20 Dic 2005

¿Mienten sus señorías?

00:30, por Manolo Saco  

El jefe del primer partido de la oposición, en su ejercicio de la sana vigilancia de la Administración del Estado, acaba de llamar «bobo solemne» al presidente del gobierno. Se le calentó la boca, bien es cierto, después de que ZP le hubiese sacado de quicio con la acusación falsa de que la oposición hace «patriotismo de hojalata».
Y reconozcamos que ahí Zapatero se pasó (cuando no tiene razón, se le niega), porque desde lejos se ve que los del PP no son de hojalata y ni mucho menos patriotas. De hojalata eran mis juguetes en la infancia, y a mí me parecía un material noble; por lo tanto, descartado. Patriotas tampoco parece un epíteto adecuado, visto lo que va diciendo Aznar de todos nosotros por el mundo.
Claro que llamar solemne al presidente, cuando él mismo consiente que le llamemos ZP, también parece falso. Sólo lo de bobo es un insulto.
En conclusión, que mienten más que insultan.

19 Dic 2005

Me adhiero a la huelga de RTVE

00:38, por Manolo Saco  

Los trabajadores de mi antigua casa, RTVE, se han manifestado en Madrid, en defensa de una radiotelevisión pública, independiente del poder y de auténtico servicio público. Que yo sepa, por ahora tan sólo se acerca algo a ese ideal la BBC del Reino Unido. En el otro extremo se encuentra la RAI, para mayor gloria, no de un partido político, sino de un empresario/presidente (al más puro estilo Gil y Gil), como Silvio Berlusconi, una televisión donde la profesión de periodista alcanza en algunos casos las más altas cotas de desvergüenza… o de sufrimiento para los que no pueden buscarse otro trabajo.
Pero ni siquiera ese es nuestro mayor problema. Supongamos que hemos perfeccionado los controles de profesionalidad y veracidad, al estilo de la BBC, hasta dejarla libre de toda sospecha de ser la correa de transmisión del partido gobernante: ¿seguiría siendo razonable mantenerla en su concepción actual?
Veamos. El ente RTVE acumula al día de hoy un déficit cercano a los 7.500 millones de euros (cuando lo traduzcáis a pesetas os vais a marear). En todo ello hay un gasto colosal por su condición de “servicio público” de verdad, que ninguna otra televisión podría ni querría hacerlo, como canales de radio generalista sin publicidad, centros territoriales para satisfacer los compromisos del estado con las autonomías, la mayor y más costosa red de corresponsalías por todo el mundo, un canal internacional para promover la presencia del castellano y la cultura española fuera de nuestras fronteras, apoyo a la industria audiovisual, la cobertura de manifestaciones deportivas minoritarias, retransmisiones institucionales, sostenimiento del coro y la orquesta, etc. El ente es un elefante enorme, al que le obligamos a dar de comer gratis a los sectores que los demás no quieren atender por ser deficitarios, pero le exigimos a su vez que concurra en el mercado en igualdad de condiciones que su competencia, tanto en la captación de publicidad para financiarse como en una programación atractiva para el gran público, para la audiencia de todas las edades, condición y cultura.
El primer gobierno de Aznar recibió una RTVE con un déficit aproximado de 200.000 millones de pesetas, y la dejó con otro que superaba el billón. Y con los socialistas el gasto continúa, pues ya para este año se prevé añadir a ese déficit cerca de cien mil millones de pesetas más (sigo en pesetas para no perderme). Todos no pueden ser tan torpes. Por lo tanto creo que no es un problema de gestión, sino de concepción del ente público.
Tal como están las cosas, para que la televisión pública se autofinancie debe superar en mucho a las demás televisiones en su capacidad de captación publicitaria. Y para conseguir más publicidad hay que hacer mayor número de horas… de basura. Me vais a decir que hay honrosas excepciones, pero son tan excepcionales que apenas cubren una o dos horas diarias. El resto de la parrilla es un desierto, porque el talento, además de un bien escaso, es muy caro. “Lo importante”, algo que debemos tener muy presente a diario los profesionales de la prensa, rara vez coincide con “lo interesante”.
La conclusión es que ya que todos, absolutamente todos, vamos a terminar pagando la factura vía impuestos, ¿para qué mantener la falacia de que puede competir en un mercado que ya no es un monopolio? Si es un servicio público, contemplémoslo como un servicio público, como la sanidad, la obra pública o la enseñanza. ¿Por qué tenemos que soportar innecesariamente la basura en una televisión que es de todos? Se podría acudir al sistema de canon, como las autopistas de peaje, o simplemente a los crudos presupuestos generales del Estado, aparte, por supuesto, de una política de racionalización del gasto. Que pierda dinero, pero que lo haga con dignidad. Mi compañero de bitácora, Fernando González Urbaneja, uno de los “sabios” encargados por el gobierno para enderezar el desaguisado, podría ilustrarnos más sobre el procedimiento para una futura financiación.
Pero insisto, servicio público y autofinanciación son dos conceptos antitéticos. Bueno, con la excepción de la Guardia Civil de Tráfico, que seguramente recauda más de lo que nos cuesta (aunque nos duela). Pero ese es tema para otro día.

17 Dic 2005

Adoctrinando niños

09:47, por Manolo Saco  

En un colegio concertado de Zaragoza los niños de 3 a 6 años aprenden a leer con unos curiosos textos que recuerdan, como una gota de agua a otra, a los textos con que aprendíamos en mi infancia. Al parecer es, por fortuna, un caso aislado, pero ahora que la LOE se ha aprobado, recogiendo buena parte de las exigencias del clero católico, no estaría de más que se unificase (y vigilase) el método y el material de aprendizaje, para impedir que algún falangista (de la FAES) enmascarado consiga colar textos parecidos con que intoxicar las cabecitas infantiles.
Algunos no tienen desperdicio: “Gloria plancha la ropita. La abuelita regresa de la iglesia”, “España es el suelo cristiano donde recibí el santo bautismo. La bandera roja y amarilla es el retrato de España”, “Su amiguito goza con cañones y fusiles”, “Francisco brinca de alegría. Lleva su frente marcada con el santo crisma” o “Jesús no nos ha dejado solitos en la tierra. El Papa es el Padre Santo a quien debemos amar y obedecer”. ¡Con lo bonito que era aquello de “mi mamá me mima”!
En mi colegio salesiano, en la festividad del director se cantaba un himno cuya letra definía a la perfección el culto al orden y la autoridad del profesorado. Nos reunían en la sala de cine, y cuando el director hacía su entrada triunfal, todos en pie le dedicábamos esta desproporcionada loa a grito pelado:
Gloria al ínclito director.
A él el triunfo y el honor.
Suenen himnos de gloria,
eco claro y potente,
ciña su noble frente
laurel del vencedor.
No sé si hoy, como en el colegio de Zaragoza, continúan con estos tics del pasado. A mí, desde luego, me daría mucha vergüenza que me cantaran tal cosa, porque el laurel lo utilizo únicamente para cocinar. Y desde entonces aún me pregunto de qué era vencedor aquel cura rechoncho y bonachón, y por qué se merecía los laureles, el triunfo y el honor.

16 Dic 2005

La amarga victoria y el desquite del Sindicato del Crimen

09:10, por Manolo Saco  

¿Os acordáis del Sindicato del Crimen, aquella tropa de notables periodistas, clérigos, jueces y escritores conjurados para derribar a Felipe González del poder, “por los medios que fuesen menester”? Lo de la conjura no es una calificación mía, sino de uno de los propios conjurados, el editor monárquico del diario La Razón, Luis María Anson (antes Ansón), acojonado más tarde por lo lejos a que habían llegado los conspiradores, dispuestos a llevarse por delante la monarquía, también “si fuese menester”. Pero hasta ahí podíamos llegar, se dijo Anson (antes Ansón).
Pues atentos a las señales de humo. En la presentación del libro de uno de los conjurados, Pedro José Ramírez, “El triunfo de la Información”, una recopilación de dos títulos, “Amarga victoria” y “El desquite” (ni a mí, que soy malo malísimo, se me hubiese ocurrido parir tales títulos… y por ese orden, ¡qué fuerte!), asistieron la tríada capitolina del PP, Rajoy, Acebes y Zaplana, con la presidenta de la Comunidad de Madrid, Esperanza Aguirre. Es decir, lo más granado del mismo mismísimo centro de la extrema derecha y clerical de este país.
Al comienzo de la conspiración, allá a principios de los noventa, las reuniones, como es costumbre entre buenos conjurados, se mantenían en secreto. Era más novelesco, al gusto, quizá, de los también conjurados Francisco Umbral y Camilo José Cela. Pero como la derecha se dejó la vergüenza allí donde perdió el poder, hoy no tiene el menor empacho en hacer el amor a la vista del público, con fotógrafos como testigos, en torno al padrino, el hombrecillo insufrible, que terminó comparando el gobierno de ZP con los últimos días de Felipe González. Como desde que ha aprendido inglés habla raro, no entendí muy bien si se trataba de un mero análisis, una amenaza o una profecía. Pero ver al director de la prensa más independiente y de investigación besándose en público con los salvadores de la patria no parece que sea un buen presagio para el gobierno de ZP.
Se va a enterar el presidente de la mitad de los españoles de lo que significa eso de “a cualquier precio” para los representantes de la otra mitad.

15 Dic 2005

Cartas a un destinatario desconocido

00:10, por Manolo Saco  

No sé si habéis visto la noticia de las cartas enviadas a Dios, desde todos los lugares del mundo, y que van a parar al Muro de las lamentaciones de Jerusalén. Es una antigua forma de oración en la religión judía el esconder notas a su dios entre las grietas del muro del que dicen fue del templo de Salomón. Pero estos creyentes que envían sus oraciones por carta desde lugares lejanos son doblemente creyentes: por su fe en dios y, sobre todo, por su fe en las oficinas de Correos, de tan dudosa efectividad en todo el mundo desde la aparición del correo electrónico y las empresas privadas de mensajería. A veces el milagro no es que las oraciones lleguen hasta dios sino hasta el muro de las lamentaciones.
Algo parecido está ocurriendo estos días con la avalancha de cientos de miles de cartas a los Reyes Magos. Los grandes almacenes, a falta de un lugar más sagrado, las envían a sus departamentos de marketing para tener una idea más precisa de por dónde van a ir las peticiones de los niños, aunque no siempre coincidan con la realidad, o sea, con los bolsillos y preferencias de sus padres.
En enero de 1986 (veinte años no es nada), en los telediarios de la única televisión española que existía entonces elaboramos un reportaje sobre las cartas a los Reyes, prestadas amablemente por unos grandes almacenes, en las que nos interesábamos por los gustos de los niños y, sobre todo, por la influencia de la publicidad sobre ellos (y sus padres, claro) y los posibles casos de manipulación mediante publicidad engañosa. A los tres días, el 13 de enero de 1986, un periodista que trabajaba en mi antigua empresa, el Grupo 16 (no recuerdo si en el diario o en la revista), cuyo nombre os sonará pues ya entonces se empecinaba en llamarse Federico Jiménez Losantos, escribía una columna acusándonos de violar la correspondencia de los inocentes niños, lo que calificaba como una “fechoría fasciosoviética” (sic), sin meditar un sólo segundo que esa fechoría venían perpetrándola desde antiguo los fabricantes y el sector de la distribución. Pero a él sólo le importaba matar al mensajero. Por aquellas fechas ya estaba incubando esta enfermedad suya que hoy tanto nos preocupa a todos, pero a la que por entonces no concedimos demasiada importancia.
De las cartas sin destino, se cuenta que hace muchos años alguien envió una con esta dirección: “Srta. Soledad Mustio Collado. Sevilla”. Y Correos la reenvió diligentemente a la vecina Itálica (Sancti Ponce), la misma que Rodrigo Caro había cantado siglos antes en su célebre Canción a las ruinas de Itálica:
Estos, Fabio, ¡ay dolor!, que ves ahora
campos de soledad, mustio collado,
fueron un tiempo Itálica famosa.
No estoy muy seguro de la veracidad de la anécdota, pero si non e vero e ben trovato.

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