03 Jun 2008

Recemos juntos, Esperanza también

00:24, por Manolo Saco  

En las reuniones de tormentas de ideas para sacar adelante una campaña publicitaria vale decir la primera impresión, por absurda que parezca en principio, con el fin de que surjan otras en cascada hasta llegar al lema definitivo. En política se invierten muchas horas en esta tarea de rastreo, buscando los pros y contras de cada eslogan, que generalmente se encarga a los mismos que a diario piensan una nueva campaña para un detergente, un yogur o un automóvil. La política es, sobre todo, excepto para grandes pensadores como Julio Anguita, un producto de masas al que hay que exigirle buen olor, sabor y presencia, con información sobre los ingredientes, o sea, el programa, impresa en letra minúscula, no se nos vaya a distraer el consumidor.

Mi alma de publicista me mantuvo en vilo estos días a la espera del lema elegido para la próxima convención del Partido Popular. Porque del trabajo previo para llegar al buen lema (el Dalai Lema, que dice un amigo mío) puede deducirse el espíritu que anima a los congregados.

Aunque os parezca un asunto irrelevante, yo recuerdo aquella campaña electoral del PSOE en el año 2000, con Almunia como cabeza de lista, cuyo lema llevaba en sus genes la derrota inevitable. Junto a la foto de Joaquín Almunia se leía: “Lo próximo”. Era indudable que semejante disparate publicitario reflejaba el espíritu de fracaso que habitaba entre las filas socialistas. “Lo próximo”, así, en neutro, como si Almunia fuera una cosa inclasificable, un objeto, una pieza de porcelana, como un Fraga Iribarne que nadie sabe dónde colocar para que no desentone y, sobre todo, no se les caiga.

A media mañana ya salimos de dudas: el lema para el Congreso del PP será, en un alarde de imaginación, “Crecemos juntos”. No se sabe si es un eslogan o un deseo. Seguro que la idea original era “Recemos juntos”, pero para eso están las tormentas de ideas, para tomar el rábano de la desesperación por las hojas de la esperanza.

Por cierto, hablando de ella: se levantó de la reunión y dejó a todos plantados. Como los rábanos. ¡Pues sí que empieza bien el eslogan!
—————————————————————————
Meditación para hoy:

A la autoridad siempre le ha gustado vestirse de autoridad, para que el pueblo distinga de inmediato quién manda. A lo largo de la historia, reyes, príncipes, generales, jueces y sacerdotes han utilizado las vestimentas, a cada cual más estrafalaria, como aviso inequívoco de que el portador era la personificación misma de la autoridad. El generalísimo, voz aflautada, cuerpo de botijo y planta de soldadito de plomo, solía disfrazarse de todos los ejércitos para paliar su complejo de hombre de baja estatura física y moral (a mi madre le encantaba de almirante). Sólo los conservadores siguen aferrados a los signos de clase, como los uniformes escolares, para mantener las diferencias. Por ello, el gobierno de Valencia pretende resucitarlos en los colegios públicos (va empezar la involución en once de ellos), confundiendo, como siempre, lo público con lo privado, las formas con el fondo, convencidos de que el hábito distingue a las élites, mientras sigue boicoteando la asignatura de Educación para la Ciudadanía.

39 comentarios

  1. Supongo que después de ver las navajas salir dentro del seno (político) del PP, veremos en muchos de sus dirigentes, la forma de crecer, como las plantas trepadoras, enrollando al palo guía hasta estrangularlo. Estas cosas que produce el poder.
    Saludos.
    http://lasocurrenciasdeluis.blogspot.com

    Comentario por Luis Enrique — 03/06/2008 @ 01:59

  2. Pues yo creo que el eslogan les viene al pelo. “Crecemos” quiere decir que se forran a costa de los que pagamos impuestos. No hay nada más que ver la sentencia de ayer sobre la funeraria de Madrid. La venden por 100 pesetas porque es una empresa ruinosa(pública=pagada por todos los madrileños) y en un año 3.000.000.000,00 ptas de beneficio. Resultado: se van a ir todos de rositas. y “Juntos” quiere decir que ellos se lo guisan (lo de la pasta de todos) y ellos se lo comen. Así que a buen entendedor….
    Meditación para hoy: A mi lo de los uniformes, en principio, no me parece una mala medida siempre que sea consensuado y no obligatorio. Mi hijo va a un colegio público y este año hemos realizado una votación para poner uniforme ya que parece que es más barato que comprar otro tipo de ropa. La votación fue de un 70% a favor, pero como no votamos nada mas que el 52% pues la dirección decidió desestimar el resultado. Es una condición pactada a priori y que no ha resultado traumática. Hemos acatado el resultado y no pasa nada.

    Comentario por Celemín — 03/06/2008 @ 07:53

  3. Manolo, afueraparte del PP y la Iglesia, ¿tienes algo más en tu cabeza?

    Comentario por Juansinmiedo — 03/06/2008 @ 08:18

  4. “4″: ¿afueraparte? Que miedo Juan.

    Comentario por Kim — 03/06/2008 @ 08:38

  5. Afueraparte Juansinmiedo… hay que ver lo ahorrativa que se nos ha puesto la extrema derecha con esto de la crisis: ya no gastan ni en espacios entre las palabras, o mejor dicho, entre los palabros.

    Se vé que ya no leen ni su Espasa…Adónde hemos llegado, dios suyo.

    Comentario por Joaquim — 03/06/2008 @ 09:00

  6. “…excepto para grandes pensadores como Julio Anguita”
    Yo creo que para IU y para el PP, ha llegado el momento de recuperar a Anguita y Aznar respectivamente, que emerjan cuales elefantes blancos para redirigir sus urticarias y recuperar la lucha en comandita (tomándose unas hierbas escoriantes) contra Zapatero el progre.

    Saludos

    Comentario por imagina — 03/06/2008 @ 09:00

  7. Pues mira, a mí el tema de los uniformes no me parece mal. No lo considero un signo de diferenciación sino de igualación. En un colegio en el que cada uno de los alumnos lleve la ropa que quiera se tiende a notar en exceso las diferencias entre los niveles adquisitivos de unos y otros acabando por producirse un efecto de superioridad de los que llevan las mejores (más caras) ropas. El uniforme los iguala, no hay aparentes clases. Además pueden suponer una ventaja en las familias pues evitan la diaria duda sobre el qué ponerse y, posiblemente, un ahorro de dinero en ropa.

    Otra cosa es que solo los colegios privados elitistas los lleven, diferenciándose de quienes no lo hagan, pero para ello no hay solución pues, de cualquier modo, los “pijos” siempre se distinguirán por sus “marcas” del resto.

    Comentario por Vogler — 03/06/2008 @ 09:06

  8. Este tío es tonto del culo. Según ese criterio, que las cajeras de supermercado y el personal de las aerolíneas sufren los coletazaos del franquismo por ir de uniforme, no sólo en este país. Mira majete, si quieres ver fantasmas , comprate un castiloo en Escocia.

    Comentario por Matilde — 03/06/2008 @ 09:13

  9. juansin: algo de ortografía y vocabulario, tla vez

    Comentario por antoñito — 03/06/2008 @ 09:14

  10. tal vez, perdón

    Comentario por antoñito — 03/06/2008 @ 09:14

  11. imagina: ““…excepto para grandes pensadores como Julio Anguita”
    Yo creo que para IU y para el PP, ha llegado el momento de recuperar a Anguita y Aznar respectivamente”…. pues yo diría “y viceversa”

    Comentario por antoñito — 03/06/2008 @ 09:16

  12. Para Matilde
    Aunque tu falta de respeto nos indique que no es que seas tonta del culo sino una grosera, te recordaré que los colegios de élite han utilizado el uniforme como signo de distinción durante décadas. En mi infancia se utilizó, incluso, como signo de la peor discriminación. En el colegio de las Carmelitas de mis estudios de primaria existían dos aulas, la de los niños de pago, y los acogidos a la caridad. Pues bueno, unos llevaban el guardapolvos blanco (los de pago), y los otros blanco a rayas azules. A rayas azules ¿te suena? ¿Sería un reflejo condicionado? ¿Era eso la caridad cristiana?

    Comentario por manolosaco — 03/06/2008 @ 09:29

  13. Olvidate Manolo de connotaciones religiosas o franquistas. Los uniformes en el colegio son una idea estupenda, para los niños, van todos iguales y para los padres que les ahorra una pasta. Toda mi infancia llevé uniforme y aunque para mí era un martirio, después cuando mis hijos estudiaban cómo lo echaba de menos con esos armarios mórbidos y “no sé qué ponerme”.

    Saluditos mañaneros

    Comentario por soledad — 03/06/2008 @ 10:06

  14. Manolo, no te mates. Sólo una tonta del culo franquista no pude entender la función social de los uniformes, y como esa función se extrema en un régimen como el de su adorado Franquito.

    Comentario por Joaquim — 03/06/2008 @ 10:21

  15. Ah, y al escribir “tonta del culo franquista”, ustedes perdonen la redundancia.

    Comentario por Joaquim — 03/06/2008 @ 10:22

  16. Vaya, pues parece que soledad coincide totalmente conmigo. Me alegro … tanto como de que no me agreguéis al grupo de opinión de Matilde, aunque pudiera parecer que ambos coincidimos en el planteamiento. Claro que solo en el superficial.

    Comentario por Vogler — 03/06/2008 @ 10:31

  17. Vogler
    No se trata de agregar a nadie a ningún grupo. Yo esperaba que mi reflexión sobre los uniformes escolares, cuya memoria, como dije más arriba, me retrotrae a prácticas de segregación, sirviera para un debate, sin insultos como los de la tal Matilde. Es más, creo que después de leer a Soledad o a Celemín, entre otros, tendría que admitir que la utilización del uniforme escolar tiene sus pros y contras. Y a lo mejor más pros que contras, dependiendo del lugar donde se viva.

    Comentario por manolosaco — 03/06/2008 @ 11:37

  18. ¿Sector público?. Esto es lo que pasa con la cosa pública, pongamos un ejemplo con respecto a la educación pública: Los socialistas de todos los partidos imponen unos estudios trivializados que producirán una verdadera selección basada en las disponibilidades económicas del estudiante. Sólo los hijos de la alta burguesía y del funcionariado socialista (Montilla del PSC por ejemplo) podrán, como ya pasa, pagar las más elitistas escuelas medias y superiores privadas o extranjeras. El futuro ya está aquí: Enseñanza Sucedánea Obligatoria (ESO) para los humildes y auténtico saber para el que pueda pagarlo. El hundimiento definitivo de la utopía democrática y del proyecto ilustrado.
    Nuestra izquierda y derecha acomplejada con un espíritu totalitario que rezuman por los poros, ha hecho suya la pretensión de convertir a los hijos de todos en instrumento de sus sueños de transformación social. Los padres no tienen nada que decir, porque sus planes no tienen por qué coincidir con los de la izquierda, irredenta de sus viejas aspiraciones. Si se amoldan, bien, que siempre hubo una parte de la sociedad cautiva, encantada de gritar “vivan las caenas”.
    Los socialistas de todos los partidos, tras haber casi logrado el desprestigio total del sistema público de enseñanza español, llevan a sus hijos a centros privados. Puede que lo hayan hecho todo para convertir los centros públicos en aparcamientos para pobres y quitar competidores a sus tiernos retoños. Luego, achacarán los problemas del sistema a la enseñanza de la religión católica y a la resistencia a la implantación de educación para la ciudadanía.
    Otro Ejemplo de higiene y talante democrático: Bush y Aznar, límite de mandato 8 años. El socialista Chávez de Venezuela (quiere perpetuarse en el poder y cambia la Constitución para ello). El socialista Evo Morales de Bolivia (quiere perpetuarse en el poder y cambia la Constitución para ello), Los socialistas Castro y el de Corea del Norte ya se han perpetuado como todos sabéis, El socialista Chaves de Andalucía (quiere perpetuarse en el poder si le dejan las urnas, está muy agustito. Lo de cambiar la Constitución es cuestión de plantearse en otros 4 años de gobierno socialista con apoyo de los acomplejados del PP).

    Comentario por Hilario Ideas — 03/06/2008 @ 11:39

  19. Sobre lemas publicitarios, y hablando de “la Aguirre”, el de Telemadrid es impagable: “Espejo de lo que somos”. Muevan la pausa que va tras la sílaba JO para ponerla delante de esa msma sílaba. Pues así deja Espe día tras días a la cadena pública adscrita a la Comunidad de Madrid, no sólo lo digo yo, lo dicen los propios trabajadores de esa empresa.

    Meditación: pues qué gilipollez, con no hacer ni puto caso a la norma del uniforme en los colegios públicos, asunto arreglado. Porque existiendo a nivel nacional la obligatoriedad de escolarizar a los niños -por eso siguen existiendo los colegios públicos en las comunidades de gobiernos liberales más que por el derecho a la educación- no te pueden expulsar al niño del colegio por pasarte por el forro el tema del uniforme, y si lo hicieran, tendrían que darle otro centro y vuelta a empezar. Y si todos los padres o muchos de ellos contravienen la norma del uniforme, qué van a hacer desde el gobierno de Camps? Si es que…

    Comentario por Peralta — 03/06/2008 @ 11:59

  20. hilario, vaya ideas: no sé de que pie cojeas, si del derecho (creo que si) o del izquierdo, pero al fin y al cabo, me da igual. la reacción siempre ha tratado al civilizado como a una ovejita. sólo yo soy capaz de analizar la realidad. si soy de la izquierda de verdad, digo que el psoe es una derecha disfrazada y que trata de privatizar todo y tal (olvidandome del partido que gobernaba cuando se hicieron -y se hacen- los mayores avances en derechos de los paises “del primer mundo”, demostrando que avances sociales y económicos no están reñidos); si soy de la derecha de verdad, pues nada, voto al pp que no soy tonto y al fin y al cabo, son los que mejor defienden mis posiciones, y a la par, los critico por blandos, traidores de la patria, y me olvido de sus fechorías, porque al menos son antivascos o anticatalanes (no sólo antinacionalistas vascos o catalanes) y no venden navarra al movimiento nacional de liberación vasca, perdón, ahora se llama etabatasuna.

    Comentario por antoñito — 03/06/2008 @ 12:12

  21. Manolo, yo he ido a un colegio del opus dei, (se nota jajaja), y se llevaba uniforme sin distinción, pantalón gris, zapatos negros, polo blanco y sudadera azul, algo que igualaba al hijo de un obrero como yo con el hijo de empresarios que pagaban las grandes obras del colegio.

    El año pasado en el colegio público de enfrente de mi casa se empezó a utilizar uniforme también, y no se si allí convivirán hijos de pobres con hijos de ricos, o son todos pobres o todos ricos…, no lo se, lo que si se es que todos van igual y no veo diferencias entre ellos, algo de lo que están agradecidas muchas madres como en su día lo estaba la mía.

    Igualar es a lo que aspira cualquier Estado de derecho, hacernos iguales en derechos y obligaciones, cuando una mujer de pocos recursos económicos con cinco hijos tiene que vestir a la prole, es un gasto mucho mayor evidentemente que la mujer que solo tiene uno, y será el gasto más sacrificado sin duda que el de una mujer con la misma cantidad de hijos pero con recursos económicos sobrados. Esto hace que el pobre vista como puede, que las zapatillas se le rompan y tarde algo más que el resto en tener unas nuevas, que sus compañeros vistan ropa de marca y el no pueda, que se rían de el, el resto de esos cabroncetes tan adorables por no poder vestir como viste la “gente normal”, eso crea sentimiento de inferioridad al niño, malos ratos, y a los padres falta decir que es una humillación querer y no poder ofrecerle lo máximo posible a sus hijos, y encima que unos hijos de puta se rían de su hijo por no vestir con marcas.

    Con la formula del uniforme, el rico y el pobre viste igual, se elimina la humillación, se ahorra bastante dinero en ropa y caprichos del niño, no hay competiciones por saber quien viste más caro y en definitiva se pasa de las banalidades a lo que importa, la educación y el saber que se va a estudiar no ha otras cuestiones.

    Puede que los reyes vistan para que se sepa que son reyes, los jueces que son jueces, los militares, militares y así todos los que tienen poder y pueden ejercerlo sobre la población…, ahora imagina al Rey, al juez y al general vestidos igual que el común de la población…, ya tienes igualdad.

    Comentario por PipiTa — 03/06/2008 @ 12:38

  22. pipita: la humillación de unos padres por no hacer algo pos sus hijos sólo por aparentar, viene de la falta de humildad de los mismos. y si pides fomsas de llegar a la igualdad, tal vez deberíamos comenzar por cambiar nuestro lenguaje (la mujer es la que viste a la prole). en cuanto a lo de que los niños son unos cabroncetes y uno crueles, te quedas corta;)

    Comentario por antoñito — 03/06/2008 @ 12:45

  23. Joder Hilario sin ideas. O sea que quie ha corrompido la escuela pública es la izquierda. Ya se sabe que en Madrid, Valencia, Murcia o Castilla y León gobierna el PSOE y que ha aumentado la inversión en educación privada en un 80%. Tambien se sabe que es el PSOE el que “vende” colegios públicos.
    Confundes y mezclas temas. Cuando dices que los padres no pueden intervenir, segurmanete te estás refiriendo a la asignatura de Educación para la Ciudadanía. Y, por supuesto que los padres no somos quienes para imponer las asignaturas que queremos que estudien nuestros hijos, como hacéis vosotros con la religión.
    Tu puedes hacer mucho por educar a tu hijo inculcándole tolerancia, amor a la libertad individual, enseñándole que todos somos iguales y que los que vienen de fuera no lo hacen por placer sino por necesidad. Le puedes educar en tus ideas religiosas en tu casa o en tu iglesia. Fijate si puedes hacer cosas por la educación de tus hijos. A la escuela se va a aprender sobre todo y la educación es cosa de los padres.
    En cuanto a lo de Bush y Aznar, menudo ejemplo de LIBERTAD dos presuntos GENOCIDAS que invadieron un país por el petróleo. Joder con los demócratas.

    Salud, educación y mejora de Salarios.
    ¡Juicio a Aznar por GEWNOCIDA… y a TRillo por cómplice de homicidio!.
    Agua, melocotones, petróleo y sol para todos.

    Comentario por Celemín — 03/06/2008 @ 12:49

  24. celemín: que pena que no te pueda poner unos punticos positivos.
    ++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++

    Comentario por antoñito — 03/06/2008 @ 12:51

  25. Hilario, como siempre, mezclas cosas distintas para llegar a la conclusión que quieres, tergiversando y disfranzo la realidad. Por ej., ¿ porqué dices que ( copio y pego )…
    Sólo los hijos de la alta burguesía y del funcionariado socialista …

    porqué no del funcionariado, y elites en general, del PP ? ¿ o de éstas, sea del partido que sean ?

    Luego afirmas que

    Los socialistas de todos los partidos, tras haber casi logrado el desprestigio total del sistema público de enseñanza español, llevan a sus hijos a centros privados,

    de lo cual se desprende que hay una ideología socialista en que comulgan gentes de varios partidos, incluso del PP, pero un poco más allá sigues :

    Luego, achacarán los problemas del sistema a la enseñanza de la religión católica y a la resistencia a la implantación de educación para la ciudadanía.

    pero esto no lo dicen los “socialistas” del Pp, sino sólo los de izquierdas. ¿ En qué quedamos ?

    La realidad es muy distinta. Los colegios privados dan mejor enseñanza, en general , que los públicos, ¿ porqué ? pues porque ya se cuidan muy bien de hacer una selección, sólo los que puedan pagársela, o sea, de familias con un buen ambiente, y quitándose de encima a los emigrantes y niños problemáticos, a base de trampas y trucos. Eso sí, la subvención estatal la reciben sin problemas, no le hacen ascos al maná del , para otras cosas despreciado, Estado público.
    ¿ Quien desprestigia la enseñanza pública ? Pues la derecha, que en la C. Valenciana, donde gobiernan, mantienen una deuda millonaria a la Universidad de Valencia, pero facilitan la creación de la u. Catolica. Dejan a miles de niños en barracones, mientras se gastan el dinero en formulas 1 en medio de la ciudad o se pulen 3 millones de e. en la inauguración del Palau de las artes escénicas, o en recibir al Papa ( todavía no sabemos lo que costó ). Ya han empezado a subvencionar la enseñanza secundaria. Todo esto lo está haciendo el PP, los socilistas nunca hicieron nada parecido .
    Esto ya te lo comenté en otra ocasión : poner a Bush y a Aznar de ejemplo de algo, es chocante, por decirlo de alguna manera.

    Comentario por luchino — 03/06/2008 @ 13:05

  26. Antoñito, la prole es tanto del padre como de la madre pero suele ser está ultima quien viste al niño y le lleva al colegio, por supuesto también los padres, aunque quizá tengas razón y debí incluir al padre, aún así, no fue intencionado.

    De todos modos verás, no se si tienes hijos, yo tengo un sobrino de 6 años al que suelo recoger siempre que el trabajo lo permite. En el colegio de mi sobrino no hay uniformes, tiene la suerte de tener unos padres con una economía desahogada y nunca le iba a faltar de nada estando yo también, sin embargo, hay otros muchos niños que no tienen esa suerte. Puedes pensar que es por aparentar que un padre al oír llorar a su hijo desconsolado porque se ríen de el en su clase por no llevar las zapatillas de marca que se supone se debe llevar, o por ponerle sus padres al chándal las típicas rodilleras porque se ha roto el chándal y esta nuevo, tú puedes ser el tío más humilde del mundo, inculcar a tus hijos que la persona es mucho más de sus posesiones…, pero se lo dices a un mico de 8 años y seguirá llorando. Y como quieres a tú hijo te frustras tú también porque evidentemente no le quieres ver sufrir y si tienes la suerte de tener dinero, te puedes poner chulo aunque te cueste hacer horas extras y le compras lo que pida y más…,¿pero si quieres comprarle algo de marca porque es tú hijo el único que no viste como los demás y no puedes dárselo?. Ahí viene la frustración, pero si el colegio te dice como vestir y que todos van a ir igual es un alivio, compras dos uniformes y listo, te ahorras dinero y malos tragos al chaval, creo que por ahorrarse esas situaciones incomodas, solo por eso merece la pena que vistan de uniforme.

    Y ahí llegas a la igualdad de clases, al menos en el colegio, donde el rico viste igual que el pobre, donde en principio sabes que no hay distinciones y donde sabes que le puedes ofrecer a tú hijo lo que necesita sin que te venga por la tarde llorando porque juanito se ha reído de el por llevar unas zapatillas sin marca. Pero créeme, que ver llorar a tú propio hijo y no poder hacer nada aunque quieras es una humillación que si puede ser eliminada mucho mejor.

    Comentario por PipiTa — 03/06/2008 @ 13:30

  27. la igualdad comienza por entender una cosa: todos seremos iguales, el día que sepamos que somos diferentes.
    no me considero un ejemplo en nada, pero tengo 29 años, soy de una familia de obreritos, y sí, tengo dos niños 2 y 5 años, y una de mis mayores alegrías (en cuanto a mis niños y nuestra sociedad) vino la semana pasada, cuando mi hijo el mayor, vino enórmemente contento de su colegio público, dicéndome que iban a hacer una representación sobre la roma clásica, y que él había elegido al narrador, para no tener que elegir entre el resto de papeles destinados a los niños (varones), soldados, gladiadores. eso es educar a un niño, creo que se puede, y él ha sido el primero en preguntar si estaba bien realizar un gasto extraordinario ahora que se papá está en el paro. mi niño no se ha criado en una casa de extrema derecha ni de extrema izquierda, pero sí en una casa en la que los ideales están por encima del primer impulso egoista

    Comentario por antoñito — 03/06/2008 @ 13:37

  28. Manolo, no te mates. Sólo una tonta del culo franquista no pude entender la función social de los uniformes, y como esa función se extrema en un régimen como el de su adorado Franquito.

    Comentario por Joaquim — Martes, Junio 3, 2008 @ 10:21

    ¡Coño Joaquín! ¿por defender un uniforme soy una tonta del culo franquista? pues estoy en las antípodas de la derecha. Una cosa es que se hable del uniforme escolar como premisa en ese laboratorio neocon que ya es Madrid y muy diferente hablar de uniformes en centros públicos como un ahorro familiar y para que no haya distinción de clases.

    ¡Ten cuidado!. Tan malo es ser un totalitario de izquierdas como uno de derechas. Te recuerdo (ya que te pones así) que en Cuba los niños van uniformados al colegio. Así que vamos a dejar la política en este caso y hablemos del aspecto práctico.

    Saludos.

    Comentario por soledad — 03/06/2008 @ 14:31

  29. Antoñito, me alegro por la buena educación que les das a tus hijos, sin embargo, bien debes saber que no todos los padres dan esa misma educación y que otros valoran por encima de todo las posesiones.

    Si todos fueran como tus hijos no existiría bajo mi punto de vista necesidad de uniformes, pero desgraciadamente la realidad es otra. Yo no desprestigio al colegio público, es más, hay colegios públicos cuyos alumnos van en uniforme, por supuesto que somos distintos pero a la hora de recibir una educación somos iguales, igualdad que rompe cuando y esto se da, uno viste con ropas más caras que otro. Dices que tú hijo va a representar una obra de la Roma antigua, bien, allí al igual que en Grecia iban a aprender en toga, sin distinciones, (vamos, que iban los que iban pero de igual forma vestidos), un colegio se supone que debe ser un sitio tranquilo, que de seguridad y que lo que prime sea la educación…, cuando se convierte por estás cosas en un infierno para el niño todo será peor. Tú hijo puede que entienda que estés en el paro, eres joven y en poco tiempo seguro que consigues otro y seguro que a tus hijos no le faltaran de nada, pero eso lo entiende tú hijo y puede que lo entienda el mío cuando lo tenga, otra serie de niños ni lo entienden ni lo quieren entender y es por eso que prefiero que lleven uniforme. La suerte es que se puede elegir y se elija un colegio con o sin uniforme no determina nada, solo distintas ideas de los padres.

    Comentario por PipiTa — 03/06/2008 @ 15:24

  30. pipita: te agradezco que te alegres por mis hijos, pero si hablamos de educación de los niños, tal vez deberíamos preocuparnos por que, ya que no todos los padres educamos en valores cívicos y constitucionales, los niños reciban educación para la ciudadanía sin cortapisas. por cierto, si decimos que en roma y grecia iban en toga a la escuela, deberíamos hablar también de que cada clase social tenía una vestimenta diferente, y que los padres podín matar a sus hijos hasta que decidiesen que eran ciudadanos. perdona pipita, pero creo que eso es demagogia

    Comentario por antoñito — 03/06/2008 @ 15:39

  31. Soledad, lee:

    8. Este tío es tonto del culo. Según ese criterio, que las cajeras de supermercado y el personal de las aerolíneas sufren los coletazaos del franquismo por ir de uniforme, no sólo en este país. Mira majete, si quieres ver fantasmas , comprate un castiloo en Escocia.

    Comentario por Matilde — Martes, Junio 3, 2008 @ 09:13

    ————

    Me refería a ése comentario. Creo que te has precipitado un poco dándote por aludida.

    Y encima me insinúas como totalitario de izquierdas por no se qué de Cuba. ¿Cuándo me has visto a mí defendiendo al régimen cubano? Del resto de tu mensaje deduzco cierto despiste, que espero sea transitorio; un mal día lo tiene cualquiera.

    Comentario por Joaquim — 03/06/2008 @ 15:59

  32. Antoñito, la educación para la ciudadanía no la veo mal siempre y cuando sea cierto, que no lo se porque no he leído libro alguno, que inculque valores de izquierdas, que pueden que sean mejores que los de la derecha pero eso tiene un nombre y es adoctrinar en una ideología lo que es grave. Pero si eso no se da que se imparta.

    Sobre Roma te dije que iban con la misma toga los que iban, evidentemente iban los pudientes pero dentro de esa clase, unos eran más ricos que otros, es decir, que el hijo del campesino iba al campo, el del herrero a la herrería, si un armador de barcos transportando vino se hizo rico pero no era patricio, la clase noble de Roma, podía llevar a su hijo a que fuera educado, con la misma toga que los patricios y no existía distinción, claro está, entre los pudientes. En Esparta daba igual, un ejemplo mejor, todos eran educados en la misma disciplina sin importar si eran ricos o no, al margen de lo belicistas que eran luego dentro de su comunidad eran bastante pacíficos.

    Comentario por PipiTa — 03/06/2008 @ 16:06

  33. no creo que la educación en esparta sea un ejemplo a seguir. en las dictaduras comunistas también eran todos iguales (en teoría) y eso tampoco es la manera de hacer las cosas. que los niños parezcan iguales (digo parezcan, porque siempre los habrá con la ropa impecable o aguantando lo máximo con ella)no hace que lo sean, no hace que al salir, se sigan juntando los que tienen pasta por un lado y los que no la tienen por otro. lo importante es conseguir que entiendan que no tiene importancia el dinero que se tenga, sino cómo se utilice y si se hace ostentanción de él. de hecho no tengo una opinión formada sobre si el uniforme es bueno o malo, porque me gusta escuchar a todo el mundo, por lo que yo me quejo es por lo que me suena a escusas en lugar de justificaciones

    Comentario por antoñito — 03/06/2008 @ 16:14

  34. Joaquín OK. Lamento que hayas tenido un mal día.

    Comentario por soledad — 03/06/2008 @ 20:30

  35. Antoñito, yo te doy mis justificaciones que puedes ver bien o mal, pero no son excusas de ningún tipo, creo sinceramente que con el uniforme se ahorra dinero y disgustos. El ejemplo de educación espartana al margen de lo violento que sea era igualitario, no como los comunistas que algunos comían en bandejas de oro y otros no tenían ni la bandeja, todos eran igual y creo que si se hiciera lo mismo en todos los colegios solo importara el contenido de la clase y aprender, nada más.

    Comentario por PipiTa — 03/06/2008 @ 20:42

  36. Hablando de discriminaciones, en mi colegio también había “de pago” y “de beneficencia” (que iban sistemáticamente a parar a artes y oficios), con clases y horarios distintos. Pero la anécdota es que, una vez al año, creo recordar que por Navidad, nos hacían formar a unos y a otros enfrentados y cogiendo cada uno de los de pago un puñado de castañas de un enorme saco, íbamos repartiéndoselas a los de no pago. De lo más edificante….

    Comentario por Pascual — 03/06/2008 @ 21:28

  37. Pascual
    Yo aún recuerdo algo más cruel. Cuando a un niño de los de pago se le quería castigar, se le “humillaba” enviándolo durante unas horas a la clase de los de beneficencia. A la clase de los apestados. Imagínate crecer y aprender en un ambiente así. Yo iba a la clase de los de pago. No quiero ni pensar cómo sería hoy si me hubiera criado entre los de beneficencia, Creo que estaría quemando iglesias.

    Comentario por manolosaco — 03/06/2008 @ 22:05

  38. mañana hablamos que empieza house. besos
    por cierto manolo, no digas lo de quemar iglesias que te llaman matacuras

    Comentario por antoñito — 03/06/2008 @ 22:24

  39. Es el Estado quien financia el sistema educativo, sino los ciudadanos, en su calidad de contribuyentes. El Estado es un mero administrador del dinero ajeno, y por ello debe garantizar el derecho a la educación y la libertad de elección. Son los padres los que deben decidir qué hacer con el dinero que ellos mismos aportan, a través de sus impuestos para favorecer la educación de sus hijos.

    La educación pública es un tema estrictamente político, donde poco importan los contenidos y su eficiencia. El problema siempre se traslada mediáticamente al aspecto presupuestario. Los problemas de la educación se terminan convirtiendo en la manida falta de dinero y nunca en la idoneidad del sistema. Lo más curioso es que siempre suben los salarios del docente, aumentan las becas, se contratan más profesores y personal docente o se amplían el número de puestos funcionarios y aulas pero nunca es suficiente.

    La situación supone a los educadores que no sepan muy bien qué es lo que van a tener que enseñar cada nuevo curso, que algunos contenidos con lecturas políticas se adecuen a las características de cada región o incluso cada sistema político, lo que suele conllevar carencias conceptuales además de buscar y mantener cierto perfil político en el personal docente. El concepto de igualdad, en el sentido de que nadie destaque demasiado por encima de los más torpes, ralentiza a los grupos, favorece al más torpe y castiga al más brillante. La ausencia de competitividad, la seguridad de que pasado cierto tiempo el alumno va a pasar de nivel independientemente de su rendimiento, favorece la vagancia. El esfuerzo y la superación personal quedan como reliquias del pasado.

    Los defensores de la nueva pedagogía niegan, en efecto, que ese fracaso sea escolar. Lo atribuyen a una sola y única causa: las desigualdades sociales. No existen, según ellos, las desigualdades de capacidades o de dotes, o de energía, entre los hombres, ni otras diferencias. El buen alumno debe ser mantenido al nivel del malo, considerado como el equitativo punto medio social. Se redistribuye el éxito escolar como el sistema socialista redistribuye las rentas. Toda tentativa para ver en la enseñanza una máquina para detectar talentos y proporcionarles medios de desarrollo es calificada de elitista y, como tal, condenada como reaccionaria.

    El niño nacido en un medio económicamente débil no debe ser favorecido si es mediocre, y para ello necesitamos una enseñanza severa y selectiva. El niño nacido en una familia sin medios y sin cultura no se debe ver privado de estudios de alto nivel si es inteligente, y para ello necesitamos también una enseñanza severa y selectiva, apta para detectar los dones, en vez de reprimirlos impidiéndolos emerger y manteniéndolos al nivel de los alumnos más malos. Esta última concepción de la igualdad acaba en el mayor daño que se puede hacer a los alumnos desfavorecidos por su medio. Ese sistema pedagógico aniquila la gran función histórica de la escuela, su verdadera vocación democrática, que es corregir las desigualdades sociales con las desigualdades intelectuales.

    Una de las más prioridades más importantes para las familias es la educación, pero a menudo se considera una herejía cuestionar si el Gobierno debe o no asumir la responsabilidad de educar a la juventud. Sin embargo, negarse a revisar las premisas de algo tan importante no es de personas inteligentes; peor aún es rehusar el análisis por razones ideológicas.

    Para negarse a respetar el derecho de los padres a elegir la clase de educación para sus hijos se aduce que los colegios privados los explotarían y engañarían. ¿Acaso ocurre eso en la provisión de alimentos, que es aún más vital y urgente? Si hubiese más libertad de contratación, habría muchos más colegios, y en un ambiente de competencia los colegios malos desaparecerían y los buenos crecerían. Si a un padre no le satisface la educación que su hijo recibe en un colegio, podría inscribirlo en otro con total libertad.

    Se argumenta que el Gobierno controla la calidad, pero la calidad no es la mejor, ni los programas son los más convenientes ni mejor adaptados a la actualidad. Un ejemplo es la historia que se enseña en las escuelas es la versión oficial del Gobierno de turno, lo mismo que en los países socialistas.

    Respecto a la supuesta calidad de la burocracia educativa basta observar que la gran mayoría de los legisladores y alto funcionariado del Gobierno mandan a sus hijos a escuelas privadas.

    La relación “pésima calidad-falta de libertad” es lo que mejor explica el desplome de nuestro sistema de enseñanza que el último Informe PISA dejó al desnudo. El sistema ha ido perdiendo calidad en la medida en que se le han ido extirpando elementos de libertad.

    Y es que no podemos engañarnos más. Lo que el sistema de enseñanza necesita para mejorar la calidad es recuperar, urgentemente, la libertad en todos los ámbitos. No hay otro camino.

    En estos momentos, no existe libertad de los padres para elegir el centro que más se adecue a sus convicciones morales, filosóficas o pedagógicas, como consagra la Carta Europea de Derechos Fundamentales. El rígido marco administrativo de petición de centro, con el criterio de zonificación como auténtico criterio último, impide que este derecho pueda ser ejercido. Asímismo, no existe, en algunos colegios, libertad para elegir el libro de texto por parte de los profesores o para dar eventualmente contenidos ampliados, si el nivel de la clase así lo aconsejara. Aunque se les llene la boca con lo de la “autonomía de los centros”, el marco es absoluta y progresivamente constrictivo, y no va quedando el menor resquicio de libertad ni para padres ni para docentes. Así no es de extrañar que los resultados se desplomen. Tampoco hay libertad para imponer exigencias de disciplina. Todo está meticulosamente reglamentado.

    El pluralismo ideológico, cultural o filosófico de la España actual responde al modelo de “sociedad abierta” que defendemos los que creemos en la libertad, los que creemos que los individuos, las familias, las empresas, las fundaciones y, en definitiva, la sociedad, no deben encontrarse con ninguna traba a la hora de crear, enseñar, aprender e innovar.

    En una sociedad libre, los individuos podemos elegir dónde trabajamos, dónde vivimos y dónde comemos, qué hacer con nuestros ahorros, o qué vivienda elegir para nuestra familia.

    La libertad económica nos permite traducir el pluralismo de la sociedad en un mercado cada vez más diverso, que atienda a un número cada vez mayor de necesidades, realizando grandes inversiones en la innovación tecnológica y en el conocimiento.

    Ha llegado el momento de abrir el sistema educativo a ese pluralismo. ¿Acaso no hay en cualquier sociedad libre distintas familias que demandan distintos tipos de educación?

    No hablamos de poder elegir entre un colegio concertado o un colegio público, hablamos de abrir el sistema educativo a todas las demandas de la sociedad, a acabar con décadas de monopolio y uniformidad. Creemos que todas las familias tienen derecho a poder elegir. Y, para eso, las empresas, las fundaciones, las organizaciones religiosas y las administraciones deben poder ofrecer distintos modelos educativos en igualdad de condiciones, que puedan llegar a todos.

    Debemos llevar el libre mercado a la educación, pero garantizando la equidad, es decir, todas las familias deben poder elegir entre distintos centros educativos, y no entre distintas redes de centros educativos.

    La verdadera libertad educativa es la que permite elegir un centro especializado en las nuevas tecnologías o en las enseñanzas artísticas, en la enseñanza del alemán o del chino, con un ideario laico o religioso, con una filosofía u otra, con distintas asignaturas, distintos proyectos, distintas lenguas vehiculares.

    Las familias no demandamos dos redes, demandamos poder elegir la enseñanza que creemos mejor para nuestros hijos, demandamos poder elegir la lengua en la que se educa a nuestros hijos y demandamos más exigencia o más refuerzo, en función de sus necesidades.

    Esta libertad ya la tienen algunas familias. Hay familias que pueden permitirse pagar íntegramente el gasto educativo de sus hijos a la vez que pagan, con sus impuestos, un puesto educativo en la red pública o concertada del cual no hacen uso. Pese a todo, hacen el sacrificio. Pero ¿qué pasa con el resto, con la inmensa mayoría de familias? ¿Qué pasa con la España que madruga para conseguir un salario muy ajustado para vivir y con problemas para pagar la hipoteca de su casa? Se le dan dos opciones: una red pública, monopolio del Estado, y una red concertada (también controlada por el Estado a través del concierto).

    Esta limitación no sólo disminuye la capacidad de elegir de la inmensa mayoría de familias, sino que priva a una gran mayoría de alumnos de los beneficios de la competencia entre distintos centros con distintos proyectos educativos.

    Recoger los frutos de la libre competencia, de la innovación y de la creatividad, no es posible cuando la Administración garantiza la financiación de las dos redes de centros y cuando la escolarización la hacen los Ayuntamientos claramente politizados.

    Se nos acusa a quienes defendemos la libertad de elección de las familias que no pueden pagarse un puesto escolar no subvencionado de atentar contra la educación pública y, consecuentemente, contra los más desfavorecidos.

    ¿Pero acaso es beneficioso para los alumnos con menos recursos que no puedan salir de la red pública o que los centros públicos no tengan distintos proyectos educativos?

    En un momento en que la educación pública acumula sus peores resultados pese a una inversión económica sin precedentes, alguien debería explicarnos en qué se ayuda a esas familias negándoles el poder elegir.

    El monopolio educativo que denunciamos no se refiere sólo a las restricciones estatales para elegir centro educativo, sino también a la uniformidad que padece la escuela pública y que se explica por su dependencia de la Administración y por la falta de incentivos e instrumentos de libre competencia.

    El sistema educativo debe ser un instrumento de movilidad social, que permita a quienes tienen talento pero no dinero llegar todo lo lejos que sus capacidades le permitan. Para ello, necesitamos herramientas que faciliten la movilidad del alumnado, la especialización de los centros educativos, la evaluación, la transparencia y la libre competencia. Hace falta que la educación pública se desprenda de la burocracia y pueda ser competitiva, y hace falta que todas las familias puedan elegir el centro que mejor se adapte a las necesidades de sus hijos. Que los mejores alumnos puedan ir a los mejores centros y no a los que puedan permitirse, a los que estén en su zona geográfica o a los que les asigne la Comisión de Escolarización de un Ayuntamiento.

    Proponemos abrir y flexibilizar el sistema educativo, haciendo el pluralismo accesible a todas las familias. Cuando un centro educativo privado está homologado y tiene demanda suficiente, ¿por qué debe asumir el modelo de gestión de los centros públicos, como impone el sistema de conciertos, para que sus familias puedan escolarizar a sus hijos con dinero público como el resto de las familias?

    Lo que estamos proponiendo es que todas las familias, sólo por tener un hijo en edad escolar y con independencia de otras ayudas que puedan recibir en función de su renta, reciban de la Administración una cantidad de dinero que les permita escolarizar a sus hijos en cualquier centro educativo por el que opten, en vez de ser la Administración la que decide qué centros subvencionar y en qué cuantía.

    Qué duda cabe de que si todas las familias, con independencia de su renta o ubicación geográfica, pudieran acceder al dinero público que se destina a la educación de sus hijos, habría una mayor libertad, competencia y eficiencia.

    Mientras haya centros con un tipo de subvención, otros con otra y otros sin ninguna, estaremos repartiendo a los alumnos en función de su renta, ya que no se incentiva a la iniciativa privada a instalarse en zonas económicamente deprimidas.

    Con el cheque escolar no habría ya “redes de centros”, sino que cada centro tendría un proyecto (científico, artístico, religioso, laico, bilingüe, trilingüe, zapaterino, rajoniano, liberal, etc…), sin que la escasez de recursos de las familias desincentivara que estos centros llegaran a todos los barrios. Así, sería posible que centros educativos con distintos proyectos llegaran a más familias de las que hoy podemos imaginar, pues la experiencia demuestra que la libre competencia, que introduciría el cheque escolar, baja los precios, por lo que cada vez más familias podrían acceder a una cada vez mayor oferta educativa.

    Si es tan sencillo, si sólo dando un cheque a las familias el Estado puede olvidarse de gestionar miles de colegios públicos y concertados que tiene que administrar ahora, ¿por qué no se hace?

    El motivo es político. Ningún partido político ni sindicato de clase ha querido renunciar al control del sistema educativo. No a un sano control de los resultados de los alumnos, sino al control de los contenidos, de la lengua que se utiliza o de la información que llega a los padres sobre los resultados de sus hijos. Un ejemplo es el de la manipulación de la enseñanza de la Historia allí donde gobierna el nacionalismo, especialmente en Cataluña y en las Vascongadas. Otro ejemplo es el de los contenidos claramente ideológicos en algunos libros de texto de “Educación para la Ciudadanía”. Pero no menos importante es la ocultación a la sociedad, a las propias familias, de los desastrosos resultados que ofrecen algunos centros.

    La verdad es que los dos partidos nacionales defienden la dualidad pública concertada y, por ende, el control estatal de ambos modelos de enseñanza pero siempre dentro del paraguas del Estado y del subsidio discrecional.

    Somos los ciudadanos los que debemos reivindicar la transparencia y la libertad de elegir porque somos nosotros los titulares de los derechos individuales. Difícilmente saldrán de los partidos políticos del “establishment” propuestas como el cheque escolar.

    Debe ser la sociedad la que exija esa regeneración, la que exija a los políticos alguna responsabilidad por su fracaso en la gestión del sistema educativo. Debemos ser la sociedad la que reclame estas reformas regeneracionistas. Somos los padres los que reclaman el cheque escolar.

    Si aportamos algo de libertad, de competencia y de transparencia, estaremos estimulando a la iniciativa privada a instalarse en zonas desfavorecidas, ofreciendo puestos escolares a precio de cheque escolar, lo que reduciría el gasto público y mejoraría los resultados, especialmente de quienes tienen menos recursos.

    El cheque escolar no pretende ayudar a los centros educativos, ni darles estabilidad ni seguridad. Pretende ayudar a las familias que, sin ese cheque, jamás podrían exigir y elegir distintos proyectos educativos. Pretende igualar a pobres y a ricos a la hora de elegir colegio. Pretende, en definitiva, que los centros compitan en ofrecer el mejor sistema educativo y se tomen tan en serio la educación de los pobres como la de los ricos.

    El sistema público está dominado por sindicatos proteccionistas de profesores que antepone sus intereses a los de los niños que le son confiados. Los resultados son lo que se debe esperar de un monopolio financiado con dinero extraído a la fuerza al contribuyente: mala calidad, falta de innovación y niños aburridos. Éstos sindicatos habituales se oponen férreamente al cheque escolar. “¡No a los cheques! – protestan –. Confíe en nosotros. Sabemos lo que es mejor para sus hijos.” Dicen estar totalmente a favor de mejorar la educación, pero no facilitando a los padres la elección del centro escolar.

    La respuesta a una enseñanza pública mediocre no es conceder al monopolio gubernamental mas “programas de desarrollo del profesorado” o mejorar su salario por igual sin contrapartida de productividad o resultados. La respuesta es la competencia.

    Los burócratas y los sindicatos se echan a temblar de sólo pensarlo. Muchos de éstos iluminados exclamarán: “¡La competencia no es para niños!” Todo lo contrario, la competencia y la posibilidad de elegir equivalen a devolverles el poder a los padres. Es a ellos a quienes realmente teme el lobby de la educación totalitaria de masas. Lo último que quieren es un sistema en el que los padres puedan elegir el centro que consideren mejor para sus hijos. Piensan: “Esos atrevidos padres podrían elegir escuelas que no estuvieran dominadas por los sindicatos y gobiernos de turno”. Mejor no darles la oportunidad.

    En Suecia, al igual que en otros paises democráticos, el cheque escolar fue implantado y es mantenido por gobiernos de todos los colores cuando llegan al poder. Aunque la mayor parte de los colegios e institutos sigan siendo públicos, han perdido el monopolio educativo y sus empleos dependen de que los padres sigan confiando en ellos, de modo que han tenido que mejorar. Pero el atractivo que ofrecen consiste en que enseñan bien y sus alumnos salen mejor preparados, no que resulte más sencillo aprobar unos cursos cada vez más devaluados e inútiles. Pero como para esa progresía rancia y demagoga lo importante no es que cada uno aproveche sus talentos, sino que todos sepamos lo mismo que el menos apto para así ser todos iguales, jamás recorrerá ese camino, el de la excelencia y el esfuerzo

    El cheque escolar es un sistema de financiación de la educación por el cual el Estado atribuye a las familias una cantidad de dinero por cada hijo en edad escolar. De este modo el Estado cumple el mandato constitucional sobre la gratuidad de la enseñanza básica, pero en vez de financiar a los centros educativos financia a los educandos, que son los verdaderos sujetos del derecho a la educación. La cantidad atribuida a las familias estaría en relación con el coste medio del puesto escolar.

    La implantación en España el cheque escolar haría realidad el mandato constitucional de la libre elección de educación y de constitución de centros, pues, al tiempo que lucha contra las discriminaciones económicas o de estatus social, trata por igual la educación gubernamental o dirigida y la de iniciativa social o libre, fomentando una sana competencia que aumenta la calidad y una gestión más eficiente de los centros escolares, todo ello en beneficio de la sociedad española.

    El intervencionismo estatal vigente en materia de educación ha generado en la práctica una situación límite de fracaso escolar, violencia en las aulas y estrés del profesorado. Además, ha acentuado injustamente las diferencias sociales, puesto que ha restringido la libertad de enseñanza de las familias trabajadoras (que no pueden permitirse pagar un colegio conforme con sus preferencias) pero no la de las familias de políticos, empresarios y profesionales de altos ingresos, que sí pueden elegir para sus hijos un colegio de calidad y conforme con sus valores y creencias.

    De este modo, la falta de libertad del sistema educativo ha hecho que éste haya dejado de ser un medio de movilidad social basado en el mérito para convertirse en un instrumento que perpetúa injustamente las diferencias sociales. Ante el fracaso del Estado como educador, el cheque escolar se presenta como una solución eficaz a estos problemas, devolviendo el protagonismo a las familias. Frente al adoctrinamiento estatal, garantiza una oferta de idearios educativos tan plural como la sociedad en que se implanta, y vacuna a los menores frente a los intentos de adoctrinamiento del Gobierno de turno.

    El dominio del Estado en la educación es ante todo un peligro para la capacidad crítica de los individuos, para la pluralidad de las ideas y una garantía de que el pensamiento único y lo políticamente correcto reine durante al menos unas décadas. La educación de masas en España es una realidad más que evidente.

    Vosotros, sindicalistas de clase, pseudoprotectores de los trabajadores, queréis adoctrinar, con fondos públicos y en locales públicos, a los hijos de los contribuyentes en una religión de Estado que configure sus sentimientos y afectos. Incluso existe la voluntad política de llevar a los tribunales a todo aquel que pretendiese ejercer la objeción de conciencia contra el benéfico designio del Pedagogo.

    Los disparates en materia educativa no son cosa de ahora. Iluminados de todos los partidos con ideas socialistas vienen experimentando con la infancia desde hace más de un cuarto de siglo y con desastrosas consecuencias. Los jóvenes de hoy están peor preparados que la generación que les precede. Esto ya de por sí es preocupante, y más cuando los presupuestos de educación han seguido una línea marcadamente ascendente. El problema no es por tanto de dinero, sino de las ideas que inspiran a los que diseñan la política educativa. De primarse la disciplina, el estudio, la responsabilidad y el trabajo bien hecho se ha pasado al extremo opuesto por no se sabe bien qué razones o qué complejos de los políticos dedicados a la legislación educativa.

    Está claro que el invento retroprogre y cursi de la Educación para la Ciudadanía es un problema añadido. Y no porque sea una asignatura absurda o sin un contenido digno de tal nombre, sino porque en esa cafetera se está cociendo el recuelo de lo peor del pensamiento totalitario, reformulado, eso sí, para que los niños lo asimilen desde edad muy tempana. Relativismo moral y adoración del Estado. Desprecio por el individuo y la responsabilidad individual condimentado con grandes dosis de hueco buenismo.

    Con la Educación para la Ciudadanía se ha llegado a la cumbre del sinsentido. Mucha cháchara sobre multiculturalismo y tolerancia, muchos golpes de pecho pero ni una sola idea encaminada a que los estudiantes salgan de su etapa escolar genuinamente educados. Porque, aunque parezca una perogrullada decirlo, los valores no los transmiten los funcionarios de la política sino la familia, institución social de primer orden en la que el niño se forma como persona; como persona tolerante, civilizada, libre y lista para vivir en sociedad respetando a los demás y respetándose a sí mismo. Que de esto, y no de otra cosa, trata la verdadera educación en valores.

    Algo tan elemental no entra en la cabeza de políticos populistas y sindicatos de clase cuya obsesión única es transformar la realidad a su antojo, y por transformar ha de entenderse traspasar sus propias taras y fobias a las nuevas generaciones. Para semejante tarea la familia tradicional es un incordio, de ahí que busquen suplantarla por medio de un Estado omnipotente y omnipresente que se adueñe de cada parcela de la vida de los individuos; desde que nacen, si lo permiten sus madres con el progresista derecho al aborto, hasta que la eutanasia, por ellos preconizada, los retira de la circulación. Para esto quieren la educación. Para esto y para inocular ideología a los niños por vía intravenosa.

    La asignatura de marras no busca formar ciudadanos libres, busca forjar súbditos que jamás se quejen, alineados sin fisuras con el paradigma servil de la casta política que gobierne, dispuestos a vivir toda su vida bajo la odiosa tutela del Estado. De la sociedad civil depende que los ingenieros de mentes del Ministerio de Educación y consejerías adyacentes no se salgan con la suya. Si lo consiguen, los españoles del mañana no sólo no serán libres sino que nunca habrán tenido la oportunidad de serlo.

    Además, el profesor puede enseñar o adoctrinar. Cuando la enseñanza prima sobre el adoctrinamiento, la educación cumple su función principal, en el interés de los que la reciben y en el interés de la democracia bien entendida. En cambio, cuando es el adoctrinamiento el que se impone, se convierte en nefasta, abuso de la infancia y sustituye la cultura por la impostura.

    Con la nueva educación populista el Estado y sólo el Estado asumirá la responsabilidad de decidir acerca de lo que sea bueno o malo para los niños. Y la doctrina oficial se acepta como lo que es: benéfica tutela de los que saben, sobre la amorfa masa colectiva de los ignorantes.

    Dos mil quinientos años desde la Ética Nicomaquea de Aristóteles, para nada. Así son de estupendamente simples, de estupendamente aniquiladoras, las cosas. Así es de arrogante la ignorancia de un político del siglo XXI. Pedagogía. Para bestias.

    El Estado no se atendrá ya el seco deber de “instruir” en habilidades, maestrías y conocimientos. No juzgará “lo privado” como aquel “templo sagrado de la libertad”. No hay más regidor de convicciones que el Estado. El Estado del siglo XXI educa totalitariamente a los ciudadanos en forja, de cuya formación se apropia. Educa sus sentimientos como sus saberes, sus creencias como sus técnicas manuales, sus afectos o convicciones como sus sintaxis y ortografía. Nada en el sujeto a construir escapa a la paternal tutela pública.

    En estos felices inicios del siglo XXI del Gran Pedagogo, la servidumbre, directamente proporcional a la eficacia constrictiva de los afectos, pasa a trocarse en una ingeniería de la afectividad. La ingeniería de las almas constituye el Credo de la nueva Iglesia. Para que la mente misma sea materia moldeable por el Sumo Arquitecto. Y el Estado asuma la compleja producción de esa mercancía de alta resolución que es el alma perfectamente sierva.

    Estamos ante el sancta sanctorum en el providencial destino del Pedagogo en la historia contemporánea de España: que nada quede de la autonomía del ciudadano frente al Estado.
    No se enseña ciudadanía a un ciudadano. Da vergüenza tener que explicitar una obviedad tan hiriente. Educación para la ciudadanía es sinónimo de aprendizaje de servidumbre. Estatalmente sentimentalizada. Vender tal cosa como proyecto de Estado es apostar por la forma más descerebrada del paternalismo totalitario.

    La amarga queja de aquellos que apostaron su vida a la enseñanza se acabó. Se les aplicará la Ley que el Pedagogo dicta, para bien del Gran Proyecto Humano. Y los niños serán tal como el Pedagogo los quiere: rebosantes de “amor por el bien, infinitas ansias de paz y mensaje demagógico para los humildes”, así sea. España ha apostado por la escuela más reaccionaria. La que iguala a todos en la ignorancia. Educación para la Ciudadanía ha devenido en símbolo de todos los tópicos de la corrección política.

    La verdad última de la nueva educación es, por tanto, una gran carcasa de ignorancia y doctrina que, si no se corrige radicalmente, terminará por hacer del nuestro un país, más que de servicios, de servidores. La enorme confusión que reina en nuestras aulas proviene de la difícil coexistencia de las dos lógicas contradictorias: la de los docentes que aún pretenden enseñar algo y la de un sistema que juega a las ficciones igualitaristas y sólo produce desigualdad y desidia. Pero a los iluminados de la progresía y a sus socios no les preocupan la excelencia que nuestros jóvenes habrán de necesitar en un mundo de naciones emergentes con sistemas educativos rigurosísimos. Sólo persiguen que, si nos hundimos, nos hundamos todos.

    Salvo los privilegiados, claro, el mantenimiento de la Logse nos conducen sin remedio a este panorama: unos estudios trivializados que producirán una verdadera selección basada en las disponibilidades económicas del estudiante. Sólo los hijos de los pudientes podrán, como ya pasa, pagar las más elitistas escuelas medias y superiores privadas em España o en el extranjero. El futuro ya está aquí: Enseñanza Sucedánea Obligatoria (ESO) para los humildes y auténtico saber para el que pueda pagarlo. El hundimiento definitivo de la utopía democrática y del proyecto ilustrado.

    La mayoría de nuestros políticos y sindicatos del sector educativo, con un espíritu totalitario que rezuman por los poros, ha hecho suya la pretensión de convertir a los hijos de todos en instrumento de sus sueños de transformación social. Los padres no tenemos nada que decir, porque sus planes no tienen por qué coincidir con los de los totalitarios, irredentos de sus viejas aspiraciones. Si se amoldan, bien, que siempre hubo una parte de la sociedad cautiva, encantada de gritar “vivan las caenas”.

    Pero otra parte de los españoles somos aún conscientes de nuestros derechos y sencillamente no estamos dispuestos a ceder. Frente a la imposición de esa educación de masas aborregadas los padres nos rebelamos. Ni un paso atrás porque sería una traición a la defensa de nuestros derechos y nuestra libertad. Ni un paso atrás porque algunos iluminados están dispuestos a tomar todos los pasos adelante que sean necesarios para imponerse sobre cada uno de nosotros y nuestros hijos. Ni un paso atrás porque nos asiste nuestro derecho a desengancharnos del Estado cuando éste se arroga el poder de decidir por nosotros lo que nos concierne.

    “Sólo los hombres educados son libres”. Frente a esto, el paso por las aulas de los alumnos españoles de las últimas décadas ha sido estéril, les ha dejado indefensos frente al poder porque se les ha negado de forma consciente el acceso al saber.

    La obsesión igualitarista imperante ha hecho que el conocimiento sea patrimonio exclusivo de unos cuantos y sigue habiendo políticos que se empeñan en que la escuela abdique de su misión de transmitir sabiduría, sustituyéndolo por un picoteo inane de valores políticamente correctos. Se impone a todos una contracultura nihilista y relativista, incompatible con una cultura de esfuerzo, amor a la verdad y gusto por la búsqueda de conocimiento, que es la más potente fuerza liberadora de la pobreza; por el contrario, la ignorancia, la generalización de la mediocridad es la perversión de la democracia. La peor forma de violar los Derechos Humanos es someter a la ignorancia.

    Los métodos basados en esfuerzo, disciplina, respeto, concordia con las familias, ofrecen resultados contrastados. El reconocimiento del mérito combinado con solidaridad con los desfavorecidos son el mejor motor del progreso social. Hay que volver a conseguir que los que pasen por la escuela vuelvan a tener un bagaje intelectual que les devuelva la capacidad de pensar. Un sistema educativo que proporcione personas preparadas más allá del plano puramente técnico, personas con fortaleza de carácter y fortaleza moral que sólo el acceso al conocimiento puede proporcionar.

    No tenemos por qué estar condenados al vertedero educativo en que han convertido nuestro sistema escolar. Millones de niños fuera de España tienen otras oportunidades.

    No queremos convertir a nuestros hijos en “ciudadanos serviles”, queremos ayudarles a ser individuos. Sólo el individuo es capaz de percibirse a sí mismo como parte de una ciudadanía y sólo desde esa autoconsciencia capaz de asumir los deberes y ejercer los derechos que su condición de ciudadano comportan. Nuestros hijos no serán corderitos de ningún estado. Al menos lo intentaremos. Uniformar significa reducir al mínimo común denominador contenidos y expectativas; significa deslegitimar la excelencia y las jerarquías intelectuales individuales.

    Uno de los puntos de la normativa que regula la asignatura de Educación para la Ciudadanía dice:

    A través de la observación y del contacto con las familias, se puede conocer la responsabilidad con que el alumnado asume las tareas que le corresponden.

    Eso de la observación de las familias nos suena francamente mal. Hay límites que el Estado no puede sobrepasar, porque comenzamos con eso y terminamos defendiendo a los vigilantes lingüísticos en los patios de los colegios o justificando los Comités de Defensa de la Revolución, esa institución comunista de control social importada del nacionalsocialismo del Adolf Hitler y que según el prócer debía vigilar la vida de cada familia en cada manzana. No nos extrañaría. Fascismo y Comunismo son las dos caras de Jano de uno de los peores instintos humanos.

    Comentario por Hilario Ideas — 04/06/2008 @ 11:33

RSS (comentarios)  Trackback

Puede escribir un comentario:


6.104 comentarios de spam
bloqueados por
Akismet