25 Nov 2005

La doctrina Martínez Pujalte

00:07, por manolosaco  
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Para los que no fijéis bien en la memoria al personaje, os recuerdo que Vicente Martínez Pujalte, diputado por Valencia del Grupo Popular, es ese señor de voz aflautada y bigotito de chulapo de zarzuela, con un aseado aspecto de empleado de antigua camisería, que suele gesticular como un hooligan desde las gradas de la bancada popular del Congreso de los diputados y diputadas. Entre él y Carlos Aragonés, adjunto a la presidencia del Partido Popular (este personaje sufre en grado máximo el conocido síndrome del capataz, que aplaude y mira con rubor cuando su jefe está presente, como esos muñecos de feria que tocan el bombo hasta que se les acaba la cuerda), entre los dos, digo, llevan sobre sus hombros el trabajo más ingrato: poner las risas de fondo, sumisas y vergonzantes, que dirigen al presidente del gobierno cuando éste está en uso de la palabra, para ridiculizar cada una de sus frases, como en los telefilmes americanos.
Anteayer, en la radio del enemigo, o sea la SER, cuando se le preguntó por qué seguía insistiendo en que Rodríguez Zapatero había pactado con José Manuel Durao Barroso, presidente de la Comisión Europea, una rebaja en los fondos estructurales para España a cambio de que Bruselas se desentendiese de la opa de Gas Natural sobre Endesa, cuando ya Barroso había negado tal pacto, Martínez Pujalte sentenció, más o menos: ¿Qué va a decir? ¿Iba a reconocer que sí, que es verdad?
Ayer volvía a insistir, machacando con que cada euro de menos que venga de Bruselas será un euro bajo sospecha. La doctrina Martínez Pujalte amenaza con convertir la política española en un lodazal más repugnante de lo que ya es, gracias a los dictados del hombrecillo insufrible. De esta manera, si alguien desde una emisora de radio, como hizo el militante del PP, Carlos Alberto Biendicho, de la plataforma Gay de su partido, dijese que Mariano Rajoy es homosexual y que el partido le obligó a casarse con una señora para cubrir las apariencias, que no se le ocurra protestar al señor Rajoy, porque aplicando la doctrina Martínez Pujalte, su correligionario le contestaría: ¿Qué va a decir? ¿Iba a reconocer que sí, que es verdad?
Y así, con tal hallazgo de los mecanismos de la moderna lógica, a mí se me puede acusar impunemente de ser miembro de ETA, y a vosotros de pertenecer a una banda de asaltantes de caminos, canales y puertos. ¿Acaso íbamos a reconocer que sí, que es verdad? Claro que la pregunta crucial es otra: ¿Qué le ocurre al PP con la opa de Gas Natural sobre Endesa? ¿Por qué una respuesta tan desmesurada contra una aparente operación comercial?¿Sólo porque el presidente de Endesa, Manuel Pizarro, salido de la FAES del PP, fue nombrado por su amigo José María Aznar, o hay algo más que un caso patológico de fidelidad desmedida? Acogiéndome a la doctrina Martínez Pujalte, podría preguntar: ¿no será que el PP teme que cuando Gas Natural tome las riendas de la empresa resultante de la fusión, puedan salir a la luz, desde el fondo oscuro de las cuentas de Endesa, determinados pagos millonarios al Partido Popular y a su fábrica ideológica de la FAES?
Estemos atentos a las pantallas. Los accionistas de Endesa quedarán encantados de que el valor de sus acciones hayan sido sobrevaloradas al rico nivel de opa hostil, aunque le cueste el puesto a su presidente (la pela es la pela), y los demás posiblemente asistamos a un futuro tirón histórico de la manta de mierda que cubre la política. Aunque sólo fuera por desvelar la trama, ¿no os gustaría que la opa tuviese éxito, y así saber quién es el asesino?

24 Nov 2005

Mañana mismo empiezo el régimen

00:12, por manolosaco  
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Ayer los medios de comunicación hacían un repaso a las grasas de los españoles para conmemorar “el día de la persona obesa”. El presidente de la Sociedad Española para el Estudio de la Obesidad avisó que el 14% de los jóvenes y el 36% de los adultos comen más de lo necesario: es decir, que son obesos. Por ironías del destino, en ese mismo día la FAO recordaba que no menos de 800 millones de personas sufren malnutrición, y que seis millones de niños mueren cada año por problemas derivados de la falta de alimentos. Para completar lo que podríamos llamar “el día de la mala leche” supimos también que Nestlé había tenido que retirar del mercado italiano, portugués y español dos millones y medio de litros de leche infantil por problemas de contaminación de la tinta de los envases. Nada grave, bien es verdad. Pero siguiendo con esta rueda sin fin, recuerdo que es la misma Nestlé que fue acusada hace ya muchos años por sus campañas de introducción gratuita de la leche en polvo en países del tercer mundo, África sobre todo, propiciando el abandono de la lactancia infantil. ¿Qué ocurrió? Pues que la leche se regeneraba con agua contaminada, como se encuentra en medio mundo, con los consiguientes problemas para la salud de los bebés.
No sé si aprender los rudimentos de la buena alimentación (como los de la higiene) deberían formar parte de los temarios de la escuela española. Lo digo porque cerca de mi casa hay un Instituto, y lo que veo a la hora del recreo, con cientos de niños desenfundando bollos cubiertos de algo que se parece al chocolate, cuando no de un azúcar pringoso, me hace pensar qué serán y cómo serán de mayores, pues finalmente acabamos siendo lo que comemos (o lo que no comemos, como en África o la India). Si os detenéis a analizar los ingredientes de los bollitos veréis el peso desproporcionado de las grasas en su composición, en la mayoría de los casos “grasas saturadas” (aceites de coco y de palma, sobre todo), con los lácteos a la cabeza, fuente muy importante de colesterol. De ahí que, al tiempo que la obesidad, se haya detectado una alta proporción de colesterol en sangre en nuestros niños y adolescentes, algo impensable hace unas décadas cuando la hora del bocadillo era eso, la hora del bocadillo, y no la del bollicao.
Teniendo en cuenta que la batalla del tradicional bocata ya está perdida en favor de las multinacionales de la alimentación, ¿no creéis que el Ministerio de Sanidad debería tomar cartas en el asunto, prohibiendo el abuso de determinados ingredientes que favorecen la obesidad infantil y el colesterol? Si ya se ha dado un toque de atención a los restaurantes de comida rápida, ¿por qué no continuar con la bollería, que seguramente provoca aún mayores trastornos de salud?

23 Nov 2005

Larga vida a Don Juan Carlos I el republicano

00:16, por manolosaco  
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Ayer fue un día consagrado por buena parte de los medios de comunicación a glosar la figura del rey Juan Carlos y su importancia medular en nuestra transición a la democracia, una democracia que a Franco le hubiera gustado que siguiese siendo orgánica. Y no como la entendió el rey posteriormente, haciendo caso a la definición del diccionario, al sentido común y a los partidos políticos que presionaban desde la clandestinidad. Por lo que oí en las emisoras de radio y televisión, en España hay un numeroso grupo de gente, entre la que me encuentro, que siendo republicana, agradece al rey el papel de conductor hacia la normalidad política y su consolidación. La discreción del monarca, tan alejada de la tradición borbónica de ser el perejil de todas las salsas conspiratorias, el respeto mostrado por las normas constitucionales “antes, incluso, de ser un rey constitucional”, como apuntaba Felipe González, le han hecho merecedor de conservar su puesto de trabajo.
Con él está ocurriendo una catarsis extraña. Un rey cuidadosamente programado para ser un monarca absoluto, educado por un grupo heterogéneo de catedráticos falangistas y ultraconservadores, guardianes de las esencias del régimen franquista, con el auxilio (espiritual) de algún cardenal, acaba siendo la esperanza de la izquierda, mientras la derecha observa con horror cómo se le van de las manos las regalías que creían haber quedado “atadas y bien atadas”.
De sobra es sabido que las relaciones entre Zarzuela y algunos dirigentes del PP no son muy buenas. El hombrecillo insufrible, según su enfermedad iba haciendo estragos progresivamente en su espíritu (cuyo primer síntoma fue el obligar a la familia real a asistir a la boda de su hija, nada menos que en El Escorial, como los vástagos de los emperadores) disfrutaba humillando en privado al Borbón, y hasta en público, como cuando dijo aquello de que el rey iría a Cuba “cuando tocara”, o sea, cuando le saliera a él de los cojones.
Y de sobra es conocida la buena sintonía de los gobiernos socialistas con Zarzuela, fruto, quizá, de aquella noche terrible del 23 F en que el rey seguramente salvó la vida de más de un político y diputado de la izquierda.
Yo concretamente tengo hacia don Juan Carlos sentimientos contradictorios, como si la inteligencia emocional estuviera en batalla permanente con la razón. Considero a la monarquía, desde el puro análisis desapasionado, como un resto placentario de la evolución de la sociedad hacia la democracia, un reducto de privilegios sin sentido hoy, injusto, y a menudo de consecuencias fatales, pues el buen gobierno no se hereda, como bien demuestra tercamente la Historia a cada momento. Pero lo mismo me ocurre con la fiesta de los toros, que analizada bajo la lupa del sentido común (el menos común de los sentidos) es una fiesta bárbara, donde burladores y torturadores vestidos de luces y sombras, armados de espada, lanzas, y puyas, dan muerte a un animal tan noble que no sabe de engaños, tras haberlo desangrado previamente. Aunque si dejas el análisis a cargo de la inteligencia emocional, acabas viendo en el ruedo un juego de ballet sobrecogedor, terriblemente bello, algo así como el triunfo de la inteligencia sobre el bruto, de la estética sobre la ética.
De estos usos tan dispares de un único instrumento como es la inteligencia (quizá haya varias, no lo sé), nace este híbrido inexplicable de republicanos monárquicos, aficionados a los toros miembros de la Sociedad Protectora de Animales, o monárquicos antijuancarlistas, buscando todos una justificación que consuele nuestro aparente desvarío.

22 Nov 2005

Naranjas de la Chi-na-na

00:35, por manolosaco  
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He leído que, como consecuencia de los acuerdos firmados entre España y China, en diez años podremos vender al gigante asiático cítricos por valor de 660 millones de euros. En tiempos de la autarquía (cuando un estado intenta subsistir exclusivamente con los recursos propios) Europa se comía nuestra variedad Navel, naranjas grandes como melones, dulces, seductoramente presentadas en cajas-bombonera, mientras que el mercado español debía conformarse con ácidas naranjas de estrío o de calibre inapropiado para la exportación. La necesidad de divisas obligaba al sacrificio. Pero el ayer podría repetirse: si el ritmo creciente de la demanda de las economías asiáticas hizo triplicar el precio del petróleo en tres años, ¿podría pasar lo mismo con nuestras naranjas? ¿Serán tan caras que en los próximos cumpleaños diremos aquello de «naranjas de la Chi-na-na te voy a regalar»?

21 Nov 2005

¿Gripe aviaria o aviar?

00:24, por manolosaco  
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Con la ya famosa gripe aviar llegará a España, además de una epidemia (o una pandemia) un neologismo que ya no hay quien lo pare y contra el que no hay vacuna posible. Si acudís al diccionario veréis que no existe el adjetivo aviar. Aviar significa disponer algo para el camino (es un verbo que proviene de vía, camino), arreglar, aderezar la comida… Las tías de mi mujer, de Talavera de la Reina, todavía hablan de los avíos que le añaden a los guisos para enriquecerlos y hacerlos más gustosos (hacen un conejo campero, con esos avíos, de morirse).
Cuando hablamos de la gripe aviar nos referimos a una supuesta gripe transmitida por las aves. De las aves, el adejetivo sería aviario, por lo que lo correcto sería decir gripe aviaria. Es uno de los tantos errores por analogía que nutren a las lenguas, y que en definitiva las hacen más vivas, pues las lenguas no las fabrican las academias sino los usuarios. En este caso concreto seguramente se trata de una mala traducción del término inglés aviary, que significa pajarera, lugar donde se crían pájaros (avería, no en el sentido de estropicio de algo).
Hay analogías históricas que, en el colmo de la pirueta lingüística, pasaron a significar exactamente lo contrario del término original. Ocurre con álgido, que originalmente (del latín algidus) significaba, y significa, muy frío, glacial, pero que por analogía con alto (supongo) pasó a utilizarse con el significado de punto culminante o el más caliente. Así, decimos: “en el momento álgido de la discusión”, dando a álgido el sentido de caliente en lugar de frío.
En todas las lenguas vivas existe una pugna entre los neologismos y las academias de la lengua. Unas veces las nuevas palabras mueren al poco de nacer, vocablos de usar y tirar, útiles solamente para un determinado momento histórico y social. Otras, en cambio, se quedan y permanecen vivas con el respaldo masivo de la comunidad de hablantes. La Real Academia, en estos casos, no tiene más remedio (a veces a regañadientes y con años de retraso) que concederle la partida de nacimiento oficial.
En el caso de la gripe aviar creo que estamos todavía a tiempo de defendernos de un mal e innecesario contagio lingüístico. Yo, al menos, cuando estemos en el momento álgido de la gripe aviar, seguiré diciendo gripe aviaria, por más que el Ministerio de Sanidad piense que esta locura mía es fruto del contagio de las vacas locas. Aunque si llega a España con la virulencia que se temen los investigadores, estaremos aviados, en cualquier caso.