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	<title>Comments on: Dos ideas fijas, mejor que una</title>
	<link>http://www.manolosaco.com/467/dos-ideas-fijas-mejor-que-una/</link>
	<description>Fuego amigo</description>
	<pubDate>Sun, 12 Oct 2008 04:45:53 +0000</pubDate>
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		<title>By: Una buena idea</title>
		<link>http://www.manolosaco.com/467/dos-ideas-fijas-mejor-que-una/#comment-20014</link>
		<dc:creator>Una buena idea</dc:creator>
		<pubDate>Thu, 02 Feb 2006 14:52:11 +0000</pubDate>
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		<description>ID: 13650
COÑO SACO, DOS IDEAS FIJAS, COMO TÚ CON EL PP Y LA IGLESIA.
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COÑO SACO, DOS IDEAS FIJAS, COMO TÚ CON EL PP Y LA IGLESIA.</p>
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		<title>By: zETApé</title>
		<link>http://www.manolosaco.com/467/dos-ideas-fijas-mejor-que-una/#comment-20013</link>
		<dc:creator>zETApé</dc:creator>
		<pubDate>Thu, 02 Feb 2006 10:54:55 +0000</pubDate>
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		<description>ID: 13616
Desde tiempos remotos
se tiene por verdadero:
no existe la zorra verde
ni el conejo culebrero,
nunca encontrarás un cruce
de avaturda con jilguero
ni un hijo puta más grande
que ZAPATERO.</description>
		<content:encoded><![CDATA[<p>ID: 13616<br />
Desde tiempos remotos<br />
se tiene por verdadero:<br />
no existe la zorra verde<br />
ni el conejo culebrero,<br />
nunca encontrarás un cruce<br />
de avaturda con jilguero<br />
ni un hijo puta más grande<br />
que ZAPATERO.</p>
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		<title>By: Manuel Marin</title>
		<link>http://www.manolosaco.com/467/dos-ideas-fijas-mejor-que-una/#comment-20012</link>
		<dc:creator>Manuel Marin</dc:creator>
		<pubDate>Sun, 29 Jan 2006 10:42:33 +0000</pubDate>
		<guid>http://www.manolosaco.com/467/dos-ideas-fijas-mejor-que-una/#comment-20012</guid>
		<description>ID: 13150
"es que los programas de humor de la tele no me hacen reir todo lo que yo quisiera
lo dijo EL CID"

¡Albricias! Los hados te han escuchado: agénciate una grabación de las últimas paridas de tu amigo Acebes, oye, sublime,inenarrable, incalificable, im-presionante. Los contrapuntos de CabeZaplana y Mari-ano tampoco desmerecen. Eso sí que descojona, y si te sirve para recuperar tu evidentemente maltrecho humor......</description>
		<content:encoded><![CDATA[<p>ID: 13150<br />
&#8220;es que los programas de humor de la tele no me hacen reir todo lo que yo quisiera<br />
lo dijo EL CID&#8221;</p>
<p>¡Albricias! Los hados te han escuchado: agénciate una grabación de las últimas paridas de tu amigo Acebes, oye, sublime,inenarrable, incalificable, im-presionante. Los contrapuntos de CabeZaplana y Mari-ano tampoco desmerecen. Eso sí que descojona, y si te sirve para recuperar tu evidentemente maltrecho humor&#8230;&#8230;</p>
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		<title>By: seis</title>
		<link>http://www.manolosaco.com/467/dos-ideas-fijas-mejor-que-una/#comment-20011</link>
		<dc:creator>seis</dc:creator>
		<pubDate>Sun, 29 Jan 2006 07:07:49 +0000</pubDate>
		<guid>http://www.manolosaco.com/467/dos-ideas-fijas-mejor-que-una/#comment-20011</guid>
		<description>ID: 13142
Lástima que no ponga la fuente, porque eso de copiar y pegar sin citar autor está muy feo.

Por cierto, me apuesto unas cervezas a que no se ha leído "El Informe Lugano".</description>
		<content:encoded><![CDATA[<p>ID: 13142<br />
Lástima que no ponga la fuente, porque eso de copiar y pegar sin citar autor está muy feo.</p>
<p>Por cierto, me apuesto unas cervezas a que no se ha leído &#8220;El Informe Lugano&#8221;.</p>
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	<item>
		<title>By: ¿?</title>
		<link>http://www.manolosaco.com/467/dos-ideas-fijas-mejor-que-una/#comment-20010</link>
		<dc:creator>¿?</dc:creator>
		<pubDate>Sat, 28 Jan 2006 22:17:07 +0000</pubDate>
		<guid>http://www.manolosaco.com/467/dos-ideas-fijas-mejor-que-una/#comment-20010</guid>
		<description>ID: 13131
Se que nadie la lee, pero pasarla teneis que pasarla todos. Es que eres tan tonto que solo te permite una reflexión por día esa mierda que tienes por cerebro.</description>
		<content:encoded><![CDATA[<p>ID: 13131<br />
Se que nadie la lee, pero pasarla teneis que pasarla todos. Es que eres tan tonto que solo te permite una reflexión por día esa mierda que tienes por cerebro.</p>
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		<title>By: el nene</title>
		<link>http://www.manolosaco.com/467/dos-ideas-fijas-mejor-que-una/#comment-20009</link>
		<dc:creator>el nene</dc:creator>
		<pubDate>Sat, 28 Jan 2006 22:09:11 +0000</pubDate>
		<guid>http://www.manolosaco.com/467/dos-ideas-fijas-mejor-que-una/#comment-20009</guid>
		<description>ID: 13129
Oye, eph, ¿de verdad eres tan descerebrado que crees que alguien lee una puta línea de tu basura? ¿Estás tan enfermo?</description>
		<content:encoded><![CDATA[<p>ID: 13129<br />
Oye, eph, ¿de verdad eres tan descerebrado que crees que alguien lee una puta línea de tu basura? ¿Estás tan enfermo?</p>
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		<title>By: S.M. El Viti</title>
		<link>http://www.manolosaco.com/467/dos-ideas-fijas-mejor-que-una/#comment-20008</link>
		<dc:creator>S.M. El Viti</dc:creator>
		<pubDate>Sat, 28 Jan 2006 21:52:37 +0000</pubDate>
		<guid>http://www.manolosaco.com/467/dos-ideas-fijas-mejor-que-una/#comment-20008</guid>
		<description>ID: 13128
Aunque creo que en estos "cuadernos de bitacora" abiertos al público no se debe entrar en dialogos, espero que al Sr. Saco no le importe que conteste a Papisa Juana que en su último comentario nos hace una pregunta.
En estos espacios nuevos de Internet se puede hacer mucho por esa apertura de miras, aunque ya se sepa que estamos vigilados por el Gran Hermano y es dificil de conseguir un cambio de mentalidad en donde tiene que haberla. Acabo de leer el texto de una conferencia que dió Albert Gore, ex-vicepresidente de EEUU, el día 16 de enero de 2006 en una reunión de la American Constitution Society y de la Liberty Coalition y describe de forma patética una situación interna dramática y aunque al final quiere ser optimista, durante toda la exposición hace ver que las cosas han llegado a un tal grado de deterioro que no creo que se pueda salir de esta situación mundial sin graves costes para todos.</description>
		<content:encoded><![CDATA[<p>ID: 13128<br />
Aunque creo que en estos &#8220;cuadernos de bitacora&#8221; abiertos al público no se debe entrar en dialogos, espero que al Sr. Saco no le importe que conteste a Papisa Juana que en su último comentario nos hace una pregunta.<br />
En estos espacios nuevos de Internet se puede hacer mucho por esa apertura de miras, aunque ya se sepa que estamos vigilados por el Gran Hermano y es dificil de conseguir un cambio de mentalidad en donde tiene que haberla. Acabo de leer el texto de una conferencia que dió Albert Gore, ex-vicepresidente de EEUU, el día 16 de enero de 2006 en una reunión de la American Constitution Society y de la Liberty Coalition y describe de forma patética una situación interna dramática y aunque al final quiere ser optimista, durante toda la exposición hace ver que las cosas han llegado a un tal grado de deterioro que no creo que se pueda salir de esta situación mundial sin graves costes para todos.</p>
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		<title>By: ¿?</title>
		<link>http://www.manolosaco.com/467/dos-ideas-fijas-mejor-que-una/#comment-20007</link>
		<dc:creator>¿?</dc:creator>
		<pubDate>Sat, 28 Jan 2006 21:51:33 +0000</pubDate>
		<guid>http://www.manolosaco.com/467/dos-ideas-fijas-mejor-que-una/#comment-20007</guid>
		<description>ID: 13127
NENE (trincame el pene): Que tu no seas capaz de hilar más de tres frases seguidas es un problema genético no de ideología política.</description>
		<content:encoded><![CDATA[<p>ID: 13127<br />
NENE (trincame el pene): Que tu no seas capaz de hilar más de tres frases seguidas es un problema genético no de ideología política.</p>
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	<item>
		<title>By: ¿?</title>
		<link>http://www.manolosaco.com/467/dos-ideas-fijas-mejor-que-una/#comment-20006</link>
		<dc:creator>¿?</dc:creator>
		<pubDate>Sat, 28 Jan 2006 21:48:16 +0000</pubDate>
		<guid>http://www.manolosaco.com/467/dos-ideas-fijas-mejor-que-una/#comment-20006</guid>
		<description>ID: 13126
Moralismo anticonsumista



Según Pijus, El sistema de producción tal y como lo conocemos no ha existido nunca con anterioridad a nuestra época, sino que en las sociedades antiguas la noción de producción-consumo adquiría un significado muy diferente.

Es evidente que el sistema de producción de hoy no tiene nada que ver con el de hace 100, 500 o 1000 años, de la misma manera que no tendrá nada que ver con el que habrá dentro de 100, 500 o 1000. Ni las sociedades son las mismas, ni la riqueza es similar, ni los sistemas políticos son equiparables.

Estas evidencias, sin embargo, tienden a amplificarse para quien considera que estamos en el fin de la historia o que las características del presente son mucho más excepcionales en la historia que todas las pasadas. Pero, en todo caso, sí podemos establecer algunas relaciones apodícticas y constantes a lo largo de toda la historia: a) Sin una acción productiva -por breve que sea- es imposible consumir, b) Para emprender procesos productivos indirectos (esto es, aquellos en que la propia acción no genera como resultado el producto) es necesario haber producido previamente de manera directa y ahorrar parte de esa producción para sostener (o financiar) el proceso de producción indirecto, c) No toda apariencia de producción tiene que tener como objetivo el consumo (pensemos en la caza por diversión).

Estas tres relaciones subyacen a cualquier sistema productivo de cualquier época.

Sigue Pijus: tampoco el mercado tenía igual significado ni extensión en comparación con el actual. Ambas ideas han sido justificadas atendiendo a la supuesta maldad de la naturaleza humana y el presunto egoísmo inherente al ser humano, y se les ha concedido un carácter universal e histórico

Aquí nos confundimos de todas todas. La extensión del mercado actual sólo es un reflejo de las relaciones sociales actuales. El mercado no es necesario porque el ser humano sea egoísta, sino porque el ser humano no tiene información sobre todos los acontecimientos, todas las circunstancias y todas las necesidades del resto de seres humanos. Cada individuo actúa en una esfera muy reducida de la realidad y, sin embargo, a través del mercado, sus decisiones tienen trascedencia positiva sobre individuos a los que ni siquiera conoce.

Gracias al mercado, Pedro puede comprar un automóvil que ha sido producido por Juan. Juan podrá cobrará un salario a cambio de haber producido un automóvil que quería Pedro y, con ese salario, podrá adquirir una Playstation que ha producido Javier. En este caso, ni Pedro conoce a Juan, ni Juan sabía que Pedro quería un automóvil, ni mucho menos Juan sabía que Pedro quería una Playstation a cambio de la cual hubiera podido intercambiar el coche. Actuando descentralizadamente, en ámbitos diminutos, conseguimos una magnífica coordinación social, una monumental división del trabajo, que se dirige a satisfacer nuestras necesidades, sean éstas las que sean y dependan o no del consumo.

Pero todo esto no tiene nada que ver con el egoísmo, ni los clásicos pretendieron que así fuera. Como explica Hayek: nadie puede llegar a conocer más que una minúscula porción de la sociedad y por lo tanto todo lo que puede ser incluido en sus motivaciones son los efectos inmediatos de sus actos en el ámbito que le es conocido (…) las necesidades humanas por las que él "puede" efectivamente preocuparse son una cantidad insignificante de las necesidades de todos los miembros de la sociedad. El ser humano debe buscar su propio interés porque su ámbito de información es reducido. No debe pretender "hacer el bien" a través de la fuerza o de sus intervenciones en la vida de los demás. El propio interés, de todas formas, no significa el interés personal exclusivo, sino el de su círculo social. Volvamos a Hayek: El "ego" por el que supuestamente las personas debían preocuparse claramente incluía a la familia y a los amigos. Ninguna diferencia significaba respecto del argumento habría si se hubiera hecho extensivo a todo aquello por lo cual la gente de hecho se preocupa.

Pijus continúa citando a Karl Polanyi: la ganancia y el beneficio obtenidos en el intercambio no desempeñaron jamás una parte tan importante en la economía humana. De ahí extrae conclusiones: el actual objetivo racional es servir al crecimiento económico que nos conduce por la senda del progreso infinito, de modo que es necesario reproducir de forma ilimitada el proceso productivo siempre en un nivel por encima del anterior. Requisito fundamental para ello es obtener un excedente económico en el intercambio. Muchos puntos, muchos errores.

Primero, el objetivo racional NO es servir al crecimiento económico. Como indicó Mises, la racionalidad se refiere a los medios; los medios serán racionales en tanto contribuyan a lograr el fin. El fin de los individuos, que yo sepa, no se refiere a maximizar el PIB o cualesquiera otras macromagnitudes. Cada ser humano tiene objetivos concretos, aspiraciones particulares, para las que requiere de unos medios que sólo puede lograr a través de la producción.

Segundo, el sistema productivo no se reproduce, sino que cambia continuamente. La producción de hace 10 años no tiene nada que ver con la actual. El sistema económico se va depreciando y las cuotas de amortización se reinvirten en otros sectores para adaptarse a las nuevas necesidades del ser humano. No se reproduce nada; la acción selecciona los medios más adecuados para sus fines y de ahí surge la rentabilidad empresarial.

Tercero, todo intercambio implica un excedente económico para ambas partes si este intercambio es voluntario. Para lograr excedentes no es necesario minimizar los costes contables a través de profusas inversiones en tecnología que incrementen la productividad (aunque puede ser una manera), basta con ofrecer a otra persona algo que no tiene y que valora a cambio de algo que tiene pero que valora menos que lo que tú le ofreces. Los intercambios no se producen entre igualdades, sino entre desigualdades de valor. Cada parte valora menos aquello de lo que se desprende que aquello que recibe a cambio. De ahí que este intercambio sea mutuamente beneficioso.

Cuarto, un empresario que busca el beneficio es un empresario que busca servir de la mejor manera a los consumidores. Preocuparse y obsesionarse por el beneficio significa preocuparse y obsesionarse por el consumidor. No hay ningún modo -salvo el robo del Estado- de obtener ingresos salvo ofreciendo aquello que el consumidor quiere.

Todo ello, sin embargo, no es tenido en cuenta por Pijus: Sin embargo, en las sociedades antiguas el ser humano se caracterizaba por la “ausencia de la motivación de ganancia”.

No es cierto que la acción humana se haya guiado en alguna ocasión por la falta de motivación de ganancia. Esto es una contradicción en los términos. Toda acción se realiza para mejorar una situación inicial; el hombre no actúa si espera estar peor al final que al inicio de su acción. Toda acción busca una ganancia; pero ganancia no significa beneficio monetario. Éste es el punto donde Pijus se confunde, no se puede erradicar la ganancia de la acción, porque entonces el hombre no actuaría. De hecho, ayudar al prójimo no es más que buscar la ganancia propia en la ganancia ajena; pero hay ganancia.

El beneficio monetario es, simplemente, una de las formas más adecuadas para no despilfarrar los recursos en satisfacer necesidades muy poco valoradas. Una empresa que no se guía por la ganancia es una empresa a la que no le importan: a) los ingresos, b) los costes. Si no le importan los ingresos significa que se la trae fresca si los consumidores le compran o no, esto es, si presta algún servicio a los demás o simplemente llena los stocks de los almacenes con productos inútiles. Si no le importan los costes (y ofrecer un producto que la gente quiere de manera gratuita es un coste), significa que no le importan los usos alternativos a los que podrían dedicarse esos recursos, esto es, que está dispuesta a impedir que ciertos individuos satisfagan sus necesidades más urgentes a través de esos recursos.

Sigamos: Por regla general el sistema económico se integraba dentro del sistema social al que debía servir, a la vez que la sociedad se administraba por motivaciones no económicas. Ejemplo representativo de esta idea es que durante el medievo, cuando se introducía una nueva tecnología, ésta era bienvenida como una herramienta para trabajar menos y ampliar así el tiempo libre.

Como ya hemos visto, administrar la sociedad por consideraciones no económicas significa desatender las necesidades de las personas. Pero además, si se "administra" la sociedad como un todo, esto es, petrificando y controlando las relaciones sociales, estamos obligando a que cada persona se convierte en un medio para los "intereses objetivos" fijados por los poderosos. Los individuos dejan de buscar y averiguar empresarialmente cuáles son las necesidades de los demás para darles respuesta y se dedican a ajustarse a los planes ciegos de los administradores. Son éstos los que dedicen qué puede producirse, a quién le corresponde cada producto y, por tanto, qué fines puede satisfacer cada individuo.

Por otro lado, Pijus parece equiparar bienestar no económico con trabajar menos, esto es, con tener más tiempo libre. El problema del tiempo libre es que a no todo el mundo le gusta contemplar el paisaje o caminar por el monte. La gente necesita actividades para sentirse motivado: leer, ir a un pub, beber cerveza, viajar al extranjero, jugar a fútbol, conectarse a Internet... Para todas esas actividades la gente quiere tiempo libre; pero todas esas actividades necesitan de libros, locales de fiesta, música, jarras, barriles de cerveza, aviones, comida, pelotas, campos de fútbol, porterias, ordenadores, redes... Y todo ello tiene que producirse, no nos viene caído del cielo. Por tanto, mucha gente puede preferir trabajar para producir y adquirir todos esos bienes en lugar de disfrutar de más tiempo libre tumbado a la bartola.

Pijus parece incapaz de comprender esto: los beneficios de toda herramienta que incremente la productividad deben ir destinados a trabajar menos. ¿Por qué? ¿Simplemente por qué tú así lo has decidido? ¿Y qué pasa con las personas que quieren aprovechar esa mayor productividad para producir todavía más y pasarlo mejor durante el mismo tiempo libre que antes? Aquí tenemos uno de los clásicos errores de los planificadores, su incapacidad para conciliar los diversos planes de los variopintos individuos.

Por cierto, Pijus olvida que una reducción del tiempo de trabajo, esto es, un incremento del tiempo libre supone un beneficio, una ganancia empresarial. Lo digo por las supuestas negaciones del beneficio en la Edad Media.

El siguiente paso es referirse al mínimo de subsistencia: Algunos estudios (2) van más allá y describen cómo en las sociedades antiguas el hombre tenía la capacidad técnica para crear un excedente, pero que no lo entendían necesario por ya sobrepasar el mínimo de subsistencia

Es curioso cómo los socialistas afirman simultáneamente que ir más allá del mínimo de subsistencia es inadecuado pero al mismo tiempo critican que, por ejemplo, haya gente que no pueda acceder a viviendas. Pero vamos a ver, ¿quién necesita un piso para subsistir? Se puede subsistir con los padres, o durmiendo en la calle o en cuevas, como hacían en la Edad de Piedra. De hecho, todo aquel que no está muerto dispone del "mínimo de subsistencia". Por tanto, ¿cuál es el problema del capitalismo? No sólo deja libertad para que la gente se contente con el mínimo de subsistencia, sino que además permite que, quien quiera ir más allá, pueda hacerlo. Una cosa no quita la otra. ¿Cuál es el motivo de reprimir a los que trabajan y producen más para luego consumir más? Sólo recuerdo que si consumieran menos, también trabajarían y producirían menos, de manera que el supuesto excedente del que habla Pijus no existiría. Ni siquiera para redistribuirlo.

Este es el problema esencial del argumento de Pijus. Se erige como un moralizar que quiere impedir a los individuos que trabajen más, que produzcan más y que, por tanto, empleen esa mayor acumulación de medios que puedan, si así lo creen conveniente, consumir. El capitalismo no obliga a nadie a ser egoísta, a no ayudar a los demás, a tener ansias en trabajar más y más. La gente no se busca tres trabajos para estar empleada 24 horas al día; y si lo hiciera sólo lo haría con el deseo de superar el mínimo de subsistencia al que parece abocarnos la sabia "administración" propuesta por Pijus. El hombre debe adaptarse a los patrones que los planificadores han cortado para él; sus fines son irrelevantes porque no puede aspirar a mayores medios que los que necesita para sobrevivir. Esa es la vida que nos proponen los socialistas: hacer como que vivimos y fingir que somos felices con los planes que ellos nos imponen. El nuevo hombre soviético.</description>
		<content:encoded><![CDATA[<p>ID: 13126<br />
Moralismo anticonsumista</p>
<p>Según Pijus, El sistema de producción tal y como lo conocemos no ha existido nunca con anterioridad a nuestra época, sino que en las sociedades antiguas la noción de producción-consumo adquiría un significado muy diferente.</p>
<p>Es evidente que el sistema de producción de hoy no tiene nada que ver con el de hace 100, 500 o 1000 años, de la misma manera que no tendrá nada que ver con el que habrá dentro de 100, 500 o 1000. Ni las sociedades son las mismas, ni la riqueza es similar, ni los sistemas políticos son equiparables.</p>
<p>Estas evidencias, sin embargo, tienden a amplificarse para quien considera que estamos en el fin de la historia o que las características del presente son mucho más excepcionales en la historia que todas las pasadas. Pero, en todo caso, sí podemos establecer algunas relaciones apodícticas y constantes a lo largo de toda la historia: a) Sin una acción productiva -por breve que sea- es imposible consumir, b) Para emprender procesos productivos indirectos (esto es, aquellos en que la propia acción no genera como resultado el producto) es necesario haber producido previamente de manera directa y ahorrar parte de esa producción para sostener (o financiar) el proceso de producción indirecto, c) No toda apariencia de producción tiene que tener como objetivo el consumo (pensemos en la caza por diversión).</p>
<p>Estas tres relaciones subyacen a cualquier sistema productivo de cualquier época.</p>
<p>Sigue Pijus: tampoco el mercado tenía igual significado ni extensión en comparación con el actual. Ambas ideas han sido justificadas atendiendo a la supuesta maldad de la naturaleza humana y el presunto egoísmo inherente al ser humano, y se les ha concedido un carácter universal e histórico</p>
<p>Aquí nos confundimos de todas todas. La extensión del mercado actual sólo es un reflejo de las relaciones sociales actuales. El mercado no es necesario porque el ser humano sea egoísta, sino porque el ser humano no tiene información sobre todos los acontecimientos, todas las circunstancias y todas las necesidades del resto de seres humanos. Cada individuo actúa en una esfera muy reducida de la realidad y, sin embargo, a través del mercado, sus decisiones tienen trascedencia positiva sobre individuos a los que ni siquiera conoce.</p>
<p>Gracias al mercado, Pedro puede comprar un automóvil que ha sido producido por Juan. Juan podrá cobrará un salario a cambio de haber producido un automóvil que quería Pedro y, con ese salario, podrá adquirir una Playstation que ha producido Javier. En este caso, ni Pedro conoce a Juan, ni Juan sabía que Pedro quería un automóvil, ni mucho menos Juan sabía que Pedro quería una Playstation a cambio de la cual hubiera podido intercambiar el coche. Actuando descentralizadamente, en ámbitos diminutos, conseguimos una magnífica coordinación social, una monumental división del trabajo, que se dirige a satisfacer nuestras necesidades, sean éstas las que sean y dependan o no del consumo.</p>
<p>Pero todo esto no tiene nada que ver con el egoísmo, ni los clásicos pretendieron que así fuera. Como explica Hayek: nadie puede llegar a conocer más que una minúscula porción de la sociedad y por lo tanto todo lo que puede ser incluido en sus motivaciones son los efectos inmediatos de sus actos en el ámbito que le es conocido (…) las necesidades humanas por las que él &#8220;puede&#8221; efectivamente preocuparse son una cantidad insignificante de las necesidades de todos los miembros de la sociedad. El ser humano debe buscar su propio interés porque su ámbito de información es reducido. No debe pretender &#8220;hacer el bien&#8221; a través de la fuerza o de sus intervenciones en la vida de los demás. El propio interés, de todas formas, no significa el interés personal exclusivo, sino el de su círculo social. Volvamos a Hayek: El &#8220;ego&#8221; por el que supuestamente las personas debían preocuparse claramente incluía a la familia y a los amigos. Ninguna diferencia significaba respecto del argumento habría si se hubiera hecho extensivo a todo aquello por lo cual la gente de hecho se preocupa.</p>
<p>Pijus continúa citando a Karl Polanyi: la ganancia y el beneficio obtenidos en el intercambio no desempeñaron jamás una parte tan importante en la economía humana. De ahí extrae conclusiones: el actual objetivo racional es servir al crecimiento económico que nos conduce por la senda del progreso infinito, de modo que es necesario reproducir de forma ilimitada el proceso productivo siempre en un nivel por encima del anterior. Requisito fundamental para ello es obtener un excedente económico en el intercambio. Muchos puntos, muchos errores.</p>
<p>Primero, el objetivo racional NO es servir al crecimiento económico. Como indicó Mises, la racionalidad se refiere a los medios; los medios serán racionales en tanto contribuyan a lograr el fin. El fin de los individuos, que yo sepa, no se refiere a maximizar el PIB o cualesquiera otras macromagnitudes. Cada ser humano tiene objetivos concretos, aspiraciones particulares, para las que requiere de unos medios que sólo puede lograr a través de la producción.</p>
<p>Segundo, el sistema productivo no se reproduce, sino que cambia continuamente. La producción de hace 10 años no tiene nada que ver con la actual. El sistema económico se va depreciando y las cuotas de amortización se reinvirten en otros sectores para adaptarse a las nuevas necesidades del ser humano. No se reproduce nada; la acción selecciona los medios más adecuados para sus fines y de ahí surge la rentabilidad empresarial.</p>
<p>Tercero, todo intercambio implica un excedente económico para ambas partes si este intercambio es voluntario. Para lograr excedentes no es necesario minimizar los costes contables a través de profusas inversiones en tecnología que incrementen la productividad (aunque puede ser una manera), basta con ofrecer a otra persona algo que no tiene y que valora a cambio de algo que tiene pero que valora menos que lo que tú le ofreces. Los intercambios no se producen entre igualdades, sino entre desigualdades de valor. Cada parte valora menos aquello de lo que se desprende que aquello que recibe a cambio. De ahí que este intercambio sea mutuamente beneficioso.</p>
<p>Cuarto, un empresario que busca el beneficio es un empresario que busca servir de la mejor manera a los consumidores. Preocuparse y obsesionarse por el beneficio significa preocuparse y obsesionarse por el consumidor. No hay ningún modo -salvo el robo del Estado- de obtener ingresos salvo ofreciendo aquello que el consumidor quiere.</p>
<p>Todo ello, sin embargo, no es tenido en cuenta por Pijus: Sin embargo, en las sociedades antiguas el ser humano se caracterizaba por la “ausencia de la motivación de ganancia”.</p>
<p>No es cierto que la acción humana se haya guiado en alguna ocasión por la falta de motivación de ganancia. Esto es una contradicción en los términos. Toda acción se realiza para mejorar una situación inicial; el hombre no actúa si espera estar peor al final que al inicio de su acción. Toda acción busca una ganancia; pero ganancia no significa beneficio monetario. Éste es el punto donde Pijus se confunde, no se puede erradicar la ganancia de la acción, porque entonces el hombre no actuaría. De hecho, ayudar al prójimo no es más que buscar la ganancia propia en la ganancia ajena; pero hay ganancia.</p>
<p>El beneficio monetario es, simplemente, una de las formas más adecuadas para no despilfarrar los recursos en satisfacer necesidades muy poco valoradas. Una empresa que no se guía por la ganancia es una empresa a la que no le importan: a) los ingresos, b) los costes. Si no le importan los ingresos significa que se la trae fresca si los consumidores le compran o no, esto es, si presta algún servicio a los demás o simplemente llena los stocks de los almacenes con productos inútiles. Si no le importan los costes (y ofrecer un producto que la gente quiere de manera gratuita es un coste), significa que no le importan los usos alternativos a los que podrían dedicarse esos recursos, esto es, que está dispuesta a impedir que ciertos individuos satisfagan sus necesidades más urgentes a través de esos recursos.</p>
<p>Sigamos: Por regla general el sistema económico se integraba dentro del sistema social al que debía servir, a la vez que la sociedad se administraba por motivaciones no económicas. Ejemplo representativo de esta idea es que durante el medievo, cuando se introducía una nueva tecnología, ésta era bienvenida como una herramienta para trabajar menos y ampliar así el tiempo libre.</p>
<p>Como ya hemos visto, administrar la sociedad por consideraciones no económicas significa desatender las necesidades de las personas. Pero además, si se &#8220;administra&#8221; la sociedad como un todo, esto es, petrificando y controlando las relaciones sociales, estamos obligando a que cada persona se convierte en un medio para los &#8220;intereses objetivos&#8221; fijados por los poderosos. Los individuos dejan de buscar y averiguar empresarialmente cuáles son las necesidades de los demás para darles respuesta y se dedican a ajustarse a los planes ciegos de los administradores. Son éstos los que dedicen qué puede producirse, a quién le corresponde cada producto y, por tanto, qué fines puede satisfacer cada individuo.</p>
<p>Por otro lado, Pijus parece equiparar bienestar no económico con trabajar menos, esto es, con tener más tiempo libre. El problema del tiempo libre es que a no todo el mundo le gusta contemplar el paisaje o caminar por el monte. La gente necesita actividades para sentirse motivado: leer, ir a un pub, beber cerveza, viajar al extranjero, jugar a fútbol, conectarse a Internet&#8230; Para todas esas actividades la gente quiere tiempo libre; pero todas esas actividades necesitan de libros, locales de fiesta, música, jarras, barriles de cerveza, aviones, comida, pelotas, campos de fútbol, porterias, ordenadores, redes&#8230; Y todo ello tiene que producirse, no nos viene caído del cielo. Por tanto, mucha gente puede preferir trabajar para producir y adquirir todos esos bienes en lugar de disfrutar de más tiempo libre tumbado a la bartola.</p>
<p>Pijus parece incapaz de comprender esto: los beneficios de toda herramienta que incremente la productividad deben ir destinados a trabajar menos. ¿Por qué? ¿Simplemente por qué tú así lo has decidido? ¿Y qué pasa con las personas que quieren aprovechar esa mayor productividad para producir todavía más y pasarlo mejor durante el mismo tiempo libre que antes? Aquí tenemos uno de los clásicos errores de los planificadores, su incapacidad para conciliar los diversos planes de los variopintos individuos.</p>
<p>Por cierto, Pijus olvida que una reducción del tiempo de trabajo, esto es, un incremento del tiempo libre supone un beneficio, una ganancia empresarial. Lo digo por las supuestas negaciones del beneficio en la Edad Media.</p>
<p>El siguiente paso es referirse al mínimo de subsistencia: Algunos estudios (2) van más allá y describen cómo en las sociedades antiguas el hombre tenía la capacidad técnica para crear un excedente, pero que no lo entendían necesario por ya sobrepasar el mínimo de subsistencia</p>
<p>Es curioso cómo los socialistas afirman simultáneamente que ir más allá del mínimo de subsistencia es inadecuado pero al mismo tiempo critican que, por ejemplo, haya gente que no pueda acceder a viviendas. Pero vamos a ver, ¿quién necesita un piso para subsistir? Se puede subsistir con los padres, o durmiendo en la calle o en cuevas, como hacían en la Edad de Piedra. De hecho, todo aquel que no está muerto dispone del &#8220;mínimo de subsistencia&#8221;. Por tanto, ¿cuál es el problema del capitalismo? No sólo deja libertad para que la gente se contente con el mínimo de subsistencia, sino que además permite que, quien quiera ir más allá, pueda hacerlo. Una cosa no quita la otra. ¿Cuál es el motivo de reprimir a los que trabajan y producen más para luego consumir más? Sólo recuerdo que si consumieran menos, también trabajarían y producirían menos, de manera que el supuesto excedente del que habla Pijus no existiría. Ni siquiera para redistribuirlo.</p>
<p>Este es el problema esencial del argumento de Pijus. Se erige como un moralizar que quiere impedir a los individuos que trabajen más, que produzcan más y que, por tanto, empleen esa mayor acumulación de medios que puedan, si así lo creen conveniente, consumir. El capitalismo no obliga a nadie a ser egoísta, a no ayudar a los demás, a tener ansias en trabajar más y más. La gente no se busca tres trabajos para estar empleada 24 horas al día; y si lo hiciera sólo lo haría con el deseo de superar el mínimo de subsistencia al que parece abocarnos la sabia &#8220;administración&#8221; propuesta por Pijus. El hombre debe adaptarse a los patrones que los planificadores han cortado para él; sus fines son irrelevantes porque no puede aspirar a mayores medios que los que necesita para sobrevivir. Esa es la vida que nos proponen los socialistas: hacer como que vivimos y fingir que somos felices con los planes que ellos nos imponen. El nuevo hombre soviético.</p>
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		<title>By: ¿?</title>
		<link>http://www.manolosaco.com/467/dos-ideas-fijas-mejor-que-una/#comment-20005</link>
		<dc:creator>¿?</dc:creator>
		<pubDate>Sat, 28 Jan 2006 21:46:55 +0000</pubDate>
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		<description>ID: 13125
El auténtico rostro de la izquierda


El Informe Lugano de Susan George, vicepresidenta de ATTAC, es una de las obras de cabecera de buena parte de la izquierda. El libro pretende hacerse pasar por un informe secreto, redactado en la ciudad suiza de Lugano, que un grupo de diez expertos en distintas materias, a instancias de las elites político-económicas, ha redactado para “preservar el capitalismo en el s.XXI”.

En un principio Susan George se planteó hacerlo pasar “por un documento real”; es decir, la buena de Susan habría interceptado unos pérfidos papeles donde los poderosos relatarían el plan de acción para conservar el poder. Ya de entrada sorprende la arrogancia y soberbia de la autora que cree poder hacerse pasar por “diez expertos” en materias dispares. Esto es especialmente llamativo si tenemos en cuenta que la propia autora reconoce en el Epílogo que “Muchas personas suponen, en consecuencia, que soy una experta en desarrollo, una economista o ambas cosas. En realidad no soy ninguna de las dos”. En otras palabras, la autora de un libro principalmente versado en economía reconoce que no sabe de economía pero, aun así, pretende hacernos creer que su libro lo han redactado un “grupo de expertos”. Menos lobos, caperucita.

En todo caso, el contenido del Informe es simplemente ridículo. El ficticio grupo de expertos se califica de liberal por creer en la superioridad del mercado, pero acto seguido reconoce que el liberalismo no funciona sin un fuerte intervencionismo estatal. El principal problema al que se enfrenta el capitalismo, a su entender, es la sobreexplotación de los recursos derivada de la superpoblación. Y así, para salvar a la libertad de sí misma, proponen eliminarla. A lo largo de su informe típicamente maltusiano, no dudan en proponer la eliminación física de dos mil millones de personas a través de guerras, hambrunas y pestes: “Hay que hacer un esfuerzo para que aumente la mortandad al mismo tiempo que disminuye la fertilidad”. ¡Todo ello para salvar el capitalismo!

La estrategia de Susan George, pues, es conseguir que la gente asocie capitalismo con genocidio; el poder financiero planifica exterminar a millones de personas para perpetuarse. De hecho, reconoce que no le sorprendería “lo más mínimo saber que un Grupo de Trabajo real ha elaborado un documento similar”. El liberalismo, en definitiva, sería más asesino que el comunismo. Es más, ¿acaso las hambrunas en África no serán parte de la conspiración mundial para conservar la riqueza de los poderosos? ¿Es que la difusión de la malaria no será un instrumento en manos de la dominación capitalista? Todas estas ideas son las que propone el libro.

Sin embargo, como intentaremos explicar, las conclusiones no se derivan, como dice la autora, de las premisas liberales nominalmente adoptadas, sino en todo caso del pensamiento socialista y ecologista. Dado que George es una estatalista redomada, no ha podido evitar que, al redactar un informe teóricamente liberal, las ideas socialistas preconcebidas terminen imponiéndose.

Es más, como si de una calcomanía totalitaria se tratara, George reconoce que el único objetivo del libro es conseguir el poder. Después de pergeñar un muñeco de paja sobre el pensamiento liberal (ilustrado en el genocidio propuesto por el Informe Lugano), sostiene en el Anexo al libro que “el problema no es persuadir a quienes impiden que se alcancen estos resultados de que sus políticos son erróneas, sino obtener poder”. Y así, cae en el maniqueísmo más absurdo al afirmar que la alternativa a sus propuestas “es el totalitarismo y la solución lugano; hay que elegir entre sus reglas y las nuestras”. O eres un asesino o estás conmigo.

No sólo eso, George, en su obsesión de obtener el poder para “derribar la tiranía transnacional antes de que ella nos derribe a nosotros”, desconoce si tal logro podrá conseguirse “sin derramamiento de sangre”. Parece que el socialismo, tanto en sus fines como en sus métodos, sigue vivo.

Pero como decimos, la conclusión de que para salvar el mundo dos mil millones de personas deben “desaparecer” no se sigue de las premisas liberales que los ficticios autores del Informe dicen seguir. Así, el Informe empieza diciendo que “Consideramos que un sistema económico basado en la libertad individual y en el riesgo es el garante de otras libertades y valores”. Sin embargo, en el transcurso del Informe el supuesto barniz liberal de los “expertos” desaparece: “Es evidente que el mercado, por sí mismo, no puede crear bienestar masivo en las actuales condiciones demográficas, y que, en consecuencia hay que corregir éstas. Para que sea aceptable un auténtico control de la población, hay que instituir un nuevo clima de pensamiento y de opinión; un clima que no suponga que el punto de partida es la libertad personal doctrinaria e ilimitada, ni que el punto de partida son los derechos humanos”.

El ficticio Grupo de Trabajo no piensa en ningún momento como liberales. En varios momentos del Informe podemos leer que “Roosevelt debería haber tenido el recibimiento de un héroe y de una bendición del capitalista” o que “Un número menor de personas viviendo en un medio ambiente sometido a menos tensiones significará que todas vivirán mejor. (...) Éste es el verdadero significado de la consigna ‘desarrollo sostenible’. Y sobre estos cimientos e basa la segunda parte de nuestro Informe”.

Por tanto, el capitalismo del Grupo de Trabajo no es más que la suma del keynesianismo y del ecologismo. ¿Desde cuándo el “desarrollo sostenible” forma parte de las premisas liberales? Más bien cabe pensar, como ya he dicho, que el genocidio es la conclusión lógica de esas premisas y de esas bases, es decir, el colofón del socialismo.

Una vez destapada la trampa principal del Informe, es decir, endilgar al liberalismo las propuestas que ningún socialista se atreve a formular, pasaremos a comentar otra de las graves deficiencias del Informe, sus numerosas contradicciones internas.

La primera de ellas, muy relacionada con lo comentado hasta el momento, consiste en afirmar que una de las premisas del informe es que “los mercados son, además, capaces de autorregularse y no hay que interferir en su actuación” cuando, el Informe está repleto de frases como “No debería sorprender que los mercados desregulados (o autorregulados) sean muy capaces de crear tensiones (...) que debilitan el propio sistema de mercado” o “Creemos que para que sea realmente libre, el mercado necesita restricciones”. Así pues, ¿se autorregulan o no los mercados?

Obviamente, esta primera contradicción es parte de la estrategia anteriormente comentada para relacionar liberalismo y genocidio. Por un lado, hay que hacer creer que el Grupo de Trabajo es liberal pero, al mismo tiempo, tienen que defender la intervención del Estado para justificar el genocidio. En realidad, el genocidio simplemente sería el método que algunos salvajes adoptarían para salvar un capitalismo tan reputado como frágil. ¡Pero ningún liberal cree que el capitalismo sea inestable! Estas premisas son socialistas y, por tanto, su conclusión también.

Esta forma de manipular la podemos observar claramente en otro de los párrafos del libro: “La libertad de reproducción no sirve al interés público si por este término se entiende el mantenimiento del sistema liberal, un igualitarismo razonable y la conservación del planeta. La Mano Invisible es burlada por el Útero Invencible”.

Para conservar el liberalismo debemos evitar que las familias tengan la libertad de tener cuantos hijos quieran. No obstante, si cercenamos la libertad, ¿qué liberalismo sigue en pie? El interés público consiste en que cada persona tenga tantos hijos como quiera, por ser ésta una decisión libre. Coartarla, por tanto, ni fortalece el interés público ni el liberalismo.

La segunda de las contradicciones la encontramos en el alcance de los beneficios del liberalismo. Como hemos dicho, el grupo de expertos tiene que aparentar ser liberal, por ello en un momento se mofan de quienes “creen que la riqueza es finita, y que una minoría disoluta se ha apropiado injustamente de ella, robándola, por tanto, a la mayoría que la merece”. No obstante, en otros momentos del libro, esa crítica inicial se convierte en poderosa adhesión: “La doctrina del liberalismo es similar a la de los Evangelios: muchos son los llamados y pocos los elegidos”. ¿En qué quedamos? ¿El grupo de expertos “liberal” cree que los beneficios del capitalismo son universales o no? Y en caso de que no lo crea, como parece ser, ¿puede seguir afirmándose que sus premisas son liberales?

La tercera contradicción consiste en afirmar que el Informe ha sido redactado por un “grupo de expertos”, cuando su ignorancia es palpable a lo largo de todo el libro. Por ejemplo, con el objetivo nuevamente de hacernos creer que son liberales, dicen venerar “las obras de un gigante como Friederich von Hayek”. Aparte del detalle de venerar a un autor cuyo nombre no saben escribir (pues no es Friederich sino Friedrich), pocas líneas después de hacer esta afirmación sostienen que si el mercado no se regula “llevará a la sobreproducción y al infraconsumo”.

Parece que entre tanta veneración, los “expertos” hayan olvidado que una de las principales líneas de batalla de Hayek fue demostrar que la sobreproducción y el infraconsumo no existen. ¿Cómo puede venerarse aquello en lo que no se cree? ¿Cómo puede decirse que Roosevelt y el keynesianismo son paradigmas del liberalismo y venerar a Hayek, firme opositor de las ideas de Keynes? Nuevamente, estamos ante un intento de George por hacernos creer que el Informe ha sido redactado por liberales admiradores de Hayek (ergo, todos los admiradores de Hayek llegan a las mismas conclusiones que el Informe), cuando en realidad ninguna de las ideas de Hayek subyace en sus premisas.

Tampoco parece que los “expertos” tengan grandes conocimientos de historia económica. Así, por ejemplo, sostienen que en la actualidad, “por primera vez, los mercados funcionan en un mundo auténticamente sin fronteras”. La realidad es bien distinta. Por ejemplo, en 1910, poco antes de la Primera Guerra Mundial, el volumen de comercio con respecto al PIB representaba en Reino Unido el 44%, hoy el 57%; en Japón el 30%, hoy el 17% y en Francia el 35, hoy el 43%. El valor de los flujos de capital de Reino Unido representaban el 4.6% del PIB, hoy el 2.6%; el 2.4% en Japón, hoy el 2.1%; el 1.3% en Francia, hoy el 0.7%.

En otras palabras, antes de la Primera Guerra Mundial el mundo ya estaba casi tan globalizado, en términos relativos, como ahora. De hecho, fue la época histórica en la que más gente vivía fuera de sus países de origen. Es curioso que un grupo de “expertos” liberales desconozca estos datos y pretenda hacernos creer que la actual situación mundial es “excepcional” y “única” en la historia.

En definitiva, el grupo de expertos destila una absoluta ignorancia en materia económica, que se perfila en los numerosos argumentos de corte socialista que emplea. No puede decirse que estemos ante mentes prodigiosas y, mucho menos, ante mentes liberales. La mediocridad socialista impregna todo el Informe y sus conclusiones, por mucho que Susan George quisiera hacernos creer lo contrario. En realidad, quien quiera criticar los argumentos económicos del Informe deberá elaborar una crítica al socialismo, y no al liberalismo.

La última contradicción que queremos destacar no involucra tanto al ficticio Informe, como a la argumentación que Susan George realiza en el anexo al libro. Por un lado, George afirma que el capitalismo es un sistema pérfido porque genera una sociedad de castas entre los rápidos (“propietarios del capital y profesionales del conocimiento”) y los lentos (“personas inmóviles cuya principal característica común es su capacidad para ser sustituidos”). George, por supuesto, evita recordar que los “rápidos” siguen siéndolo en tanto utilicen su capital y su conocimiento para servir y satisfacer a los “lentos”. Pero en todo caso, queda claro que, en su opinión, el capitalismo es malo porque las castas son inmóviles; los lentos son torpes y siempre estarán en la base de la pirámide.

Sin embargo, más adelante, cuando esboza la estrategia de toma del poder por parte de los lentos (los pobres desamparados), afirma que “las conexiones a Internet son ahora tan sencillas que también nosotros podemos ser rápidos”. La cuestión, pues, es evidente, si los pobres pueden ser rápidos, ¿por qué utilizar esa rapidez en tomar el poder y no en enriquecerse sirviendo al consumidor? Si los pobres “también pueden ser rápidos”, ¿cuál es el problema del capitalismo? ¿Dónde están las inamovibles castas?

Por desgracia, este libro de referencia para la izquierda es tan poco riguroso y contradictorio en todas sus partes. Concebido como el informe secreto de un grupo de expertos liberales para salvar el liberalismo a través del genocidio y la masacre de poblaciones enteras, termina convirtiéndose en un documento que exorciza las auténticas ideas de la izquierda. Los expertos en ningún momento se preocupan por la libertad, sólo por conservar el medio ambiente y los recursos naturales. Sólo así se entiende su filiación maltusiana y sus lamentables conclusiones económicas.

Es más, Susan George se cuida de recordar que el asesinato es escasamente compatible con la libertad y que, por supuesto, esos masivos genocidios deberían ser preparados y financiados por los Estados. ¿Puede haber alguna medida más intervencionista, criminal, antiliberal y, por ende, socialista? El subtítulo del Informe Lugano “Cómo preservar el capitalismo en el siglo XXI” no es apropiado. Mucho más adecuado sería sustituirlo por “Cómo preservar las mentiras socialistas tras la Caída del Muro”. George es una experta en este arte.</description>
		<content:encoded><![CDATA[<p>ID: 13125<br />
El auténtico rostro de la izquierda</p>
<p>El Informe Lugano de Susan George, vicepresidenta de ATTAC, es una de las obras de cabecera de buena parte de la izquierda. El libro pretende hacerse pasar por un informe secreto, redactado en la ciudad suiza de Lugano, que un grupo de diez expertos en distintas materias, a instancias de las elites político-económicas, ha redactado para “preservar el capitalismo en el s.XXI”.</p>
<p>En un principio Susan George se planteó hacerlo pasar “por un documento real”; es decir, la buena de Susan habría interceptado unos pérfidos papeles donde los poderosos relatarían el plan de acción para conservar el poder. Ya de entrada sorprende la arrogancia y soberbia de la autora que cree poder hacerse pasar por “diez expertos” en materias dispares. Esto es especialmente llamativo si tenemos en cuenta que la propia autora reconoce en el Epílogo que “Muchas personas suponen, en consecuencia, que soy una experta en desarrollo, una economista o ambas cosas. En realidad no soy ninguna de las dos”. En otras palabras, la autora de un libro principalmente versado en economía reconoce que no sabe de economía pero, aun así, pretende hacernos creer que su libro lo han redactado un “grupo de expertos”. Menos lobos, caperucita.</p>
<p>En todo caso, el contenido del Informe es simplemente ridículo. El ficticio grupo de expertos se califica de liberal por creer en la superioridad del mercado, pero acto seguido reconoce que el liberalismo no funciona sin un fuerte intervencionismo estatal. El principal problema al que se enfrenta el capitalismo, a su entender, es la sobreexplotación de los recursos derivada de la superpoblación. Y así, para salvar a la libertad de sí misma, proponen eliminarla. A lo largo de su informe típicamente maltusiano, no dudan en proponer la eliminación física de dos mil millones de personas a través de guerras, hambrunas y pestes: “Hay que hacer un esfuerzo para que aumente la mortandad al mismo tiempo que disminuye la fertilidad”. ¡Todo ello para salvar el capitalismo!</p>
<p>La estrategia de Susan George, pues, es conseguir que la gente asocie capitalismo con genocidio; el poder financiero planifica exterminar a millones de personas para perpetuarse. De hecho, reconoce que no le sorprendería “lo más mínimo saber que un Grupo de Trabajo real ha elaborado un documento similar”. El liberalismo, en definitiva, sería más asesino que el comunismo. Es más, ¿acaso las hambrunas en África no serán parte de la conspiración mundial para conservar la riqueza de los poderosos? ¿Es que la difusión de la malaria no será un instrumento en manos de la dominación capitalista? Todas estas ideas son las que propone el libro.</p>
<p>Sin embargo, como intentaremos explicar, las conclusiones no se derivan, como dice la autora, de las premisas liberales nominalmente adoptadas, sino en todo caso del pensamiento socialista y ecologista. Dado que George es una estatalista redomada, no ha podido evitar que, al redactar un informe teóricamente liberal, las ideas socialistas preconcebidas terminen imponiéndose.</p>
<p>Es más, como si de una calcomanía totalitaria se tratara, George reconoce que el único objetivo del libro es conseguir el poder. Después de pergeñar un muñeco de paja sobre el pensamiento liberal (ilustrado en el genocidio propuesto por el Informe Lugano), sostiene en el Anexo al libro que “el problema no es persuadir a quienes impiden que se alcancen estos resultados de que sus políticos son erróneas, sino obtener poder”. Y así, cae en el maniqueísmo más absurdo al afirmar que la alternativa a sus propuestas “es el totalitarismo y la solución lugano; hay que elegir entre sus reglas y las nuestras”. O eres un asesino o estás conmigo.</p>
<p>No sólo eso, George, en su obsesión de obtener el poder para “derribar la tiranía transnacional antes de que ella nos derribe a nosotros”, desconoce si tal logro podrá conseguirse “sin derramamiento de sangre”. Parece que el socialismo, tanto en sus fines como en sus métodos, sigue vivo.</p>
<p>Pero como decimos, la conclusión de que para salvar el mundo dos mil millones de personas deben “desaparecer” no se sigue de las premisas liberales que los ficticios autores del Informe dicen seguir. Así, el Informe empieza diciendo que “Consideramos que un sistema económico basado en la libertad individual y en el riesgo es el garante de otras libertades y valores”. Sin embargo, en el transcurso del Informe el supuesto barniz liberal de los “expertos” desaparece: “Es evidente que el mercado, por sí mismo, no puede crear bienestar masivo en las actuales condiciones demográficas, y que, en consecuencia hay que corregir éstas. Para que sea aceptable un auténtico control de la población, hay que instituir un nuevo clima de pensamiento y de opinión; un clima que no suponga que el punto de partida es la libertad personal doctrinaria e ilimitada, ni que el punto de partida son los derechos humanos”.</p>
<p>El ficticio Grupo de Trabajo no piensa en ningún momento como liberales. En varios momentos del Informe podemos leer que “Roosevelt debería haber tenido el recibimiento de un héroe y de una bendición del capitalista” o que “Un número menor de personas viviendo en un medio ambiente sometido a menos tensiones significará que todas vivirán mejor. (&#8230;) Éste es el verdadero significado de la consigna ‘desarrollo sostenible’. Y sobre estos cimientos e basa la segunda parte de nuestro Informe”.</p>
<p>Por tanto, el capitalismo del Grupo de Trabajo no es más que la suma del keynesianismo y del ecologismo. ¿Desde cuándo el “desarrollo sostenible” forma parte de las premisas liberales? Más bien cabe pensar, como ya he dicho, que el genocidio es la conclusión lógica de esas premisas y de esas bases, es decir, el colofón del socialismo.</p>
<p>Una vez destapada la trampa principal del Informe, es decir, endilgar al liberalismo las propuestas que ningún socialista se atreve a formular, pasaremos a comentar otra de las graves deficiencias del Informe, sus numerosas contradicciones internas.</p>
<p>La primera de ellas, muy relacionada con lo comentado hasta el momento, consiste en afirmar que una de las premisas del informe es que “los mercados son, además, capaces de autorregularse y no hay que interferir en su actuación” cuando, el Informe está repleto de frases como “No debería sorprender que los mercados desregulados (o autorregulados) sean muy capaces de crear tensiones (&#8230;) que debilitan el propio sistema de mercado” o “Creemos que para que sea realmente libre, el mercado necesita restricciones”. Así pues, ¿se autorregulan o no los mercados?</p>
<p>Obviamente, esta primera contradicción es parte de la estrategia anteriormente comentada para relacionar liberalismo y genocidio. Por un lado, hay que hacer creer que el Grupo de Trabajo es liberal pero, al mismo tiempo, tienen que defender la intervención del Estado para justificar el genocidio. En realidad, el genocidio simplemente sería el método que algunos salvajes adoptarían para salvar un capitalismo tan reputado como frágil. ¡Pero ningún liberal cree que el capitalismo sea inestable! Estas premisas son socialistas y, por tanto, su conclusión también.</p>
<p>Esta forma de manipular la podemos observar claramente en otro de los párrafos del libro: “La libertad de reproducción no sirve al interés público si por este término se entiende el mantenimiento del sistema liberal, un igualitarismo razonable y la conservación del planeta. La Mano Invisible es burlada por el Útero Invencible”.</p>
<p>Para conservar el liberalismo debemos evitar que las familias tengan la libertad de tener cuantos hijos quieran. No obstante, si cercenamos la libertad, ¿qué liberalismo sigue en pie? El interés público consiste en que cada persona tenga tantos hijos como quiera, por ser ésta una decisión libre. Coartarla, por tanto, ni fortalece el interés público ni el liberalismo.</p>
<p>La segunda de las contradicciones la encontramos en el alcance de los beneficios del liberalismo. Como hemos dicho, el grupo de expertos tiene que aparentar ser liberal, por ello en un momento se mofan de quienes “creen que la riqueza es finita, y que una minoría disoluta se ha apropiado injustamente de ella, robándola, por tanto, a la mayoría que la merece”. No obstante, en otros momentos del libro, esa crítica inicial se convierte en poderosa adhesión: “La doctrina del liberalismo es similar a la de los Evangelios: muchos son los llamados y pocos los elegidos”. ¿En qué quedamos? ¿El grupo de expertos “liberal” cree que los beneficios del capitalismo son universales o no? Y en caso de que no lo crea, como parece ser, ¿puede seguir afirmándose que sus premisas son liberales?</p>
<p>La tercera contradicción consiste en afirmar que el Informe ha sido redactado por un “grupo de expertos”, cuando su ignorancia es palpable a lo largo de todo el libro. Por ejemplo, con el objetivo nuevamente de hacernos creer que son liberales, dicen venerar “las obras de un gigante como Friederich von Hayek”. Aparte del detalle de venerar a un autor cuyo nombre no saben escribir (pues no es Friederich sino Friedrich), pocas líneas después de hacer esta afirmación sostienen que si el mercado no se regula “llevará a la sobreproducción y al infraconsumo”.</p>
<p>Parece que entre tanta veneración, los “expertos” hayan olvidado que una de las principales líneas de batalla de Hayek fue demostrar que la sobreproducción y el infraconsumo no existen. ¿Cómo puede venerarse aquello en lo que no se cree? ¿Cómo puede decirse que Roosevelt y el keynesianismo son paradigmas del liberalismo y venerar a Hayek, firme opositor de las ideas de Keynes? Nuevamente, estamos ante un intento de George por hacernos creer que el Informe ha sido redactado por liberales admiradores de Hayek (ergo, todos los admiradores de Hayek llegan a las mismas conclusiones que el Informe), cuando en realidad ninguna de las ideas de Hayek subyace en sus premisas.</p>
<p>Tampoco parece que los “expertos” tengan grandes conocimientos de historia económica. Así, por ejemplo, sostienen que en la actualidad, “por primera vez, los mercados funcionan en un mundo auténticamente sin fronteras”. La realidad es bien distinta. Por ejemplo, en 1910, poco antes de la Primera Guerra Mundial, el volumen de comercio con respecto al PIB representaba en Reino Unido el 44%, hoy el 57%; en Japón el 30%, hoy el 17% y en Francia el 35, hoy el 43%. El valor de los flujos de capital de Reino Unido representaban el 4.6% del PIB, hoy el 2.6%; el 2.4% en Japón, hoy el 2.1%; el 1.3% en Francia, hoy el 0.7%.</p>
<p>En otras palabras, antes de la Primera Guerra Mundial el mundo ya estaba casi tan globalizado, en términos relativos, como ahora. De hecho, fue la época histórica en la que más gente vivía fuera de sus países de origen. Es curioso que un grupo de “expertos” liberales desconozca estos datos y pretenda hacernos creer que la actual situación mundial es “excepcional” y “única” en la historia.</p>
<p>En definitiva, el grupo de expertos destila una absoluta ignorancia en materia económica, que se perfila en los numerosos argumentos de corte socialista que emplea. No puede decirse que estemos ante mentes prodigiosas y, mucho menos, ante mentes liberales. La mediocridad socialista impregna todo el Informe y sus conclusiones, por mucho que Susan George quisiera hacernos creer lo contrario. En realidad, quien quiera criticar los argumentos económicos del Informe deberá elaborar una crítica al socialismo, y no al liberalismo.</p>
<p>La última contradicción que queremos destacar no involucra tanto al ficticio Informe, como a la argumentación que Susan George realiza en el anexo al libro. Por un lado, George afirma que el capitalismo es un sistema pérfido porque genera una sociedad de castas entre los rápidos (“propietarios del capital y profesionales del conocimiento”) y los lentos (“personas inmóviles cuya principal característica común es su capacidad para ser sustituidos”). George, por supuesto, evita recordar que los “rápidos” siguen siéndolo en tanto utilicen su capital y su conocimiento para servir y satisfacer a los “lentos”. Pero en todo caso, queda claro que, en su opinión, el capitalismo es malo porque las castas son inmóviles; los lentos son torpes y siempre estarán en la base de la pirámide.</p>
<p>Sin embargo, más adelante, cuando esboza la estrategia de toma del poder por parte de los lentos (los pobres desamparados), afirma que “las conexiones a Internet son ahora tan sencillas que también nosotros podemos ser rápidos”. La cuestión, pues, es evidente, si los pobres pueden ser rápidos, ¿por qué utilizar esa rapidez en tomar el poder y no en enriquecerse sirviendo al consumidor? Si los pobres “también pueden ser rápidos”, ¿cuál es el problema del capitalismo? ¿Dónde están las inamovibles castas?</p>
<p>Por desgracia, este libro de referencia para la izquierda es tan poco riguroso y contradictorio en todas sus partes. Concebido como el informe secreto de un grupo de expertos liberales para salvar el liberalismo a través del genocidio y la masacre de poblaciones enteras, termina convirtiéndose en un documento que exorciza las auténticas ideas de la izquierda. Los expertos en ningún momento se preocupan por la libertad, sólo por conservar el medio ambiente y los recursos naturales. Sólo así se entiende su filiación maltusiana y sus lamentables conclusiones económicas.</p>
<p>Es más, Susan George se cuida de recordar que el asesinato es escasamente compatible con la libertad y que, por supuesto, esos masivos genocidios deberían ser preparados y financiados por los Estados. ¿Puede haber alguna medida más intervencionista, criminal, antiliberal y, por ende, socialista? El subtítulo del Informe Lugano “Cómo preservar el capitalismo en el siglo XXI” no es apropiado. Mucho más adecuado sería sustituirlo por “Cómo preservar las mentiras socialistas tras la Caída del Muro”. George es una experta en este arte.</p>
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