26
Oct
2005
00:11, por Manolo Saco
Bush es un pillín, al fin su trama ha quedado al descubierto. Ahora sabemos las verdaderas razones por las que se negaba a firmar el Convenio de Kyoto, el que fija los límites a los contaminantes de efecto invernadero. No es que temiera, como él asegura, una recesión económica provocada por la colosal inversión a la que estaría obligada la industria del país más contaminante de la Tierra. La verdadera razón es que quería arruinar Cuba con el envío de sucesivos huracanes, provocados por el cambio climático que su política irresponsable está favoreciendo.
En vista de que sus ejércitos son incapaces de encontrar la más irrelevante arma de destrucción masiva, su dios le ha soplado al oído en una de sus numerosas conversaciones, que lo mejor es el método de la mafia: “hijo, que parezca un accidente”. Nada de paracaidistas y marines desembarcando en Bahía de Cochinos: los huracanes se parecen más a un clásico castigo de dios, por mucho que casi todos nosotros pensemos que Bush es el verdadero castigo divino.
Pero como el pobre hombre es tan tonto que no sabe hacer bien ni los recados de dios, los huracanes se le tuercen, apenas inundan el malecón de la Habana, y pasan de largo derechitos hacia Florida, contra el rancho mismo del gobernador del Estado que, por casualidad, es su propio hermano. La necedad siempre ha tenido un efecto bumerán, se vuelve contra el estúpido, como el que escupe contra el cielo o mea contra el viento. Desde el Olimpo, no había conocido dioses con más cruel sentido del humor.
Ahora va a resultar que la gracia de dios era eso. Una gracia.
25
Oct
2005
00:11, por Manolo Saco
El PP no quiere que el estatut de Catalunya llegue a ser debatido en el Parlamento. Tampoco quiere que se hable con ETA (ya no digamos negociar) para lograr el desarme de la banda terrorista.
El PP parece tener una aversión patológica a parlamentar. Es lo que tiene el poseer la verdad absoluta. Y no quiere porque podría aprobarse civilizadamente un estatut y todos los estatutos que vengan después, sin que España se rompa, o de las conversaciones con ETA podría surgir la paz definitiva. Y eso es bueno para España, pero parece que es malo para el humor visceral del PP.
Sus mayores, cuando rompieron España lo hicieron tan a conciencia que tardamos cuarenta años en unirla nuevamente, tras mantenerla ellos falsamente pegada a sangre y fuego.
El único pegamento duradero que une España (me gusta la palabra España, tan secuestrada por la derecha) es el Parlamento. Si no quieren parlamentar, ¿acaso quieren pelea?
24
Oct
2005
20:56, por Manolo Saco
Acabo de enterarme de que al hombrecillo insufrible le ha caducado el tiempo para que le fuese asignada la medalla del Congreso norteamericano, aquella que intentó comprar mediante una fortuna, a pagar con dinero público, a través de un bufete de abogados.
Estoy de su lado.
Estoy desolado.
Ahora que Aznar había crecido al infinito, ahora que todos contemplábamos atónitos la operación regreso a este mundo emprendida por su partido (después de su periplo internacional haciendo patria poniéndonos a parir), ahora que los más avisados de los analistas se malician que podría ser el candidato del PP en las próximas elecciones generales, elecciones que a ellos les gustaría anticipadas, ahora que la extrema derecha de su partido le ponía velitas como a un santo salvador… ahora resulta que el emperador no mueve un dedo por su medalla.
Estoy de su lado.
De verdad, estoy desolado.
23
Oct
2005
19:50, por Manolo Saco
La Dirección General de Tráfico está intensificando la campaña contra el alcohol en la conducción. Aparte de recordarnos que puede haber desde penas de cárcel a retiradas de carnet de por vida, dependiendo de la gravedad de la falta, se hace hincapié en las consecuencias fatales de los accidentes de tráfico, con sus secuelas de muertes y tetraplejias.
No sé si es cierto pero me contaban el otro día el cuento de un fulano al que paró la Guardia Civil con una tasa de alcohol en sangre, de esas que derriten el aparato de medir, que cuando el agente le comunicó que tenía que denunciarle y que seguramente le retirarían el permiso de conducir, el tal fulano, quizá debido a su intoxicación etílica, le contestó al guardia: “Mire usted, necesito el carnet para trabajar, tengo mujer y tres hijos que alimentar. ¿Por qué no lo arreglamos como antes? ¿Por qué no me da usted un par de hostias y quedamos en paz?” Hay que estar muy borracho o tenerlos cuadrados para hablarle así a un guardia civil que lleva ocho horas a la intemperie.
El caso es que todo esto me recuerda que ya hace más de un año propuse una idea que nadie quiso comprarme, pero que vuelvo a traer aquí, con la terquedad que me caracteriza. Teniendo en cuenta que buena parte de los accidentes entre los jóvenes suceden tras su paso por una noche de marcha, proponía el invento de una chapita que se regalaría en los bares de copas y discotecas, del tamaño de un huevo frito, de color fosforescente, que el elegido se colocaría de manera bien visible en el pecho (a ellas, si quisieran, les darían dos), de tal manera que se distinguiese desde el otro extremo de la discoteca, brillante en la oscuridad como la lucecita de El Pardo en tiempos del franquísimo. E igual de tranquilizadora, pues todos a su alrededor sabían que aquella lucecita pertenecía a alguien que velaba por nuestro bienestar (¡Oh, sielos!). Llevar la chapita liberaría al abstemio de turno del problema psicológico de parecer el famoso cagao que no bebe, para pasar a ser el marchoso responsable de la pandilla.
Decidme, así en bruto o mejorada por alguno de vosotros con más cabeza: ¿no es una idea que merecería la pena intentarla?
21
Oct
2005
23:06, por Manolo Saco
La princesa Letizia nos va a traer un heredero. Parafraseando a aquel gran pensador, conocido en Moncloa como Miguel Ángel Rodríguez, “si es niño será rey y si es niña se pondrá de largo”. Esto me lleva a pensar cuán injusta es esta carrera de la vida. Unos la comienzan desde los tacos de salida, y otros, los ricos herederos, salen desde la mitad de la pista. Bueno, a otros ni les dejamos participar en la carrera, pero al fin y al cabo son negros o de colores exóticos, y adoran a falsos profetas. No interesan ni como espectadores porque se cuelan sin entrada.
A mí, ya desde pequeño, la herencia me pareció uno de los elementos más injustos de la sociedad, y eso que todavía no reinaba por entonces ningún Borbón. Ya sé, no soy tan ingenuo, que también es un factor económico de primer orden, pues favorece el deseo de superación y la acumulación de dinero, básica en la sociedad de consumo. Pero la herencia es una práctica ciega, que lo mismo premia a los hijos emprendedores que a los necios y vagos. Y estaréis de acuerdo conmigo en que un imbécil con dinero es mucho imbécil.
Ya entonces, ser hijo de catedrático de latín me parecía algo completamente inútil, e incluso injusto, pues el sueldo de mi padre no llegaba jamás a fin de mes (para que luego digan de los listos “que saben latín”). Ya desde que tengo memoria fantaseaba con que me hubiera gustado haber nacido duque de Alba, no sé muy bien por qué, quizá porque vi alguna foto suya de petimetre en alguna de las revistas ilustradas que mi madre distraía de la peluquería. Pero cuando llegué al mundo, el puesto de duque de Alba ya estaba ocupado. Y me preguntaba qué había hecho el señor duque para ser un señor duque, por qué él era duque sin haber hecho ninguna oposición, y mi padre, que era catedrático de latín y número uno de su promoción, malvivía con un trabajo inútil, que no servía para construir casas, ni para curar enfermos, ni para fabricar objetos, ni para producir alimentos, como al menos sí hacían los padres de mis compañeros de colegio.
No tardé en perdonarles su falta de puntería por no haberme nacido duque de Alba. Al menos les agradecí haber heredado sus genes, porque gracias a ellos soy blanco y, pertenezco a una nación del primer mundo, y sobre todo, sobre todo, porque vine a nacer en un lugar de la Tierra donde se adora al dios verdadero.
Porque no veas cómo debe de joder el tener que ir al infierno por culpa de que nadie te haya avisado a tiempo de su existencia .