que lo haga con dignidad. Mi compañero de bitácora, Fernando González Urbaneja, uno de los “sabios” encargados por el gobierno para enderezar el desaguisado, podría ilustrarnos más sobre el procedimiento para una futura financiación.
Pero insisto, servicio público y autofinanciación son dos conceptos antitéticos. Bueno, con la excepción de la Guardia Civil de Tráfico, que seguramente recauda más de lo que nos cuesta (aunque nos duela). Pero ese es tema para otro día.