Mariano sale del almario el día del orgullo rey
Como dicen los retóricos, aún se oyen los ecos del ruido ensordecedor del día de la banderita. Antes, hacia finales de octubre -no sé si continuará siendo así de ahora en adelante- había un “Día de la Banderita” de la Cruz Roja, una bandera solidaria, sin color político. Conseguías una de ellas para la solapa a cambio de un donativo destinado a sufragar las actividades de miles de voluntarios de toda España en favor de los refugiados, inmigrantes, drogodependientes, afectados por el sida o mujeres maltratadas. Ese sí era un banderín de enganche y no éste del odio.
El día de la banderita del PP vivido el viernes pasado, además del día de la banderita del rencor, lo fue de la banderita del ridículo. Cuando vi a Mariano acudir a los actos de Madrid, al desfile de las fiestas armadas que conmemoraba el Día de la Hispanidad, cuando le vi, digo, banderita en mano, agitándola como los niños, rodeado de su banda de agitadores de banderitas y de ánimos patrios, como recién llegados a Disneylandia, me dije que no era posible tanta irresponsabilidad, tanta fachatez.
Y sí era posible. Mariano, al fin, tras años de ocultamiento de su verdadera identidad moral, decidió salir del almario donde guarda su alma de agitador, se puso su banderita, roja como labios de arrebatado carmín, amarilla como las mechas del pelo de Madonna, y salió a la calle a celebrar su “Día del orgullo rey”. Nada de ocultar su doble vida. Un facha es un facha, y eso hay que llevarlo con orgullo, hasta la tribuna donde su rey preside el acto, para demostrar que Mariano y sus secuaces también son gente normal, patriotas de una pieza, aunque la vida les empuje a salir a la calle con esa pinta de chulos.
Y con él, todo el coro de la extrema derecha, esa tropa que ha descubierto que las banderas tienen un doble uso, como el sexo, por delante y por detrás: por delante agitan el aguilucho de su trapo sagrado, como un señuelo para las gaviotas, y por detrás utilizan el mástil, el símbolo fálico de los matones, para defender a la patria, si ello es menester, contra los que adoran a dioses falsos y banderas equivocadas.
